Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

25 de mayo de 2011

La práctica religiosa consiste en librarse de los conceptos e ideas obsesivas

por Kodo Sawaki (*)

Reiun Zenji contemplando el durazno en flor. 
“Durante treinta años
he estado buscando un espada rival (un objeto).
Muchas veces las hojas han caído 
y las ramas se han desnudado.
Pero desde que vi el durazno en flor
no he vuelto a tener duda alguna".
Pintado en una habitación silenciosa, bajo el árbol, 
en el verano de 1837, 
por Dokushi Shinmyo (1776-1840)
Si estás crispado no podrás librarte de tus ideas obsesivas. Si por el contrario abandonas tus aspiraciones, el mundo que te rodea cambiará al instante como por arte de magia.

Constantemente te das cabezazos contra un muro. ¿Por qué? Porque te empeñas en salirte con la tuya. No te entiendes para nada a ti mismo (ga-chi), ves todo desde tu propia perspectiva (ga-ken), tratas de ser siempre mejor que los demás (ga-man) y no amas a nadie más que a ti mismo (ga-ai). No es de extrañar que tropieces en cada esquina. Esto es peligroso para ti y para los demás. La práctica religiosa consiste antes que nada en mitigar esta obstinada actitud vital.

Todo el mundo se deja engañar por su pasado: “¡Antes tenía mucho más dinero!” “¡Antes era joven y guapo!” Cuanto más piensan en ello más se mortifican.
Es propio de la naturaleza humana aferrarse a los conceptos e ideas personales. Llevamos una mole de granito en la cabeza. A esto es a lo que llamo nuestra “individualidad”: no queremos deshacernos de lo que nos pertenece muy personalmente.
Tus opiniones particulares son lo que te pertenece de modo totalmente personal. Esas opiniones particulares giran en último término en torno a ti mismo. Por eso lo que te pertenece de modo totalmente personal es el origen de tus problemas e ilusiones.
Los hombres se aferran a su condición masculina, las mujeres insisten en su condición femenina. Ambas partes se aferran obstinadamente a sus puntos de vista. La práctica ha de consistir en aplacar ese obstinado apego. Cuando estés realmente dispuesto a desprenderte por completo de ti mismo, no dependerás ya ni de tu vida. Por eso es importante para la práctica desarrollar una mente flexible y elástica, en lugar de aferrarte a tu estrecho marco personal. No te enredes en pequeñeces, conságrate al todo cósmico, a lo ilimitado. Es la disolución de este obstinado apego lo que designan expresiones como “espíritu religioso” o “satori”.
Lo que llamamos “ego” no es más que una idea persistente a la que nos aferramos en virtud de nuestras experiencias.
Si te desprendes de esta pequeña idea de “ego”, te descubrirás a ti mismo en el prójimo. Te descubrirás a ti mismo en todas las cosas: en una taza de té, en un par de sandalias. Y todas las cosas adquirirán gran importancia para tu vida. Eso es lo que significa practicar el zen.
Vive tu vida poniéndote en el lugar de tus padres, de tu esposa, de tus hijos. De ese modo te encontrarás contigo mismo en tus padres, en tu esposa, en tus hijos.
La razón por la que dices que la enseñanza del Buda es difícil de comprender es que no quieres olvidar el saber que has acumulado. Quien está falto de fe, no escucha; por eso no puede profundizar en la enseñanza, por mucho que se la expliquen. Sólo a quien reciba la enseñanza ofreciendo tan poca resistencia como un barril sin fondo le será posible asimilarla.
Cuando inclinas tu cabeza ante el Buda sin ninguna afectación, se esfuma tu actitud egoísta. Tu pequeño “yo” se disuelve en el todo. Eso no significa que “tú” tengas el satori. Al contrario, “tú” te desvaneces, tu “yo” no se hace ya presente.
Buscamos el camino, pero ninguno de nosotros tiene la menor idea de dónde podría encontrarse: aquí no está, ahí tampoco. Por eso debemos empezar por dejar de confiar en nuestras propias ideas. En el instante en que uno se ha desprendido de todo, ve florecer un ciruelo: ¡el cosmos, henchido de la naturaleza del Buda! Así es como Reiun zenji[1] se dio cuenta de que Buda y él estaban ligados indisolublemente, de que él mismo era Buda.
En la Vía del Buda no hallarás dos cosas distintas, sean las que sean. No hay separación entre Buda y yo. Pero esto no quiere decir que yo esté ligado a Buda como una mosca que trepa por la espalda de una estatua de Buda. Todo, tal como es, es el Buda cósmico. Sólo soñamos que somos algo distinto: éste se tiene por rico, ése por pobre, y aquel otro por un hombre o aquella por una mujer; pero en realidad no hay ni hombre ni mujer, ni rico ni pobre. Cuando tras tu muerte te conviertas en cenizas, nadie dirá: “Estas son las cenizas de una belleza” o “Estas son las cenizas de un patito feo”.
Vivimos nuestra vida cotidiana dentro de la naturaleza original del Buda pero, pese a ello, nunca nos topamos con esa naturaleza. Es como el ojo, que nunca se ve a sí mismo.
El samadhi comienza en el momento en que vas más allá del sujeto y del objeto: yo y tú, quien ve y quien es visto. Cuando esta distinción desaparezca, tú y tu práctica seréis uno.
Yo no existo, tú no existes, los ríos y montañas, los pastos y los árboles no existen. Cuando “yo” existo, el cielo y el infierno existen. Cuando “yo” no existo, tampoco existen el cielo ni el infierno.
La Puerta del Dharma del Gozo y la Serenidad[2] no significa buscar el objeto de la fe. No busques en otro lado. Si buscas en otro lado, te alejas de la realidad que se encuentra aquí y ahora.
La fe de la que hablo es la fe en el principio eterno, en la verdad eterna. Esta fe consiste en abandonar las representaciones humanas.
¿Cómo es que en tiempos de Sakiamuni un viejo zoquete o una prostituta se despertaron a la Vía? Eso se debe simplemente a que se desprendieron de su incredulidad. No eran ni especialmente sabios ni doctos, ni habían escuchado muchas enseñanzas del Dharma. Es sólo que no tenían ninguna duda. Fue la fuerza de su fe inquebrantable lo que les condujo al despertar.


[1] Reiun Zenji es el maestro chan chino Lingyun Zhiqin (jap. Reiun Shigon, f.d.), uno de los discípulos del maestro chan chino Guishan Lingyun (jap. Isan Reiyû, 771-853). Se dice que Lingyun Zhiqin alcanzó la iluminación al ver las flores de un durazno. Entonces compuso el siguiente poema:
“Durante treinta años
he estado buscando un espada rival (un objeto).
Muchas veces las hojas han caído y las ramas se han desnudado.
Pero desde que vi el durazno en flor
no he vuelto a tener duda alguna".
[2] “La Puerta del Dharma del Gozo y de la Serenidad” es una expresión del maestro Dôgen en referencia al zazen, que se encuentra en su obra Fukanzazengi, “Para la difusión universal de los principios de zazen”. Una tradución comentada de este texto puede encontrarse en la obra de Dokushô Villalba “Riqueza Interior”, Miraguano Ediciones, Madrid.

21 de mayo de 2011

Ser lo más pobre posible y huir del éxito






“Quiero probar con el zazen para convertirme en un hombre auténtico”. A esta gente le digo: “¡Tú nunca te convertirás en un hombre auténtico!” Zazen es la manera más aburrida de pasar el tiempo. Sólo le dirá algo a quien está muy cansado de su vida humana, pues en zazen se trata de despedirse de ser humano. Zazen no es nada que el ser humano pueda imaginar.

Para una persona corriente zazen no es nada. Mejorar uno mismo, ascender unos peldaños... Eso son técnicas mundanas con las que una persona no llega a zazen.

La gente espera del zen inspiración. Si encuentras inspiración, eso será sólo inspiración, pero no zen. Todos quieren ser los primeros en experimentarla, tanto los científicos como quienes practican zazen. Pero, en realidad, todo lo que puedas experimentar personalmente –por grande e importante que pueda parecerte– no vale nada.

Cuando era un joven monje ponía todo mi empeño en alcanzar el satori. Fueoka Ryoun roshi (1) me dio una lección para toda la vida: “No hay razón para ponerse nervioso, Kodo. Te comportas como alguien a quien le cuelga de la nariz un resto de mierda y se pregunta: '¿quién se ha tirado un pedo?' Mientras busques de esta manera nunca encontrarás nada”.

“La vía del Buda no es una escalera por la que ir ascendiendo peldaño a peldaño. Y el satori no es como las galletas, que comes una tras otra y tampoco como los koanes, que “cascas” uno tras otro. El satori no es cuantificable”.

Fueoka Ryoun

¿Quién quiere el satori? “¡Yo!”. Un satori que gira en torno a este “yo” no es nada.

Los jóvenes que se devanan los sesos con sus koan parecen pensar que el satori es algo individual: quieren un satori para sí. ¿Pero cómo puede darse individualmente lo que llena todo el universo?

Hay gente distinguida que se compra una casa con vistas a un maravilloso bosque de cedros, para luego cercarla y cultivar en el jardín sus propios cedros bonsái. Los seres humanos quieren tenerlo todo para sí solos.

¿Tomas por la realidad sólo lo que encaja en tu estrecho marco personal? ¡La realidad abarca todo el universo!

Si una vez en el ataúd reflexionaras de nuevo sobre ti y sobre todo lo que has acumulado a lo largo de la vida, te darías cuenta de que nada te pertenece. No era más que un juguete que se te prestó mientras durara tu vida.

No creo que ser nombrado kancho [el máximo cargo dentro de la escuela Soto Zen] sea un gran honor. Todos los sucesores de Buda han mendigado la comida. ¿Qué importancia podrían tener cargos y honores para quien vive en la indigencia?

“¡Soy discípulo del maestro Fulano!” A esta gente sólo le importa el nombre de su maestro. Les importa más el envoltorio que el contenido.

Incluso en zazen trata la gente de conseguir algo. Hasta en la vía del Buda se estresan.

A la gente sólo le interesa la pompa y el boato. La admiración que puedas despertar por ello no tiene ningún valor. Pues quienes te admiran no han entendido nada de la Vía del Buda. Te admiran a lo más como buen vividor. La práctica de la Vía del Buda ha de ser discreta y modesta. Ahí no puede haber nada digno de admiración.

Ha habido monjes que han muerto a espada, otros han muerto de hambre. La cuestión acerca de qué nos depare esta vida personalmente no tiene la menor importancia en relación con la Vía del Buda. No pienses que el Dharma del Buda te reportará satisfacción y tampoco trates de mejorar con el Dharma tu vida humana.

La vida de monje, el camino de la fe, consiste en poner a las personas al servicio del Buda.

Dogen Zenji no se preocupa en lo más mínimo por la cuestión de qué sea útil. Él dijo: “¡Sé lo más pobre posible, huye del éxito!”
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(1)
Fueoka Roshi fue uno de los maestros zen que más influyó en Kodo Sawaki. Había estudiado durante años con Nishiari Bokuzan Zenji, un gran maestro de la Era Meiji (1868 - 1912), y cuanto más tiempo pasaban juntos, más le atraía a Sawaki su carácter franco y directo. Las charlas de Fueoka Roshi sobre el Gakudoyojinhu, el Eiheishingi y el Zazenyokinki, fueron la base de lapráctica de shikantaza posterior de Kodo Sawaki.

Tendencias equivocadas




Seguimos tendencias generalmente equivocadas, saboteándonos a nosotros mismos sin ver que hay más opciones, posibilidades de alcanzar el objetivo de la vida y la felicidad. Embutidos en la cápsula de nuestro propio ego, muy manipulable por otros egos más robustos. No es cuestión de auto-culparnos por el sin sentido y la conciencia de nuestros actos, sino de abrir la perspectiva y visión psicológica, llena de infinitas posibilidades, no solo de coexistencia de vida-muerte, sino de comprender el entretejido de la realidad, que no esta hilvanada como una secuencia única, más bien como miríadas de posibilidades de elección para llegar a la verdad de la realidad universal que lo abraza todo.

Siguiendo las pistas del pensamiento-sentimiento que reflejan distintos matices en la pantalla de nuestra mente para colapsar al mejor de los estados, el de la verdad y felicidad. O ¿acaso es otro nuestro objetivo final? Esperamos sinceramente que no sea así. Las puertas de la integración del conocimiento total están esperando a ser abiertas para entrar de lleno en la sabiduría universal que nos haga más conscientes de nuestro verdadero papel en el cosmos. Comenzando por la apertura de la mente y la conciencia a la percepción del la realidad múltiple conexa del orden implicado como lo propuso David Bohm, con una conciencia holística con íntima relación psicológica, biológica y física.

No se trata de caer en nuevas tendencias o modas de pensamiento o creencias que bajo circunstancias teóricas nos lleven a nuevos dogmas, o a curiosas alegorías como la del gato de Schrodinger, sino más bien de experimentar el flujo de sensaciones que pasan dentro del océano de posibilidades de nuestra mente y corazón, auto-explorándonos, lo cuál no es nada nuevo; eso ya lo sabían las culturas milenarias, como la de los chinos, los mayas, los vedas, etc. Aún en actuales corrientes de pensamiento como la psicología analítica de Jung, entre otras, que ya mencionamos anteriormente. Culturas que tenían un conocimiento global e integrado de todo lo que los rodeaba. Tampoco es tratar de dar consuelo paliativo para que, de cualquier forma, acabemos en el pozo del olvido, haciendo morir sin saber nuestro objetivo real.

Al tener un conocimiento global desintegrado creado por las típicas corrientes de pensamiento y creencias de todo tipo que nos dejan la impresión de paradojas irreconciliables sin sentido. Debido a esto las personas nos hemos desconectado de la sabiduría universal, del conglomerado holístico de la realidad, que parte de un pensamiento cuántico sumergido en lo más profundo de nuestra psiquis. Al estar desconectados, o desintegrados, no podremos hallar las explicaciones completas de cualquier pregunta fundamental de la vida o de la muerte aún de carácter aparentemente trivial como, qué pasará mañana, o por qué sucedió así y muchas más. Cada quien deberá encontrar su respectivo canal de conexión con el todo universal partiendo de la propia introspección con nosotros mismos. Una cualidad intrínseca que posemos, pocas veces aprovechada y, peor aún, desconocida para la mayoría. Y, aunque parezca poco, es mucho, pues se trata de revolucionar nuestra forma de pensar y percibir nuestro entorno, de tener la certeza de que hay algo más que lo aparente.

(Fuente: Megatendencias)

6 de mayo de 2011

TALLER DE COCINA ZEN



impartido por Miguel Angel Rodríguez 
del 24 al 26 de Junio 2011 
en el templo zen 
Luz Serena 

No hay nada más íntimo que el aire que respiramos y los alimentos que nos nutren. Ambos crean nuestro cuerpo. La comida aporta los nutrientes, vitaminas y minerales, y el oxígeno es el combustible que permite la conversión de estos en actividad y estructura. 

En la recitación previa a las comidas se dice: “Esta comida de tres virtudes y de seis sabores nos da un buen estado físico y espiritual para seguir en la vía de la práctica pura.” No es gratuito, todos hemos experimentado lo que es una comida pesada y que sienta mal, pero pocas veces somos capaces de identificar la comida más apropiada, la que tenga los elementos justos para favorecer y potenciar un estado de atención y presencia.
 

El Budismo, desde los primeros escritos y a lo largo de su historia ha puesto a la preparación de las comidas para los monjes y practicantes en el puesto que le corresponde por su importancia para la práctica. 

En este seminario se pretende mostrar de qué manera el tenzo (responsable de la cocina en un templo zen), mediante su propia práctica hace que esas tres virtudes y esos seis sabores estén presentes. Se mostrará una forma de cocinar, no un mero mezclar ingredientes más o menos caros o baratos para conseguir resultados más o menos sabrosos. No, sólo se enseñará a cocinar. Basta con saber cortar los alimentos, lavar las verduras, remover las sopas o servir los cuencos en un estado de completa entrega para que la lechuga más humilde compita en belleza y brillo con el manjar más exquisito del mejor restaurante. 


Estructura del taller. 
El taller será teórico-práctico, alternando las enseñanzas con la función de cocinar. 
Está pensado para aquellos practicantes que quieran acercarse al espíritu y la forma de cocinar los alimentos en la tradición zen, según las enseñanzas del Tenzo kyokun del maestro Eihei Dôgen. 
La comida y cena del sábado, así como el desayuno del domingo serán en cuencos oryoki. 
Programa. 


Enseñanzas: 
- Sobre el espíritu y la función del tenzo y la cocina de un templo. 
- Funciones del tenzo, organización de la cocina, trabajo de los ayudantes, criterios para la elaboración de menús, utensilios en la cocina, forma de limpiar los alimentos, corte y empleo de los cuchillos, formas de preparación de alimentos. 
- Elaboración de los menús de un retiro, de un seminario y de una actividad y preparación de la lista de la compra. 
- Gestión de la despensa, saneamiento de alimentos y conservación. 
Prácticas: 
- Preparación de la comida y de la cena del sábado. 
- Elaboración de genmai, tsukemono y gomasio. 
- Preparación de la comida del domingo. 

Requisito: 
Cada participante debe traer su propio cuchillo de cocina 







El taller será impartido por Miguel Angel Rodríguez, (Llanes – Asturias, 1962), discípulo del maestro Dokushô Villalba desde 1994, instructor de meditación zen, responsable del Centro Zen de Zaragoza, ingeniero industrial y empresario. En numerosas ocasiones ha ejercido como tenzo en el templo Luz Serena.

Plazas limitadas 
Información e inscripción 
Templo zen Luz Serena 
luzserena@luzserena.net 
96 230 10 55

“La cocina no es un misterio, cuanto más corazón pongamos en ella, más corazón tendremos. Para dar vida a la cocina, damos nuestra vida. Dando nuestra vida voluntariamente no la perdemos. Lavar, pelar, cortar, cocinar, explorar formas de dar vida a nuestra vida, sin saber de antemano qué hacer, ni cómo, practicando, descubriendo por su textura lo que no se conoce por el calor y las ansias, sin obligarse a una forma dada, sin insistir en que es la única forma posible, por muy correcta que sea, abrirse a la percepción de las diversas posibilidades, de formas alternativas de dar vida a nuestra vida. Percibir nuestra mano izquierda, nuestra espalda, los dedos de nuestros pies, percibir nuestra respiración, nuestros movimientos, nuestra actitud; esta es nuestra libertad, esta es nuestra sabiduría. El misterio está en que es posible hacer lo que no sabemos cómo hacer.” 


Edward Brown, ex-tenzo de Tassajara


4 de mayo de 2011

canto de la cabaña con techo de paja del maestro Sekito



He construido una cabaña de paja
en la que no hay nada de valor.
Después de comer me echo la siesta.

Cuando acabé la cabaña apareció la mala hierba.
Ahora ha crecido y lo cubre todo.

El hombre de la ermita sin interior ni exterior,
vive en ella apaciblemente.
No quiere vivir donde vive la gente ordinaria.
No le gusta lo que le gusta a la gente ordinaria.

Aunque la choza sea pequeña,
contiene el universo entero.
En unos pocos metros cuadrados
un viejo ilumina las formas y su esencia.
Bodhisatva del Gran Vehículo
tiene una fe absoluta,
sin embargo,
la gente común duda sin poder impedirlo.

¿Perecerá o no perecerá esta cabaña?

Perecedera o no ahí está presente
el maestro original.
No reside ni al norte ni al sur
ni al este ni al oeste.

Enraizado en la perseverancia
no puede ser sobrepasado.

Una montaña iluminada bajo los pinos verdes
no se puede comparar
ni a los palacios de jade ni a las torres bermejas.

Sentado, con la cabeza cubierta, todo en él reposa,
de esta forma, este viejo monje de las montañas
no comprende nada de nada.
Vive ahí donde está
y no hace ningún esfuerzo para liberarse

¿Para qué disponer con orgullo
de un púlpito
para seducir a sus discípulos?

Dirigid vuestra luz hacia el interior
y dad media vuelta.
La fuente infinita es inconcebible.
no puede ser confrontada ni evitada.

Buscad en los antiguos maestros
y permaneced íntimos con su enseñanza.
Atad la hierba loca
y construid con ella una choza.

No la abandonéis nunca.
Dejad pasar los siglos y relajaros completamente.
Abrid vuestras manos
y caminad inocentemente.
Las miríadas de mundos y los infinitos conceptos
sólo existen para liberaos de vuestras trabas y obstáculos.

Si queréis encontrar el inmortal de la choza
no os escapéis aquí y ahora
de este saco de piel.

Sekito Kisen

2 de mayo de 2011

Todos los aspectos de la realidad son satori




por Kodo Sawaki

En la Vía del Buda has de observar las cosas desde un punto de vista elevado, a fin de conservar en tu interior la paz. De ese modo serás uno con el yo cósmico, para después regresar y vivir totalmente sereno tu yo cotidiano.

Dentro del no-pensamiento (fushiryo) hay entierros y bodas. Hay verano e invierno. No te preguntes  si el verano es mejor o peor que el invierno. Contempla las diez mil distinciones desde el no-pensamiento.

Sabemos que no existe un “yo” y, sin embargo, nos hacemos daño cuando caemos al suelo. ¿De dónde viene este dolor? Todo el universo es uno con este dolor. Eso es todo.

Si tú sigues el curso de las cosas, cielo y tierra siguen el curso de las cosas. Cuando nadas a contracorriente, también el cielo y la tierra van contracorriente. En esta vida no hay ninguna razón para perseguir nada ni huir de nada. Por eso digo: ¡alto el fuego! Si te das completamente carece de importancia el que sigas el curso de las cosas o nades a contracorriente.

Cuando se habla de abarcar con la mirada el paisaje cósmico de un vistazo, eso no tiene nada que ver con la distancia. Lo determinante es la precisión en el enfoque. Has de negar todas tus ideas ilusorias. Todo lo que has ido poniendo en tu cabeza es falso. Todo lo que crees y piensas es falso. Si de esta manera lo niegas todo, al final ya no quedará nada. Eso significa que te habrás quitado las gafas tintadas. Entonces, de repente, verás las cosas como realmente son.

No hay complicación alguna: las cosas son sencillamente como son. Y eso es todo. Y si está bien así o no, no tiene absolutamente ninguna importancia.

¿Qué es satori? Todos los aspectos de la realidad son satori. Satori no es un estado psicológico especial que experimentas en un determinado momento y lugar. Eso es una fantasía. El zazen sin límites espacio-temporales es el auténtico satori.

¿Crees que tu práctica religiosa podría llevarte al satori? No, tu misma práctica es satori.

Te esfuerzas en alcanzar tu satori. ¡Eso es como si quisieras colgarte un aro en la nariz!

¿Quieres liberarte? ¡Deja eso en manos del Buda! Si invocas el nombre de Amithaba Buda solamente con la esperanza de que él te libere, tu fe en Buda no es pura.

Mientras lo contemples todo bajo la perspectiva de tus opiniones personales te encontrarás sumido en un sueño.

Si crees realmente en Buda mientras invocas su nombre, el paraiso radica en la propia invocación.

Lo creas o no, zazen es Buda. Más allá del marco de tus opiniones y deseos.

Zazen significa simplemente sentarse, sin nisiquiera pensar en que convertirte en Buda. Zazen es la mayor paz que puede haber en esta vida.

“Espíritu ilimitado, sereno”[1]. No hay en ello nada extraordinario. No has de hacer nada, como una pluma que se balancea en el aire. Cuando la pluma cae al suelo, cae al suelo. Hay quien deposita sus esperanzas en tener una vida tan larga como sea posible. Pero no tenemos que esforzarnos en llegar a los setenta u ochenta años. Cuando mueras, muere sin más.

Has de regocijarte en tu muerte. Cuando ves una mujer bella te haces ilusiones, al igual que cuando hueles algo sabroso. Todos tus problemas radican en este cuerpo. Cuando este cuerpo se vaya marchitando, deberías respirar aliviado: “¡Al fin me liberaré del sufrimiento!”.

¿No es nuestra verdadera tarea en esta vida regresar a nuestro espíritu original y propio? Todo lo demás son sólo burbujas que flotan sobre el agua...


[1] Expresión contenida en el Eihei koroku, de Dôgen Zenji.

1 de mayo de 2011

Caminante no hay camino








Fragmentos del libro
Zen: entrega y confianza.
Ediciones Shinden.
Denkô Mesa

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La vía del zen no lleva a ninguna parte. Lo mismo expresaba Don Juan en algún libro de la serie de Carlos Castaneda cuando decía: “todos los caminos van por el matorral. No llevan a ninguna parte.” Cualquier vía de conocimiento auténtica es realmente un camino que no lleva a ningún lugar. Entonces, ¿cómo entender esta aparente paradoja en la que se nos dice que uno viene a caminar y resulta que lo primero que también se nos dice es que no vas a ir a ningún lado? Para darse cuenta de esta simple verdad, hay que empezar a andar. Ya dijo Antonio Machado, ese sevillano universal, “Caminante no hay camino / se hace camino al andar”. Eso es justo lo que hacemos aquí: caminar.

No sabemos a dónde vamos, especialmente al principio de la práctica en la que el enfoque en pos de una sanación, o bienestar integral del cuerpo y de la mente, no parece ser algo tan claro. Sin embargo, comenzamos a andar; primero un paso, después el otro que le sigue, aprendiendo a sentirnos firmes en cada pisada, a confiar en la experiencia del “sin miedo” ante todo aquello que se va abriendo y presentando a cada instante delante de nosotros. Esto mismo es lo que hacemos durante el kinhin, la meditación caminando propia de la práctica zen, primero dando un paso, luego atendiendo al otro que le sigue, ambos con una actitud de total entrega ante el absoluto asombro de la vida.

Hoy en día que estamos tan necesitados de referencias objetivas, el zen nos proporciona una adecuada orientación existencial a través de una permanente reeducación de la mirada. El budismo está tomando una fuerza inusitada en Europa, en Occidente, especialmente el budismo zen que ya aparece en frascos de colonia, jabones para el cuerpo, marcas de ropa, etc. Pero la práctica del zen no es una moda pasajera, ni algo adscrito a marcas comerciales, es una experiencia Real (con mayúsculas) que nos permite tener la posibilidad de conectar en verdad con quiénes somos y de qué va esto. Es una certitud que se está transmitiendo, ininterrumpidamente de generación en generación desde hace muchos siglos, milenios. El zen es un medio adecuado de reeducación existencial, con una metodología clara y definida que ha sido consensuada por muchos meditadores de distintos países, épocas y lugares diversos, pues todos llegaron a la misma experiencia del despertar.

Así pues, este camino que aparentemente no lleva a ninguna parte, es algo vivo, algo que es posible experimentar. La clave está en el cultivo y desarrollo sistemático de la atención. El requisito es que queramos hacerlo, de ahí la importancia de una buena correlación entre la perseverancia y la paciencia, pues ya lo dice el dicho popular: “quien algo quiere, algo le cuesta”. Finalmente, la base de esta experiencia pasa por una entrega de sí y una apertura desinteresada que nos llevarán al reconocimiento de lo que siempre hemos sido y seguimos siendo.

Denkô Mesa