Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

26 de marzo de 2011

El Budismo te da fuerzas para vivir

 

  
La vida es como una pelea conyugal. Esperamos en vano que alguien llegue y la zanje por nosotros. No obstante, la única autoridad competente capaz de zanjar la disputa se encuentra en nosotros mismos. A esto es a lo que llamo fé. El Budismo te da esta fuerza interior. Has de vivir como si el bodisatva Avalokitesvara habitara en tu corazón y te visitara cada día.  Has de cultivar esta relación a tal punto que Avalokitesvara se haga presente en todo instante y lugar; así no sólo te liberarás de tu propio sufrimiento, sino que también harás que se desvanezca todo el sufrimiento a tu alrededor.
Todas tus acciones han de surgir de la invocación del nombre del Buda.

Por edificante que pueda resultar escuchar la doctrina del Buda, por formidable que pueda ser el satori que experimentas, si este satori se mantiene ahí arriba, alto como una campana que cuelga del techo, sin que tú tires de la cuerda de la práctica, la insatisfacción continuará prendiendo en tu vida. ¡Tu práctica ha de ser como el tañido de esa campana!

Has de observar tu vida con los claros ojos de Avalokitesvara, para así transformarla y materializar esa claridad en la propia práctica diaria: ¡no te pierdas de vista a ti mismo!

No basta con mirar el mundo desde arriba, desde tu elevado punto de vista. Tan pronto sepas en que dirección va tu camino, has de echar a andar con paso firme hacia adelante. Si conoces tu camino, vayas donde vayas no te extraviarás. Hagas lo que hagas, no tendrás nada que temer.

Zazen ha de desplegar su actividad en tu vida. Has de sentir la actividad de zazen en toda tu vida. También esta vida, en su frescura, es zazen.

Si captas la enseñanza en toda su magnitud, tu práctica será más profunda. Has de tener presente la práctica en cada instante.

El samadhi real es aquello que pone orden en tu vida. Es la mente que ordena tu vida. Hablo a menudo del verdadero yo o de que estamos ligados al universo; en último término se trata de vivir completamente nuestra vida. Para ello primero hemos de tamizarla y cuidarnos de que todo encaje correctamente: haz lo que debas hacer y deja estar lo que debas dejar estar.

Para quien practica zazen, su práctica se manifiesta cuando orina, cuando come y en el sonido que hacen sus sandalias o zapatos al andar. Que recitemos un sutra antes de entrar en la bañera se debe a que zazen mismo se toma un baño.

No debes encerrar tu satori en un recipiente hermético. Si has entrado una vez en contacto con esta cosa con la que no hay nada que hacer, has de fundar en ella toda tu vida. Si tomas té, toma té; si estás comiendo, come. Tanto si duermes como si te levantas o te desplomas, esta luminosa claridad ha de llenar toda tu vida.

Día a día has de marchar de nuevo desde cero a partir de ti mismo, has de vivir tu vida dándolo todo de ti. También un novicio ha de darlo todo de sí para ser realmente, por completo, un novicio. En zazen se trata de darlo todo para ser uno con zazen; a la hora del té, para ser uno con el té; al comer, para ser uno con la comida. Al trabajar, das todo de ti en el trabajo y cuando duermes, duermes como un lirón.

La vía del Buda está siempre bajo tus pies. Cuando orinas es la manera en que orinas, al estornudar es el estornudar. Es el sonido de tus pasos. La vía del Buda llena todo el universo.

No hagas nada a medias: has de observar tu vida y a ti mismo desde una perspectiva que se sitúa antes del nacimiento de tus padres. ¿Cómo quieres realmente vivir tu vida? El primer paso has de darlo a partir de un punto que se sitúa antes del nacimiento de tus padres.

“Aun cuando escuches y repitas las enseñanzas del pasado, ¿qué sentido tienen si no las pones en práctica?”, dijo Shimazu Jisshin[1].

Si has llegado a la punta del mástil, avanzar un poco más... hace daño.   Aquí la Vía del Buda deja de ser tan sólo palabras, es tu práctica concreta. Práctica significa convertir la Vía del Buda en hechos.

Deja de soñar: no hay ningún Buda tras de ti, ninguna persona corriente ante ti, ningún satori. Simplemente, déjate llevar por la enseñanza del Buda. Esto es lo que quiere decir “no-pensamiento” (hishiryo). Simplemente, ve hacia delante.

No debes hacer de la Vía del Buda un medio para alcanzar algún fin en tu vida. Lo que has de hacer es que toda tu vida sea guiada por la Vía del Buda.
kodo sawaki

POEMA ZEN

14 de marzo de 2011

Estimado público: Observen este magnifico ejemplar de monje!


¡
por Kodo Sawaki (*)

Hay gente que dice: “Sawaki roshi no es uno de esos curas degenerados que tienen templo propio”. ¡Qué sutiles podemos ser cuando se trata de engañarnos a nosotros mismos y a los demás! Siempre encontramos algo especial que podemos admirar y aplaudir y con ello no hacemos más que ensuciar el Dharma.

¿Quién ha hecho estas buenas obras? Si has sido ‘tú’, no valen nada.

Cuando dejes de exhibirte, tu vida se expandirá sin límite. Desde que acepté el puesto de profesor en la Universidad de Komazawa, recibo un sueldo mensual por hacer zazen. Resulta curioso que uno empiece a hacer negocios con algo que practica para sí solo, a escondidas. ¡Esto revela que mi práctica aún no está madura!

Ryokan no tenía dinero ni títulos. ¿Por qué le hacía esto tan especial? Porque no se enredaba en asuntos humanos. Y porque él habría sido el último en considerarse especial.

Cuando la gente empieza a decir que eres muy especial dejas de ser un auténtico monje y comienzas a mostrarte como ‘especial’. Si la gente te presta demasiada atención es que algo no va bien en tu práctica.

Las tazas de té de estilo coreano antiguo no se dan aires de grandeza ni se humillan. No hay afectación ni adornos, no muestran la menor ambición; el ceramista se ha olvidado por completo de todo eso. La ceremonia del te debe girar precisamente en torno a este olvido.

El signo de la auténtica bondad es que no conoce límites. La bondad ha de disponer siempre de libertad de movimientos para dar más de sí. Y no ha de tener la menor conciencia de que es ‘bondadosa’. Vivir libre de conceptos e ideas significa hacer simplemente lo que haces, sin demasiada conciencia de ello.

La jardinería japonesa es muy sutil: los maestros jardineros llevan este arte tan lejos que dan forma una y otra vez a los distintos elementos hasta que finalmente parece que todo ha surgido de forma natural. Eso es lo más en el diseño de jardines. La pregunta entonces es: ¿por qué no disfrutar directamente de la naturaleza en estado salvaje.

Una persona ‘peculiar’ que se tiene a sí misma por peculiar, no lo es tanto en realidad: sólo se vende como tal. Una persona sólo es verdaderamente peculiar si no se considera peculiar en absoluto.

Alguien que se considera maestro zen y quiere que los demás le traten como tal no es más que un chiquillo. Un auténtico maestro zen no se preocupa en absoluto de si es un maestro zen o no.

Hay monjes que son extremadamente estrictos en el respeto de las reglas sólo porque quieren ser admirados por ello. Esto me recuerda a los presentadores de circo y me dan ganas de decir: ¡Estimado público: Observen este magnifico ejemplar de monje!

Al igual que la vida, también el Dharma del Buda no es más que un sueño dentro de un sueño. No puedes alardear de este sueño. De lo contrario sería como aquel maestro del silencio que decía: ‘Todo el mundo habla constantemente de sí mismo, sólo yo permanezco en silencio’.

Silencioso
y elegante el vuelo
del ruiseñor[1].

Sin darnos bombo, debemos seguir calladamente la Vía, sin más, como el ruiseñor, que vuela en silencio. Para ello es necesario que en lo más hondo de ti tengas una actitud religiosa. Éste es el camino de la iluminación.

A un joven monje que practicaba la Vía con una visible gran ambición, le dije: “¡Ten cuidado, no vaya a ser que te quedes sin aliento!”. En la práctica de la Vía no se trata de alcanzar nada. Tu práctica diaria debe ser expresión de la ausencia de objetivo, de entrega y de abandono

El poeta de haiku Buson no aspiró a nada especial durante toda su vida. Precisamente por eso nos resulta tan sublime y puro.

13 de marzo de 2011

A LOS HERMANOS JAPONESES

  Superareis las dificultades, honrareis a vuestros muertos, seguireis la tradición.
Tradición/ transmisión, ¿Que es eso de la tradición? ¿Cual es su orígen? ¿Para que
sirve?
Respuesta: no lo sé pero funciona
¿Por que no sabes de donde viene la tradición?
Porque olvidamos que olvidamos
¿ Y que és lo que queda de ella?
Veras hijo: la Tradición es un arbol muy viejo, pero que muy muy viejo.
¿Y como es que no se muere si es tan viejo?
Por los hombres y mujeres que lo han cuidado y lo cuidaran.
¿Y por que lo cuidan tanto?
Por Honor, por que da sentido a la existencia y más cosas.
¿Padre podré cuidar yo ese arbol?
Claro hijo pero el arbol esta dañado y os tocará a vosotros el día de mañana sanarlo y fortalecerlo.
¿Padre, por que esta dañado el arbol anciano?
Por el terremoto hijo, y ahora duermete que hay que madrugar para
las ofrendas.
¡De donde viene la tradición!¡ que cosas pregunta este hijo mioohhzzzz
 
 

12 de marzo de 2011

¿Buscas paz de espíritu? Mejor preocúpate como es debido por Kodo Sawaki

“¿Cómo dices? ¿Paz de espíritu? ¿Qué quieres hacer con eso, tú, tan joven? ¿O crees quizá que cuando hayas alcanzado la paz de espíritu podrás dejarte llevar durante el resto de tu vida? ¡Preocúpate mejor de hacer debidamente lo que tienes que hacer! Yo tengo ya más de setenta años y todavía sigo preocupándome. ¡Despierta de una vez de tu sueño!”

Palabras del abad decano del templo Horinji.
Durante toda la vida hemos de preocuparnos de la doctrina de Buda: ¿qué puedo hacer por la Vía?, ¿cómo debo vivir? Aquí han de empezar nuestras preocupaciones. Si no tenemos cuidado, cuando nos hacemos mayores nos habituamos a ser monjes y dejamos de preocuparnos.

¿Crees que gracias al zazen tengo mucha energía en el hara [bajo vientre] y un corazón fuerte y que eso hace de mí una persona llena de energía? ¡No digas tonterías! Vivo la vida como si anduviera sobre una capa fina de hielo, con mucha precaución y el mayor respeto. Y lo hago así precisamente porque practico zazen.

En algún momento deberíamos reflexionar sobre lo que podemos hacer a fin de no ser una carga para los demás. No hay nada más importante que no ser un obstáculo para nadie. Si no te haces cargo de la lata que das a los que te rodean, tu práctica no llega a ser siquiera hinayana; eso es lo último.

Deberías ser consciente de que no todo es como a ti te gustaría. Y será así toda tu vida. No tienes más remedio que aceptarlo. En principio no hay nada que no tengas que aceptar, pues no hay ni una sola cosa que obedezca a tus preferencias.

Te alteras porque crees que tu cuerpo te pertenece. Tu cuerpo no es más que un apestoso saco de carne, lleno de pis y de mierda. ¿Realmente te pertenece? ¿Pertenece a alguien? Cuando sabes que tu cuerpo no es tu cuerpo, no hay razón para que te alteres.

Adáptate a tu entorno, dales gusto a los demás. Vive tu vida de manera que a tu vecino le permita estar contento. Ponlo en práctica en tu vida de pareja. Ponlo en práctica cuando trates con tus padres o tus hijos. Vive la vida como un muerto, así no le tocarás narices a nadie.

Esto vale también para mí: si no estoy verdaderamente muerto, enseguida empiezo a enfadarme. ‘Estar muerto’ significa que este cuerpo no me pertenece. Pertenece a todos y se lo dejo a los demás para que hagan con él lo que quieran. Si quieren, que se diviertan con este muerto.

Si quieres encontrar el camino tienes que tirar tu cuerpo por la borda. Despertarás en el momento justo en que te desprendas de tu cuerpo.

Nadie puede vencer a alguien que se ha desprendido de su cuerpo. Aunque le des una patada en el culo no conseguirás amedrentarle.

Algunos piensan que liberarse de la vida y de la muerte equivale a poner su vida en peligro. Pero poner la vida en peligro no es nada del otro mundo. Los bandoleros de antaño lo hacían continuamente. Liberarse de la vida y de la muerte significa algo muy distinto: significa clarificar la enseñanza del Buda.

En cierta ocasión, tras mi regreso de la guerra, fui testigo de la explosión de un arsenal. ¡No te puedes imaginar cómo se me encogieron las pelotas! Durante la guerra solía alardear de mi ardor guerrero, pero echando la vista atrás veo que no era más que la despreocupación de un jefe de bandidos como Kunisada Chuji[1]. El valor se muestra cuando tenemos un adversario contra quien luchar. Pero si estamos sentados en completo silencio y solos en zazen, de nada nos servirá nuestro valor y ardor guerrero si, de repente, la tierra bajo nosotros empieza a temblar. La serenidad que encontramos en la doctrina del Buda nada tiene que ver con la arrogancia de un Kunisada Chuji. La manera de poner en práctica la doctrina del Buda ha de ser muy diferente. Cuando comprendí esto por primera vez, dejé de competir con los demás por ver quién era el mejor y más valeroso.

Siéntate. No hay que tener prisa. Adopta tranquilamente la postura correcta. Éste es el punto de partida: observa toda tu vida desde zazen, ponte en marcha para arrojar luz sobre tu vida.

Una persona corriente que se convierte en un santo no es más que un producto kármico. El arte de zazen radica en sentarse sin más, sin estar pendiente de ninguna otra cosa. El valor de simplemente sentarse[2] radica en su transparencia e insipidez.

Zazen no es algo llamativo. La gente trata continuamente de destacar, de llamar la atención, por eso el zazen no les dice nada. Lo que la gente entiende por ‘enseñanza’ del Buda” no tiene en realidad nada que ver con la enseñanza del Buda.

No hay una sola cosa que no sea expresión de la enseñanza auténtica. Ahí vemos cuán transparente es la verdadera enseñanza. El problema es que la gente no quiere transparencia, sino estampados de colores.

Todo el día
en silencio se sienta
un viejo santo[3].

Cuando leo estos versos tengo la sensación de que mi presión sanguínea se reduce. Llevado a la práctica esto significa: zazen.

Lo insondable significa: nada que ganar. Dicho en lenguaje corriente: ¡zazen no aporta nada!

¿Qué vida más despreocupada puede haber que aquella en la que no hay nada que ganar? Que el zazen no aporta nada se debe a que simplemente nos sentamos, sin ningún otro propósito. Así he vivido toda mi vida hasta hoy: sin el propósito de obtener ninguna ganancia.

Una vez uno preguntó a otro que solía recitar el nombre de Buda: 

- ¿Te ha servido de algo recitar continuamente el nombre de Buda?
- Absolutamente de nada, respondió. 

Con mi zazen es igual: todos se esfuerzan en alcanzar la iluminación mediante el zazen, pero yo tengo ya setenta años y el zazen aún no me ha proporcionado la menor cosa.

La vía del Buda pone fin de una vez a todo, incluida la ilusión, incluida la iluminación.

¿Qué te ha proporcionado haber nacido? Actúas como si fueras algo muy especial, pero ¿a quién le importa? Nada es bueno para nada. Por eso decimos: “No hay nada a lo que recurrir”, nada que ganar”.

“Nada que ganar”. ¿Qué podría ser más hermoso en una persona?

8 de marzo de 2011

Fluyendo en el presente eterno.



Podemos. Pero tenemos que estar dispuestos a transformar nuestra percepción del tiempo y de nosotros mismos y dispuestos a aceptar las repercusiones sociales, culturales, políticas y económicas a las que dará lugar dicha transformación.

La transformación de la percepción que tenemos de nosotros mismos y del tiempo no puede suceder meramente a nivel intelectual o ideológico, sino que supone una profunda transformación de nuestro ser. Esto es, se trata de una transformación espiritual en el núcleo de nuestro ser.

Esta transformación supone una experiencia cognitiva y espiritual, una especie de iluminación o despertar. Desde hace mucho tiempo, muchos seres humanos han experimentado la verdadera naturaleza del tiempo. Se les llama sabios u seres de conocimiento. Ellos nos han legado un conocimientos específicos y métodos concretos para penetrar en la naturaleza del tiempo. Existen muchas tradiciones de sabiduría. Personalmente, la que mejor conozco es la tradición budista zen.

La meditación zen es un método excelente para fundir el pasado y el futuro en el instante presente. El Zen enseña la práctica y la filosofía del instante presente. Nuestra existencia es ahora. Vivimos ahora y aquí. La vivencia plena del presente nos libera de la carga pesada del pasado permitiéndonos una gran libertad de crear nuestra vida instante tras instante. Al mismo tiempo nos hace ver la futilidad de nuestras proyecciones sobre el futuro.
No obstante, la experiencia del aquí y ahora de la que nos hablan los maestros zen no puede ser concebida totalmente desligada del pasado ni del futuro. Ello sería un acto de irresponsabilidad extrema. Lo que el Zen viene a decirnos es que el momento presente, aunque no sea exactamente el pasado, es la cristalización actual de todos los acontecimientos pasados y, al mismo tiempo, constituye la semilla del futuro. El momento presente del Zen no es una estación intermedia en la línea ferroviaria que viene del pasado y que se dirige hacia el futuro. No es un instante de paso entre el pasado y el futuro. El momento presente es sencillamente el único que existe, el único que es real. Su realidad incluye, no excluye, todos los instantes pasados y todos los instantes futuros.
Usted, lector o lectora de este libro, comenzó su lectura en el instante presente, no en el pasado (nadie puede comenzar la lectura de un libro en el pasado). En este preciso momento usted sigue encontrándose en el instante presente y al concluir la lectura seguirá estando en el instante presente (nadie puede acabar la lectura de un libro en el futuro). Lo único que existe, instante tras instante, es el momento presente. Por lo cual, podemos decir que la vida fluye incesantemente de un instante a otro sin abandonar nunca el presente. Al experimentar de esta forma el tiempo evitamos las percepciones extremas del tiempo percibido como un círculo cerrado sobre sí mismo o percibido como una línea continuamente proyectada hacia el futuro.

El tiempo fluye y al mismo tiempo es siempre presente. Un presente eterno. Por ello, la mejor manera de experimentar el tiempo es fluyendo en el presente eterno. 
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Epílogo de la obra "Fluyendo en el presente eterno" de Dokushô Villalba.
Colección De corazón a corazón.
Ediciones Miraguano

6 de marzo de 2011

El zen no es algo espiritual. El zen se practica con el cuerpo

por Kodo Sawaki (*)

Un empresario que tenía que conseguir una gran suma de dinero escuchó una de mis charlas y llegó a la siguiente conclusión: “Lo que puedo, puedo; lo que no, no. Sencillamente haré con mi cuerpo lo que pueda, sin crearme preocupaciones innecesarias en la cabeza”.

Algunos monjes dicen: “En mi corazón llevo la cabeza afeitada” y dejan que les crezca el pelo. ¿En qué están pensando? Sólo cuando te afeitas la cabeza puedes saber cómo se siente uno con la cabeza afeitada. Sólo si te pones un chándal sabrás cómo se siente uno con un chándal. Por eso yo prefiero llevar el kesa.

El satori no se produce en tu cabeza. El satori se experimenta con el cuerpo. Significa colocarse en la postura del Buda. Lo que se llama ‘espiritual’ hay que disfrutarlo con precaución. La práctica del zen ha de comenzar en el cuerpo.

Practicar significa llevar una vida religiosa.

La mente se expresa en el cuerpo, o mejor dicho, en la actitud ante la vida.

Los sutras no son más que el agua que al principio has verter en la bomba para ponerla en marcha. Cuando practicas con tu propio cuerpo, tu actitud vital actúa como una bomba que hace brotar el agua de la verdad eterna.

Dar significa no exigir. No me refiero sólo al dinero o a los bienes materiales. Tampoco debemos anhelar el satori o alcanzar el paraíso. Ni tener miedo al infierno. Se trata de vivir nuestra vida cotidiana como expresión del dar. Tenemos que experimentar lo que ‘no sirve para nada’. Entonces dejaremos también de estar pendientes de nuestra vida y nuestro verdadero yo se manifestará, libre y soberano, en nuestra actitud vital.

La Vía no se expresa en la comprensión intelectual: nuestra actitud vital y nuestro carácter son la Vía.

Zen es tu vida cotidiana. Cuando vas al retrete, has de redescubrir tu vida en el retrete. Cuando te metes en la bañera, en la bañera has de retomar una vida religiosa. En zazen se trata de reactivar tu vida de nuevo, constantemente, con renovado aliento.

Satori no significa adquirir nuevos conceptos. Satori significa crear la propia vida de nuevo. Significa vivir nuevamente la vida eterna en cada instante.

Si te quejas de que hace frío, te parecerá que hace todavía más frío del que realmente hace. Mejor permanece en silencio. Cuando hablamos de algo nos dejamos engañar por las palabras.

Un profesor de judo dijo: “En mi escuela se trata de estar siempre fluyendo. Si por ejemplo tu adversario te tiene agarrado por la muñeca derecha, es demasiado tarde para que te preocupes por tu mano derecha. Estar fluyendo significa ahí abrir una nueva vía con la mano izquierda. Lo primero que debes aprender cuando empiezas a practicar judo es a estar fluyendo. Ahora tengo ochenta años y aún sigo ejercitándome en el fluir”. ‘Estar fluyendo’ de esta manera significa crear constantemente de nuevo la propia vida. No permanecer en ninguna parte, no mantenerse quieto, no aferrarse a nada. Quien no crea así su propia vida de nuevo, constantemente, se estancará en su vida cotidiana.

Si no te aferras a ti mismo, la vida en el mundo no es tan complicada. Si todo te parece tan complicado y problemático es sólo porque te aferras a ti mismo. Crees que la luna está triste o feliz porque la observas desde tu punto de vista personal. ¡Obsérvate mejor a ti mismo desde el punto de vista de la luna!

No hay razón para que estés tan hundido. Si pierdes, eso significa que tu adversario gana. A los ojos de Buda tan bueno es lo uno como lo otro.

Te mantienes atado a tus ilusiones. De esta manera te encadenas a ti mismo. Para salir de ese atolladero has de contemplar el universo en su conjunto, sin aferrarte a ningún detalle. Tampoco las ilusiones se dejan atrapar. Tú eres tú, yo soy yo. Lo que para la cabeza es felicidad no lo es para los pies. Si contemplas el universo en su conjunto, las ideas pertinaces en la que se fundan tus ilusiones se disolverán por sí solas.

SHOJI, 'Vida y muerte', de Eihei Dogen



Fotografía de Dokushô Villalba
Si en vida y muerte hay Buda, no hay vida y muerte. También se ha dicho, si en vida y muerte no hay Buda, no nos engañamos respecto a vida y muerte.

Estas son las palabras de dos maestros zen, Kassan Zen'e y Jozan Shin'ei , que van al corazón del problema. Puesto que son palabras de hombres que han conseguido la vía no han sido establecidas y pronunciadas en vano.

Quien aspira a separarse de vida y muerte tiene que aclarar verdaderamente este principio. Si se busca Buda en otro lugar que vida y muerte es como dirigir el timón al norte para andar hacia el país del sur, es como girar la mirada hacia el sur para ver la osa mayor. Dando así cada vez más cuerpo a la raíz de vida y muerte se pierde todavía más el camino de la libertad. En cambio cuando comprendes que la propia vida y muerte es el Nirvana, entonces no puedes odiarla en cuanto vida y muerte, no hay más desearla en cuanto Nirvana. Entonces por primera vez se realiza la condición de estar libres de vida y muerte.

Creer que de la vida se pasa a la muerte, esto es el error. La vida es un tiempo completo, hay un antes, hay un después. Por ello en el dharma de Buda al nacimiento se le llama no nacimiento. También la muerte (extinción) es un tiempo completo, a su vez hay una antes, hay un después. Por esto la muerte es llamada no muerte. Cuando se dice vida no hay otra cosa que vida, cuando se dice muerte no hay otra cosa que muerte. Por tanto cuando llega la vida, ésta sólo es vida; cuando llega la muerte, hace falta estar al servicio de la muerte. No odiar, no desear.

Esta vida y muerte es verdaderamente la Vida de Buda. Si reniegas de ella en verdad tú tiras la Vida de Buda. Si, mientras se vive, te apegas a la vida y muerte, también esto es perder la vida de Buda, es fijar el modo de ser Buda. Si no detestas, si no deseas, entonces por primera vez estás en el corazón de Buda. Pero no lo valores usando el corazón, no lo digas usando palabras.

En cambio, abandonado y olvidado mi cuerpo y mi corazón me precipito en la casa de Buda, me dejo actuar desde el lado de Buda; y cuando obro de acuerdo a eso, sin forzar, sin consumir el corazón, libre de vida y muerte, me convierto en Buda.

Para convertirse en Buda hay un camino muy simple: no hacer el mal de ninguna forma, sin el corazón apegado a vida y muerte, prodiga la compasión [el afecto, la piedad] hacia todos los vivientes, honra lo que está en alto, se compasivo con lo que esta bajo, no tengas el corazón que odia, no tengas el corazón que anhela, no tengas pensamientos en el corazón, no estés inquieto, esto es lo que llamamos Buda. No buscar otra cosa.

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A propósito del texto

El hecho que de este texto no exista colofón, es decir el texto manuscrito indicando el nombre del autor y la fecha de publicación, además de otras varias razones de estilo e impostación, ha llevado a considerar que Shoji no sea en realidad obra de Dogen, aunque una tradición secular se lo atribuya. Es cierto que no está incluido en la versión del Shobogenzo en 75 secciones compilada antes de morir. Shoji forma parte en cambio del llamado Himitsu Shobogenzo (Shobogenzo Secreto), que consta de 28 secciones y que fue completado probablemente hacia 1350 para el uso exclusivo de los monjes de Heiheiji. Fue publicado por primera vez en 1690 por Kozen Zenji, trigesimoquinto abad de Heiheiji, que redactó una versión del Shobogenzo en 95 secciones. Por tanto es solo a partir del finales del siglo XVII que este texto saldría del restringido círculo del monasterio de Eiheiji. Hoy en día la crítica tiende a reconocer su autenticidad, aunque hay algunos motivos de duda mantenidos legítimamente. Sea como sea alguna expresiones contenidas en este texto han devenido de uso corriente en el ámbito de los fieles budistas japoneses, gracias al hecho también de que es uno de los textos más usados hoy en día en las funciones religiosas del Budismo Zen Soto. El llamado Shushogi, que es una miscelánea de párrafos del Shobogenzo y de otros textos, se abre con la frase inicial del Shoji. Este texto se usa sobre todo en los funerales y en las conmemoraciones de difuntos, por lo que se puede decir que la mayoría de los japoneses han oído recitar esta frase en los momentos del dolor y de la interrogación sobre el sentido de la existencia. La frase final es muy usada, además, en las omilías y en los sermones a los fieles, porque despoja la imagen del camino budista de aquel halo de inaccesibilidad para quién no haya optado por una vida de ascesis y de renuncia de estilo monástico y lo revela a alcance de cada hombre y de cada mujer que oiga allí una llamada e intuya su dirección.

A nosotros nos interesa relativamente si Dogen es o no realmente el autor. Lo que aquí interesa es con que luces presenta el texto una problemática de la cual ninguno está excluido y si estas luces a su vez ayudan a darnos luz, lo cual es la única cosa que de verdad importa. Lo que es cierto es que para Dogen el problema de la vida y de la muerte es el problema central, ineludible, del cual depende todo el resto. Se constata a menudo en el marco de toda su obra, de forma inequívoca. Un ejemplo entre muchos: la frase «Aclarar la vida, aclarar la muerte, es el factor originario que es la gran cuestión en la casa de Buda» que se encuentra en Shoakumakusa (No realizar ningún mal). Para una persona de la vía la cognición de la universalidad de la vida y de la muerte hace que éste sea el punto de partida, el gran problema a aclarar. Escabullirse frente a este punto, esencial para todos, significa hacer trampas y devalúa cada conclusión a la que se pueda llegar sobre la cual basar la propia fe y la propia orientación en la existencia.

A pesar de la importancia del tema, o más bien quizás precisamente por esto, Dogen lo trata de modo exclusivo sólo en dos textos de su vasta obra: este Shoji, explícito incluso en el título, y Zenki (El funcionamiento integral). Omitiendo el problema de la autenticidad, que es en todo caso cierta al menos para el segundo texto, es sintomático que ambos sean muy breves y escritos en una lengua simple, accesible a todos en cuánto a su terminología. Como si precisamente por la universalidad del problema, unida a su insondable dificultad, obligaran a hablar de ello con extrema sencillez, no por una actitud de paternalista condescendencia, sino por necesidad interior. El hecho de que el texto sea legible y la terminología comprensible por todos no significa banalización, sino conciencia de que el problema no excluye a nada ni a nadie y es pues por fuerza simple, que para nada quiere decir fácil.

El título en si mismo merece un breve comentario. Shoji está compuesto por dos ideogramas, sho y ji, y forma una única palabra, mientras los dos significados resaltan distintos. Sho quiere decir vida – vive lo que nace – nacer, mientras que ji quiere decir muerte – morir. Por lo tanto Shoji indica en una única palabra la inconciliable realidad de la vida y de la muerte. Digo realidad inconciliable por que vida y muerte no vienen nunca juntas en la experiencia directa y personal de cada uno de nosotros, si hay vida (mi vida) no hay muerte (mi muerte), si hay muerte no hay vida. Sin embargo, precisamente porque sabemos que hay vida hay muerte, porque sabemos que hay muerte sabemos que hay vida. Hemos preferido introducir la conjunción "y" entre las dos palabras clave, en vez de un guión que subraye la unidad de la expresión. De hecho la conjunción sirve para ver juntas cosas que también están totalmente disjuntas por lo cual, se entiende, une manteniendo la distinción; mucho mas que un guión que precisamente separa mientras quiere unir.


La frase inicial, como he señalado, es una de las expresiones budistas más populares en Japón. Después de reflexionar extensamente hemos preferido traducir con la palabra Buda el término Hotoke, que recorre el texto y es la pronunciación japonesa popular del ideograma que generalmente se lee más de forma más clásica Butsu, a la china.

Aclarando que Buda no es aquí un objeto de devoción o el nombre de un personaje venerado, sino la esencia de la budeidad, la auténtica naturaleza despierta que irradia el rostro originario de la realidad, usar entonces esta palabra nos parece mucho más significativo y apto que otros términos, como por ejemplo despierto, quizás menos dado a la malinterpretación pero también algo menos rico en espesor o en significado.

Esta primera expresión, que resume todo el texto que sigue, es, según un esquema que utiliza Dogen muy a menudo, una cita de un episodio antiguo.

Dos monjes, Kassan Zen'e (Jashan Shanhui, 805-881) y Jozan Shin'ei (Dingshan Shanying, 771-853) charlaban mientras caminaban. Jozan decía: “Si no hay Buda en la vida y muerte, no hay vida ni muerte”. Kassan decía: “Buda en la vida y muerte significa no ilusionarse respecto a vida y muerte”. Fueron a referir su discusión a su maestro y Kassan preguntó: "Somos incapaces de establecer quién de nosotros dos está más cerca de la verdad." El maestro dijo: "Uno esta cerca, el otro está lejos." Kassan preguntó: "¿Quién está cerca?". El maestro les dijo que volvieran al día siguiente. Al día siguiente Kassan volvió a preguntar y el maestro dijo: "Quien está cercano no pregunta, quién pregunta no está cercano."

Como se puede ver de inmediato Dogen, como es frecuentemente en él, hace frente a expresiones famosas de los textos "canónicos" dando la vuelta al orden interno de las sentencias en discusión: “Si no hay Buda en la vida y muerte...” se convierte en “Si hay Buda en la vida y muerte ...”, mientras “Buda en la vida y muerte significa no ilusionarse respeto a vida y muerte” lo lee “Si en la vida y muerte no hay Buda, no te engañas respeto a vida y muerte”. No es este el lugar para examinar de cerca estas desviaciones (detournement), lo que hay que señalar es el modo en el que lee Dogen los textos y las expresiones de los antiguos. Junto al más profundo respeto está la urgencia de volverlos vivos, contemporáneos, no prisioneros de la letra. Así el término Buda, el más digno de reverencia, puede ser vehículo u obstáculo según las acepciones con que se le use. La misma frase puede trasmitir significados opuestos y está bien darle la vuelta como a un guante para estar seguros de que lo que se busca es el significado vivo no la letra muerta. Dejamos al lector la verificación del sentido auténtico de esta encrucijada expresiva, que muestra la posibilidad de decir la misma cosa de maneras diametralmente contradictorias aparentemente .

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Comentario

Quizás la posibilidad de mirar de cara a la vida y la muerte, la predisposición a saber mientras estamos vivos que necesariamente moriremos, es una característica distintiva del ser humano respecto a las otras formas de vida. Ciertamente no la única, pero para nada irrelevante. También muchos animales sensibles, cuando están en situación de peligro o de grave enfermedad o condenados a una muerte inminente por el hombre o por otros animales, se dan cuenta de estar a punto de morir y manifiestan a su modo esta comprensión. Pero sólo el ser humano es capaz de pensar en la muerte, de darse cuenta, aunque esté lleno de salud y en la flor de la vida, de que antes o después ciertamente morirá, es más bien una de los pocas cosas de veras ciertas de la vida, por lo que parece, precisamente esta de morir. No está excluido que esto sea el resorte de todo el desarrollo del pensamiento, de todo el actuar y el progresar del género humano, la conciencia del destino de no ser y el impulso que deriva de ello de dejar una huella en este ineluctable vacío.

La búsqueda religiosa, que es búsqueda de sentido más allá del sentido contingente de la misma vicisitud humana, no puede no partir de aquí, del conocimiento del límite en que estoy encerrado y de la consiguiente pregunta: ¿Porqué?, ¿porqué he nacido, si nacer significa morir?

Estamos ahí dentro, en esa contradicción, y no es bueno fingir que no es así. No es bueno, no por razones morales en el sentido del bien o el mal, no es bueno por que el único modo que tenemos para salir de la contradicción es aceptar el hecho de estar ahí dentro, una vez perdida la inocencia que nos permitió no percibirla como una contradicción. Pero atención, la religión se distingue de todo lo demás, es completamente distinta con respecto de las actividades, facultades y disciplinas humanas porque incluso situandose en el fondo frente al mismo interrogante que se plantea la filosofía, y en general la ciencia, aquel porqué que esta en la base de todo, no se propone solucionarlo con una respuesta exhaustiva. Este es un punto muy importante, a mi parecer. Allí donde la religión descuida esta interrogación y no te obliga a estar delante de la misma se convierte en superstición, en técnica consolatoria, en fatalismo inconsciente. Allí donde pretende proveer respuestas exhaustivas en el plano de las explicaciones y de la cuenta de resultados, se convierte en fundamentalismo y sectarismo, en ambos casos una medicina peor que el mal. Sólo si la religión tiene la humildad de reconocer que no sirve para nada en el plano de las respuestas exhaustivas puede desarrollar su maravillosa e insustituible función; desnudar aquella pregunta de la angustia y hacer de ella el motor claro que hace girar la rueda de cada existencia.

En la vida y muerte hay Buda, entonces no hay vida y muerte. El verdadero sentido de la vida y muerte no está fuera de vida y muerte, en algunos firmamentos no tocados por la corrupción, no es ahí a donde debemos dirigir la mirada y la esperanza. El verdadero sentido de vida y muerte está dentro de vida y muerte, en ese no sentido que es nacer para morir, morir por haber nacido. Entender que ese no sentido, tan evidente e innegable, es todo lo que hay y que precisamente por esto el sentido se puede encontrar ahí. Al mismo tiempo, no hay Buda en la vida y muerte y por lo tanto no se engaña acerca de estas. Cuando decimos que el significado de la vida y la muerte no está dentro de su no sentido no debemos pensar en quién sabe qué forma oculta de escapada. Todo lo que nos imaginamos como sentido para equilibrar y consolar la falta de sentido que la realidad dice es sólo el producto de nuestra imaginación, el buda que no hay. Sólo cuando nos rendimos al hecho de que no hay buda que nos exima de vivir la vida y de morir la muerte, entonces vida y muerte se muestran en la verdadera luz. En otras palabras, yo diría: si no aceptamos el no sentido de nuestra vida y muerte, si no paramos de construir alternativas y vías de fuga, entonces, de verdad, vida y muerte no tienen sentido. Si no paramos de buscar respuestas, no haremos las paces nunca con la pregunta. Ahí está, religión es quizás solo esto, no una respuesta sino la paz encontrada dentro de la pregunta.

Quizás deberíamos replantear nuestros conceptos de libertad, de meta, de paz. La solución al problema de vida y muerte, lo que Dogen llama librarse de vida y muerte, no tiene nada que ver con lo que nos imaginamos, no es como librarse de un deudor extinguiendo la deuda, algo que primero hubo y de lo que te libras cuando ya no hay más. Esta vida y muerte es la Vida misma de Buda, he ahí el sentido de la libertad. Para mí, esto no es otra cosa que decir que Dios se hace hombre, nace y muere como hombre y que este hecho, justo este hecho, es él más allá de la vida y la muerte, la resurrección.

Quizás no se puede aprender a morir, tal como no se aprende nunca a vivir. El hecho de que suceda lo que se sabe ya no vuelve la sorpresa menos sorprendente. Pero podemos educarnos a nosotros mismos a recibir la paz que viene de la casa de Buda, la paz que Jesús deja dejando este mundo. Creer que la paz de Cristo y la paz de Buda sean dos paces diferentes quiere decir entender la paz como el resultado de un orden, una paz condicionada y alternativa, una paz siempre relativa. Por otro lado, creer poder afirmar categóricamente que son la misma paz, porque la paz es paz y nosotros sabemos de qué paz se trata, quiere decir no comprender que la verdadera paz está más allá, inalcanzable por nuestras concepciones de paz; y sin embargo está aquí, en el centro de la contradicción que alimentan nuestras guerras y nuestras paces.


El deseo de olvidar la muerte, en tanto que comprensible, no debe ser tratado con excesiva indulgencia. Sería oportuno y saludable si la muerte fuese sólo el fin de la vida, el fin de todo, el fin y basta ya. Ella es en cambio, al mismo tiempo, inconfundible con la vida e inseparable de ella, por lo que olvidando la muerte se olvida la vida. No olvidar la muerte no quiere decir estar pensando en la muerte, actividad a menudo funesta, cuando no inútil, quiere decir estar en concordia, morir con la muerte, vivir con la vida, ir más allá de la contradicción, atravesando la herida, porque esta es la única vía de paso.

Para quien, para profundizar, desee una posible pista , propongo la siguiente reflexión.

El esquema que viene a continuación replantea las cuatro oraciones que están en juego en esta encrucijada:

1. Si no hay Buda en la vida y muerte, no hay ni vida ni muerte.
2. Buda en la vida y la muerte significa no ilusionarse sobre la vida y la muerte.
3. Si en la vida y muerte hay Buda, vida y muerte no hay.
4. Si en la vida y muerte no hay Buda, no nos engañamos acerca de la vida y muerte.

La primera frase dice que si no se introduce la distinción (arbitraria) “Buda/no-Buda”, si no se dilucida una particular concepción o idea llamada Buda, si no se da lugar a esa fractura, que se origina inevitablemente en el momento en que se nombra Buda con lo que se sigue de ello (dar realidad a "algo llamado Buda" significa implícitamente reconocer realidad a "otra cosa" que es “no-Buda”), entonces las cosas quedan como en realidad son. No hay ni vida ni muerte, porque el nuestro llamar vida a la vida y muerte a la muerte sólo depende del hecho que valoramos la vida sobre la base de la muerte y viceversa. Pero la vida no es el segundo término de comparación de la muerte, ni la muerte es el fin de la vida. El valor y el sentido de la vida está en la vida, el valor y el sentido de la muerte está en la muerte. Si por tanto no se da origen a aquella ambivalencia que se produce diciendo "Buda/no-Buda" no se origina siquiera aquella ambivalencia que se origina diciendo "vida/muerte" y no hay ni vida ni muerte.

La segunda frase dice que nosotros en un cierto punto de nuestra existencia nos damos cuenta que antes o después moriremos. Empezamos a distinguir vida y muerte, aunque lo que llamamos muerte no es la muerte sino la experiencia de la muerte ajena en nuestra vida o la idea de la muerte que nosotros tenemos en vida. Esta distinción engendra la búsqueda de solucionar la contradicción inherente en el hecho de que se muere porque se nace o bien de que se nace para morir. Descubrir que dentro de esta contradicción, y no en otro lugar, hay Buda (porque no hay otro donde que este, ni otro cuando qué ahora), es decir la superación, la soldadura de la contradicción y de aquello que la desata, el descubrimiento de que aquella distinción tan razonable es en realidad engañosa.

La tercera frase (que combina la segunda premisa con la conclusión de la primera) dice que verificar que Buda está en la vida y la muerte y no en un mundo, en una realidad aparte; significa el desmantelamiento del problema de la vida y de la muerte. Buda en la vida y la muerte significa que toda la vida es Buda, todos la muerte es Buda. La muerte no es es el después de la vida, la vida no se convierte en muerte. La vida es todo el tiempo de vida, su principio y su después son siempre vida. La muerte es todo el tiempo de muerte, su principio y su después son siempre muerte. Esto resulta inconcebible porque nuestra valoración de vida tiene lugar a partir de un concepto de muerte que está basado precisamente sobre la vida (y no podría ser de otra manera). Así como nuestra evaluación de la muerte adviene a partir de una concepción limitada de la vida, limitada justamente por la idea de nacimiento y la muerte. Pero Buda no valora sobre la base de los conceptos, meramente vive la experiencia.

La cuarta frase (que conjuga la premisa de la primera con la conclusión de la segunda) cierra el círculo y nos dice que la medicina puede ser veneno. Esa misma idea fuerza que salva, se convierte en el obstáculo donde se tropieza si no es asimilada, disuelta y digerida de modo que se transforme en vida viviente. Quien cree en la medicina en si y no como instrumento para sanar, demuestra creer en la enfermedad más que en la curación. La enfermedad es temporal, la curación (la salud - salus - salvación) es eterna. Quien cree en Buda (el que cura, el salvador) como entidad lo reifica y hace de este un objeto de veneración en el tiempo. Quien en cambio comprende la verdadera naturaleza de Buda (que es la suya propia) despliega Buda en la propia vida y no se engaña sobre la verdadera naturaleza de vida y muerte.

Con esta cuádruple declaración cada una de las vías de escape está bloqueada, no podemos hacer otra cosa que estar donde estamos y aquí, en nuestra vida y muerte, resolver la gran cuestión de la vida y la muerte.

Trad. y comentario de
Jisō Giuseppe Forzani