Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

28 de diciembre de 2012

Sobre los deseos




Parte de la naturaleza humana es vivir con deseos. Los deseos nos impulsan a obtener cosas que no tenemos y a alcanzar metas, y nos  dan energía para funcionar en la vida. Constantemente deseamos cosas, relaciones, objetivos, éxitos, etc. Si observamos todo lo que nos rodea, todos los objetos que usamos, todas las propiedades, todas las personas con las que nos relacionamos, todos los logros obtenidos a lo largo de la vida, toda nuestra evolución como personas, y demás, encontramos que detrás de todo esto hay deseos y más deseos. 
Desear forma parte de nuestra vida. La vida puede verse como una cadena de acontecimientos en que los deseos se suceden uno tras otro. Si no hubiera deseos la vida perdería gran parte de su sentido, y de hecho los momentos en que no tenemos ningún deseo coinciden con los estados de desánimo y depresión.
No obstante, los deseos son peligrosos. Es muy fácil que se conviertan en un problema y, lo que en principio nos alienta a vivir, se vuelva nuestra prisión. Entre otros, hay tres problemas fundamentales en relación al deseo. El primero es la frustración, el segundo la pérdida de control y el último alejarse de lo que verdaderamente te importa.

Frustración
Experimentamos frustración cuando nos quedamos sin lo que esperábamos. Habitualmente deseamos más cosas de las que podemos conseguir con lo cual, inevitablemente, solemos experimentar frustraciones, unas veces pequeñas y otras grandes. Deseamos conectarnos con los demás y siempre falla algo, deseamos vivir pletóricos y felices, y nunca lo conseguimos del todo, buscamos un equilibrio emocional y las situaciones nos desestabilizan constantemente, etc. Las frustraciones se van acumulando a lo largo de la vida, y conforme aumentan las frustraciones se disparan los deseos y, en consecuencia, más frustración experimentamos.
La frustración es parte de la vida, porque el deseo es parte de la vida. De modo que es preciso aprender a sobrellevar los momentos en que las cosas no salen como deseamos. Podríamos y nos libraríamos del dolor de la frustración pero también podemos aprender a asumir la frustración y vivirla con serenidad y contentamiento. 
Puede compararse a rascarse el picor de un grano. En muchos casos lo mejor es no tocarse mucho y dejar que pase. Con la frustración es lo mismo. Las respuestas que damos a la frustración suelen traernos consecuencias nefastas para nosotros mismos y para los que nos rodean: reaccionamos con ira,   impotencia, culpa, resentimiento, vergüenza, deseo, desánimo, etc. Estos sentimientos no sólo nos causan infelicidad en sí mismos sino que además nos llevan a actuar de un modo irracional, conduciéndonos a todo tipo de comportamientos dañinos (comer, fumar, beber, vegetar, comprar, etc.).
Es bien conocido que numerosos trastornos psicológicos están relacionados con la incapacidad de soportar que las cosas no sean como deseamos. De manera que es importante aprender a estar con lo que sucede sin reaccionar. Cuando sintamos que se frustran nuestras expectativas y deseos, necesitamos escuchar nuestros sentimientos de malestar y dejar que se diluyan. Necesitamos aprender a ser conscientes y a mirar con calma y lucidez nuestra experiencia.

Pérdida de control
Para algunas personas el problema con los deseos es la necesitad imperiosa de tenerlos cuanto antes. Esta inmediatez de la satisfacción del deseo y la incapacidad de posponerlo es un grave problema a la hora de tomar decisiones, alcanzar logros importantes o disfrutar de lo que ha costado tanto obtener.
En este caso el problema es la incapacidad de esperar a obtener el placer. Esto hace que sólo se deseen cosas que puedan aportar un placer inmediato y se abandonen cosas más valiosas que requieren ciertos sacrificios. Todas las cosas importantes requieren un camino que exige hacer elecciones y abandonar otras.  Cuando no somos capaces de ceñirnos a nuestros objetivos y de posponer nuestros deseos inmediatos acabamos sin nada, y nos quedamos atrapados en una espiral inagotable de insatisfacción. Los placeres inmediatos cesan tan rápido como los consumimos y generan más deseo. Sufrimos cuando no tenemos lo que deseamos y sufrimos cuando lo tenemos porque ya estamos deseando otra cosa. Cuando perdemos el control sobre nuestros deseos nunca disfrutamos de las cosas que tenemos (y antes deseábamos) porque el deseo nos obliga a buscar la siguiente cosa. Es la metáfora del agua salada, mientras  más bebes más sed tienes.
De modo que aquí también tenemos que aprender a tolerar la desazón. Esta vez se trata del malestar de no tener todavía lo que deseamos. Se trata de saber esperar y  entender que mientras más sepamos retrasar las gratificaciones mayores serán las metas a las que podemos aspirar. Necesitamos aprender a vivir en calma los momentos de incertidumbre y espera en que todavía falta tiempo para conseguir lo deseado.

Alejarse de lo que importa
Desde una perspectiva más profunda el gran problema del deseo es que nos impide desarrollar el potencial que tenemos. El deseo está denigrado en todas las tradiciones por cuanto supone un serio obstáculo a aprovechar la vida, puesto que nos alejan de nosotros mismos y de lo que nos importa. Cuanto más nos alejamos de nuestra esencia más insatisfacción tenemos y más miedos nos dominan. Con lo cual el sufrimiento resulta inevitable.
Dicen los maestros que para aprovechar plenamente la vida todos los deseos necesitan ser canalizados en un único deseo, el deseo de crecer, evolucionar, realizar la verdad y trascender el sufrimiento. Si tenemos deseos más importantes que este, es muy probable que nuestra evolución sea lenta y costosa, y nos sintamos más insatisfechos con nuestra vida. Pero si todos los deseos se vuelven secundarios al desarrollo de nuestro potencial todo se vuelve fácil y fluido.
El deseo nos atrapa mentalmente. Su poder radica en la seducción y la atención que demanda. Nos obliga a escucharlo, atenderlo y afrontar la situación; sin embargo, eso no hace que sea más verdad. La necesidad de obtener eso que deseamos es una verdad provisional, transitoria y relativa. Nuestro ser no está definido ni por las cosas que deseamos ni por lo que ya tenemos, nuestra esencia es anterior a cualquier estado temporal del cuerpo y mente. Si recordamos la enseñanza, somos la fuente de todo que ni va ni viene. Nuestra tarea es ahora, en este momento, y consiste en mantener la presencia en la cual cualquier deseo es irrelevante porque hay algo que es más significativo.
Finalmente el único deseo que nos libera y consume todos los demás deseos es el anhelo de conocer la naturaleza primordial de la existencia. Este es el deseo que necesitamos cultivar y cuidar hasta el final, hasta ese momento en que se realiza que la verdad siempre estuvo aquí, plena y perfecta, desde el principio.
El enfoque puramente espiritual radica en si podemos ver que hay algo más importante que los deseos y satisfacciones personales. Este es el principal camino a una mayor plenitud. ¿Podemos indagar en la verdad? ¿Podemos poner toda la lucidez de que seamos capaces en descubrir que eso que deseamos, como cualquier cosa que esté sucediendo, es menos relevante que lo que somos en última instancia? Y lo que es más importante, ¿Podemos reconocer que cuando obtengamos eso que deseamos, lo primordial seguirá siendo la verdad que ahora mismo somos?

19 de diciembre de 2012

KHANDHA


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En el Sutra del Diamante se lee: “Todas las cosas compuestas se asemejan al sueño, fantasma, burbuja, sombra… Se parecen a la gota del rocío y al destello del relámpago. Así debe considerarse la existencia.” En la mayoría de las culturas se hacen descripciones del ser humano, pero ¿quiénes somos en realidad? Ésta es la gran incógnita que debemos despejar. Casi todas las tradiciones lo consideran como un compuesto, ya sea alma y cuerpo (tradición judeocristiana) o cuerpo, mente y espíritu en otras. El budismo también ve al individuo como un conjunto de agregados, si bien no reconoce en ellos entidad fija o inmutable. La identificación (apego) es la causa del sufrimiento innecesario. Si queremos en verdad entendernos, debemos entender plenamente qué son y cómo funcionan, lo cual significa aprender a verlos tal y como son.

En el Canon Pali, la colección de los antiguos textos que constituyen el cuerpo doctrinal y fundacional del budismo, se representa al Budha diciendo que sólo enseñaba dos asuntos: el sufrimiento y el final del sufrimiento. Tras una práctica meditativa perseverante, Siddhartha Gautama alcanzó un estado de conciencia que ninguna palabra podía describir, sin embargo supo que el camino y la experiencia podrían ser descritos, aunque implicaba una nueva manera de ver y conceptualizar el problema del sufrimiento. Para ello, tuvo que inventar nuevos conceptos y extender palabras preexistentes a fin de que los demás pudieran experimentar el despertar por sí mismos. Una de las nociones nuevas y centrales de su enseñanza fue el de khandha, habitualmente traducido al castellano como “agregados”.

Anteriormente al Budha, la palabra pali “khandha” poseía sentidos muy ordinarios. Un khandha podía ser una pila, un fardo, un montón, una masa. Podía también ser el tronco de un árbol. Sin embargo, en su primer sermón, el Budha le dio un nuevo significado psicológico, introduciendo el término “agregado del apego” [“upadana-khandha”] para resumir su análisis de la verdad del sufrimiento. A lo largo del resto de su carrera docente se refirió a estos khandhas psicológicos una y otra vez. Desde entonces, la importancia de éstos ha sido evidente para cada generación de budistas.

Por lo general, el acercamiento a los cinco agregados es principalmente analítico, pero debe recordarse que el budismo no persigue el análisis por sí mismo, o se forja para acumular datos e información, más bien establece abiertamente la naturaleza de nuestra existencia como requisito preliminar para la penetración intuitiva de la realidad. Por ello, a fin de comprender cómo somos y qué nos ocurre, tenemos que aprender a ver de cerca.

El Budha dijo que los cinco agregados deben ser totalmente entendidos. Es decir, la función con respecto a la verdad de dukkha, la primera Verdad Noble, consiste en entenderla plenamente. Con el objeto de poner fin al sufrimiento, de ganar la libertad, paz y  felicidad de la liberación, debemos tornar nuestra atención y tener en cuenta la naturaleza de los cinco agregados. 

Así pues, cuando Budha dice que existe el sufrimiento, no niega la felicidad existente en la vida. Por el contrario, admite diversas clases de felicidad, tanto materiales como espirituales, para los laicos y los monjes. Los purísimos estados de dhyana (absorción) están exentos de toda sombra de sufrimiento y pueden describirse como  “Felicidad Inefable”, esto es, vivir cada situación en un estado de Perfecta Ecuanimidad y Pura Atención. Ésta es nuestra meta.

Denkô Mesa
Diciembre 2012

2 de diciembre de 2012

El poder de la intención

El Poder de la Intención
Wayne Dyer
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7 pasos para vencer el dominio del ego... (fragmentos)

1. No te sientas ofendido

La conducta de los demás no es razón para quedarte inmovilizado. Lo que te ofende sólo contribuye a debilitarte. Si buscas ocasiones para sentirte ofendido, las encontrarás cada dos por tres. Es tu ego en plena acción, convenciéndote de que el mundo no debería ser como es. Pero puedes convertirte en degustador de la vida y corresponderte con el Espíritu universal de la Creación. No puedes alcanzar la fuerza de la intención sintiéndote ofendido. Por supuesto, actúa para erradicar los horrores del mundo, que emanan de la identificación masiva con el ego, pero vive en paz (..) Sentirse ofendido crea la misma energía destructiva que te ofendió y que lleva al ataque, al contraataque y a la guerra.

 2. Libérate de la necesidad de ganar

Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores. Empeñarte en ganar es un método infalible para evitar el contacto consciente con la intención. ¿Por qué? Porque, en última instancia, es imposible ganar todo el tiempo. Siempre habrá alguien más rápido, más joven, más fuerte, más listo y con más suerte que tú, y siempre volverás a sentirte insignificante y despreciable. Tú no eres tus victorias. Puede que te guste la competición y que te diviertas en un mundo en el que ganar lo es todo, pero no tienes por qué estar allí con tus pensamientos. No existen perdedores en un mundo en el que todos compartimos la misma fuente de energía. Lo más que puedes decir es que en determinado día rendiste a cierto nivel en comparación con el nivel de otras personas ese mismo día. Pero hoy es otro día, y hay que tener en cuenta otros competidores y otras circunstancias. Tú sigues siendo la presencia infinita en un cuerpo que es un día una década mayor. Olvídate de la necesidad de ganar no aceptando que lo opuesto de ganar es perder. Ese es el miedo del ego. Si tu cuerpo no rinde para ganar ese día, sencillamente no importa, si no te identificas exclusivamente con tu ego. Adopta el papel de observador, mira y disfrútalo todo sin necesitar ganar un trofeo. Vive en paz, correspóndete con la energía de la intención e, irónicamente, aunque apenas lo notes, en tu vida surgirán más victorias a medida que dejes de ir tras ellas.

 3. Libérate de la necesidad de tener razón

El ego es fuente de conflictos y disensiones porque te empuja a hacer que los demás se equivoquen. Cuando eres hostil, te has desconectado de la fuerza de la intención. El Espíritu creativo es bondadoso, cariñoso y receptivo, y está libre de ira, resentimiento y amargura. Olvidarse de la necesidad de tener siempre razón en las discusiones y las relaciones es como decirle al ego: «No soy tu esclavo. Quiero abrazar la bondad y rechazo tu necesidad de tener razón. Aún más; voy a ofrecerle a esta persona la posibilidad de que se sienta mejor diciéndole que tiene razón y darle las gracias por haberme encaminado hacia la verdad». Cuando te olvidas de la necesidad de tener razón puedes fortalecer la conexión con la fuerza de la intención, pero ten en cuenta que el ego es un combatiente muy resuelto. He visto personas dispuestas a morir antes que dejar de tener razón. He visto cómo acababan relaciones maravillosas por la necesidad de ciertas personas de llevar siempre la razón. Te propongo que te olvides de esta necesidad impulsada por el ego parándote en medio de una discusión para preguntarte: «¿Qué quiero? ¿Ser feliz o tener razón?». Cuando eliges el modo feliz, cariñoso y espiritual, se fortalece tu conexión con la intención. En última instancia, estos momentos expanden tu nueva conexión con la fuerza de la intención. La Fuente universal empezará a colaborar contigo en la creación de la vida que la intención quiere que lleves.

 4. Libérate de la necesidad de ser superior

La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Se trata de ser mejor de lo que eras antes. Céntrate en tu crecimiento, con constante conciencia de que no hay nadie mejor que nadie en este planeta. Todos emanamos de la misma fuerza vital.
Todos tenemos la misión de cumplir la esencia para la que estamos destinados, y tenemos cuanto necesitamos para cumplir ese destino. Nada de esto es posible cuando te consideras superior a los demás. No por viejo es menos cierto este dicho: Todos somos iguales ante ios ojos de Dios. Olvídate de la necesidad de sentirte superior al ver a Dios revelándose en todos. No valores a los demás basándote en su aspecto, sus logros, posesiones y otros baremos impuestos por el ego. Cuando proyectas sentimientos de superioridad, eso es lo que te devuelven, y te lleva al resentimiento y en última instancia a sentimientos de hostilidad. Estos sentimientos se convierten en el vehículo que te aleja de la intención. A Course in Miracles habla de esa necesidad de ser especial y superior: «El sentirse especial siempre establece comparaciones. Se produce por una carencia que se ve en el otro y que se mantiene buscando y no perdiendo de vista las carencias que puede percibir».

5. Libérate de la necesidad de tener más

El mantra del ego es más. Por mucho que logres o adquieras, tu ego insistirá en que no es suficiente. Te verás luchando continuamente y eliminarás la posibilidad de alcanzar la meta, pero en realidad ya la has alcanzado, y es asunto tuyo decidir cómo utilizar el momento presente de tu vida. Irónicamente, cuando dejas de necesitar más, parece como sí te llegara más de lo que deseas. Como estás desapegado de esa necesidad, te resulta más fácil transmitírselo a los demás, porque te das cuenta de lo poco que necesitas para sentirte satisfecho y en paz. La Fuente universal está satisfecha de sí misma, en continua expansión y creando nueva vida, sin intentar jamás aferrarse a sus creaciones por sus recursos egoístas. Crea y se desliga. Cuando te desligas de la necesidad del ego de tener más, te unificas con la fuente. Creas, atraes lo que deseas hacia ti y te desligas, sin exigir que se te presente nada más. Si valoras todo lo que surge, aprendes la gran lección que nos dio san Francisco de Asís: «... es dar cuando recibimos». Al permitir que la abundancia fluya hasta ti y a través de ti, estableces correspondencia con la Fuente y aseguras que esa energía siga fluyendo.

6. Libérate de la necesidad de identificarte con tus logros

Puede resultar un concepto difícil si piensas que tú y tus logros sois lo mismo. (...) Todo emana de la Fuente. ¡Tú y tu Fuente sois uno y lo mismo! No eres ese cuerpo y sus logros. Eres el observador. Fíjate en todo y agradece las capacidades que te han sido concedidas, la motivación para lograr cosas y las cosas que has acumulado, pero atribúyele todo el mérito a la fuerza de la intención que te dio la existencia y de la que formas parte materializada. Cuanto menos necesites atribuirte el mérito de tus logros más conectado estarás con las siete caras de la intención, más libre serás de conseguir cosas, que te surgirán con más frecuencia. Cuando te apegas a esos logros y crees que lo estás consiguiendo tú solo es cuando abandonas la paz y la gratitud de tu Fuente.

7. Libérate de tu fama

La fama que tienes no está localizada en ti, sino en la mente de los demás y, por consiguiente, no ejerces ningún control sobre ella. Si hablas con treinta personas, tendrás treinta famas distintas. Conectarse a la intención significa escuchar los dictados de tu corazón y actuar basándote en lo que tu voz interior te dice que es tu meta aquí. Si te preocupas demasiado por cómo te van a percibir los demás, te habrás desconectado de la intención y permitido que te guíen las opiniones de los demás. Asi funciona el ego. No hay nada que no puedas hacer, a menos que te desconectes de la fuerza y te convenzas de que tu meta consiste en demostrarles a los demás tu superioridad y autoridad y dediques tu energía a intentar ganar una fama extraordinaria entre el ego de los demás. Haz lo que haces según la orientación de tu voz interior, siempre conectada con tu Fuente y agradecida a ella. Mantén tu propósito, deslígate de los resultados y acepta la responsabilidad de lo que reside en ti: tu carácter. Deja que otros discutan sobre tu fama; no tiene nada que ver contigo.  O como dice el título de un libro: Lo que pienses de mí no es asunto mío