Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

27 de julio de 2011

¿Quieres tener salud y larga vida? ¡Debes estar enfermo!



por Kodo Sawaki (*)
Para mí la forma misma de zazen es el Buda viviente. ¿Y con qué materia prima se construye esta forma? Ahí no hay nada más que el ser humano Sawaki. Utilizo este cuerpo de persona corriente para hacer con él zazen junto con Sakiamuni Buda y con todas las montañas, los ríos, los árboles y las plantas. La mente del ser humano Sawaki es como un mono salvaje y su corazón como el de un caballo loco, al igual que la mente y el corazón de los demás de seres vivos. Por eso zazen consigue salvar a todos los demás seres a través de mi.
El mayor regalo que puedes hacer a todos los Budas de los tres mundos es tu práctica de zazen. Practicar zazen significa liberar a todos los seres vivos. Así pues, el contenido de tu zazen ha de ser la liberación de todos los seres. Sentarse un rato en zazen significa tanto aspirar a la verdad, hacia arriba, como hacia abajo, acudir al rescate de todos los seres.
Cuando nos sentamos en zazen, esto se traduce también en que, con ese zazen, imprimimos un impulso a toda la sociedad. Salvar a todos los seres vivos significa que yo me siento en zazen.
Habrá gente que tachará mi zen de “zen de persona corriente”. Ese calificativo no me supone ningún problema. Resulta que la Vía del Buda da laposibilidad a la persona corriente de transitar el mismo camino que Sakiamuni Buda. Y es en la práctica de este camino en la que creemos.
Hoy en día todos ansían salud y una larga vida. Pero ¿con qué fin quieres en realidad tener salud y larga vida? ¿No te das cuenta de que tu deseo de una vida larga es en sí mismo una especie de enfermedad? Larga vida y salud por sí solas no significan absolutamente nada para mí. Sólo las deseo a fin de que me permitan recorrer la Vía del Buda.
¿Qué quieres en realidad? Quizá merezca la pena que reflexiones sobre ello. Si no haces más que dejar pasar los días y engullir todo lo que se pone delante de tus narices, tu vida no es una vida auténtica. Sólo mediante la práctica espiritual alcanzarás lo que en último término deseas como persona. ¿Y qué es tal cosa? Yo lo llamo: zazen.
Quiero que todo el mundo practique zazen. Con este propósito como mi pan de cada día.
Nuestra mente está continuamente en movimiento. No es cuadrada ni redonda, no se deja controlar. Pese a ello, es con esta mente inquieta con la que damos cumplimiento a nuestro voto  de salvar a todos los seres vivos, un voto que nos impulsa a lo largo de toda nuestra vida. [1] Y en algún momento el voto da sus frutos.
Practicar sin tratar de cumplir un voto es como conducir una moto sin manillar. No puedes mantener el equilibrio. Cuando haces algo bueno, no deberías hacerlo sólo porque así se te antoja. Nuestra práctica ha de estar cimentada en el voto.
Cuando en tu espíritu madura la decisión por el voto, no tiene la menor relevancia que seas joven o viejo. El budismo es un camino espiritual basado en el voto. Cuando te decides de veras por el voto, eso dará sus frutos.
Cuando en efecto sepas lo que has de hacer, te dejarás la piel en ello. Si conoces la dirección a seguir, nada podrá poner freno a tu ardiente ímpetu.
Dar cumplimiento al voto da lugar a una auténtica paz de espíritu. Sin el voto no serás capaz de resistir las tentaciones. Con el voto dispones del margen de maniobra espiritual necesario para mantenerte dueño de ti mismo
Grande es tu tarea: has de comprender que llevas la humanidad entera sobre tus hombros. “Mi vida es necesaria para el planeta. ¿Cómo podría el mundo salir adelante sin mí?”. Así de grande y firme ha de ser tu seguridad en ti mismo.
Para nosotros se trata del universo, de la eternidad. Y de nada más que eso. Sentado con los isquiones firmemente apoyados en el zafu, el espíritu se vuelve inconmovible.
El Dharma del Buda quiere decir que nosotros, humanos, deponemos las armas. Que dejamos de rechazar unas cosas para aferrarnos a otras, de odiar lo uno mientras que amamos lo otro. El Dharma del Buda es el mundo en el que no tenemos que huir de nada ni correr en pos de nada. No hay ninguna obligación de hacer nada. Naturalmente, esto no quiere decir que podamos tumbarnos a la bartola. Ponemos la vida en ello, pero si vivimos en cuerpo y alma, cuerpo y alma hallarán verdadera paz.
Zazen es completamente transparente e insípido, por eso es tan difícil explicarlo. En zazen no hay nada digno de elogio, por eso precisamente lo pregono a voces. No hay nada más difícil que esforzarse por algo que en realidad no es nada. De ahí que tengas que ser una persona cabal  si pretendes difundir la práctica del transparente e insípido zazen.

22 de julio de 2011

En zazen haz como si fueras Buda


Namu Amida Butsu

Practicar la Vía del Buda significa hacer como si fueras Buda. Tienes que imitar al Buda tan fielmente como seas capaz. No obstante, surgirá un problema si tratas de entender la enseñanza del Buda desde tu condición de ser humano. Pues en tal caso estarás tratando de hacer de la enseñanza del Buda algo humano. Y creerás que tu imitación del Buda es un logro humano tuyo que te reportará el correspondiente beneficio. Se dice que esto es una “enfermedad zen”.

Zazen no tiene nada que ver con algo así como soltar la cuerda del arco para acertar con la flecha en la diana. Pues en zazen la diana es todo el universo. Es imposible errar el tiro. Pero nadie te premiará con un paquete de cigarrilos por acertar en la diana.

“¿Me reporta algo o no me reporta nada?”. Abandona esta actitud y siéntate sin más.

“En profundo samadhi, contempla a los Budas en las diez direcciones”[1]

Aquí lo relevante no es sólo la profundidad del samadhi. Se trata también de trasladar este samadhi a la práctica. Pero tampoco se trata sólo de práctica, sino también de la profundidad del samadhi del que procede esa práctica. Por eso no basta simplemente con apoyarse en el principio fundamental de la enseñanza. Hemos de dejar de aferrarnos a nuestro ego y sumirnos en el puro samadhi. Simplemente sentarnos en zazen. Eso es lo que quiere decir profundidad. Pero si ahí no hacemos más que adoptar una pose con el propósito de alcanzar algo, eso no será un profundo samadhi, sino mera forma sin contenido. No debemos perseguir nada ni tampoco arredrarnos ante nada.

Meister Eckhart dice que el verdadero Dios está allí donde ya no hay ni siquiera Dios. ¿Qué hacemos cuando practicamos zazen? Absolutamente nada. Si durante zazen nos dedicamos a alguna tarea adicional, hacemos de zazen algo muy pequeño. Sólo cuando no hacemos absolutamente nada, llenamos de este modo el universo entero.

Que estamos en condiciones de no hacer absolutamente nada demuestra que llenamos el universo entero. Esto vale no sólo en este instante. Vale para siempre.

En el capítulo Sansuikyo[2] del Shobogenzo, Dogen Zenji habla de “noticias de una época anterior a la infinidad de eones vacíos de un pasado eterno”. Este pasado, al que ni siquiera podemos darle nombre, es transparente e insípido, solitario y silencioso, ilimitadamente ancho, largo y remoto. Llevado a la práctica, eso significa: zazen.

La calma solitaria sólo existe allí donde practicas zazen según la doctrina, sin desviarte un ápice. Ahí no hay ya la menor expectativa de nada, no hay sorpresas espirituales. Desde el principio no entra para nada en cuestión si esto reporta algo o no. Nada podría haber más sencillo que esto, pero a la vez tampoco hay nada que pudiera provocarte mayor desasosiego. Te preguntas constantemente si todo va bien en tu zazen. Incluso los discípulos de Dogen Zenji parecían tener dificultades para comprender este puro zazen del que no recibimos absolutamente nada.

Practicas zazen y eso es todo. Cada acción concreta, en cuanto tal acción concreta, es exactamente esta acción. Y eso es todo.

Shikantaza significa extraer agua del pozo con un cubo sin fondo.

Cuando escuchamos que para ser Buda simplemente hemos de hacer zazen, esto nos suena tan sencillo que de repente abandonamos por completo la práctica. Por eso echamos pestes de nuestra práctica. Si por el contrario empezamos a estar orgullosos de lo que practicamos, ensuciamos igualmente nuestra práctica. Por eso cuando practicamos hemos de poner atención en lo que hacemos. Tendemos constantemente a ir por nuestro propio camino y a dejarnos llevar por la corriente de nuestras sucias inclinaciones. Esto es lo que hace que shikantaza sea tan complicado. Pero precisamente ese ejercicio es shikantaza.

A menudo he oído al maestro Murata Seisho, que practicaba con Shichiri Osho en Hakata, invocar el nombre de Buda a su elegante callada manera. Luego siempre advertía a los demás: “¡Todavía no lo hacéis correctamente! ¡Vuestro nenbutsu es demasiado superficial!”. Quería decir que los demás no invocaban el nombre de Buda con todo su cuerpo. Si invocas el nombre de Buda débil y lánguidamente –cien mil veces “Nanmandabu, nanmandabu”– , eso no tiene nada que ver con la Tierra Pura del Buda.

Tu práctica de shikantaza no debe ser superficial. Has de llegar hasta el final, darlo todo. “Simplemente sentarse” no significa esperar sentado. Toda tu vida ha de depender de que tu práctica siga el rumbo correcto.

Tu zazen no debe ser algo intermedio. No es un medio con vistas a un fin. Zazen ha de ser tu mundo. Si sigues el camino hasta el final, regresarás al hogar en este lugar, aquí y ahora, por completo tú mismo.

Zazen no es más que zazen. El propio zazen es la meta; la otra orilla [el nirvana], el valor más alto. No se trata de convertirse en Buda.

16 de julio de 2011

La transmisión del Dharma por Kodo Sawaki (*)




El budismo es contagioso. Sakiamuni contagió a Mahakashiapa, Mahakashiapa a Ananda, y así fue transmitiéndose el Dharma de generación en generación hasta que me infectó también a mí. Puede también compararse a la transmisión de un impulso eléctrico. Lo que importa es que tu frecuencia sea la correcta: si tus rodillas flotan en el aire o dejas que tu mandíbula caiga, no sentirás esa corriente eléctrica. Si por el contrario ajustas tu frecuencia correctamente, comprobarás que tú eres Sakiamuni y que Sakiamuni es tú mismo.

¿Qué es religión? Sintonizar con la frecuencia de los Budas y Ancestros. Zazen significa sintonizarse con la frecuencia del satori.

La transmisión del Dharma, más allá de las palabras, tiene lugar mediante un cambio de frecuencia. Debes sintonizar la frecuencia de tu propia identidad, que no tiene parangón en todo el universo. Entonces desarrollarás tu actividad en comunidad con todo el universo.

Lo que se denomina “transmisión del Dharma” no es ninguna clase de transacción comercial entre dos individuos. El Dharma llena todo el universo. Por eso se dice que la transmisión del Dharma significa la liberación de todas las ilusiones. El universo está a reventar de seres sufrientes. Pero ¿por qué sufrimos? No porque nos divierta, claro está. Sufrimos, eso es todo. Ese dolor es el dolor del universo, es sufrimiento cósmico. Pero lo mismo vale para el satori. También el satori llena todo el universo. Por eso el satori y el sufrimiento son como dos caras de la misma moneda. En una cara, la persona corriente; en la otra, el Buda. O también puede decirse que los Budas llevan a los seres sufrientes sobre los hombros y –como una vez dijo Nishiari Bokuzan Zenji– incluso Sakiamuni y Amithaba acaban de empezar con la práctica.

La transmisión del Dharma significa que en la enseñanza del maestro te descubres a ti mismo. Descubrirte a ti mismo significa al mismo tiempo crearte a ti mismo.

Una persona corriente que se ha descubierto a sí misma no es ya una “persona corriente”, pues el contenido de toda persona corriente es un Buda. Pero un Buda no es sólo un “Buda”. El contenido de todo Buda es una persona corriente. Buda y la persona corriente son uno y distintos, distintos y uno. No puedes separarlos.

Andar la vía del Buda significa cambiar la frecuencia de tu cuerpo y tu ego para sintonizar la del universo y practicar en unión con todos los Budas. A esto llamo yo “transparencia”. A este respecto se podría también hablar de la vida eterna que va más allá de la vida y muerte de los individuos. En medio de lo efímero has de descubrir algo que no cambia en toda la eternidad.

En el samadhi no hay ni persona corriente, ni Buda ni sutura entre la persona corriente y el Buda. Por eso se dice que todas las cosas sobre la tierra y en el cielo comparten las mismas raíces. Pero esto no significa que tú dejes de existir.

“¡Olvida el ver, olvida el comprender!”[1] Cuando desaparece la sutura entre la persona corriente y el Buda, no queda más que zazen.  Ahí se encuentra el verdadero significado del convertirse en Buda. Zazen no afirma ser satori; zazen ni siquiera es consciente del satori, por eso zazen es satori.

Lo que se denomina “satori” es hacerse uno consigo mismo en unión con todo el universo. Estás unido a todos los Budas y dioses. Pero cuando ahora dices que tienes el “satori” mientras que otro no lo tiene aún, estás cayendo en la trampa de tu saco de carne[2]. Cuando sintonices con la frecuencia del universo, la conciencia de que tienes el satori desaparecerá. De este modo te liberarás al fin de las ataduras de este saco de carne.

Zen es hacerse íntimointimar con uno mismo. Te haces tú mismo, por medio de ti mismo, a ti mismo. A eso se le llama Buda, alguien que se ha convertido completamente en sí mismo.

Zen significa regresar a ti mismo. Cuando se habla de dar un paso atrás, esto se refiere a echar una mirada a uno mismo. Zazen es una perspectiva vital completamente nueva.

En zazen te vuelves íntimo contigo mismo. Cuando te vuelves íntimo contigo mismo, todas las cosas del universo serán parte de ti mismo. ¿No descuidamos habitualmente esta intimidad con nosotros mismos?

No se trata aquí de tu enmohecido yo personal. Se trata del ti mismo que está indisolublemente ligado al universo. Esto quiere decir que estas unido a la vez con todos los Budas y con todos los seres sufrientes. Buscarte a ti mismo de esta manera significa poseer el corazón de la Vía. El corazón de la Vía comprende que no hay separación entre “yo” y “tú”.

Vivir en la confianza básica Creer significa hacerse íntimo consigo mismo en zazen y trasladar a la práctica de la vida diaria esta claridad acerca de uno mismo.

Sólo sentarse. Así de sencillo es afirmar el nuevo yo.


(*) Kodo Sawaki  ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del Zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin morada" ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokyo.
Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por el equipo de traductores de Luz Serena, dirigido por Dokushô Villalba.

12 de julio de 2011

¿Te disuelves en zazen? ¿O practicas para ti solo?




por Kodo Sawaki (*)
“Nuestra escuela es la escuela de zazen. Mientras continúes practicando zazen y mientras con tu práctica tires de los demás hacia delante, no puedes equivocarte”.[1]
Zazen significa simplemente sentarse con confianza en la postura y en la estructura del cuerpo. Éste es el maravilloso dharma que llamamos shikantaza.
Creer significa comprenderse a sí mismo. Si dejas quieto un cántaro lleno de agua turbia, la suciedad pronto se depositará en el fondo. Esto sucede también con tus ilusiones durante zazen: tienes ilusiones y no pasa nada. Lo único que importa es que seas por completo tú mismo. No te dejes engañar por nada ni por nadie. Siéntate sin más en tu lugar, estable, y también tus ilusiones se sedimentarán.

“Alguien que ha practicado tanto zazen como usted debe de tener unas ondas cerebrales muy especiales”. ¿Por qué? Quien practica zazen por primera vez, practica no obstante el mismo zazen auténtico. Tu zazen empeora incluso con la edad: el instrumental que sufre daños no puede ya repararse.
¿Dónde se manifiesta la Vía del Buda? ¿No es en nuestra práctica de zazen? ¿En el puro hecho de sentarnos? Shikantaza, simplemente sentarse, ha de ser abandono del cuerpo y de la mente, ha de ser auténtico desprendimiento.
No puedes “hacer” zen. No hay nombre para ello, sólo el contenido:  simplemente sentarse. “Namu amida butsu”[2]: basta la invocación.
¿Qué significa tener el satori? Significa ajustar la frecuencia propia con la del universo, significa vivir una vida indisolublemente ligada al universo. Esta unión sin suturas es lo que en la Vía del Buda llamamos “liberación”.
Has de tener bien claro que estás unido al universo. Vives la vida del universo. Por eso todo lo que haces has de hacerlo en unión con el universo.
¿Qué significa ser uno con el universo? En una palabra: “no-pensar”.
Tu ilusión consiste en que crees que existes separado del universo. No hacerse ilusiones significa no dar ningún crédito a tu ego y aceptar el principio cósmico. Por eso digo siempre: “¡Deja de lloriquear!”
El no-pensamiento[3] no se lamenta de la inevitabilidad de los acontecimientos.
Piensa por una vez en las cosas desde la perspectiva de la muerte. Un muerto no se rompe mucho la cabeza. Todos los problemas desaparecen tan pronto dejas de romperte la cabeza.
Zazen significa meterte en tu ataúd. Ahí no hay ya nada que discutir. Cuando te sientes, imáginate que ya has muerto.
La gente teme el aburrimiento. Tratan de matar el tiempo desesperadamente, buscando siempre algo “interesante”. Malgastan así toda su vida como niños que piden un juguete nuevo. Olvidan de ese modo lo maravilloso que es ese aburrimiento: ¡a ver cuánto tiempo de tu vida pasas en zazen!
Un día que pasas en zazen es más largo de lo habitual: “La montaña está tan inmóvil como la eternidad, el día tan largo como el de un niño”. En la niñez los días son largos. En la vejez un año pasa como en un soplo. Si quieres saborear el tiempo, practica zazen. Un día en zazen nunca es corto, pues en zazen lo siempre nuevo –“el día tan largo como el de un niño”– está envuelto por lo siempre viejo –“la montaña tan inmóvil como la eternidad”–.
He leído en el periódico que al piloto Iinuma[4], que con su pequeño avión voló sin hacer escalas hasta Londres, esos cuatro días y noches se le hicieron más largos que los veinte años vividos hasta entonces. Esto es interesante. Puedo imaginarme cuántas preocupaciones y apuros debió de pasar y qué rico y pleno debió de ser ese tiempo.
La gente abandona el zazen porque es aburrido. Cierto, zazen no despierta ninguna ambición en la persona corriente.
En nuestra escuela, zazen no es una preparación para el satori. Practicamos zazen sin más. Para eso no se necesita nada más. No necesitas traer lápiz ni papel. También puedes dejar en casa tu satori y tus ilusiones. ¡No te traigas nada a zazen! Zazen significa simplemente sentarse, eso es todo. En esta sencilla actividad descansa una extensión ilimitada, pero como no ahí ninguna golosina que la gente pueda encontrar, enseguida lo dejan.
En la sala de zazen has de morir. A ese lugar se le llama también “la sala del árbol marchito”. Cuando nos sentamos aquí juntos es como un bosque de árboles muertos.
Ser uno con el tiempo y el espacio significa vivir como si ya estuvieras muerto. Significa soltarlo todo. Si quieres vivir tu vida totalmente en serio has de matar tu ego.
¿Te disuelves en zazen? ¿O practicas zazen sólo para ti mismo? Ahí encontrarás la respuesta a la pregunta de si tu zazen es o no auténtico.

7 de julio de 2011

Tus ilusiones no son otra cosa que la luz de la sabiduría



por Kodo Sawaki (*)

Dices que cuando tratas de practicar zazen te vienen un montón de pensamientos molestos a la cabeza. ¿Y cómo te das cuenta de todos esos “pensamientos molestos”? ¡Eso se debe a que en zazen disminuye la presión sanguínea y tu cabeza se vuelve clara y sobria!

Quien se tiene por un hombre bueno, no lo es en realidad. Quien por el contrario se tiene por un hombre malo, no es tan malo. Por eso, cuando reconoces tus ilusiones como tales, esto no es ni más ni menos que una prueba de claridad interior. Por lo demás, no hay ya más ilusiones que erradicar ni tampoco verdad a la que aspirar.

Te quejas de tus pensamientos durante zazen. Pero ¿no es completamente natural que durante toda tu vida tengas pensamientos? No es necesario tomarlos por “molestos” e intentar extirparlos. Tampoco es necesario que los tomes por algo de particular importancia. Deja simplemente que esos pensamientos sean como son. Cuando lleguen, deja que lleguen. Lo que no debes hacer es agarrarlos y enlazar uno con otro; así te perderás en tus pensamientos. Sólo con que dejes de hacerlo, tus pensamientos se disolverán por sí solos. Cuando uno se disuelve, enseguida aparece el siguiente. Mientras no te ocupes de ellos, todos desaparecen sin dejar ningún rastro tras de sí. Y como salidos de la nada, nuevos pensamientos aparecerán en la superficie de tu conciencia. Permanece simplemente sentado en zazen, dejando que venga lo que venga, sin ocuparte de ello. Zazen es lo único que te permite realmente no ocuparte de ello.

Zazen es transparente, por eso tus ilusiones aparecen con tanta claridad.

Cuando con la mente despierta te sientas en zazen, todo es exactamente como es. Oyes el ruido de la calle con más claridad que en cualquier otro momento. No vives tu vida en estado de coma y, por lo tanto, no hay ninguna razón para querer excluir nada de tu conciencia.

Siéntate sin más en zazen y deja que todo venga como venga. ¿Qué es pues lo que viene? ¿No es el escenario normal y corriente de tu vida cotidiana? Si tu zazen es de verdad el zazen de todos los Budas, el contenido de ese zazen ha de ser la totalidad de los seres que sufren.

Cuando practicas zazen, mil pensamientos pasan por tu cabeza, pero eso es sólo la prueba de que tu cerebro sigue funcionando y estás aún en vida. Eso no es ni una ilusión ni una verdad profunda, es el hecho más evidente que puede haber. Como las nubes blancas que siguen su camino, tampoco para tu mente hay lugar alguno en el que pueda morar.

Ochenta y cuatro mil pensamientos surgen y desaparecen: esto significa que tu cuerpo –¡sin que tú intervengas para nada!– hace su función, sin interrumpir su actividad ni por un instante. Por eso no eres realmente “tú” quien “tiene” tales pensamientos. Estás en un error si crees que eso son “pensamientos tuyos” con los que tienes que hacer algo. Para evitar este error no tienes más que dejar de ocuparte de tus pensamientos. La actitud de tu práctica es correcta si simplemente dejas estar tus pensamientos. Así comprenderás que el surgir y desvanecerse de los ochenta y cuatro mil pensamientos no es otra cosa que el natural funcionamiento de tu cuerpo en cada instante. A ese funcionamiento debes el estar vivo en este momento y por eso cada pensamiento no es sino la luz de la verdad.

Crees que tu zazen no sirve para nada, pues dices: “Por mucho que practico zazen no consigo librarme de mis molestos pensamientos”. Si constantemente te rompes la cabeza pensando en cómo puedes deshacerte de tus “pensamientos molestos”, no es de extrañar que no puedas librarte de ellos: la idea de liberarse de los pensamientos es también un pensamiento.

Si cuando estás sentado andas cavilando acerca de si tu mente está en orden tal como está y sobre si ahora tu práctica es realmente satori o no lo es, eso quiere decir que no tienes ninguna confianza en zazen. Lo que pueda pasar por tu mente mientras haces zazen no tiene la menor importancia, ¡permanece sentado sin más! Siéntate con absoluta confianza en zazen, sin dejarte llevar en lo más mínimo por esas ideas.

Algunos se quejan de sus ilusiones durante zazen y dicen que la práctica les resulta todavía confusa. Pero ahí no hay nada que aclarar: el Dharma del Buda es precisamente eso que a tu persona corriente le parece “confuso”.

Contemplado desde fuera, no hay nada que objetar a zazen. Pero cuando lo observas desde dentro no te parece tan bueno. Crees que ahí aún falta algo. Te preguntas si de verdad estás sentado correctamente. Y eso es bueno, pues estarías loco si pensaras: “¡Mi zazen es magnífico así como es!”

Por eso dice Dogen Zenji: “Cuando el Dharma llena tu cuerpo y tu mente, entonces adviertes que aún falta algo”. [1]

Zazen significa poner de manifiesto al Buda con tu cuerpo de persona corriente. Pero no has de ser consciente de ello. Un Buda del que seas consciente sólo existe en tu conciencia de persona corriente.

Siéntate como el que originalmente eres. Olvida todo aquello a lo que en esta vida te has ido habituando. En zazen tu karma no juega ningún papel. La liberación que zazen representa es la liberación de tu karma.

5 de julio de 2011

Eres uno con el universo


Con tus constantes gimoteos no consigues más que afligirte. Es hora de que alises las arrugas de tu corazón y simplemente te sientes durante media hora: ¡haz borrón y cuenta nueva! Así, a la luz de la verdad original, te encontrarás con tu auténtico rostro.


El secreto de las artes marciales japonesas consiste en no dejarse ofuscar por el intelecto. En estas artes se alcanza la perfección cuando la mente, en un perfecto equilibrio de tensión, gravedad y compostura, no deja al descubierto ningún punto débil y sus vibraciones coinciden exactamente con las del universo. En tales momentos no existe ninguna brecha entre el cielo y la tierra y eres por completo tú mismo. En pocas palabras: estás en samadhi.
A la entrada de este zendo[1] hay colgada una caligrafía que dice: “Mirador con vistas al universo”. En zazen puedes contemplar todo el paisaje cósmico. Eso significa que tú desapareces dentro del universo. Por eso es importante que te olvides de ti. Si consideras tus propios asuntos como lo más importante que hay, te separarás de la totalidad de las cosas y te precipitarás en lo más hondo del infierno. Tu deriva empieza en el momento en que te separas del resto del universo. Tus asuntos privados te parecen tan importantes sólo porque te niegas a comprender que nada te separa del resto del universo.
La luz de Amitabha Buda[2] ilumina cielo y tierra. ¿Qué es lo que arroja sombras sobre esa luz? ¡Sólo tu ambicioso afán por hacer tuya la iluminación!
“El santo o el sabio no tiene ningún yo, pues no hay ningún lugar que esté separado de él. Comparte sus raíces con el cielo y la tierra, su cuerpo es el cuerpo de las diez mil cosas”[3]. A todo el mundo le gustan palabras tan bellas como éstas. Pero lo importante es que te liberes de esas opiniones de persona corriente que te separan de la realidad de las cosas. Tienes que ablandar tu testarudez para recuperar una mente recta y flexible.
Practicar zazen significa renunciar a tu yo personal. En zazen te tomas vacaciones de tus asuntos privados. Sólo cuando dejes de ocuparte de tus asuntos privados comprenderás que eres uno con el universo. Mientras no quieras comprenderlo y sólo te preocupes de tu propio saco de carne, ni todo el dinero del mundo, ni tus estudios académicos, ni siquiera años de práctica de zazen te ayudarán.
Los seres sufrientes corren tras las cosas sin conocerse a sí mismos. Es el error de pensar que las cosas existen separadas de nosotros, en eso consiste nuestra ilusión. En realidad todas las cosas del universo están ligadas indisolublemente. Puesto que soy uno con el universo, todo lo que se encuentra ante mí es una forma de mí mismo.
Vivir sin ego[4] significa olvidarse de sí mismo. Desaparece así la sutura entre tu y las cosas y aquello que tomabas por “ti mismo” se expande sin límites.
Contempla por una vez el mundo dando un giro de 180 grados a tu perspectiva habitual. De esta manera sintonizas tu cuerpo en la frecuencia del universo. Vive con el universo, muere con el universo. Si eres uno con el universo, tu nacimiento no es realmente tu nacimiento ni tu muerte es realmente tu muerte.
No podemos ser conscientes del hecho de que somos uno con el universo, ni podemos comprenderlo. Y, sin embargo, vivir nuestra vida firmemente asentada en este hecho es nuestra tarea más grande como seres humanos.
El hecho de que compartes raíces con las diez mil cosas del mundo no se presentará ante tu conciencia. Si pudiera presentarse ante tu conciencia, quedarías fuera de la unidad, te desligarías de las cosas. Lo que sucede es que no tenemos otra manera de expresar el hecho de que las cosas son como son.
La luz de la sabiduría no es algo que puedas percibir, pues la percepción misma es la luz de la sabiduría.
El auténtico yo no es una parte de tu conciencia. Cuando eres consciente de ti mismo, lo eres únicamente porque te comparas con los demás. Pero al igual que no eres consciente de ti cuando duermes, de la misma manera tampoco eres consciente de tu verdadero yo. Pero que no puedas verlo o entenderlo no significa que no seas uno con él. En zazen eres realmente uno contigo mismo.
Sujeto y objeto, yo y tú, zazen y satori: todos estos objetos de nuestra mente discriminadora nada tienen que ver con el zen. Se trata de que seas totalmente uno con zazen.
Ser uno en zazen significa que tú mismo, a ti mismo, por medio de ti mismo, te vuelves tú mismo. Por eso no puedes hacer de zazen un objeto de tu conciencia. Afirmar que has obtenido el satori o que te has transformado de esta o aquella manera es como si dijeras: “¡Mira qué profundamente duermo ahora!” Una vez me quedé dormido en la peluquería. El peluquero me dijo después que tenía una expresión muy dulce mientras dormía. Quería yo verlo con mis propios ojos y decidí colocar una espejo junto a la cama para poder echar una mirada furtiva a mi rostro durante el sueño. Comprobé que eso no funcionaba. Cuando de verdad duermes no sabes que duermes: eres uno con el sueño.
Tengas los satoris que tengas, no te esfuerces en retenerlos en la memoria. Tienes que dejar que el viento se lleve las hojas que caen del árbol y tienes de permitir que el canto del pájaro desaparezca entre las nubes.
Zazen es la cosa más natural del mundo. El satori es totalmente transparente, en él no hay nada que asir.
Cuando practicas zazen no debe quedar ni un resto de zazen. Es esencial que la propia práctica desaparezca en tu práctica. Cuando el regusto a zazen se ha disuelto por completo, tu práctica es al fin natural, sobria y cabal.
Que las cosas son como son significa que en el universo no hay la menor elaboración ni ornamentación.
Los Budas y Patriarcas no han practicado zazen. Los Budas y Patriarcas han sido practicados por  zazen. Este punto es importante: no debes hacer zazen, has de ser hecho por zazen. No sabes cómo, pero zazen simplemente lo hace. Zazen hace zazen y tú no puedes evitarlo.
Zazen hace tábula rasa con todo. Pero eso no lo vemos con nuestros ojos, lo vemos con los ojos de zazen. No hay palabras para el mundo que ves con los ojos de zazen: es el mundo verdadero. También el yo que ves con los ojos de zazen escapa a cualquier descripción: es tu yo verdadero.

por Kodo Sawaki