Detener el tiempo
La mayor parte de nosotros
tenemos recuerdos y creemos además que la memoria sirve para recordar, pero en
realidad la memoria no evolucionó para recordar, sino para anticipar el futuro.
¿Para qué le serviría a una cebra recordar el rostro de su abuela? Para una
cebra es útil recordar el olor de sus depredadores, los caminos que conducen al
agua, prevenir los peligros de andar sola. Todo lo que sirva para detectar
amenazas para su supervivencia o para distinguir las rayas de su madre de entre
el magma de rayas de su rebaño.
Lo curioso del Ego es que vive
siempre en el pasado recordando o en el futuro anticipando, la depresión y la
ansiedad son sus consecuencias. No podría haber depresión sin un tiempo muerto,
enquistado o detenido, del mismo modo no podría haber ansiedad sin anticipación
incierta. Y lo curioso del pasado y del futuro es que simplemente no existen,
pues cuando vivimos aquella experiencia tiempo atrás, no estábamos situados en
el pasado, sino en el ahora. Siempre es ahora, aún es ahora. Ahora es la
Eternidad.
Y aun más: estamos persuadidos de
que el pasado determina el futuro, pero lo cierto es que es el ahora quien
determina el pasado y el futuro, a través de la memoria y la anticipación
selectivas. El pasado no es sino una sucesión de ahoras que coexisten en el
ahora.
El ahora es el lugar donde se
cierra el pasado y se abre un horizonte de futuros, propiciado por la capacidad
de recordar aunque poniendo los recuerdos no como entidades a rememorar, sino
como objetos que se proyectan eventualmente hacia adelante. El futuro tampoco
existe, es por eso que puede estar determinado por el ahora.
Lo importante es saber que el Ser sólo puede
manifestarse en el ahora, puesto que el Ser es atemporal (eterno) y no un
constructo histórico como el Yo.


