Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

19 de julio de 2012

¿Por qué meditar y cómo hacerlo?

Es fácil extraviarse en el camino, si no se conoce bien el terreno y no se tienen los medios adecuados para orientarse en la travesía que nos lleve al destino final. El maestro zen Dôgen ya alertó a los caminantes al decir que “la Vía del Budha no puede ser alcanzada a través de la no práctica y del no estudio, pues de hacerlo así, caerán en puntos de vista falsos, dualistas e lilusorios”.

Necesitamos ver e integrar lo que somos, tanto a nivel conceptual (mente), como a nivel práctico y concreto (cuerpo). Cada cual elige libremente explorar y descubrir a conciencia quién es y cómo se relaciona consigo mismo y con los demás. Para acertar en estas elecciones, el budismo ofrece una metodología precisa, muestra un total compromiso con la humanidad y por ende con todos los seres. El propósito de la práctica meditativa lleva al individuo a estabilizarse en mayores niveles de conciencia, a saber, a fluir adecuadamente en los llamados tres dominios de la existencia:

·         Personal – individual
·         Interpersonal – colectivo (relaciones)
·         Suprapersonal – universal

¿En qué nivel de frecuencia estamos en cada uno de estos dominios? Zazen es una recapitulación comprensiva de cómo estamos vibrando en cada nivel. Durante la práctica meditativa (todo el tiempo, pero especialmente en los retiros o jornadas intensivas) se analizan las causas y se observan los efectos. Descubrimos que la mente siempre se está moviendo, es su naturaleza, pero podemos ralentizar su ritmo y experimentarlo todo de forma más serena. Ralentizar no significa parar, significa bajar la intensidad, para ver así con mayor claridad y nitidez. Para ello es necesario contar con un conjunto de condiciones favorables (espacio adecuado y un grupo que nos apoye en el trabajo) y la continuidad en este arte del darse cuenta. El Zen es un trabajo serio en el que no ha lugar para la postergación o el descanso. 

Dice el maestro Kôdo Sawaki que “el ego es una idea persistente a la que nos aferramos en virtud de nuestras experiencias.” El ego siempre anda justificando sus actuaciones. Por otro lado, la práctica no necesita ser conceptualizada, necesita ser vivenciada íntegramente. En general podríamos decir que el ego cumple dos funciones:

·         Supervivencia (lo cual mantiene a la identidad en permanente lucha y tensión)
·         Protección (defensa de todo lo que concerniente al yo y lo mío)

Por ello, hemos de saber que el ego nos tiene sumidos en la IGNORANCIA que podemos entender como un conocimiento incompleto o parcial. La causa de este error perceptivo está en la falta de lo que llamo eje o centramiento. Debido a esto, vivimos de forma desajustada y caminamos muchas veces a ciegas y en una dirección equivocada. Esta manera de caminar por la vida, nos produce SUFRIMIENTO, que no es otra cosa que es el resultado de los intentos realizados por el observador que siempre termina por manipularlo todo. Nuestra perdición es el juicio programado, la resistencia, la lucha y creer tener el control absoluto de lo que pasa. Así cualquier tipo de experiencias se convierten en frustrantes al no alcanzar todo lo que queremos o terribles y amenazantes porque sentimos que nos quitan aquello que consideramos como nuestro. Pero al contrario de lo que pudiera parecer, es una buena noticia porque el dolor que sentimos es una creación subjetiva de la mente y puesto que ha sido creado por ésta, con ella misma podemos desarticularlo. ¡En ello estamos! ¿No?

Por otra parte, así como hemos hablado de los dominios de la existencia, en el budismo se dice que hay tres marcas de la existencia condicionada que sirven de orientación para dirigir la mirada hacia la liberación. Cualquier practicante de meditación debe referirse a ellos en su estudio, son excelentes recursos de aprendizaje:

·         El dolor (dukkha)
·         La inestabilidad (tempus fugit decían los latinos, annica en pali)
·         La falta de identidad (anatman)

Tenemos un trabajo por delante. El camino del despertar es un sagrado oficio. Como hemos visto, la tendencia de la mente es dirigir sus movimientos hacia las formas que considera sólidas; necesita identificarse con algo para poder subsistir. Nuestros egos son como pájaros en vuelo, buscando siempre una rama donde posarse. Por eso dijo Dôgen Zenji en el Zazenshin:

“El cielo es vasto y se extiende hasta los confines del cosmos.
El pájaro que vuela en este cielo es el pájaro.
El agua pura penetra hasta lo más profundo de la tierra.
El pez que nada en este agua es el pez.”

Los contenidos mentales que contemplamos durante zazen pueden ser asemejados con cubitos de hielo flotando en al agua. La mente propiamente dicha es el agua. Y la esencia que nos sustenta es la humedad. Zazen es beber de esta Fuente Original.  Zazen es darse un buen zambullido es este agua oceánica. Zazen significa abrirse completamente a la experiencia de la unidad. Zazen es desnudarse y sentirse uno/a en la simplicidad de todo lo que está aconteciendo. Zazen es ser sin resistencias. Para ello la actitud del practicante es fundamental en esta Vía del despertar. Así como la intención y el buen propósito son algo interno, deben materializarse, hacerse tangible, tocarse, verse y concretarse en el mundo externo. Decían los antiguos taoístas que lo que es afuera, es adentro. Lo que adentro, es afuera. Lo que hagas, hazlo sin pensar en ganancias o pérdidas. Durante zazen no digas esto está bien, esto está mal. Zazen es la Paz del Espíritu. Éste es el camino del medio enseñado por Shakyamuni. 

Necesitamos ser íntegros con la práctica. Fortalecer la continuidad meditativa. Descubrir y dejarnos reposar en la presencia incondicional (sin condiciones). Gracias a esta alerta sostenida, podemos indagar, reconocer, conectar y permitir ser. Recuerden que es la polaridad identificación-apego nuestro principal causante de un sufrimiento innecesario. Como dice el filósofo Keiji Nishitani (1900-1990) “las cosas sólo nos revelan su esencia cuando renunciamos a la circunferencia y saltamos al centro”

Finalmente es cierto que hacen falta tiempo y práctica continuada, para estar en condiciones de permitir que la experiencia sea tal y como es, que puedan aceptar los fenómenos tal y como se presentan. Sin embargo, no confundan la paciencia, entendida como ausencia de agitación interna, con la tediosa espera del mal practicante que dormita alelado sin atender cada acontecimiento. Mantengan un tono justo en la postura que es fiel reflejo de la vida misma. Permanezcan atentos en medio de los pensamientos, los sentimientos y las percepciones. La práctica no es un hecho memorístico. Sean auténticos a cada instante. Vivan conscientemente sin autoengaños.
Denkô Mesa
Enseñanzas durante el I Zazenkai
Centro Piedra Blanca, Arico.
Julio 2012

12 de julio de 2012

Confrontación serena



Un practicante, entregado a la Vía, debe plantearse con seriedad preguntas tales como: 

¿Por qué medito? 
¿Para qué lo hago? 
¿Con quién? 
¿De qué manera? 

Esta confrontación serena es fundamental en el camino del conocimiento. 

Si el practicante las formula en la privacidad, corre el riesgo de caer en los derroteros del engaño, esto es, la manipulación y la autorreferencia. Únicamente tiene sentido esta indagación consciente cuando la práctica se desarrolla en el seno de un grupo estable de practicantes y bajo la guía de un maestro espiritual. Esta cercanía y continuidad dan consistencia a la misma. La supervisión es importante porque solos nos hacemos muchas trampas sobre lo que es o no es la práctica del darse cuenta. Por todo ello, en el budismo Mâhâyâna se encuentran orientaciones como ésta: “no tengas avidez de Dharma”. 

¿Qué pretendemos conseguir al sentarnos en meditación? Nuestra mente oscila entre el mundo de los deseos, caracterizado por un flujo de identificaciones hacia aquello que consideramos atractivo y el territorio del rechazo ante fenómenos que catalogamos como desagradables. Dicho esto, debemos tener en cuenta que los practicantes pueden caer bajo la enfermedad zen, cuyos síntomas aparecen cuando la persona se deja llevar por proyecciones idealizadas, esto es, rechaza absolutamente todo aquello que no sea acorde a esta tradición ya milenaria. Si no encuentra la supuesta luminosidad en el mundo circundante y en las relaciones cotidianas, tenderá a alejarse de ellas, juzgándolas además como incorrectas y de escaso nivel o importancia. Éste es un error de bulto que debe subsanarse.

La práctica del Zen no tiene propietario. La meditación todo lo abarca y todo lo integra. En ella nada falta y nada sobra. Cuando un practicante se sienta en zazen, su meditación pudiera ser comparada al viejo arte del tiro con arco. Debe aprender a enfocar correctamente y dirigir la flecha hacia la diana antes de soltar (léase la motivación o la intencionalidad por la que se practica). Sin embargo, a diferencia de esta disciplina, en zazen no es posible errar el tiro porque la mirada se posa en el universo por entero. 

En la experiencia de la unicidad todo es Dharma. No ha lugar para las antipatías o las preferencias en la práctica meditativa. Para ello mantén presente una actitud alerta y contemplativa. Cuida la estabilidad de la postura. Fúndete con el acontecimiento, sea cual sea y como se presente. Fluye a través de una respiración oceánica y reposa sostenido en el vacío fértil creador. Ante ti el Dharma del Budha. No debes esforzarte por hacer zazen. Eres zazen.
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Kusen (Enseñanza oral) 
Dojo Zen de Tenerife
9 de julio de 2012
Maestro zen Denkô Mesa