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Aquí presentaremos la última parte que trata sobre los efectos y modificaciones generados por la práctica de la Meditación Zen.
Los cambios y beneficios mencionados a continuación se extienden, también, tanto a la práctica de la oración profunda como de la contemplación.
.Hipometabolismo:
Según datos recogidos en Japón, el practicante Zen en meditación profunda, reduce el consumo de oxígeno hasta el 20 %. Semejante estado de hipometabolismo se da sólo tras cuatro o cinco horas de sueño natural. En el sueño prolongado y en los estados de hibernación el hipometabolismo suele ir acompañado de una significativa disminución de la temperatura corporal. Curiosamente, no ocurre este fenómeno en los casos de hipometabolismo durante las aludidas prácticas de meditación.
Hay todavía otra curiosa diferencia entre las modificaciones fisiológicas producidas en la meditación o en el sueño. Durante el sueño la disminución del consumo de oxígeno llega de un modo lento y progresivo, de tal manera que sólo después de cuatro o cinco horas se ha reducido en un 8 %, en la meditación tal aminoramiento llega rápidamente, apenas tras cuatro o cinco minutos de oración profunda, y alcanzando un 10 al 20 por %. La medicina desconoce, por ahora, otro medio capaz de esta proeza.
Ritmo cardíaco y presión arterial:
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Experiencias de laboratorio, científicamente controladas por especialistas, han descubierto que la persona en estado de meditación presenta un ritmo cardíaco progresivamente más lento. Asimismo, disminuye la presión arterial. Estudiosos del sistema cardiovascular aprovecharon ese descubrimiento y empezaron a entrenar en las técnicas del relax con pacientes hipertensos. Los resultados fueron claramente positivos. De ahí dedujeron que las prácticas de misticismo, como la meditación trascendental, benefician clínicamente a las personas que sufren de hipertensión arterial.
Es obvio que las personas dedicadas a la meditación contemplativa, o a otra forma de oración profunda, gozan de esos mismos beneficios para la salud.
Hondas Alfa:
Los análisis electroencefalográficos han detectado alteraciones características en la actividad eléctrica del cerebro del hombre en oración, demostrando que los monjes budistas, por ejemplo, despliegan un ritmo cerebral de ondas alfa mientras simultáneamente sienten un gran bienestar físico y psíquico. Las ondas alfa tienden a crecer de amplitud a medida que la meditación se prolonga, fenómeno que sucede raramente durante el sueño natural. Se desconoce aún el significado psicobiológico de dichas ondas alfa; sólo se sabe que aparecen y se intensifican a medida que la persona se relaja. El ritmo de las ondas alfa lo descubrió en 1924 el médico alemán Hans Berger. En el E.E.G. (electroencefalograma) son una señal indicativa de la no-actividad en el córtex cerebral, y por tanto de actividad en la zona subcortical más profunda. Semejante ritmo aparece cuando la persona se halla en fuerte vigilancia interior (por eso se le llama también “estado hipnagógico”). En conclusión, puede decirse que el estado alfa equivale a un gran acumen de la conciencia interior.
La imbricación del estado alfa con la oración radica en el hecho de que justo en tal estado de gran penetración de la conciencia interior es donde tiene lugar la oración profunda. Es decir, que se necesita entrar en el estado alfa para llegar a la oración profunda.
Pero, por otra parte, no deben confundirse ambas cosas, estado alfa y oración profunda; ésta, en el caso cristiano, es algo mucho más rico: es fe, amor, gracia, mística del encuentro con Dios vivo.
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Alteraciones neurovegetativas:
Se dan aún otras mutaciones del ritmo de vida en la persona que ora o medita, demostrativas de que siempre hay un estado de gran distensión psicobiológica, juntamente con una disminución de la actividad del sistema nervioso simpático: el ritmo cardíaco disminuye en unas tres pulsaciones por minuto, la respiración se hace más sosegada. Y se ha constatado que cualquier individuo, sin un previo entrenamiento especial, es capaz de producir los mismos efectos en cuanto se pone debidamente en auténtico estado de oración.
Alteración del estado de conciencia:
A los cambios fisiológicos observados en los estados de relax y de oración contemplativa siempre corresponde una alteración del estado de conciencia. La conciencia psicológica se presenta como “un todo continuo que va desde el relativamente profundo estado de insconsciencia, por un lado, hasta el estado de gran sensibilidad, por otro. Tal “continuo” pasa del estado de coma, por el sueño y la pérdida de los sentidos, al estado de vigilancia y de alerta.
Este característico estado de conciencia de quien ora profundamente, conocido desde hace muchos siglos tanto en las varias culturas orientales como en las occidentales, suele ser mencionado como éxtasis, clarividencia, sublime hermosura y algo en extremo placentero.
Los efectos dinámicos de la verdadera oración siempre son por los menos dos: uno corresponde a las meditaciones que experimenta la persona del propio orante, en su espíritu y en su cuerpo; el otro son los cambios producidos en el ambiente de la persona que ora.
Las alteraciones fisiológicas del relajamiento, hipometabolismo, disminución del ritmo cardíaco y el abajamiento de la presión arterial afectan inevitablemente a la disposición anímica, en el sentido de facilitar la distensión frente al natural desgaste -“stress”- de la vida moderna causada por la hiperactivación del sistema nervioso autónomo. Este control de las reacciones nerviosas permite mejorar en el campo de la ansiedad y de la frustración. Quien reza habitualmente en las condiciones requeridas suele ser una persona calma, tranquila, segura, paciente, confiada y emprendedora.
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