Toda identidad va cambiando y supone alteridad. No se puede reconocer una identidad, si a la vez no se reconoce una alteridad que se presenta como su antagonista. Por ejemplo, para algunos yo puedo ser culto y para otros ignorante o mediocre. Estos antagonismos nos crean conflictos con los demás, pero también con nosotros mismos. Si el otro no confirma mi identidad, se transforma en una amenaza y es frecuente que se intente evitar el contacto con aquellos que nos amenazan, que ponen en riesgo mi identidad, mi autoimagen y mi autoestima. Recordemos lo que Abraham Maslow plantea en su escala de necesidades básicas.Pone como una necesidad fundamental humana la necesidad de afiliación, esto es ser parte de, sentirse reconocido por. En otras palabras el sentido de pertenencia.
El primer lugar en donde cada individuo necesita sentirse identificado y pertenecer es a su familia de origen. El individuo, el grupo, las sociedades aspiran a coincidir el sí mismo con el contexto donde habita. Se ha calculado que el sujeto construye su identidad aproximadamente durante las dos primeras décadas de existencia; construye una posición básica de ser en el mundo que lo acompañará a lo largo de toda su vida, más allá de los ajustes y replanteamientos posteriores que su existencia pueda depararle. Esto significa que cada uno de nosotros tendremos determinados tipos de necesidades, impulsos, motivaciones (afectivos, espirituales, sociales, materiales…) que satisface, para sentirnos básicamente felices y realizados, a la vez que surgirán los conflictos, las frustraciones y los distintos tipos de problemas que nos iremos encontrando inevitablemente por el camino de la vida.
En términos simplificados podría decirse que, la identidad auténtica es el ser alguien, mientras que el ser funcionando como algo, es la pseudo-identidad. Dentro del capítulo de las pseudo-identidades se incluiría naturalmente las concernientes a las fachadas, disfraces y uniformes detrás de los que los individuos se ocultan, y más específicamente, la relación del sujeto con estos personajes que se ha construido. La clave estará en nuestra capacidad de satisfacer nuestras verdaderas necesidades, sin caer en la esclavitud de los impulsos inconscientes.
El caso es que estamos soñando y vivimos automatizados. Nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás de forma equivocada; hacemos y decimos cosas de las que luego nos arrepentiremos y que nos provocan un sufrimiento innecesario. En un lenguaje espiritual, hemos perdido claridad en la mirada. Vivimos bajo la sombra oscura de la ignorancia. Gurdjieff insistía en que casi todas las miserias humanas son producto de una vida automatizada y mecanizada. En la mayoría de las ocasiones reaccionamos ante los hechos de forma impulsiva y desmesurada, cuando en realidad todos tenemos la capacidad de ralentizar el movimiento de la mente y elegir cuál es la mejor opción (respuesta) para cada circunstancia y situación. Esta automatización o trance consensual es el mayor obstáculo que encuentran los seres humanos en el proceso hacia el despertar.
Estamos presos de una ilusión de identidad ficticia a través de la cual percibimos la realidad. Esta manera de ver está distorsionada. Por esta razón sufrimos innecesariamente. Nos dolemos de las cosas por falta de atención y de inteligencia, ya que utilizamos erróneamente nuestras capacidades humanas. Es de vital importancia no confundir lo que es o lo que se supone podría ser nuestra naturaleza original con aquello que corrientemente pensamos que es o nos han dicho que es. No podemos seguir permitiendo que el amor, el placer y la aceptación sean los premios que recibimos por ser obedientes con el sistema. No sigamos cayendo en estos chantajes emocionales que pretenden regular el sinsentido de nuestras vidas.
Nuestra conciencia ordinaria no es real, es un producto adquirido. Nuestra mente, cuerpo y corazón se han visto sometidos a un largo proceso de socialización (padres, escuela, sistemas políticos, ideológicos, culturales…) Hemos vivido enormes cantidades de condicionamientos y ya es hora de tomar partido. Les invito a elegir libremente. Elijo elegir bajo la luz de la atención.
Denkô Mesa
("Las trampas del ego")

