Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

27 de febrero de 2012

Conciencia y Presencia: la interfase intuitiva



Lo cierto es que la realidad que percibimos no es -en este contexto- más que una ilusión (maya) y lo es precisamente porque nuestra conciencia vela y obtura la percepción de la cosa en sí. Nuestra conciencia, tal y como decía Jung, desune lo que anteriormente iba unido. El lector deberá plantearse esta cuestión sobre el tiempo ¿Es el tiempo un punto o una recta (sucesión de puntos)? ¿Instante o transcurso?

Se trata de una primera intuición acerca de si lo que hay afuera es lo que parece o es sólo una ilusión de nuestros sentidos, para darnos cuenta luego de que gran parte de la filosofía de occidente y especialmente la de oriente gira en torno a esta cuestión con algunas diferencias sobre las que volveremos cuando hablemos del error de Husserl y el satori.

Carl Jung, investigador de las profundidades del alma, notó que algunas personas creían que las cosas están ahí tal como aparecen (son objetivas) y que otros no se fían de los sentidos, dando lugar a su concepción de los tipos psicológicos extrovertido e introvertido. En los últimos años fue la neurociencia la que acaparó los recursos, las tecnologías y además creó los marcos experimentales y conceptuales para abordar de qué modo conocemos.

Somos una frontera flexible entre algo que está dentro y algo que está fuera y la cuestión es qué es adentro y qué es afuera. Sin duda existe una interrelación entre ambos cuyo puerto de entrada parecen ser unos receptores a ciertas condiciones físicas del entorno que son recolectadas y procesadas. Pero las señales son innumerables y es indispensable poner filtros para no sobrecargar el sistema de procesamiento.

¿Qué decide cuándo, cómo y dónde poner esos filtros? Sin duda la relevancia contextual. En situaciones de fight or flight, freezing o recompensa es sencillo darse cuenta cómo y dónde poner los filtros, dicho de otra forma cuando operamos en el mode “al servicio del Yo”. Pero los seres humanos a lo largo del tiempo desarrollamos estrategias más o menos exitosas para transitar la vida sin sobresaltos extremos. ¿Qué es entonces lo que configura la forma de filtrar la multiplicidad de estímulos que nos bombardean instante a instante? Dependiendo de circunstancias internas y externas, complejamente entramadas, la relevancia asignada a los estímulos será una experiencia altamente subjetiva y convocará dinámicamente los marcos de referencia, los sistemas forma – fondo que encuadran toda percepción. Podemos entonces distinguir tres espacios:

1.-Lo que está ahí afuera: hay un ahí afuera, un algo que despierta y convoca nuestros sentidos y que llama a ser registrado. No todo, sólo una infinitesimal parte a cada instante de todo lo que está ahí. Vemos, oímos, olemos, tocamos y luego olvidamos. Mantenemos on line y en tiempo real (tiempo de la conciencia) lo necesario para sostener la continuidad del nuestra subjetividad. Guardamos el registro de algunas de esas experiencias y lo demás desaparece para siempre. Todo parece operar al servicio del Yo.

2.-Lo de adentro: la autopercepción: también me percibo. Sé aquí y ahora que existo (mismidad), que me siento existir. Esa percepción sin embargo es ciega a gran parte de lo que me permite ser. No percibo la mayor parte de los procesos que mi organismo lleva a cabo para que yo exista. No percibo el metabolismo ni los procesos homeostáticos que mantienen el sistema funcionando. Pero me es dado percibir dónde estoy, qué estoy haciendo, qué estoy pensando, mis sensaciones, emociones, ánimo. A través de la propiocepción percibo también mi cuerpo, sé qué espacio ocupo sin necesidad de medir o calcular, sé cómo moverme o quedarme quieta, sé quién soy. Puedo sentir placer o disconfort, dolor de muelas o goce saboreando un vino. Y seguimos estando-operando al servicio del Yo.

3.- La no frontera: Hay sin embargo otras formas de percepción que se encuentran en las fronteras del adentro y del afuera, sin bordes precisos, sin demarcaciones contundentes. El goce estético o artístico y las experiencias místicas son algunas de sus manifestaciones. Conllevan ambas una experiencia de fusión entre entidades normalmente separadas. 

Rememoro ahora la percepción de unidad descrita por los músicos, el instante sin tiempo y el espacio sin dimensiones. Desde lo personal nos vinculamos de ese modo con las artes. Algunas veces cuando me topo como observador pasivo con alguna de ellas. Pero mayormente cuando hacemos algo, cuando creamos. Allí se empieza a dar una experiencia que disuelve los bordes entre el afuera y el adentro. Percibo con claridad que lo que estoy haciendo también me hace a mí. Que lo que estoy creando me está creando, me da algo que no tenía, un plus perceptivo, un agigantamiento de algo que está fuera pero que se expande hacia mis adentros, mientras que mi voluntad se modula a seguir alimentando esa transformación. La trasformación de la materia que me transforma, el caldero alquímico que fractaliza la percepción y me mete en un lugar sin espacio ni tiempo (Conciencia pura).

19 de febrero de 2012

Practicar significa avanzar con paso firme mientras con una linterna iluminas únicamente la oscuridad que se encuentra ante tus pies. No podrás tener una visión general de toda la oscuridad. Pero si a cada paso que das en la práctica te procuras un breve trecho de claridad, entonces realizas la vía eterna del Buda.

Lo que hagas, hazlo sin pensar en ganancias o pérdidas. Emplea en este instante todas las fuerzas de que dispongas.


Kodo Sawaki

18 de febrero de 2012

Ser la experiencia




Gracias a la práctica de la atención, llega un momento en el que todo meditador se percata de que existe un espacio donde puede dejarse reposar. Llega un momento en que deja de luchar y de enfadarse por no conseguir aquello que se propone. Llega un momento en el que suelta el impulso de agarrar afanosamente. Cuando uno se permite de verdad sentarse en meditación (zazen), aparece naturalmente la paz. Meditar es morar en la quietud.

El Zen es una vía de experiencia continuada. Los sufrimientos que soportamos, tienen unas casusas determinadas que se pueden liberar mediante un esfuerzo de atención sostenida. Existe un estado que permite esta liberación, es el encaje perfecto entre la realidad y los movimientos que espero de ella. Cuando mantenemos la mente libre, abierta y flexible, experimentamos el arte de la felicidad, la alegría y el amor. Esta es la tercera noble verdad expresada por el Budha Shakyamuni (sukkha) Cuando afrontamos el sufrimiento, lo primero que hacemos es rechazarlo, tratar de negarlo en definitiva, y a lo peor, intentar evitarlo.

Expuestos continuamente a los sinsabores de la vida, sufrimos de forma reiterada e inconsciente, al no saber aplicar los antídotos necesarios porque no conocemos las causas que los han producido. Los acontecimientos que han sucedido en el pasado, no nos están sucediendo ahora, a menos que nosotros mismos decidamos volver a reproducirlos. Y es nuestra propia mente quien crea la realidad a cada momento. Podemos hacer uso de la libre voluntad y tomar conciencia de lo que hacemos, decimos y pensamos, es decir, podemos decir “elijo elegir”, o bien podemos seguir dejándonos llevar por las mareas de la oscuridad.

Nuestra mente debe estar cuidadosamente enfocada por medio de una meditación atenta y concentrada. Debemos valorar y fortalecer un estado de alerta sostenida, para conseguir una imagen clara de la realidad y de quiénes somos tal y como se es en cada momento. Nos va la vida en ello.

¡Practicar es acceder a la experiencia del despertar!
¡Sé la Experiencia!

No pierdas el tiempo.

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Denkô Mesa
Febrero 2012

7 de febrero de 2012

Conciencia y Energía


La doctora cardióloga Thérése Brosse, una joven y vital octogenaria, presentó en Madrid su obra Conciencia-energía, en la que se recogen las bases científicas de una reciente y vanguardista ciencia, el holismo, que considera al hombre en su totalidad. Esta investigadora es una de las pioneras del último paradigma admitido en la ciencia actual: la existencia de una conciencia universal, de naturaleza energética, por encima de los dos niveles hasta ahora considerados como únicos constituyentes del ser humano (el psíquico y el fisiológico). Brosse habla de los descubrimientos en el campo de la microfísica como evidencia irrefutable de esta teoría.


Pregunta. ¿Por qué se interesó en un dominio tan controvertido, considerado incluso metafísico, como el de la conciencia?

Respuesta. Todo comenzó en 1934, cuando era jefa de Cardiología Clínica en la facultad de Medicina de París, en donde realizaba registros eléctricos de anomalías del aparato circulatorio. Allí pude observar que una actividad mental simple originaba una regularización cardiovascular, mientras que si el paciente era conmovido por el miedo a no realizar una tarea más difícil, los desórdenes se acentuaban. Sabiendo que las emociones venían del diencéfalo y que el estado intelectual estaba en relación con la corteza-cerebral, era evidente que la puesta en juego, desde el punto de vista estructural evolutivo, regulaba automáticamente y, sin ningún esfuerzo otro inferior (el diencéfalo en este caso). Fue entonces cuando me planteé si no habría un tercer nivel que regulase al intelectual o mental y, por ende, al resto. 

Esta inquietud fue parcialmente calmada cuando, en tres misiones científicas a la India, efectué registros en los yoguis Y aprecié que ellos trascendían de la dualidad psicosomática: había, pues, un tercer nivel, puramente energético, conocido no sólo hace 7.000 años por los vedas, sino también por los físicos. La conciencia pasó a ser, a partir de ese momento, objeto de mis investigaciones.

"La conciencia es un vacío cuántico"

P. ¿Quiere decir que la física tiene puntos en común con la filosofía oriental?

R. Efectivamente. La conciencia no es más que un vacío cuántico. El físico suizo Lawrence Domash, por ejemplo, afirma que la conciencia pura es la última esencia del universo, comprendido el universo físico. En realidad, la evolución de la ciencia ha descubierto la conciencia gracias a sus experimentos sobre la materia: los resultados de la física cuántica, relativa a ondas y partículas, es exactamente lo mismo que experimentan los místicos en su vida interior. La investigación sobre la naturaleza de partículas menores a los cuantas, descubiertos por Planck, presuponen divisiones cada vez mayores, hasta llegar al dominio de lo universal. En este sentido, el físico Stephan Lupasco ha definido un sistema energético microfísico, que se encuentra en todos los demás sistemas, en todas partes, jugando un papel de catalizador y de, origen mismo del resto de los niveles. Si a ello se añade el hecho de que el estado cuántico de la materia es también tributario de la conciencia del observador, que todo en el mundo es energía y la equivalencia entre materia y energía (ya postulada por Einstein), nos encontramos con un nivel energético supremo y universal. La conciencia, así, ha sido expresada en el lenguaje de las matemáticas como un operador y, en términos cuánticos, como una función de onda. Para la tradición oriental tántrica, en cambio, es una fuerza eterna, que se expresa tanto en el hombre como en el universo; una energía consciente, ya que la conciencia es energía.

P. Pero si la conciencia es energía y es universal, ¿dónde se localiza en el ser humano?

R. El neurofisiólogo, norteamericano Pribran, de la Universidad de Stanfórd, investigando sobre la localización de la memoria en el cerebro, descubrió que no la había, sino que se trataba de una serie de ruedas energéticas, entremezcladas entre sí, portadoras de la información general, que se encontraban en el cerebro, en un campo energético que no tenía límites. Así, llegó a la conclusión de que la conciencia es un holograma, o sea, un dominio o un campo de potenciación y de frecuencia, que está por debajo de un universo concreto. Curiosamente, un premio Nobel de Física, el británico David Bhon, afirma que también universo es holográfico y que origina una serie de imágenes concretas a través de fluctuaciones energéticas. La unión de ambas concepciones holográficas implica, pues, todas las posibilidades energéticas. Por tanto, no importa la localización orgánica de la conciencia, ya que, al tratarse de un holograma, todos los puntos contienen información de la totalidad: lanzando un rayo láser a un punto determinado del cerebro se encuentra información completa.

"El cuerpo contiene todos los niveles de conciencia"

P. ¿Qué papel juega el cuerpo en dichas manifestaciones energéticas y en el cosmos?
R. El papel del cuerpo es muy importante para el conocimiento de uno mismo, ya que él contiene la totalidad energética de todos los niveles de conciencia que, estando integrados, repercuten los unos sobre los otros: el sistema macrofísico, con los elementos constitutivos de nuestra materia; el sistema biológico de nuestro dinamismo vivo; el sistema psíquico de nuestras emociones y de nuestro intelecto y, por encima de todo, el sistema microfísico de nuestra universalidad y nuestras potencialidades evolutivas (la conciencia). 

Así, el despertar de la conciencia corporal entre los terapeutas de vanguardia es capital para nuestro período crucial de mutación, en el curso de la cual el descenso en nosotros de la energía cósmica bajo su forma supramental necesitará una transmutación biológica, que será la base de una nueva especie, cuyo cuerpo tendrá capacidad para expresar y sentir su unidad con el cosmos y todos los seres que encierra. Algunos yoguis, por ejemplo, han llegado ya a ello: son capaces, mediante determinadas técnicas, de ir desligando la conciencia nivel por nivel, hasta reintegrarla en lo universal y lo absoluto; son capaces de impedir las fluctuaciones mentales, y así la conciencia se encuentra en el estado propio (los fenómenos paranormales que ello conlleva no son nada del otro mundo). Este desligamiento, de los principios energéticos está de acuerdo con los descubrimientos científicos acerca de la cronaxis de subordinación en el sistema nervioso, donde cada nivel superior regulariza el inferior.

P. Al parecer, la energía biológica se expresa mediante vibraciones. Usted parte de "vibraciones generalizadas" como una manifestación óptima; ¿quiere decir que hay pasos sucesivos, zonas que liberar?

R. Exactamente. La materia es un ritmo; la sustancia (sólida, líquida o gaseosa) es una frecuencia, y la energía vibratoria es la energía de la existencia. Nuestra energía biológica se expresa mediante vibraciones rítmicas, que es posible recoger experimentalmente sobre la superficie del cuerpo, sobre todo en ciertas zonas. Estas modulaciones, que se han denominado ondas periódicas lentas, varían su morfología según el nivel de conciencia del cual emanan, ya que los niveles son jerárquicos: su ritmo es tanto más lento cuanto más elevado es el nivel.


P. ¿Qué trascendencia pueden tener sus investigaciones para las generaciones futuras?

R. Debido al hecho de la estrategia evolutiva de la filogénesis, así como de la ontogénesis, las generaciones nacen con una conciencia cuyo potencial de comprensión es superior al de la precedente; tanto más cuanto su medio social ya es más evolucionado, gracias, sobre todo, a que los métodos pedagógicos han sido liberados de una gran parte de los antiguos tabúes y que el cuerpo de sus progenitores habrá sufrido una transformación vibratoria favorable. 

Hoy día, que tendemos espontáneamente hacia lo universal, se hace posible, incluso deseable, retornar personalmente al sí mismo que está en nosotros para participar del trabajo en curso. Nuestra época evolutiva en Occidente tiene sed de universalidad. Esto es la consecuencia de un cambio evolutivo natural, del cual me siento partícipe, junto con otros muchos, científicos o no.

3 de febrero de 2012

Meditación y cerebro


Esta es una entrevista que La Vanguardia Digital le realizó al Dr. Mario Alonso Puig, Médico Especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo, Fellow de la Harvard University Medical School y miembro de la New York Academy of Sciences y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. 
Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo. “Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”. Hay que entrenar esa mente.
 - Más de 25 años ejerciendo de cirujano. ¿Conclusión?
-Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma,puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria.
- ¿Psiconeuroinmunobiología?
-Sí, es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos.
- ¿De qué se trata?
-Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto manteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal.
- ¿Qué tipo de cambios?
-Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.
- ¿Tenemos recursos para combatir al enemigo interior, o eso es cosa de sabios?
-Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.
- ¿Cambiar la mente a través del cuerpo?
-Sí. Hay que sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente, no más razonable, llevar el foco de atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental.
- ¿Dice que no hay que ser razonable?
-Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el porqué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.
- Exagera.
-Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.
- Más recursos…
-La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con trastornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.
- ¿Podemos cambiar nuestro cerebro con buenas palabras?
-Santiago Ramon y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metafórica. Ahora sabemos que es literal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.
-¿Seguro que no exagera?
-No. Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.
- ¿Hablamos de filosofía o de ciencia?
-Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harward han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.
- ¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas?
-Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia.
- ¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?
-El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona.
- La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente.
-Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad primero ha de haber preparación, sino sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente.
- Deme alguna pista.
-Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia.
- Ver lo que hay y aceptarlo.
-Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.

LAS COSAS ESTÁN DESPROVISTAS DE REALIDAD


Cuando alguien viaja a bordo de una barca y mira hacia la orilla, piensa siempre que esta es la que se mueve. Pero, si luego se fija en la barca, se dará cuenta de que en todo caso es ella la que avanza. De la misma manera, al intentar discernir los fenómenos a partir de las confusas percepciones del cuerpo y del espíritu, podéis pensar erróneamente que la naturaleza de vuestro yo es permanente. Pero, si volvéis al interior de vosotros mismos en la intimidad de la práctica [de zazen], ese principio según el cual todas las cosas están desprovistas de realidad aparecerá con claridad.
—"Genjokoan", Dogen Zenji (Japón, 1200–1253)