Zazen
ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30
en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30
en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)
28 de septiembre de 2011
27 de septiembre de 2011
¿No te sobran 30 minutos diarios?
¿Acaso hay algo más importante
que descubrir, cuidar y dominar tu mente?
¿Crees que con todo el tiempo invertido en tus
objetivos y todo tu esfuerzo puesto en ello,
lograrás tu propósito si tu mente está enferma y descontrolada?
Medita, entrena tu mente...; Despierta!! Gassho
26 de septiembre de 2011
24 de septiembre de 2011
KUGÊ
KUGÊ
A Dôgen Zenji
Nacer-Morir en esta Paz Eterna.
¡Qué Gozo el Sí Mismo en esta humilde morada!
En ella habitan diez mil mundos.
Cuando las imágenes aparecen ante el Espejo Precioso
la Luz se transmite naturalmente.
No asociación.
No expectativa.
No diferenciación.
No similitud.
Ni sí, ni no.
Ni no, ni sí.
Todo surge y desaparece.
Flores en la Vacuidad.
15 de septiembre de 2011
14 de septiembre de 2011
Descubres el día de hoy allí donde aún no hay pensamientos
![]() |
| Melocotonero en flor, de Vincent Van Gogh |
por Kodo Sawaki
“Sólo Dios sabe cómo será el otoño, si traerá lluvia o tempestades.
Hoy yo me emplearé a fondo quitando malas hierbas en el arrozal”.
Ocuparse simplemente del arroz, sin rezongar. La abnegación y entrega de esta práctica es lo que llamamos liberación del pensamiento[1]. Ahí no tienes necesidad de preocuparte por el futuro y tampoco debes vanagloriarte de lo que hiciste ayer.
Un samurai que nunca pierde su espíritu de samurai expresa el no-pensamiento. El cocinero permanece en la cocina cocinando y cada uno en su puesto hace lo que le corresponde.
Sé totalmente tú mismo. En cualquier momento y lugar has de tener los pies sobre suelo firme, sin desperdiciar ni un solo instante de tu vida. Cuando eres tú mismo, eres Buda.
Ni siquiera a Sakiamuni debes imitar. Debes crear tu vida cada día. Tú día de hoy ha de extenderse ilimitadamente. No hagas de él una copia de tus ideas de ayer. Tus ideas de hoy han de ser completamente libres.
(Sobre la experiencia de iluminación de Reiun al observar los melocotoneros en flor:) ¿Qué es lo más importante de tu vida? Cuando las hojas de los pensamientos caen y el viento se lleva las flores de la ilusión, ya no queda nada tras lo que correr ni nada de lo que huir. Libre ya de tus preferencias e ideas, compruebas sorprendido que lo que considerabas más importante, lo que has estado buscando desesperadamente, no era más que una ilusión que se ha desvanecido sin dejar rastro. No queda nada más. Y de repente ves ante ti los melocotoneros en flor y esas flores llenan todo el universo. ¡Todo el universo está lleno de la cosa más importante de tu vida! Por mucho que uno lo intente con uñas y dientes, no podrá desprenderse de ella.
La cosa más importante de tu vida no la recibes de tus padres ni de tu maestro: la descubres en las flores del melocotonero. Este asunto, el más importante, va más allá de tu vida y de tu muerte: ¡los melocotoneros florecen!
El incesante ir y venir de pensamientos y sensaciones no es algo que puedas controlar ni dirigir. Estas idas y venidas se producen al margen de tu voluntad, de ahí que podamos vivir nuestra vida como si hubiéramos muerto tiempo atrás: sin perseguir el satori ni huir de la ilusión. No tenemos nada que anhelar ni tampoco nada que temer. No hay nada que debiéramos hacer, absolutamente nada. Este “absolutamente nada” es nuestra realidad y por eso vivimos como si estuviéramos muertos.
¿Acaso respiramos conscientemente? ¿Hacemos latir nuestro corazón conscientemente? No, nuestros pulmones y nuestro corazón funcionan por sí solos, sin nuestra intervención. De modo que tampoco nada nos impide vivir esta vida libres de pensamientos.
Tú mismo eres la verdad. Por eso no puedes escatimarla. El cielo y la tierra tampoco escatiman la verdad.
Querámoslo o no, el Sutra del Loto rige nuestra vida. Esta vida adopta por tanto mil formas diversas: las montañas y ríos son nuestra vida, el nacimiento y la muerte son nuestra vida, las ganancias y pérdidas, las alegrías, las penas y la búsqueda de un poco más de todo son todos aspectos de la realidad de nuestra vida. Y nada de ello podemos convertirlo en un asunto privado.
Nuestra conciencia está únicamente determinada por nuestro karma, por eso no podemos confiar en nuestras preferencias. Lo importante es verse libre de pensamientos; es decir, pensar de manera realmente libre [hishiryo].
¿Qué quiere decir “tener el satori”? Quiere decir no tener absolutamente nada y, en lugar de ello, soltar por completo. Entonces los ríos y montañas, el espacio y el tiempo son todos expresión del satori.
El satori comienza en el instante en que dejas de buscarlo.
Percibes la enseñanza de Buda como si la vieras a través de un cristal deformado. Cuando te ves libre de pensamientos esto significa que te has quitado los lentes coloreados y contemplas el mundo desde zazen, sin mezclar ahí para nada tus opiniones humanas. Esto es lo que se quiere decir con “desprenderse del cuerpo y de la mente”[2].
¿El diablo se ha apoderado de ti? ¡Arrebátale el botín!
por Kodo Sawaki
La última estación de tu vida es aquella en la que ya no hay nada a continuación: ése es el punto crucial en la enseñanza del Buda.
No entenderás las cosas hasta que no vayas hasta el final y observes tu vida desde la más alta cumbre: para comprender verdaderamente el mundo necesitas la fuerza necesaria para colocarte en la perspectiva de la nada.
Dices: “Esto soy yo y eso es una montaña”. Al separarlas de esta manera, no puedes comprender de verdad las cosas. De pequeño se te enseñó que eso es una “montaña” y aquello un “río”. Pero ¿qué eran antes de que tú nacieras? ¿Y qué serán tras tu muerte? La Vía del Buda es la vía que precede a tu nacimiento y continúa tras tu muerte. En esta vía no hay divisiones: todo en el cielo y sobre la tierra está indisolublemente unido, ahí sólo estás tú, en cuanto eres uno con el universo. O podría también decirse que sólo está el universo, con todos sus ríos y montañas. Esto no quiere decir que tratemos de hacer de la diversidad una unidad. Originariamente sólo hay una realidad, la cual se encuentra más allá de nuestras construcciones mentales.
Estar libre de pensamientos significa que acoges en ti lo ilimitado.
Tu práctica ha de ser la práctica de todo el universo. En la práctica debes darlo todo de ti , pero esto no significa que trates de hacer de ti un santo o que dejes de ser una persona corriente. Mientras no dejes de aferrar o desechar alguna cosa, tu práctica no será universal. No aferrar ni desechar nada significa permitir que la luz caiga directamente sobre ti. Esto es práctica y esto significa sentarse sin más: ser iluminado por la luz cósmica en todas direcciones.
La vida te ha llevado a un callejón sin salida y no sabes cómo salir. Te has decidido a apostarlo todo a la última carta: “Quiero seguir la Vía del Buda”. Se te abre ahí finalmente un rayo de esperanza: ves la luz de tu auténtico yo, al que nada puede colocar entre la espada y la pared.
“Arriba y abajo, siempre dando vueltas mi yoyó.
Ahora quiero morir, ésta será mi tumba.[1]”
Vayas donde vayas, hagas lo que hagas, el universo de tierra, agua, fuego, viento y vacío existe sólo aquí y ahora, y tú debes vivir tu vida empleando todas tus fuerzas en este momento, que es a la vez la vida eterna.
Tegurama-Ô (literalmente, “el viejo de los yoyós) vendía yoyós a los niños en las calles de Kyoto y Osaka a comienzos del S. XVIII. Un día se sentó en el bordillo de la calle, escribió las palabras antes citadas en una tabla de madera mortuoria y murió[2].
Nuestra práctica es como la siega del arroz: si no pones en ello toda tu atención puedes acabar cortándote una mano. Pero si lo agarras por la raíz con decisión y presencia de ánimo, no es tan complicado. Cuanto más da de sí una persona, más formal parece.
Deja de lloriquear. Vive en el presente, en este día, en este momento. ¿Qué otra opción tienes sino esmerarte aquí y ahora?
¿No es extraño que la gente quiera siempre ahorrar fuerzas? A alguien como yo, sin ningún talento particular, que tampoco es especialmente inteligente y que no tiene ni padres ni dinero, no le queda otra que darlo todo de sí. En ese sentido he tenido suerte en esta vida, pues ¿qué mayor suerte puede haber que encontrarse en circunstancias que le obligan a uno a darlo todo de sí?
La Vía del Buda representa el samadhi del simple hacer. ¿No está claro que eso no tiene nada que ver con la fatigosa tarea de buscar atribulado la verdad en los libros?
Los ocho volúmenes del Sutra del Loto, los seiscientos volúmenes del Sutra de la Sabiduría y el Sutra del Nirvana, todos se desarrollaron a partir del zazen del Buda Sakiamuni. Esos sutras son las notas a pie de nuestro zazen, nuestro zazen es la manifestación concreta de los sutras.
Todos estos años has ido de compras con tus sentimientos hasta estrellarte, tenías celos y has repartido golpes a diestro y siniestro. Ahora simplemente siéntate aquí. Ya has vagado sin rumbo durante demasiado tiempo antes de llegar a este momento. La búsqueda desesperada ha acabado al fin: ahí se halla la paz y la serenidad que nos regala zazen.
No tengo más deseos que poder raparme la cabeza, llevar el kesa y practicar zazen durante toda mi vida. Pues tampoco Dogen Zenji hizo nada distinto. A esta vida se refiere cuando dice que “se resuelve el gran asunto de toda una vida de práctica”[3] (Bendowa). Esta es la mayor felicidad que puede existir. Si la experimentas, estarás lleno de agradecimiento de haber nacido persona y de haber entrado en contacto con la enseñanza del Buda.
Seguir la Vía hasta el final significa que al diablo, que se había apoderado de ti, le arrebatas de nuevo el botín.
13 de septiembre de 2011
La Sabiduría del Silencio Interno (Texto Taoista)
Habla simplemente cuando sea necesario.
Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca.
Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas salir una palabra,
dejas salir al mismo tiempo una parte de tu chi.
De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.
Nunca hagas promesas que no puedas cumplir.
No te quejes y no utilices en tu vocabulario
palabras que proyecten imágenes negativas
porque se producirá alrededor de ti
todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de chi.
Si no tienes nada bueno, verdadero y útil qué decir es mejor quedarse callado y no decir nada.
Aprende a ser como un espejo: Escucha y refleja la energía.
El universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado, porque el universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos,
nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones
y nos envía el reflejo de nuestra propia energía
bajo la forma de las diferentes circunstancias
que se presentan en nuestra vida.
Si te identificas con el éxito, tendrás éxito.
Si te identificas con el fracaso, tendrás fracasos.
Así podemos observar que las circunstancias que vivimos
son simplemente manifestaciones externas
del contenido de nuestra habladuría interna.
Aprende a ser como el universo,
escuchando y reflejando la energía
sin emociones densas y sin prejuicios.
Porque siendo como un espejo sin emociones
aprendemos a hablar de otra manera.
Con el poder mental tranquilo y en silencio,
sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales
y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas,
simplemente permite una comunicación sincera y fluida.
No te dés mucha importancia, y sé humilde,
pues cuanto más te muestras superior, inteligente y prepotente,
más te vuelves prisionero de tu propia imagen
y vives en un mundo de tensión e ilusiones.
Sé discreto, preserva tu vida íntima,
de esta manera te liberas de la opinión de los otros
y llevarás una vida tranquila volviéndote
invisible, misterioso, indefinible,
insondable como el Tao.
No compitas con los demás, vuélvete como la tierra
que nos nutre, que nos da lo que necesitamos.
Ayuda a los otros a percibir sus cualidades,
a percibir sus virtudes, a brillar.
El espíritu competitivo hace que crezca el ego
y crea conflictos inevitablemente.
Ten confianza en ti mismo, preserva tu paz interna
evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros.
No te comprometas fácilmente.
Si actúas de manera precipitada
sin tomar conciencia profunda de la situación,
te vas a crear complicaciones.
La gente no tiene confianza en aquellos que muy fácilmente dicen “sí”,
porque saben que ese famoso “sí” no es sólido y le falta valor.
Toma un momento de silencio interno
para considerar todo lo que se presenta
y toma tu decisión después.
Así desarrollarás la confianza en ti mismo y la sabiduría.
Si realmente hay algo que no sabes,
o no tienes la respuesta a la pregunta que te han hecho, acéptalo.
El hecho de no saber es muy incómodo para el ego porque le gusta saber todo,
siempre tener razón y siempre dar su opinión muy personal.
En realidad el ego no sabe nada, simplemente hace crer que sabe.
Evita el hecho de juzgar y de criticar,
el Tao es imparcial y sin juicios, no critica a la gente,
tiene una compasión infinita y no conoce la dualidad.
Cada vez que juzgas a alguien lo único que haces es expresar tu opinión muy personal y es una pérdida de energía, es puro ruido.
Juzgar es una manera de esconder sus propias debilidades.
El sabio tolera todo y no dirá ni una palabra.
Recuerda que todo lo que te molesta de los otros
es una proyección de todo lo que todavía no has resulto de ti mismo
Deja que cada quien resuelva sus propios problemas
y concentra tu energía en tu propia vida.
Ocúpate de ti mismo, no te defiendas.
Cuando tratas de defenderte en realidad estás dándole
demasiada importancia a las palabras de los otros
y le das más fuerza a su agresión.
Si aceptas el no defenderte estás mostrando
que las opiniones de los demás no te afectan,
que son simplemente opiniones
y que no necesitas convencer a los otros para ser feliz.
Tu silencio interno te vuelve impasible.
Haz regularmente un ayuno de la palabra para volver a educar
al ego que tiene la mala costumbre de hablar todo el tiempo
Practica el arte de no hablar.
Toma un día a la semana para abstenerte de hablar.
O por lo menos algunas horas en el día
según lo permita tu organización personal.
Este es un ejercicio excelente para conocer
y aprender el universo del Tao ilimitado
en lugar de tratar de explicar con las palabras qué es el Tao.
Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar
y tu verdadera naturaleza interna
reemplazará tu personalidad artificial,
dejando aparecer la luz de tu corazón
y el poder de la sabiduría del silencio.
Gracias a esta fuerza atraerás hacia ti todo lo que necesitas
para realizarte y liberarte completamente.
Pero hay que tener cuidado de que el ego no se inmiscuya.
El poder permanece cuando el ego se queda tranquilo y en silencio.
Si tu ego se impone y abusa de este poder
el mismo poder se convertirá en un veneno,
y todo tu ser se envenenará rápidamente.
Quédate en silencio,
cultiva tu propio poder interno.
Respeta la vida de los demás
y de todo lo que existe en el mundo.
No trates de forzar, manipular y controlar a los otros.
Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son,
o lo que tienen la capacidad de ser.
Dicho en otras palabras,
vive siguiendo la vida sagrada del Tao.
7 de septiembre de 2011
Del arco y las flechas a la bomba atómica: a qué se llama “progreso”?
por Kodo Sawaki (*)
El satori no tiene un comienzo, la práctica no tiene final. No esperes que nadie te dé una propina por ello. Practicar significa dar toda su expresión al satori, presente ya desde el principio. Por eso no hay ningún satori fuera de la práctica y tampoco práctica fuera del satori.
Si practicas zazen, tu práctica debe expresarse en tu actitud en la vida diaria: en la búsqueda de la sabiduría del despertar y en la ayuda desinteresada a todos los seres que sufren.
Si dices que el objetivo de la práctica de la Vía del Buda consiste en hacer de una persona corriente un Buda, eso es una verdad a medias. Siempre has de recorrer la Vía del Buda junto con todos los seres que sufren. Si te apartas de los demás, eso no tiene ya nada que ver con la Vía del Buda.
El secreto de la Vía del Buda consiste en hacer las cosas sin más. Te equivocas si crees que la Vía del Buda está ahí para ayudarte como persona.
Si miras con franqueza en el fondo de tu corazón, comprobarás que cuando dices: “Me sacrifico por los demás”, no haces sino ocultar tu egoísmo. ¿No estás haciendo en realidad que todo gire en torno a ti mismo?
¿Por qué los “religiosos” de todos los tiempos han sido siempre tan ambiciosos y ruines? Porque se ganaban el pan haciendo creer a los demás que estaban en posesión de la verdad. Pero como eso no se funda en criterios objetivos, tratan desesperadamente de echar el lazo a los creyentes.
Algunos me preguntan por qué no creo mi propia organización Zen. En el Budismo no puede haber ninguna organización. Tan pronto comienzas a organizar algo el contenido se va al garete. ¡No tienes más que echar una mirada a la actual escuela Soto Zen!
La gente se deja engañar gustosamente por sus propias fantasías. Pero lo que una persona fantasea, otro vendrá que lo echará abajo.
Todo el mundo busca satisfacción, el cumplimiento de sus deseos. ¡Y la respuesta se halla en los periódicos! No es de extrañar que se extravíen y se hundan cada vez más en el pozo de su ignorancia. Informaciones procedentes de todo el mundo llegan a nuestra pantalla el mismo día en que se producen. Y de igual modo se acelera también la rueda de nuestras ilusiones. Llamamos a esta aceleración “progreso” o “civilización”; la pregunta es ¿en qué dirección progresamos? Desde el punto de vista del Budismo, este progreso es en realidad decadencia. Aceleramos nuestro declive y el mundo entero se sume en el sufrimiento.
La humanidad progresa desde el arco y las flechas hasta la ballesta, de la ballesta a la escopeta, y de la escopeta a la ametralladora, hasta llegar a la bomba de hidrógeno. Pero ¿cuánto han avanzado los humanos en cuanto a su carácter? Siguen siendo los mismos granujas que se lían a mamporros entre sí. Con la diferencia de que hoy disponen de armas más peligrosas.
La pregunta es qué entiendes por “cultura”. Cuando el cine no te baste y los conciertos ya no te satisfagan, date simplemente un descanso de tu “cultura” y siéntate en zazen: ahí encontrarás finalmente lo que durante siglos habías estado buscando sin éxito por todos los rincones.
¿Por qué se monta la humanidad todo ese teatro? Es como una pelea de gallos que se dan picotazos sin parar. La enseñanza del Buda trasciende todos los “ismos”. Lo que los humanos han podido concebir es siempre falso.
Sólo el Dharma es verdadero. Esto no es ninguna arrogancia: “Dharma” significa “verdad”.
La luz de la sabiduría significa –dicho con mis palabras– que disminuye la congestión sanguínea.
Si de verdad te dedicas a la religión y al budismo, llegará el momento en el que hasta las flores del ciruelo y el sonido del bambú te prediquen el Dharma. La voz de los valles y el color de las montañas, ésa es la religión que tú realmente buscas.
¿No ha de ser el objetivo de todo auténtico filósofo y de las personas religiosas hallar la verdad en todas y cada una de las cosas? Todas las cosas del universo son manifestaciones de la verdad y el universo en su conjunto es Buda.
3 de septiembre de 2011
No debes tomarte el Budismo demasiado al pie de la letra
![]() |
| El sexto patriarca Huineng rompiendo sutras. Obra del pintor Liangkai (s. XII) |
por Kodo Sawaki (*)
Cuando practicamos shikantaza no debemos apoyarnos en los conocimientos que hemos acumulado. No obstante, es importante que entendamos correctamente el significado y el sentido de shikan [simplemente]. Antes de poder leer el Shôbôgenzô, tienes que conocer la filosofía Yogaçara[1]. Si alguien inexperto lee el Shôbôgenzô sin estar familiarizado con la filosofía Yogaçara será como quien comercia con arroz sin disponer de una balanza o de algún otro aparato de medición.
Cuando era joven, el estudio del Budismo me dio no pocos dolores de cabeza. Me parecía tan complicado porque lo entendía como un nutricionista entiende el arte de cocinar: si queremos analizar con precisión científica cuánta sal y vitaminas contiene un plato, cuántas calorías, cómo hay que prepararlo para que las vitaminas no se pierdan etc., no hacemos sino crearnos dificultades. Si hoy en día el Budismo se marchita es porque mucha gente lo contempla bajo la perspectiva del análisis nutricional sin nunca haber comido de él. A mí, día sí, día también, me basta su simple sabor. No me interesa la cáscara inerte del conocimiento.
En Japón los artesanos tienen a chicos de nueve o diez años de edad como ayudantes o recaderos. Cuando llegan a los quince o dieciséis años se les pone al fin una herramienta en la mano. No se les explica nada más, pero si no saben qué hacer con la herramienta se les dice: “¡Eh, tú! ¿Qué estás haciendo? ¿Dónde has tenido puesta la vista hasta hoy?”. Lo mismo sucede en un templo Zen. Ahí no se habla mucho de Budismo. Se practica.
Dedicarse a la práctica es algo diferente a reflexionar sobre la práctica. Hablo por ejemplo a menudo de los rasgos faciales porque me interesa la fisonomía. Considero que la forma es de gran importancia. Creo que la forma del gasshô[2], del sampai[3] y del zazen ya fue transmitida de uno a otro por los Budas anteriores a Sakiamuni. Dedicarse a la práctica significa entregarse por completo a esa forma.
“Cuando la forma es correcta, también lo es el contenido”. En una postura y actitud correctas se expresa una actitud de espíritu correcta. Por eso es necesario que revisemos a la luz de la práctica de zazen nuestra actitud ante una vida que cambia día a día, afinando nuestra actitud vital desde la mañana hasta la noche.
Un monje necesita adoptar la actitud vital de un monje, un profesor la de un profesor. No debes flaquear en ningún momento. Forja tu propia actitud al estar en pie, al andar, al sentarte, al acostarte. No te pierdas nunca de vista.
La teoría no cuenta. Quizá se dejan encandilar por el koan[4], pero en la escuela Zen Rinzai los monjes se sientan de hecho en el cojín al menos por espacio de veinte o treinta años. Esta vida no hace concesiones al mundo humano, no hacen componendas con la sociedad humana. La práctica de estos monjes es muy profesional. Comparados con ellos, los seguidores de la escuela Soto me parecen comediantes de tres al cuarto: las enseñanzas de la escuela Soto no calan en ellos
Si a los budistas de hoy en día les quitas su historia, arqueología y filología, y luego los sacudes como es debido, comprobarás que están completamente huecos.
Sólo los tarugos se entusiasman por lo que está escrito en los libros. Debes aprender a distinguir la realidad de tus elucubraciones mentales. Cuando leas léete a ti mismo, créate a ti mismo. No eres realmente tú mismo hasta que no has dejado atrás toda teoría.
Acumular conocimientos sobre el Budismo es peligroso: crees poder abordarlo todo mediante palabras. Y antes de que esas palabras cobren para ti sentido, ya has compuesto con ellas una tesis doctoral o la gente empieza a pagarte por tus “charlas sobre el dharma”.
Las palabras de las religiones establecidas son como latas de conserva vacías, un mal recurso en caso de necesidad.
Las personas de ciencia hablan durante toda la vida únicamente de palabras. Rebuscan con tanto celo entre las letras que al final les llega la muerte antes de haber encontrado en ellas algún sentido para su propia vida. Esto se debe a que reflexionan y discriminan demasiado. Les resulta imposible comprender una cosa simple y directamente; por ejemplo, esclarecer zazen mediante zazen mismo.
Por eminente que sea una filosofía para todo lo que una persona ha imaginado, otra vendrá con sus ideas y lo echará todo por la borda. No podemos acceder a las cosas mediante nuestras palabras e ideas. Lo que hay que hacer es llegar desnudo al lugar que permanece inmóvil cuando todo lo demás se derrumba.
Iluminar la conciencia significa salvar a todos los demás antes de salvarte tú mismo. Pero si no haces más que hablar de salvar a los demás mientras ni siquiera eres capaz de ceder tu asiento en el autobús, tus palabras se las lleva el viento.
Alguien me preguntó una vez: “¿No crees tú también que el Budismo es la mayor patraña de todos los tiempos?”. Por supuesto, todo lo que cuentan los monjes budistas es tan falso como lo que aparece en los libros. ¿Por qué? Porque habla del nirvana gente que nunca lo ha experimentado y otros se extienden acerca del gran despertar tras la muerte de la mente, cuando ellos mismos son incapaces de abrir los ojos. Parece que a los religiosos les gusta divagar sobre asuntos que no tienen nada que ver con su propia vida. Esto vale también para todos los sutras famosos: sin práctica no son más que patrañas.
¿Quieres comerte un pastel? Por mucho que grites “¡pastel!” ninguno va a caerte del cielo. Nuestras palabras y conceptos no son la realidad. El Zen gira en torno a esta realidad; pero no para reflexionar sobre ella, sino para asirla firmemente a fin de expresarla luego con libertad.
Si la humanidad regresara a su verdadera naturaleza se libraría de todos sus problemas. Pero hasta el momento todo gira en torno al dinero, a follar y zampar, ¡una auténtica casa de locos!
En la Vía del Buda se trata de crear la propia vida. No hay palabras para explicar esto. En esto consiste la vida de un monje. Las palabras han de surgir de la vida del monje constantemente re-creada.
La religión comienza con la ciencia y concluye con el arte. La religión no consiste únicamente en invocar el nombre de Amitaba Buda.
La Vía del Buda te atraviesa desde la cabeza hasta los pies
por Kodo Sawaki (*)
En el Budismo nos ocupamos de la cuestión de cómo hemos de vivir esta vida de la mejor manera posible. Se trata de llevar una vida que verdaderamente merezca la pena ser vivida. ¿Cómo podemos realizar con este cuerpo, que en cualquier momento puede morir, una tarea que produzca frutos eternos?
Constantemente te atrincheras en tu ego. Observas las cosas sólo bajo el punto de vista de tu ego, por eso te equivocas. Aun cuando te inclinas ante Buda, algo va mal. Incluso cuando haces zazen, lo haces mal.
Las cosas que hemos aprendido no hacen más que nublarnos la vista. Si no pongo cuidado, también yo empiezo a adquirir “hábitos de monje”. Si lo que mi maestro o los discípulos más veteranos me han enseñado se convierte en un “hábito de monje” me quita la libertad.
“¡Mira estos peces gordos!”. La razón de tanta charla insustancial entre los monjes estriba sencillamente en que no tienen que preocuparse por el pan de cada día. ¿Qué quieres hacer realmente con tu vida? Ésta no es una pregunta baladí. ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Por qué vivir? Ten cuidado de no estirar la pata antes de que estas preguntas penetren hasta lo más hondo de ti.
Ten cuidado, si no empezarás a creer que tu cuerpo –tal como es– es el cuerpo del Buda y del Dharma. Tu “cuerpo de dharma” no es más que una teoría hueca. ¿Dónde están si no los treinta y dos rasgos de tu budeidad? ¿Dónde está tu aureola? No obstante, esto no significa que vayas a alcanzar la budeidad por medio de la práctica. Si lo crees así quedarás de nuevo atrapado por tu idea de “práctica”. Por buena que pueda ser tu práctica, tu problema es que nunca olvidas tu “buena práctica”.
Se dice que no hay la menor diferencia entre todos y cada uno de nosotros y Buda. ¿No hay de verdad la menor diferencia?, me pregunto. Nada de eso, ¡cómo podría haber una diferencia mayor! ¿Preguntas qué te diferencia de Buda? Eso que llevas contigo: los hombres creen que son “hombres”, la mujeres que son “mujeres”. Ahí se encuentra la raíz de la ilusión.
Deja de hacer distinciones intelectuales. Sakiamuni Buda no intentaba sino deshabituarse del pensamiento discriminador. Demasiados de nosotros desperdician la vida haciendo distinciones. Pasamos toda la vida en el mundo de nuestro conocimiento intelectual, que no penetra realmente en nuestro ser.
Desde la mañana hasta la noche te ves en un continuo vaivén entre la alegría y la pena, y ocuparte de tu particular estado de ánimo no hace sino empeorar las cosas: con tus cavilaciones sobre la vida y la muerte te adentras más y más en un callejón sin salida. El problema de la vida y la muerte es una ratonera psicológica, sólo existe en tu mente. Puedes convencerte de que la solución de este problema te llevará a escapar del ciclo de la vida y muerte, pero la solución en la que piensas es sólo una solución dentro de tus ideas y la propia idea de querer resolver el problema de la vida y de la muerte es parte del problema en sí.
Crees que te has liberado de la avidez y la codicia y ahora te aferras tercamente a esta idea. Crees que has acabado con tus ilusiones y de este modo no haces sino crearte una ilusión más. Siempre queda algo que no quieres soltar de la mano. Debes acabar con esta disociación y también con esta mente que cree “acabar con”, e incluso debes acabar con la idea de acabar con algo. Por eso en el Dharma del Buda nunca llegas a un punto final.
La sabiduría de los Budas es una fuerza que echa sus raíces en zazen. Se manifiesta cuando te deshaces de todos los conceptos e ideas persistentes de tu mente. Has de deshacerte de esto y aquello, de todo por completo, y en el momento en que tu mente de persona corriente se ha disuelto totalmente es cuando se manifiesta la sabiduría de Buda; no en virtud de tus ideales e ideas, sino en virtud de tu práctica de zazen.
Se trata de un giro interior de 180 grados. Has de nacer de nuevo en lo más hondo de ti a fin de liberarte de tu ego. No es algo imposible. Quizá no dure mucho tiempo; en tal caso libérate de tu ego al menos en ese instante.
Una práctica devota no tiene nada que ver con lo que la gente llama “ponerse manos a la obra”. Tampoco significa que debamos rompernos la cabeza. Significa sencillamente abandonarse a zazen. Ahí no hay nada que ganar. Tampoco trates de resolver tus tareas escolares durante zazen.
Si tienes bajo control el asunto crucial de tu vida no sentirás rencor ni aun cuando alguien quiera cortarte la cabeza. Ése ha de ser el objetivo de tu práctica de la vía del Zen. Sólo cuando practiques zazen de este modo sabrás apreciar el auténtico valor de tu vida.
“¿Incluso alguien como yo tiene naturaleza de Buda?”. No seas tan torpe, no digas tonterías, ¿no te das cuenta de que siempre te has encontrado en medio de la naturaleza de Buda? Cuando sentado en zazen despiertas de tu ilusión ya no se plantea la cuestión acerca de la naturaleza del Buda; en zazen todo tu cuerpo es penetrado por zazen, ¿quién podría dudarlo? Cuando bebes más de la cuenta todo tu cuerpo está borracho, hasta la última célula. ¿O tienes todavía alguna duda?
La Vía del Buda te atraviesa desde la cabeza hasta los pies. Cuando te encuentres en samadhi sentirás la Vía del Buda penetrar en cada célula de tu cuerpo.
Todas las obras escritas por Dogen Zenji son actas de su práctica de zazen. Cuando lees el Shobogenzo has de considerarlo desde misma práctica diaria.
Dogen Zenji se encontró con Nyojo Zenji[1] y se cercioró de que shikantaza y shinjin-datsuraku [el desprendimiento del cuerpo y de la mente] son suficientes, no hay necesidad de nada más. Shinran Shonin[2] y Honen Shonin[3] se valieron únicamente de la práctica del Nembutsu, y de nada más. Al igual que Dogen Zenji estudiaron a fondo las enseñanzas de las escuelas Tendai[4] y Shingon[5], pero no hicieron el menor uso de ellas. Esto es importante: si buscas la verdad, basta con llegar al fondo de una cosa; todo lo demás está de sobra.
La meta de tu vida ha de ser alcanzar la verdad. No debes inquietarte demasiado por lo demás.
¿Con qué fin comes en realidad tu pan de cada día? ¿Sólo porque tienes hambre? ¿Y también en lo demás haces sólo aquello de lo que tienes ganas? ¡Eres como un crío! Has de tener claro para qué vives en realidad, con qué propósito comes tu pan de cada día. Has de tener ante la vista un objetivo preciso. Hagas lo que hagas, has de hacerlo con ese fin. Haz lo que puedas, y cuando llegues al final de la vida entonces has llegado al final. Sólo necesitas una única tarea a la que merezca la pena, simple y tranquilamente –sin ruidos innecesarios–, dedicar tu vida.
[1] Nyojo Zenji es Tiantong Rujing, el maestro chino de Eihei Dôgen.
[2] Shinran Shonin o Shinran (1173-1262), reformador budista japonés, discípulo de Honen Shonin.
[3] Honen Shonin (1133-1212) fundador de la escuela Jodo-shu (Tierra Pura) en Japón.
[4] La escuela budista Tendai (ch. Tiantai) fue fundada por el maestro chino Zhiyi (Chigi en japonés), en el 550 dC. Fue Introducida en Japón por Saichō en el año 807 dC. Se basa principalmente en el Sutra del Loto (Hokkekyo, en jap.).
[5] La escuela Shingon (Shingon shū) es una de las escuelas principales del budismo japonés, y la más importante entre las esotéricas, o tántricas, fuera de la India y el Tíbet. La palabra "Shingon" es la pronunciación japonesa del término chino "Chen Yen", que a su vez es una representación de la palabra sánscrita "mantra". El budismo Shingon surgió en el Japón durante el período Heian (794-1185), cuando el monje Kūkai fue a China, estudió el tantra y regresó, armado de muchos textos y obras de arte, y desarrolló su propia síntesis de la práctica y doctrina esotérica, centrada en el Buda cósmico Vairocana.
No has pagado nada por nacer, ¿y encima quieres que se te devuelva el dinero?
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| Kodo Sawaki en zazen |
por Kodo Sawaki (*)
“Practicamos zazen con el objetivo de tener el satori, ¿no es verdad?” ¡Qué tontería! ¿Hasta por el zazen quieres recibir una propina? Al menos zazen deberías hacerlo con naturalidad y sin objetivo alguno.
Cuando alguien me pregunta para qué sirve zazen yo respondo que no sirve para nada. Ante lo cual la gente dice: “Si no sirve para nada, mejor lo dejo”. La cuestión es ¿qué hay que sirva para nada?
Lo que parece una “ventaja” no lo es en realidad. La ventaja de la enseñanza del Buda consiste en que no hay ninguna ventaja. Llevo más de tres meses seguidos de un lado para otro haciendo lo que no reporta nada. En mi camino de una sesshin a la siguiente parece que voy a desfallecer de agotamiento. Ésta no es precisamente una de las “ventajas” que la gente siempre espera.
Todas las demás religiones ofrecen recompensas. Sólo la nuestra no ofrece ninguna. Tiene gracia: predicamos lo que sólo alguien sin méritos puede predicar. Las personas de mérito llaman a esto “pagano”.
Visitar un templo budista, invocar el nombre de Buda o sentarse en zazen, nada de ello reporta nada. Toda nuestra vida no reporta nada al fin y al cabo. ¿Qué puede haber más ruin que una persona que ante todo lo que hace siempre pregunta qué va a ganar con ello?
Hemos de evitar buscar el aplauso por lo que no merece ningún aplauso. Cuando era joven hacía siempre lo posible por ganarme la admiración de la gente superficial. Cuando hoy pienso en ello me empiezan a sudar los sobacos. Hemos de cuidarnos de la admiración de nuestros congéneres.
Lo que la gente elogia no tiene ningún valor. La vida en las montañas: ninguna persona te elogiará por ello.
Sólo en el mundo humano puede hacerse carrera. Qué estúpido es tratar de reunir de nuevo, una tras otra, todas las cosas a las que se ha renunciado con la ordenación monástica. ¿Qué excusas presentaría a los ancestros un sacerdote de 73 años que con su cabeza rapada y su kesa trata de hacer carrera como la gente mundana?
¿Qué puede ser más errado que tratar de hacer carrera como monje budista? ¡Un monje se caracteriza precisamente por que no hace ninguna carrera!
Cuando un monje lo abandona todo y lleva una vida sencilla, ya no hay para él ninguna otra cosa especial que practicar. Tampoco es necesario dar limosna a los pobres: si llevas una vida que es digna de compasión incluso para los pobres, esa vida tiene más mérito que ninguna otra práctica. Y, a la inversa, no es bueno acumular dinero y hartarse de exquisiteces que te conviertan en la envidia de los pobres. Creo que había una razón profunda en el hecho de que Sakiamuni renunciara al trono.
Si estiras el cuello para sobresalir por encima de los demás, correrás también tras el dinero y te esforzarás por alcanzar un puesto importante. Religión significa inclinar la cabeza en gassho. En la inclinación de cabeza se realiza la auténtica vida.
He vivido toda la vida como un parásito, pero, en realidad, ¿qué quiere decir esto? En cualquier caso, no hay absolutamente nada que me pertenezca a mí o a ti. Nada nos pertenece y precisamente por eso hemos de tratarlo todo con el mayor respeto. Vivir como un parásito significa tener respeto y consideración por todas y cada una de las cosas.
Yo no albergo la menor esperanza. Me pidan lo que me pidan, hago lo que mandan; me eche la gente de comer lo que me eche, lo acepto sin más. No me importa lo más mínimo de qué se trate.
La gente vive en sus fantasías. Primero se fabrican una idea, luego la agarran con fuerza y empiezan a pelearse por ella, entrando todo a formar parte del gran teatro. Una persona como yo, que vive en paz, no trata de llegar a cualquier precio a un pesebre en el que, de todos modos, no hay nada que comer. No trato de alcanzar nada inalcanzable. No lloro cuando tengo mala suerte y tampoco me vuelvo loco cuando la suerte me sonríe. Siempre he mantenido la serenidad.
Una vez bajé con un montacargas a una gruta de varios cientos de metros de profundidad. Aunque el montacargas descendía a un ritmo constante, al cabo de un rato me dio la impresión de que íbamos hacia arriba. Esta ilusión se parece a la que experimentamos cuando creemos haber encontrado un “chollo”.
Siempre tratas de ganar algo. No has pagado nada por nacer, ¿y encima quieres ahora que se te devuelva el dinero?
Todo lo que hacemos es gratuito. Todo lo que recibimos es gratuito. La lluvia cae gratuitamente, el sol brilla gratuitamente. El sol no nos pasa ninguna factura por su “energía solar”. ¿Cuál es el problema de que no podamos llevarnos nada a la tumba? La cuenta está saldada, ¡listo, punto final!
¿Qué tiene de grave si al final mueres en la cuneta como un perro callejero? He vivido toda mi vida con el propósito de acabar diñándola como un chucho callejero. He malgastado toda mi vida en zazen.
Todos tratan de añadirle algo a la vida humana. Ahí está su error.
Qué sorpresa se llevará la gente cuando compruebe que al final nada sirve para nada. Reconocerán su error de golpe, como un mudo que le echa el diente a un fruto amargo[1].
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(*) Kodo Sawaki ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del Zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin morada" ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokyo.
Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.
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