Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

5 de octubre de 2012

El estrecho nudo del aferramiento



Todos queremos abandonar el dolor, pero no queremos abandonar el deseo. Nos encontramos así con un problema porque ambos suelen ir juntos.

Nuestro infierno tiene el lenguaje del deseo, la demanda, el anhelo, y de insatisfacción. Todo proviene de la separación ilusoria y de no comprensión de la realidad última de las cosas: todo es vacuidad manifestándose natural y armónicamente en distintos fenómenos. Pero nosotros queremos que éstos sean como nosotros decidimos que queramos que sean. Hacemos funcionar nuestras vidas dando saltos alrededor del principio del placer/dolor. “Yo quiero. Yo no quiero”. ¡Es realmente agotador! 

El asunto del apego y el deseo es uno de los aspectos más incomprendidos en el reino espiritual. El desapego significa ecuanimidad y serenidad, una apertura incondicional a cualquier cosa que no tiene nada que ver con la sumisión. ¿Qué hay que hacer? Decir: “Aquí estoy.” Mostrase en una actitud de entrega total. Sin reservas. Siempre, no unas veces sí, otras no. 

Despertarse es trascender la mente dualista e ir más allá del más allá. Hay una conciencia que lo engloba absolutamente todo. El fuego de las ansias y el aferramiento, las enturbiadas aguas de las pasiones y las emociones conflictivas, tiene un fin, alcanzar la gran paz del nirvana, la satisfacción, el gozo y el contento duraderos. Esta potencialidad está invariablemente presente, justo al otro lado del estrecho nudo del aferramiento. En realidad la podemos experimentar en un instante. No es algo que tengamos que construir. Está disponible a través de las experiencias en curso. Esta es la tercera noble verdad enseñada por el Budha: el fin del sufrimiento (sukkha) ¿Cómo experimentarla? Creando todo el tiempo las circunstancias favorables. ¿Cuáles son? Entre otras, dejar de ponerte de tu parte.

Recuerda que somos los que encendemos la mecha. Somos los creadores del problema. Todo está en nuestras manos, las manos de la dualidad, sujeto y objeto, el que agarra y lo agarrado. Cuando no hay nada que se anhele o desee, no hay nada trabajando contra algo, no hay aferramiento a nada, no está quien se aferra y lo aferrado. Tan sólo está la experimentación de las cosas libre y sin impedimentos. Como dijo el propio Buddha: “En el ver, tan sólo está el ver. Ni el que ve ni lo visto. En el escuchar, sólo está el escuchar. Ni el que escucha ni lo escuchado.” 

Nosotros somos el dique y hay un diminuto agujero por donde está intentando avanzar la luz del despertar. Permitámonos ensanchar esa apertura interior, abandonemos las barricadas, la personalidad sujeta al apego, soltemos toda fijación, dejamos partir el comportamiento habitual, fijo y adictivo. Para ello, se requiere de un cambio de perspectiva. Seguir la Vía del Budha es una cuestión de elección. Ésta es y en esto consiste la Tercera Noble Verdad. Hay dos opciones: o bien vivir bajo la luz de la sabiduría y el discernimiento justo,  o bien seguir haciéndolo bajo las oscuras tinieblas de la ignorancia. Sin embargo, ¿quién eres tú para elegir esto sí o esto no?
Denkô Mesa
Septiembre 2012

4 de octubre de 2012

Cosas que no preciso para ser feliz


Al viajar por Oriente, mantuve contacto con los monjes del Tíbet, en Mongolia, Japón y China. Eran hombres serenos, solícitos, reflexivos y en paz con sus mantos de color azafrán.

El otro día, observaba el movimiento del aeropuerto de San Pablo: la sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares, preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo que debían. Seguramente, ya habían desayunado en sus casas, pero como la compañía aérea ofrecía otro café, todos comían vorazmente. Aquello me hizo reflexionar: "¿Cuál de los dos modelos produce felicidad?"

Me encontré con Daniela, de 10 años, en el ascensor, a las 9 de la mañana, y le pregunté: "¿No fuiste a la escuela?" Ella respondió: "No, voy por la tarde." Comenté: "Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar, dormir hasta más tarde." "No", respondió ella, "tengo tantas cosas por la mañana..." "¿Qué cosas?", le pregunté. "Clases de inglés, de baile, de pintura, de natación", y comenzó a detallar su agenda de muchachita robotizada. Me quedé pensando: "Qué pena, que Daniela no dijo: "¡Tengo clases de meditación!" Estamos formando súper-hombres y súper-mujeres, totalmente equipados, pero emocionalmente infantiles.

Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis librerías y un gimnasio; hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías! No tengo nada contra el mejoramiento del cuerpo, pero me preocupa la desproporción en relación al mejoramiento del espíritu. Pienso que moriremos esbeltos: "¿Cómo estaba el difunto?". "Oh, una maravilla, no tenía nada de celulitis!"
 
Pero cómo queda la cuestión de lo subjetivo ,de lo espiritual, del amor? Hoy, la palabra es "virtualidad". Todo es virtual. Encerrado en su habitación, en Brasilia, un hombre puede tener una amiga íntima en Tokio, sin ninguna preocupación por conocer a su vecino de al lado! Todo es virtual. Somos místicos virtuales, religiosos virtuales, ciudadanos virtuales. Y somos también éticamente virtuales... La palabra hoy es "entretenimiento"; el domingo, entonces, es el día nacional de la imbecilidad colectiva.

Imbécil el conductor, imbécil quien va y se sienta en la platea, imbécil quien pierde la tarde delante de la pantalla. Como la publicidad no logra vender felicidad, genera la ilusión de que la felicidad es el resultado de una suma de placeres: "Si toma esta gaseosa, si usa estas zapatillas, si luce esta camisa, si compra este auto, usted será feliz!" El problema es que, en general, no se llega a ser feliz. Quienes ceden, desarrollan de tal forma el deseo, que terminan necesitando un analista. O de medicamentos. Quienes resisten, aumentan su neurosis. El gran desafío es comenzar a ver cuán bueno es ser libre de todo ese condicionamiento globalizante, neoliberal, consumista. Así, se puede vivir mejor. Para una buena salud mental son indispensables tres requisitos: amistades, autoestima y ausencia de estrés.

Hay una lógica religiosa en el consumismo post-moderno. En la Edad Media, las ciudades adquirían status construyendo una catedral; hoy, en Brasil, se construye un shopping-center. Es curioso, la mayoría de los shopping-center tienen líneas arquitectónicas de catedrales estilizadas; a ellos no se puede ir de cualquier modo, es necesario vestir ropa de misa de domingo. Y allí dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos, ni chicos de la calle, ni suciedad... Se entra en esos claustros al son gregoriano post-moderno, aquella musiquinha de esperar dentista.  Se observan varios nichos, todas esas capillas con venerables objetos de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas. Quienes pueden comprar al contado, se sienten en el reino de los cielos. Si debe pagar con cheque post-datado, o a crédito se siente en el purgatorio. Pero si no puede comprar, ciertamente se va a sentir en el infierno... Felizmente, terminan todos en una eucaristía post-moderna, hermanados en una misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de Mac Donald...

Acostumbro a decirles a los empleados que se me acercan en las puertas de los negocios: "Sólo estoy haciendo un paseo socrático". Delante de sus miradas espantadas, explico: "Sócrates, filósofo griego, también gustaba de descansar su cabeza recorriendo el centro comercial de Atenas. Cuando vendedores como ustedes lo asediaban, les respondía: ..."Sólo estoy observando cuántas cosas existen que no preciso para ser Feliz"!

(Por Frei Beto)

3 de octubre de 2012

La sabiduría de la inseguridad-Alan Watts




La inseguridad es el resultado del intento de seguridad. La salvación y la cordura consisten en el reconocimiento más radical de que no tenemos modo de salvarnos.

Cuanto más capaces somos de experimentar placer, tanto más vulnerables somos al dolor y, el dolor siempre nos acompaña.

Nuestro tiempo es una era de frustración, ansiedad, agitación y adicción. Anhelamos la distracción, un panorama de visiones, sonidos, emociones y excitaciones en el que debe amontonarse la mayor cantidad de cosas posible en el más breve tiempo.

Para mantener este “nivel”, la mayoría de nosotros estamos dispuestos a soportar maneras de vivir que consisten principalmente en el desempeño de trabajos aburridos, pero que nos procuran los medios para buscar alivio del tedio en intervalos de placer frenético y caro. Se supone que esos intervalos son la vida real, el verdadero objetivo que tiene el mal necesario del trabajo.

No es posible comprender la vida mientras uno trate de aferrarla.

Para gozar de placeres intensos, también hemos de soportar intensos dolores. Para ser plenamente humanos, rebosantes de vida y conciencia de las cosas, parece ser que hemos de estar dispuestos a sufrir por nuestra sensibilidad.

La mayor parte de la actividad humana tiene el propósito de hacer permanentes las experiencias agradables y las alegrías. Sin embargo, la vida es un proceso que fluye y el cambio y la muerte son partes necesarias e inevitables. Esforzarse por excluirlas es esforzarse contra la vida, o dicho de otra forma, pretender lo imposible.

El futuro carece de sentido e importancia a menos que, más tarde o más temprano se convierta en presente. Algunas personas no logran vivir porque siempre se están preparando para vivir.

Parecemos moscas que han caído en un recipiente con miel. Como la vida es dulce, no queremos abandonarla, pero cuanto más participamos en ella, tanto más atrapados, limitados y frustrados nos sentimos.

La vida, el cambio, el movimiento y la inseguridad son otros tantos nombres de la misma cosa. Resistirse al cambio, tratar de aferrarse a la vida, es como pretender retener el aliento; simple –y afortunadamente- no se puede.

La fijación nunca dará sentido al cambio. Creemos que dar sentido a al vida es imposible a menos que el flujo de los acontecimientos pueda encajar de algún modo en una estructura. Y no se puede “fijar” algo que fluye. La característica más importante de la vida es su movimiento y fluidez. Por eso, la única manera de hacer que el cambio tenga sentido consiste en sumergirse en él, moverse con él, participar en el baile.