Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

19 de mayo de 2012

Detener el tiempo


La mayor parte de nosotros tenemos recuerdos y creemos además que la memoria sirve para recordar, pero en realidad la memoria no evolucionó para recordar, sino para anticipar el futuro. ¿Para qué le serviría a una cebra recordar el rostro de su abuela? Para una cebra es útil recordar el olor de sus depredadores, los caminos que conducen al agua, prevenir los peligros de andar sola. Todo lo que sirva para detectar amenazas para su supervivencia o para distinguir las rayas de su madre de entre el magma de rayas de su rebaño.

Lo curioso del Ego es que vive siempre en el pasado recordando o en el futuro anticipando, la depresión y la ansiedad son sus consecuencias. No podría haber depresión sin un tiempo muerto, enquistado o detenido, del mismo modo no podría haber ansiedad sin anticipación incierta. Y lo curioso del pasado y del futuro es que simplemente no existen, pues cuando vivimos aquella experiencia tiempo atrás, no estábamos situados en el pasado, sino en el ahora. Siempre es ahora, aún es ahora. Ahora es la Eternidad.

Y aun más: estamos persuadidos de que el pasado determina el futuro, pero lo cierto es que es el ahora quien determina el pasado y el futuro, a través de la memoria y la anticipación selectivas. El pasado no es sino una sucesión de ahoras que coexisten en el ahora.

El ahora es el lugar donde se cierra el pasado y se abre un horizonte de futuros, propiciado por la capacidad de recordar aunque poniendo los recuerdos no como entidades a rememorar, sino como objetos que se proyectan eventualmente hacia adelante. El futuro tampoco existe, es por eso que puede estar determinado por el ahora.  

Lo importante es saber que el Ser sólo puede manifestarse en el ahora, puesto que el Ser es atemporal (eterno) y no un constructo histórico como el Yo.

3 de mayo de 2012

¿Cuáles son tus identificaciones?


La mayor parte de la gente se identifica con sus pensamientos, es decir con sus ideas, sus recuerdos, sus preferencias y sus vivencias. Y lo hace de tal forma que las hace equivaler a sí mismo, como si de una especie de identidad invisible se tratara. No es de extrañar puesto que el Ego (el Yo), es sobre todo un constructo histórico. Esto significa que es el garante de que hoy seamos el mismo que ayer a pesar de reconocer que hemos cambiado. De alguna manera el Yo es el hilo que anuda nuestras experiencias actuales y pasadas y les confiere un rango de historicidad.

Otra de las características del Yo es que puede pensar, visualizar, divagar o reflexionar. Los pensamientos son la principal producción de nuestra mente junto con la imaginería visual. Casi todo el tiempo los pensamientos acuden a escena, tanto si los buscamos, como si no lo hacemos. Nos pasamos la vida pensando, cavilando, recordando canciones, escenas, diálogos o monologando con nosotros mismos. 

No existe ninguna otra actividad que consuma tanto espacio y tiempo como ocurre con nuestros pensamientos. El problema es que los pensamientos están de alguna forma condicionados y determinados, son por así decir automáticos, no precisan de ninguna intención (aunque también podemos dirigirlos conscientemente), se presentan en nuestra mente sin pedir permiso y se asocian con otros llenando siempre la escena con nuevas o viejas secuencias de hechos o palabras.

El Ser no es el Ego. El Ser es lo que es y el Ego es lo que creemos ser, el problema del Ego es que aunque nos provee de identidad y continuidad carece de fundamento.  

Trate usted de definir su Yo y verá lo que encuentra. Se encontrará una secuencia de hechos, una biografía, una narrativa, pero observe con atención que allí no hay ningún Yo, sino un ser en marcha, un Dasein, un ser en el mundo.

¿Y como podemos sentir el Ser? Naturalmente desprendiéndonos del Ego, silenciándolo, mandándolo al fondo de la conciencia. El Ego hace demasiado ruido para escuchar al Ser y obtura su voz interior, una voz que está ahí en todos nosotros y que necesitamos acallar ese murmullo de fondo para poderle oír. Eso es lo que sucede en la meditación.

2 de mayo de 2012

 
 
Los 14 preceptos del monje Zen Thich Nhat Hanh

No seas idólatra ni te ates a ninguna doctrina, teoría o ideología, incluso a las Buddhistas. Todos los sistemas de pensamiento son medios de guía; no son la verdad absoluta.

No creas que el conocimiento que tienes en este momento es la verdad inmutable, absoluta. Evita ser de mentalidad estrecha y atarte a los puntos de vista presentes. Aprende y practica el desapego de los puntos de vista para estar abierto a recibir los puntos de vista de los demás. La verdad se encuentra en la vida y no meramente en el conocimiento conceptual. Prepárate para aprender a través de toda la vida y a observar la realidad en ti mismo y en el mundo en todo momento.

No fuerces a los demás, ni siquiera a los niños, por ningún medio en absoluto, a adoptar tus puntos de vista, ya sea por autoridad, amenaza, dinero, propaganda o incluso educación. Sin embargo, por medio del diálogo compasivo, ayuda a los demás a renunciar al fanatismo y la estrechez.

No evites el contacto con el sufrimiento ni cierres tus ojos ante el sufrimiento. No pierdas la conciencia de la existencia del sufrimiento en la vida del mundo. Encuentra maneras para estar con aquellos que están sufriendo por todos los medios, incluyendo el contacto personal y las visitas, imágenes, sonido. Por tales medios, despierta tú mismo y a los demás a la realidad del sufrimiento en el mundo.

No acumules riqueza mientras millones están hambrientos. No tomes como el objetivo de tu vida a la fama, el provecho, la riqueza o el placer sensual. Vive simplemente y comparte el tiempo, la energía y los recursos materiales con quienes están en necesidad.

No mantengas ira u odio. Tan pronto como surgen la ira y el odio, practica la meditación sobre la compasión para comprender profundamente a las personas que han causado ira y odio. Aprende a ver a los otros seres con los ojos de la compasión.

No te pierdas en la dispersión y en el ambiente que te rodea. Aprende a practicar la respiración para recuperar la compostura del cuerpo y la mente, para practicar la atención, y para desarrollar la concentración y la comprensión.

No pronuncies palabras que puedan crear discordia y causar ruptura en la comunidad. Haz todos los esfuerzos para reconciliar y resolver todos los conflictos, aunque sean pequeños.

No digas cosas falsas por el bien del interés personal o para impresionar a las personas. No pronuncies palabras que causen desviación y odio. No difundas noticias que no sabes si son ciertas.

No critiques o condenes cosas de las que no estás seguro. Habla siempre verdadera y constructivamente. Ten el valor de hablar sobre situaciones de injusticia, aun cuando hacerlo pueda amenazar tu propia seguridad.
No uses a la comunidad Budista para ganancia o provecho personal, ni transformes tu comunidad en un partido político. Una comunidad religiosa debe, sin embargo, tomar una actitud clara contra la opresión y la injusticia, y debe esforzarse por cambiar la situación sin engancharse en conflictos partidarios.

No vivas con una vocación que sea dañina para los humanos y la naturaleza. No inviertas en compañías que priven a los demás de su oportunidad de vivir. Elige una vocación que ayude a realizar tu ideal de compasión.
No mates. No permitas que otros maten. Encuentra todos los medios posibles para proteger la vida y prevenir la guerra.

No poseas nada que debería pertenecer a los demás. Respeta la propiedad de los demás pero evita que los demás se enriquezcan con el sufrimiento humano o el sufrimiento de otros seres.

No maltrates a tu cuerpo. Aprende a manejarlo con respeto. No veas a tu cuerpo sólo como un instrumento. Preserva las energías vitales (sexual, respiración, espíritu) para la realización del Camino. La expresión sexual no debería ocurrir sin amor y compromiso. En las relaciones sexuales, sé conciente del sufrimiento futuro que pueda causarse. Para preservar la felicidad de los demás, respeta los derechos y compromisos de los demás. Sé plenamente conciente de la responsabilidad de traer nuevas vidas al mundo. Medita sobre el mundo al cual estás trayendo nuevos seres.

No creas que yo siento que sigo todos y cada uno de estos preceptos perfectamente. Sé que fallo de muchas maneras. Ninguno de nosotros puede cumplir plenamente cualquiera de ellos. Sin embargo, debo trabajar hacia una meta. Esta es mi meta. Ninguna palabra puede reemplazar a la práctica, sólo la práctica puede hacer a las palabras.

1 de mayo de 2012

Cuando las palabras no son la realidad



¿Qué entendemos por dolor? 
¿Es lo mismo que el sufrimiento? 
¿Qué entendemos por compasión? 
¿Es lo mismo que sentir lástima o pena por algo o alguien? 

Generalmente utilizamos dolor y sufrimiento como sinónimos. Sin embargo, es importante entender la diferencia. Las palabras no son la realidad, pero a los humanos nos gusta enredarnos con ellas.

El Budha Shakyamuni se encontró con una sociedad atrapada en leyendas y mitos ancestrales. Para trasmitir la experiencia del despertar, usó un lenguaje claro y sencillo. Han pasado desde entonces más de 2.500 años. Todo el mundo entiende las llamadas Cuatro Nobles Verdades, pero cuántos las practican. Esta es una pregunta importante.

La primera enseñanza budista indica que la vida es dolor, lo cual incluye ideas profundas como ‘imperfección’, ‘impermanencia’, ‘vacuidad’, ‘insustancialidad’ y ‘conflicto’. Es difícil encontrar en castellano una palabra que abarque toda la semántica del concepto dukkha. Están incluidos en ella todo tipo de sufrimientos como el nacer, envejecer, enfermarse, morir; puede asociarse también a las condiciones desagradables, como la separación de nuestros seres queridos. Por otra parte, el dolor aparece cuando no conseguimos aquello que se desea, lo cual se traduce en pena, lamento, intranquilidad… Dicho esto, se puede hablar de tres tipos de dolencias: corporales, emocionales o psicológicas (básicas) y las propiamente existenciales (universales).

Lo que el Budha mostró es que la causa principal del sufrimiento está en el apego y esto repercute en todo tipo de dolencias. Esta es la realidad de la vida misma, la cual nos confronta y hace tomar conciencia del carácter efímero de la existencia. Es la autoimagen del ego por mantenerse a toda costa la base del sufrimiento humano. Estamos tan convencidos que somos lo que somos y que esta existencia es indeleble que, al comprobar que igualmente somos impermanentes, nos angustiamos. Todo esto se manifiesta en distintas formas de dolencias y psicomatizaciones, tales como la ansiedad y el ritmo frenético del día a día que nos llevan al oscurecimiento y a la falta de tono o brillo natural. Vivimos en un mundo que rechaza ser de otra manera; estamos convencidos que debe ser como nosotros queremos que sea. Ésta es la ceguera de la ignorancia.

Por ello, el propósito de trabajo de la meditación budista se enfoca hacia la tercera categoría de dukkha, esto es, disolver la percepción ilusoria que nos lleva a un no saber o no aceptar quiénes somos y qué es el mundo. 

La práctica de zazen nos lleva a esta experiencia. Es la experiencia, una medicina universal que sólo requiere una cosa: práctica. Cuando ello sucede, deja que la práctica hable a través de ti. Ésta es la experiencia de la libertad. 


Denkô Mesa
Abril 2012