Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

28 de diciembre de 2012

Sobre los deseos




Parte de la naturaleza humana es vivir con deseos. Los deseos nos impulsan a obtener cosas que no tenemos y a alcanzar metas, y nos  dan energía para funcionar en la vida. Constantemente deseamos cosas, relaciones, objetivos, éxitos, etc. Si observamos todo lo que nos rodea, todos los objetos que usamos, todas las propiedades, todas las personas con las que nos relacionamos, todos los logros obtenidos a lo largo de la vida, toda nuestra evolución como personas, y demás, encontramos que detrás de todo esto hay deseos y más deseos. 
Desear forma parte de nuestra vida. La vida puede verse como una cadena de acontecimientos en que los deseos se suceden uno tras otro. Si no hubiera deseos la vida perdería gran parte de su sentido, y de hecho los momentos en que no tenemos ningún deseo coinciden con los estados de desánimo y depresión.
No obstante, los deseos son peligrosos. Es muy fácil que se conviertan en un problema y, lo que en principio nos alienta a vivir, se vuelva nuestra prisión. Entre otros, hay tres problemas fundamentales en relación al deseo. El primero es la frustración, el segundo la pérdida de control y el último alejarse de lo que verdaderamente te importa.

Frustración
Experimentamos frustración cuando nos quedamos sin lo que esperábamos. Habitualmente deseamos más cosas de las que podemos conseguir con lo cual, inevitablemente, solemos experimentar frustraciones, unas veces pequeñas y otras grandes. Deseamos conectarnos con los demás y siempre falla algo, deseamos vivir pletóricos y felices, y nunca lo conseguimos del todo, buscamos un equilibrio emocional y las situaciones nos desestabilizan constantemente, etc. Las frustraciones se van acumulando a lo largo de la vida, y conforme aumentan las frustraciones se disparan los deseos y, en consecuencia, más frustración experimentamos.
La frustración es parte de la vida, porque el deseo es parte de la vida. De modo que es preciso aprender a sobrellevar los momentos en que las cosas no salen como deseamos. Podríamos y nos libraríamos del dolor de la frustración pero también podemos aprender a asumir la frustración y vivirla con serenidad y contentamiento. 
Puede compararse a rascarse el picor de un grano. En muchos casos lo mejor es no tocarse mucho y dejar que pase. Con la frustración es lo mismo. Las respuestas que damos a la frustración suelen traernos consecuencias nefastas para nosotros mismos y para los que nos rodean: reaccionamos con ira,   impotencia, culpa, resentimiento, vergüenza, deseo, desánimo, etc. Estos sentimientos no sólo nos causan infelicidad en sí mismos sino que además nos llevan a actuar de un modo irracional, conduciéndonos a todo tipo de comportamientos dañinos (comer, fumar, beber, vegetar, comprar, etc.).
Es bien conocido que numerosos trastornos psicológicos están relacionados con la incapacidad de soportar que las cosas no sean como deseamos. De manera que es importante aprender a estar con lo que sucede sin reaccionar. Cuando sintamos que se frustran nuestras expectativas y deseos, necesitamos escuchar nuestros sentimientos de malestar y dejar que se diluyan. Necesitamos aprender a ser conscientes y a mirar con calma y lucidez nuestra experiencia.

Pérdida de control
Para algunas personas el problema con los deseos es la necesitad imperiosa de tenerlos cuanto antes. Esta inmediatez de la satisfacción del deseo y la incapacidad de posponerlo es un grave problema a la hora de tomar decisiones, alcanzar logros importantes o disfrutar de lo que ha costado tanto obtener.
En este caso el problema es la incapacidad de esperar a obtener el placer. Esto hace que sólo se deseen cosas que puedan aportar un placer inmediato y se abandonen cosas más valiosas que requieren ciertos sacrificios. Todas las cosas importantes requieren un camino que exige hacer elecciones y abandonar otras.  Cuando no somos capaces de ceñirnos a nuestros objetivos y de posponer nuestros deseos inmediatos acabamos sin nada, y nos quedamos atrapados en una espiral inagotable de insatisfacción. Los placeres inmediatos cesan tan rápido como los consumimos y generan más deseo. Sufrimos cuando no tenemos lo que deseamos y sufrimos cuando lo tenemos porque ya estamos deseando otra cosa. Cuando perdemos el control sobre nuestros deseos nunca disfrutamos de las cosas que tenemos (y antes deseábamos) porque el deseo nos obliga a buscar la siguiente cosa. Es la metáfora del agua salada, mientras  más bebes más sed tienes.
De modo que aquí también tenemos que aprender a tolerar la desazón. Esta vez se trata del malestar de no tener todavía lo que deseamos. Se trata de saber esperar y  entender que mientras más sepamos retrasar las gratificaciones mayores serán las metas a las que podemos aspirar. Necesitamos aprender a vivir en calma los momentos de incertidumbre y espera en que todavía falta tiempo para conseguir lo deseado.

Alejarse de lo que importa
Desde una perspectiva más profunda el gran problema del deseo es que nos impide desarrollar el potencial que tenemos. El deseo está denigrado en todas las tradiciones por cuanto supone un serio obstáculo a aprovechar la vida, puesto que nos alejan de nosotros mismos y de lo que nos importa. Cuanto más nos alejamos de nuestra esencia más insatisfacción tenemos y más miedos nos dominan. Con lo cual el sufrimiento resulta inevitable.
Dicen los maestros que para aprovechar plenamente la vida todos los deseos necesitan ser canalizados en un único deseo, el deseo de crecer, evolucionar, realizar la verdad y trascender el sufrimiento. Si tenemos deseos más importantes que este, es muy probable que nuestra evolución sea lenta y costosa, y nos sintamos más insatisfechos con nuestra vida. Pero si todos los deseos se vuelven secundarios al desarrollo de nuestro potencial todo se vuelve fácil y fluido.
El deseo nos atrapa mentalmente. Su poder radica en la seducción y la atención que demanda. Nos obliga a escucharlo, atenderlo y afrontar la situación; sin embargo, eso no hace que sea más verdad. La necesidad de obtener eso que deseamos es una verdad provisional, transitoria y relativa. Nuestro ser no está definido ni por las cosas que deseamos ni por lo que ya tenemos, nuestra esencia es anterior a cualquier estado temporal del cuerpo y mente. Si recordamos la enseñanza, somos la fuente de todo que ni va ni viene. Nuestra tarea es ahora, en este momento, y consiste en mantener la presencia en la cual cualquier deseo es irrelevante porque hay algo que es más significativo.
Finalmente el único deseo que nos libera y consume todos los demás deseos es el anhelo de conocer la naturaleza primordial de la existencia. Este es el deseo que necesitamos cultivar y cuidar hasta el final, hasta ese momento en que se realiza que la verdad siempre estuvo aquí, plena y perfecta, desde el principio.
El enfoque puramente espiritual radica en si podemos ver que hay algo más importante que los deseos y satisfacciones personales. Este es el principal camino a una mayor plenitud. ¿Podemos indagar en la verdad? ¿Podemos poner toda la lucidez de que seamos capaces en descubrir que eso que deseamos, como cualquier cosa que esté sucediendo, es menos relevante que lo que somos en última instancia? Y lo que es más importante, ¿Podemos reconocer que cuando obtengamos eso que deseamos, lo primordial seguirá siendo la verdad que ahora mismo somos?

19 de diciembre de 2012

KHANDHA


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En el Sutra del Diamante se lee: “Todas las cosas compuestas se asemejan al sueño, fantasma, burbuja, sombra… Se parecen a la gota del rocío y al destello del relámpago. Así debe considerarse la existencia.” En la mayoría de las culturas se hacen descripciones del ser humano, pero ¿quiénes somos en realidad? Ésta es la gran incógnita que debemos despejar. Casi todas las tradiciones lo consideran como un compuesto, ya sea alma y cuerpo (tradición judeocristiana) o cuerpo, mente y espíritu en otras. El budismo también ve al individuo como un conjunto de agregados, si bien no reconoce en ellos entidad fija o inmutable. La identificación (apego) es la causa del sufrimiento innecesario. Si queremos en verdad entendernos, debemos entender plenamente qué son y cómo funcionan, lo cual significa aprender a verlos tal y como son.

En el Canon Pali, la colección de los antiguos textos que constituyen el cuerpo doctrinal y fundacional del budismo, se representa al Budha diciendo que sólo enseñaba dos asuntos: el sufrimiento y el final del sufrimiento. Tras una práctica meditativa perseverante, Siddhartha Gautama alcanzó un estado de conciencia que ninguna palabra podía describir, sin embargo supo que el camino y la experiencia podrían ser descritos, aunque implicaba una nueva manera de ver y conceptualizar el problema del sufrimiento. Para ello, tuvo que inventar nuevos conceptos y extender palabras preexistentes a fin de que los demás pudieran experimentar el despertar por sí mismos. Una de las nociones nuevas y centrales de su enseñanza fue el de khandha, habitualmente traducido al castellano como “agregados”.

Anteriormente al Budha, la palabra pali “khandha” poseía sentidos muy ordinarios. Un khandha podía ser una pila, un fardo, un montón, una masa. Podía también ser el tronco de un árbol. Sin embargo, en su primer sermón, el Budha le dio un nuevo significado psicológico, introduciendo el término “agregado del apego” [“upadana-khandha”] para resumir su análisis de la verdad del sufrimiento. A lo largo del resto de su carrera docente se refirió a estos khandhas psicológicos una y otra vez. Desde entonces, la importancia de éstos ha sido evidente para cada generación de budistas.

Por lo general, el acercamiento a los cinco agregados es principalmente analítico, pero debe recordarse que el budismo no persigue el análisis por sí mismo, o se forja para acumular datos e información, más bien establece abiertamente la naturaleza de nuestra existencia como requisito preliminar para la penetración intuitiva de la realidad. Por ello, a fin de comprender cómo somos y qué nos ocurre, tenemos que aprender a ver de cerca.

El Budha dijo que los cinco agregados deben ser totalmente entendidos. Es decir, la función con respecto a la verdad de dukkha, la primera Verdad Noble, consiste en entenderla plenamente. Con el objeto de poner fin al sufrimiento, de ganar la libertad, paz y  felicidad de la liberación, debemos tornar nuestra atención y tener en cuenta la naturaleza de los cinco agregados. 

Así pues, cuando Budha dice que existe el sufrimiento, no niega la felicidad existente en la vida. Por el contrario, admite diversas clases de felicidad, tanto materiales como espirituales, para los laicos y los monjes. Los purísimos estados de dhyana (absorción) están exentos de toda sombra de sufrimiento y pueden describirse como  “Felicidad Inefable”, esto es, vivir cada situación en un estado de Perfecta Ecuanimidad y Pura Atención. Ésta es nuestra meta.

Denkô Mesa
Diciembre 2012

2 de diciembre de 2012

El poder de la intención

El Poder de la Intención
Wayne Dyer
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7 pasos para vencer el dominio del ego... (fragmentos)

1. No te sientas ofendido

La conducta de los demás no es razón para quedarte inmovilizado. Lo que te ofende sólo contribuye a debilitarte. Si buscas ocasiones para sentirte ofendido, las encontrarás cada dos por tres. Es tu ego en plena acción, convenciéndote de que el mundo no debería ser como es. Pero puedes convertirte en degustador de la vida y corresponderte con el Espíritu universal de la Creación. No puedes alcanzar la fuerza de la intención sintiéndote ofendido. Por supuesto, actúa para erradicar los horrores del mundo, que emanan de la identificación masiva con el ego, pero vive en paz (..) Sentirse ofendido crea la misma energía destructiva que te ofendió y que lleva al ataque, al contraataque y a la guerra.

 2. Libérate de la necesidad de ganar

Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores. Empeñarte en ganar es un método infalible para evitar el contacto consciente con la intención. ¿Por qué? Porque, en última instancia, es imposible ganar todo el tiempo. Siempre habrá alguien más rápido, más joven, más fuerte, más listo y con más suerte que tú, y siempre volverás a sentirte insignificante y despreciable. Tú no eres tus victorias. Puede que te guste la competición y que te diviertas en un mundo en el que ganar lo es todo, pero no tienes por qué estar allí con tus pensamientos. No existen perdedores en un mundo en el que todos compartimos la misma fuente de energía. Lo más que puedes decir es que en determinado día rendiste a cierto nivel en comparación con el nivel de otras personas ese mismo día. Pero hoy es otro día, y hay que tener en cuenta otros competidores y otras circunstancias. Tú sigues siendo la presencia infinita en un cuerpo que es un día una década mayor. Olvídate de la necesidad de ganar no aceptando que lo opuesto de ganar es perder. Ese es el miedo del ego. Si tu cuerpo no rinde para ganar ese día, sencillamente no importa, si no te identificas exclusivamente con tu ego. Adopta el papel de observador, mira y disfrútalo todo sin necesitar ganar un trofeo. Vive en paz, correspóndete con la energía de la intención e, irónicamente, aunque apenas lo notes, en tu vida surgirán más victorias a medida que dejes de ir tras ellas.

 3. Libérate de la necesidad de tener razón

El ego es fuente de conflictos y disensiones porque te empuja a hacer que los demás se equivoquen. Cuando eres hostil, te has desconectado de la fuerza de la intención. El Espíritu creativo es bondadoso, cariñoso y receptivo, y está libre de ira, resentimiento y amargura. Olvidarse de la necesidad de tener siempre razón en las discusiones y las relaciones es como decirle al ego: «No soy tu esclavo. Quiero abrazar la bondad y rechazo tu necesidad de tener razón. Aún más; voy a ofrecerle a esta persona la posibilidad de que se sienta mejor diciéndole que tiene razón y darle las gracias por haberme encaminado hacia la verdad». Cuando te olvidas de la necesidad de tener razón puedes fortalecer la conexión con la fuerza de la intención, pero ten en cuenta que el ego es un combatiente muy resuelto. He visto personas dispuestas a morir antes que dejar de tener razón. He visto cómo acababan relaciones maravillosas por la necesidad de ciertas personas de llevar siempre la razón. Te propongo que te olvides de esta necesidad impulsada por el ego parándote en medio de una discusión para preguntarte: «¿Qué quiero? ¿Ser feliz o tener razón?». Cuando eliges el modo feliz, cariñoso y espiritual, se fortalece tu conexión con la intención. En última instancia, estos momentos expanden tu nueva conexión con la fuerza de la intención. La Fuente universal empezará a colaborar contigo en la creación de la vida que la intención quiere que lleves.

 4. Libérate de la necesidad de ser superior

La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Se trata de ser mejor de lo que eras antes. Céntrate en tu crecimiento, con constante conciencia de que no hay nadie mejor que nadie en este planeta. Todos emanamos de la misma fuerza vital.
Todos tenemos la misión de cumplir la esencia para la que estamos destinados, y tenemos cuanto necesitamos para cumplir ese destino. Nada de esto es posible cuando te consideras superior a los demás. No por viejo es menos cierto este dicho: Todos somos iguales ante ios ojos de Dios. Olvídate de la necesidad de sentirte superior al ver a Dios revelándose en todos. No valores a los demás basándote en su aspecto, sus logros, posesiones y otros baremos impuestos por el ego. Cuando proyectas sentimientos de superioridad, eso es lo que te devuelven, y te lleva al resentimiento y en última instancia a sentimientos de hostilidad. Estos sentimientos se convierten en el vehículo que te aleja de la intención. A Course in Miracles habla de esa necesidad de ser especial y superior: «El sentirse especial siempre establece comparaciones. Se produce por una carencia que se ve en el otro y que se mantiene buscando y no perdiendo de vista las carencias que puede percibir».

5. Libérate de la necesidad de tener más

El mantra del ego es más. Por mucho que logres o adquieras, tu ego insistirá en que no es suficiente. Te verás luchando continuamente y eliminarás la posibilidad de alcanzar la meta, pero en realidad ya la has alcanzado, y es asunto tuyo decidir cómo utilizar el momento presente de tu vida. Irónicamente, cuando dejas de necesitar más, parece como sí te llegara más de lo que deseas. Como estás desapegado de esa necesidad, te resulta más fácil transmitírselo a los demás, porque te das cuenta de lo poco que necesitas para sentirte satisfecho y en paz. La Fuente universal está satisfecha de sí misma, en continua expansión y creando nueva vida, sin intentar jamás aferrarse a sus creaciones por sus recursos egoístas. Crea y se desliga. Cuando te desligas de la necesidad del ego de tener más, te unificas con la fuente. Creas, atraes lo que deseas hacia ti y te desligas, sin exigir que se te presente nada más. Si valoras todo lo que surge, aprendes la gran lección que nos dio san Francisco de Asís: «... es dar cuando recibimos». Al permitir que la abundancia fluya hasta ti y a través de ti, estableces correspondencia con la Fuente y aseguras que esa energía siga fluyendo.

6. Libérate de la necesidad de identificarte con tus logros

Puede resultar un concepto difícil si piensas que tú y tus logros sois lo mismo. (...) Todo emana de la Fuente. ¡Tú y tu Fuente sois uno y lo mismo! No eres ese cuerpo y sus logros. Eres el observador. Fíjate en todo y agradece las capacidades que te han sido concedidas, la motivación para lograr cosas y las cosas que has acumulado, pero atribúyele todo el mérito a la fuerza de la intención que te dio la existencia y de la que formas parte materializada. Cuanto menos necesites atribuirte el mérito de tus logros más conectado estarás con las siete caras de la intención, más libre serás de conseguir cosas, que te surgirán con más frecuencia. Cuando te apegas a esos logros y crees que lo estás consiguiendo tú solo es cuando abandonas la paz y la gratitud de tu Fuente.

7. Libérate de tu fama

La fama que tienes no está localizada en ti, sino en la mente de los demás y, por consiguiente, no ejerces ningún control sobre ella. Si hablas con treinta personas, tendrás treinta famas distintas. Conectarse a la intención significa escuchar los dictados de tu corazón y actuar basándote en lo que tu voz interior te dice que es tu meta aquí. Si te preocupas demasiado por cómo te van a percibir los demás, te habrás desconectado de la intención y permitido que te guíen las opiniones de los demás. Asi funciona el ego. No hay nada que no puedas hacer, a menos que te desconectes de la fuerza y te convenzas de que tu meta consiste en demostrarles a los demás tu superioridad y autoridad y dediques tu energía a intentar ganar una fama extraordinaria entre el ego de los demás. Haz lo que haces según la orientación de tu voz interior, siempre conectada con tu Fuente y agradecida a ella. Mantén tu propósito, deslígate de los resultados y acepta la responsabilidad de lo que reside en ti: tu carácter. Deja que otros discutan sobre tu fama; no tiene nada que ver contigo.  O como dice el título de un libro: Lo que pienses de mí no es asunto mío

15 de noviembre de 2012

Más alto sí, pero no más claro



Por lo general buscamos sentirnos mejor. Todos sabemos que podemos hacerlo, pero el caso es que no lo somos. Dicen por ahí que las apariencias engañan, sin embargo somos expertos en maquillaje existencial. Éste es un viejo oficio, como igual de añejo es el antiguo arte del darse cuenta.

Como digo, impulsados por el anhelo del bienestar, generamos múltiples tentativas para conseguirlo. Por ejemplo, acudimos al cine a ver una buena película (si es con cotufas mejor), darse un buen masaje de vez en cuando suma, también el tomarse un mojito con los colegas en la fiesta de turno, etc. Por otra parte, ansiamos el calor de la vida en pareja, nos proyectamos hacia la consolidación de un hogar y entonces, si vienen hijos, creemos que son nuestros y creamos el territorio llamado familia. También nos desvivimos por alcanzar un desarrollo profesional que permita la compra de casas, pisos, joyas, coches y así un sinfín de banalidades, pero resulta paradójico que los seres humanos vivimos desorientados y con grandes dosis de insatisfacción. ¿Dónde está la causa de este malestar? ¿Cómo podemos perdernos tanto? El Budha mismo se hizo esta pregunta. La respuesta surge desde la experiencia despierta.

Estamos atontados. Nos sucede lo que nos sucede porque permanecemos bajo el efecto de un enorme estado de confusión, basado en una notable falta de atención. Y no son otros los que han creado este estado. Hablo claro, ésta es la droga de la ignorancia que no debe ser confundida con el analfabetismo. Es un estado de oscuridad que no permite ver con nitidez la realidad. Es un error de percepción ilusoria, una deficiencia cognitiva grave, a través de la cual tratamos de extraer de lo impermanente un estado de bienestar y felicidad duradera.

Teniendo en cuenta todo esto, la vía espiritual se presenta con un único propósito, asentar correctamente la práctica meditativa a fin de disolver las causas del desconcierto, esto es, enseña a abrir bien los ojos y permanecer presentes, no ausentes. En cualquier caso, baste decir que no es lo mismo estar y hacer que aparentar y hacer como si. Todos estamos bien equipados y facultados para disponer correctamente la conciencia y desarrollar la capacidad de darse cuenta, pero sólo en un contexto adecuado, bajo una guía correcta, junto con un propósito acertado y una actitud justa se da esta anhelada transformación.

¿A qué esperas? Sólo existe  un momento y es éste.
Denkô Mesa
Enseñanzas                                                                                                                                                                                                          

Aunque el mapa no es el territorio...

he aquí una buena guía

El silencio es creador




Por Consuelo Martín

¿Puede crearse lo positivo de algo negativo? Con la palabra silencio evocamos una negación, un vacío, pero no nos referimos al obvio vacío de sonidos o al dejar de hablar sino al vacío del ruido de los pensamientos y los hábitos condicionados que impiden oír lo que está detrás. Es silencio de lo mecánico y repetitivo, de la memoria del pasado y de todo aquello que sin cesar está tapando la sinfonía aún no escuchada de la Vida total.

Cuando nos abrimos a esa música, ¿qué es lo que sucede en nosotros? Tener unos minutos de silencio es un privilegio, una gracia, que nos devuelve misteriosamente a nosotros mismos. Y cuando somos tocados por esa mano providencial nos quedamos respetuosamente callados y amorosamente vigilantes para escuchar y sentir esa Presencia silenciosa en el interior de la Conciencia.

Podemos vivir muchos niveles de silencio. Desde los tres modos básicos de experiencia, por las sensaciones, por las emociones, por los pensamientos, podemos descubrir los tres niveles básicos del silencio. Y los tres están interrelacionados, ya que cada zona que se silencia facilita el profundizar en otras.

El silencio es sobre todo, silencio del pensamiento. Cuando el pensamiento se ha silenciado, ya no se opone, no juzga, no calcula con astucia la acción, no es protagonista en suma, sino callado y sereno transmisor de lo que la Inteligencia dicta. Lo real está fuera del pensamiento y del tiempo, por eso decimos que está en el silencio. La palabra silencio evoca un estado que no niega nada de lo real. Sólo niega el ruido que impide percibir directamente aquella realidad desconocida.

No significa desde luego que la realidad sea inmóvil y callada ni tampoco que para vivenciar un estado de conciencia verdadero tengamos que quedarnos mudos y paralizados. En la quietud y el movimiento, en el silencio y la palabra se expresa igualmente lo real.

Se debe observar sin embargo con atención y discernimiento que hay un movimiento verdadero, expresión de lo que es, como una bella danza es el libre bailar de la Vida inteligente. Mientras que hay un movimiento que surge del conflicto de una mente obstruida por la visión parcial e ilusoria. Este último produce una acción mecánica, desordenada y confusa porque no es creativo.

También podemos encontrarnos con la Palabra Verdadera, creación directa de la Inteligencia en el silencio del pensamiento, la Palabra que evoca la lucidez de donde ha nacido y trae consigo la fuerza creadora de la verdad. Es la palabra unificadora de realidades. Y cuando alguien la pronuncia es porque él mismo es esa Palabra creativa. Se distingue muy bien de aquella otra palabra, expresión del pensamiento egocentrado, que nacida de lo limitado y lo confuso, produce efectos similares en la superficie de la conciencia.

Conforme vamos avanzando en esta dirección, va siendo una evidencia para nosotros lo inesperado. Donde parecía no haber más que negación de realidades aparece una dimensión diferente de realidad. El vacío de lo limitado está lleno de lo ilimitado. Y como lo que tiene límites es siempre expresión de lo que es sin límites, el silencio de la conciencia abierta al infinito es plenitud y potencia creativos.

5 de octubre de 2012

El estrecho nudo del aferramiento



Todos queremos abandonar el dolor, pero no queremos abandonar el deseo. Nos encontramos así con un problema porque ambos suelen ir juntos.

Nuestro infierno tiene el lenguaje del deseo, la demanda, el anhelo, y de insatisfacción. Todo proviene de la separación ilusoria y de no comprensión de la realidad última de las cosas: todo es vacuidad manifestándose natural y armónicamente en distintos fenómenos. Pero nosotros queremos que éstos sean como nosotros decidimos que queramos que sean. Hacemos funcionar nuestras vidas dando saltos alrededor del principio del placer/dolor. “Yo quiero. Yo no quiero”. ¡Es realmente agotador! 

El asunto del apego y el deseo es uno de los aspectos más incomprendidos en el reino espiritual. El desapego significa ecuanimidad y serenidad, una apertura incondicional a cualquier cosa que no tiene nada que ver con la sumisión. ¿Qué hay que hacer? Decir: “Aquí estoy.” Mostrase en una actitud de entrega total. Sin reservas. Siempre, no unas veces sí, otras no. 

Despertarse es trascender la mente dualista e ir más allá del más allá. Hay una conciencia que lo engloba absolutamente todo. El fuego de las ansias y el aferramiento, las enturbiadas aguas de las pasiones y las emociones conflictivas, tiene un fin, alcanzar la gran paz del nirvana, la satisfacción, el gozo y el contento duraderos. Esta potencialidad está invariablemente presente, justo al otro lado del estrecho nudo del aferramiento. En realidad la podemos experimentar en un instante. No es algo que tengamos que construir. Está disponible a través de las experiencias en curso. Esta es la tercera noble verdad enseñada por el Budha: el fin del sufrimiento (sukkha) ¿Cómo experimentarla? Creando todo el tiempo las circunstancias favorables. ¿Cuáles son? Entre otras, dejar de ponerte de tu parte.

Recuerda que somos los que encendemos la mecha. Somos los creadores del problema. Todo está en nuestras manos, las manos de la dualidad, sujeto y objeto, el que agarra y lo agarrado. Cuando no hay nada que se anhele o desee, no hay nada trabajando contra algo, no hay aferramiento a nada, no está quien se aferra y lo aferrado. Tan sólo está la experimentación de las cosas libre y sin impedimentos. Como dijo el propio Buddha: “En el ver, tan sólo está el ver. Ni el que ve ni lo visto. En el escuchar, sólo está el escuchar. Ni el que escucha ni lo escuchado.” 

Nosotros somos el dique y hay un diminuto agujero por donde está intentando avanzar la luz del despertar. Permitámonos ensanchar esa apertura interior, abandonemos las barricadas, la personalidad sujeta al apego, soltemos toda fijación, dejamos partir el comportamiento habitual, fijo y adictivo. Para ello, se requiere de un cambio de perspectiva. Seguir la Vía del Budha es una cuestión de elección. Ésta es y en esto consiste la Tercera Noble Verdad. Hay dos opciones: o bien vivir bajo la luz de la sabiduría y el discernimiento justo,  o bien seguir haciéndolo bajo las oscuras tinieblas de la ignorancia. Sin embargo, ¿quién eres tú para elegir esto sí o esto no?
Denkô Mesa
Septiembre 2012

4 de octubre de 2012

Cosas que no preciso para ser feliz


Al viajar por Oriente, mantuve contacto con los monjes del Tíbet, en Mongolia, Japón y China. Eran hombres serenos, solícitos, reflexivos y en paz con sus mantos de color azafrán.

El otro día, observaba el movimiento del aeropuerto de San Pablo: la sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares, preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo que debían. Seguramente, ya habían desayunado en sus casas, pero como la compañía aérea ofrecía otro café, todos comían vorazmente. Aquello me hizo reflexionar: "¿Cuál de los dos modelos produce felicidad?"

Me encontré con Daniela, de 10 años, en el ascensor, a las 9 de la mañana, y le pregunté: "¿No fuiste a la escuela?" Ella respondió: "No, voy por la tarde." Comenté: "Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar, dormir hasta más tarde." "No", respondió ella, "tengo tantas cosas por la mañana..." "¿Qué cosas?", le pregunté. "Clases de inglés, de baile, de pintura, de natación", y comenzó a detallar su agenda de muchachita robotizada. Me quedé pensando: "Qué pena, que Daniela no dijo: "¡Tengo clases de meditación!" Estamos formando súper-hombres y súper-mujeres, totalmente equipados, pero emocionalmente infantiles.

Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis librerías y un gimnasio; hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías! No tengo nada contra el mejoramiento del cuerpo, pero me preocupa la desproporción en relación al mejoramiento del espíritu. Pienso que moriremos esbeltos: "¿Cómo estaba el difunto?". "Oh, una maravilla, no tenía nada de celulitis!"
 
Pero cómo queda la cuestión de lo subjetivo ,de lo espiritual, del amor? Hoy, la palabra es "virtualidad". Todo es virtual. Encerrado en su habitación, en Brasilia, un hombre puede tener una amiga íntima en Tokio, sin ninguna preocupación por conocer a su vecino de al lado! Todo es virtual. Somos místicos virtuales, religiosos virtuales, ciudadanos virtuales. Y somos también éticamente virtuales... La palabra hoy es "entretenimiento"; el domingo, entonces, es el día nacional de la imbecilidad colectiva.

Imbécil el conductor, imbécil quien va y se sienta en la platea, imbécil quien pierde la tarde delante de la pantalla. Como la publicidad no logra vender felicidad, genera la ilusión de que la felicidad es el resultado de una suma de placeres: "Si toma esta gaseosa, si usa estas zapatillas, si luce esta camisa, si compra este auto, usted será feliz!" El problema es que, en general, no se llega a ser feliz. Quienes ceden, desarrollan de tal forma el deseo, que terminan necesitando un analista. O de medicamentos. Quienes resisten, aumentan su neurosis. El gran desafío es comenzar a ver cuán bueno es ser libre de todo ese condicionamiento globalizante, neoliberal, consumista. Así, se puede vivir mejor. Para una buena salud mental son indispensables tres requisitos: amistades, autoestima y ausencia de estrés.

Hay una lógica religiosa en el consumismo post-moderno. En la Edad Media, las ciudades adquirían status construyendo una catedral; hoy, en Brasil, se construye un shopping-center. Es curioso, la mayoría de los shopping-center tienen líneas arquitectónicas de catedrales estilizadas; a ellos no se puede ir de cualquier modo, es necesario vestir ropa de misa de domingo. Y allí dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos, ni chicos de la calle, ni suciedad... Se entra en esos claustros al son gregoriano post-moderno, aquella musiquinha de esperar dentista.  Se observan varios nichos, todas esas capillas con venerables objetos de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas. Quienes pueden comprar al contado, se sienten en el reino de los cielos. Si debe pagar con cheque post-datado, o a crédito se siente en el purgatorio. Pero si no puede comprar, ciertamente se va a sentir en el infierno... Felizmente, terminan todos en una eucaristía post-moderna, hermanados en una misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de Mac Donald...

Acostumbro a decirles a los empleados que se me acercan en las puertas de los negocios: "Sólo estoy haciendo un paseo socrático". Delante de sus miradas espantadas, explico: "Sócrates, filósofo griego, también gustaba de descansar su cabeza recorriendo el centro comercial de Atenas. Cuando vendedores como ustedes lo asediaban, les respondía: ..."Sólo estoy observando cuántas cosas existen que no preciso para ser Feliz"!

(Por Frei Beto)

3 de octubre de 2012

La sabiduría de la inseguridad-Alan Watts




La inseguridad es el resultado del intento de seguridad. La salvación y la cordura consisten en el reconocimiento más radical de que no tenemos modo de salvarnos.

Cuanto más capaces somos de experimentar placer, tanto más vulnerables somos al dolor y, el dolor siempre nos acompaña.

Nuestro tiempo es una era de frustración, ansiedad, agitación y adicción. Anhelamos la distracción, un panorama de visiones, sonidos, emociones y excitaciones en el que debe amontonarse la mayor cantidad de cosas posible en el más breve tiempo.

Para mantener este “nivel”, la mayoría de nosotros estamos dispuestos a soportar maneras de vivir que consisten principalmente en el desempeño de trabajos aburridos, pero que nos procuran los medios para buscar alivio del tedio en intervalos de placer frenético y caro. Se supone que esos intervalos son la vida real, el verdadero objetivo que tiene el mal necesario del trabajo.

No es posible comprender la vida mientras uno trate de aferrarla.

Para gozar de placeres intensos, también hemos de soportar intensos dolores. Para ser plenamente humanos, rebosantes de vida y conciencia de las cosas, parece ser que hemos de estar dispuestos a sufrir por nuestra sensibilidad.

La mayor parte de la actividad humana tiene el propósito de hacer permanentes las experiencias agradables y las alegrías. Sin embargo, la vida es un proceso que fluye y el cambio y la muerte son partes necesarias e inevitables. Esforzarse por excluirlas es esforzarse contra la vida, o dicho de otra forma, pretender lo imposible.

El futuro carece de sentido e importancia a menos que, más tarde o más temprano se convierta en presente. Algunas personas no logran vivir porque siempre se están preparando para vivir.

Parecemos moscas que han caído en un recipiente con miel. Como la vida es dulce, no queremos abandonarla, pero cuanto más participamos en ella, tanto más atrapados, limitados y frustrados nos sentimos.

La vida, el cambio, el movimiento y la inseguridad son otros tantos nombres de la misma cosa. Resistirse al cambio, tratar de aferrarse a la vida, es como pretender retener el aliento; simple –y afortunadamente- no se puede.

La fijación nunca dará sentido al cambio. Creemos que dar sentido a al vida es imposible a menos que el flujo de los acontecimientos pueda encajar de algún modo en una estructura. Y no se puede “fijar” algo que fluye. La característica más importante de la vida es su movimiento y fluidez. Por eso, la única manera de hacer que el cambio tenga sentido consiste en sumergirse en él, moverse con él, participar en el baile.

17 de septiembre de 2012

Sobre la estabilidad ecuánime



El universo entero es un continuo fluir que va de la vida hacia la muerte, de la muerte hacia la vida. Tomar conciencia de esta realidad universal es el fundamento del espíritu del despertar.

El budismo Zen no es una vía mágico-mítica que contempla realidades paranormales que el meditador deba alcanzar o seguir como un nuevo dogma de fe. El Zen es una ciencia espiritual que optimiza los recursos de la atención de manera plena y eficiente. El Zen es una alta tecnología del conocimiento que resuelve la incógnita del por qué estamos aquí y quiénes somos. Para que esta experiencia cognitiva dé los resultados esperados, es bien importante generar una actitud de entrega y no resistencia al proceso depurador al que nos sometemos libremente.

Adentrarse en la Vía del Zen es un trabajo serio que requiere integridad y honestidad por nuestra parte. No se trata de practicar la atención plena por ratitos. La vida es demasiado valiosa, como para perder el precioso tiempo de la existencia humana. Sin embargo, sometidos a los vientos del karma acumulado, oscilamos de aquí para allá, movidos por los impulsos de la atracción o del rechazo que tienen como fundamento la oscuridad de la ignorancia. 

No hay más tiempo que éste, pero la autoimagen a la que nos aferramos ciegamente, se resiste de múltiples y variadas formas al cambio, es más, el Yo condicionado al saberse en verdad carente de existencia propia, niega este hecho y se atrinchera en un castillo defensivo que no tiene mayor consistencia que las hojas de otoño sobre la acera de una calle cualquiera. Basta un leve soplo para derribar esa atalaya imaginaria en la que nos sentimos aparentemente seguros. No somos lo que nos creemos ser.

La Vía del Zen es un camino espiritual que desarrolla el viejo arte del darse cuenta. Es un proceso permanente. Por ello, decimos que no hay descanso en la práctica de la atención, pero realizarla sin esfuerzo, requiere el manejo de una libre voluntad que poco a poco vamos consolidando, casi sin saber cómo, a base de paciencia y continuadas dosis de perseverancia. De este modo, cuando se dan las condiciones favorables, la estabilidad ecuánime va dando paso al otro lado del espejo donde todo es visto tal y como es.
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Denkô Mesa
Septiembre 2012

12 de septiembre de 2012

Ese precioso sonido llamado silencio


Cuando estoy muchas veces en la ducha y me veo que no paro de repetir el mismo estribillo de una canción... digo: PARA ! y mi mente calla... por un instante... porque al rato vuelve a hacer run-rún... y lo más seguro que vuelva a tener que insistir en mi aseveración para que vuelva a callar. Al final, con suerte, como un niño pequeño y revoltoso, acaba callando... y a partir de ahí es cuando empiezo a poder disfrutar del silencio...  

Empiezo a escuchar el agua caer... a notar el agua sobre la piel... a saborear delicadamente las gotas que se escapan por las comisuras de los labios... a escuchar a esos pájaros tras la ventana... y es cuando al menos por un instante tomo conciencia del momento, del presente, del aquí y del ahora, sin anclarme en el pasado y sin preocuparme por el futuro... disfrutando del momento.


"Los ríos más profundos, son siempre los más silenciosos." (Curcio)

5 de septiembre de 2012

Lo sagrado sin connotación sobrenatural




La “espiritualidad no religiosa” o SBNR, por sus siglas en inglés, es una postura que se percibe como alternativa a la religiosidad organizada. ¿Puede mantener la ciencia una relación con la actitud SBNR en el contexto del mundo actual? Según el astrofísico Adam Frank, sí. Pero, para ello, señala el investigador, es precisa una revisión del lenguaje y que lo “espiritual” pase a entenderse como “sagrado”, sin ninguna connotación sobrenatural. 

Según un estudio realizado por sociólogos de la Universidad de Rice, en Estados Unidos, más del 20% de los científicos ateos se declara espiritual. Los resultados de esta investigación parecen reflejar una realidad social que traspasa el terreno de lo científico, si tenemos en cuenta otra encuesta en la que se constató que el 72% de las personas de entre 18 y 29 años de Estados Unidos se declaraban “más espirituales que religiosas”, según USA Today. Por otro lado, otra encuesta llevada a cabo por Gallup, también en Estados Unidos, reveló que un 33% de los habitantes del país se definía como SBNR (siglas en inglés del término).

La expresión ya es popular: “espiritual pero no religioso” y se utiliza para definir una actitud vital que se caracteriza por la identificación con una espiritualidad, al tiempo que se rechaza cualquier forma organizada de religiosidad. Se considera que dentro del grupo de personas “espirituales pero no religiosas” entrarían los individuos no practicantes, los ateos espirituales, los librepensadores o los buscadores espirituales, entre otros.

Diversas posturas

Sobre este tema, el astrofísico de la Universidad estadounidense de Rochester, Adam Frank discutía recientemente en Point of Inquiry con Tom Flynn, director del Council for Secular Humanism y editor de la revista Free Inquiry. Asimismo, Frank, que además de astrofísico es autor del libro El fuego constante: más allá del debate ciencia vs.religión, explica que hay opiniones a favor y en contra de la postura SBNR. Por un lado, para las personas que se describen a sí mismas como felizmente religiosas, la actitud de “espiritual pero no religioso” implica una dilución de la fe y un rechazo a las doctrinas que para ellas constituyen un aspecto esencial de la vida espiritual.

El sacerdote jesuita estadounidense James Martin señalaba que las personas “espirituales pero no religiosas” pueden ser egoístas y autocomplacientes, al no pertenecer a una comunidad religiosa que les demande responsabilidades hacia los más necesitados. Por otro lado, para los ateos, la actitud SBNR es esquiva, un intento de asumir las ventajas de la vida religiosa sin tener que enfrentarse a la cuestión más fundamental de las religiones: la existencia o no de Dios. Por su parte, las personas “espirituales pero no religiosas” defienden su postura argumentando, entre otras razones, que la religión organizada inevitablemente degenera en luchas por el poder, el dinero y el ego.

Es necesaria una revisión del lenguaje

¿Qué respuesta podría aportar la ciencia a este debate?, se pregunta Adam Frank. Para el astrofísico, esa respuesta sería la siguiente: se puede ser “espiritual” y sostener al mismo tiempo los principios científicos, porque la ciencia es, en realidad, uno de los objetivos del espíritu humano. Pero para que la relación entre la espiritualidad y la ciencia sea un hecho en el contexto de nuestro mundo moderno, Frank afirma que debe haber una revisión del lenguaje. Lo espiritual, según él, debería pasar a denominarse “lo sagrado”, entendido este concepto sin la connotación de “sobrenatural”. Según Frank, para acercar la espiritualidad y la ciencia habría que comprender lo sagrado en los términos descritos por el antropólogo Mircea Eliade: como una experiencia que consiste en un cierto tipo de atención y de disposición del ser humano frente al mundo.

En este sentido, lo sagrado a menudo se nos aparece en medio de nuestras actividades cotidianas, en forma de conciencia plena de nuestro entorno (por ejemplo, describe el autor del artículo, como cuando vamos dando un paseo por el parque pensando en lo que tendremos que hacer al día siguiente y, de pronto, nos damos cuenta de la forma impresionante de unas vides que se rizan alrededor de un árbol o de la calma profunda del petirrojo que reposa sobre una rama).

La atención resulta clave en la percepción de lo sagrado, afirma Frank. De hecho, la relación entre la atención y lo sagrado ha tenido un papel vital en la historia de la cultura humana, tal y como han enfatizado durante el siglo XX especialistas en el estudio de las religiones. El ser humano ha intentado continuamente cultivar la experiencia de lo sagrado, entre otros medios, a través de la construcción de iglesias, templos y mezquitas cuya profunda quietud y calma puede sentir cualquier persona, independientemente de sus creencias. Eliade llegó incluso a acuñar un término, en su obra Tratado de Historia de las Religiones, para referirse a la toma de consciencia de la existencia de lo sagrado cuando se manifiesta a través de los objetos de nuestro cosmos habitual o de las cosas cotidianas: hierofanía.

La ciencia como vía

Es en este punto en el que se puede ver la conexión entre lo sagrado y la ciencia. Según Frank, la ciencia sería, esencialmente, una vía hacia la hierofanía. La comprensión y la visión de la vida y el cosmos que nos proporciona la ciencia también es una puerta hacia la experiencia de lo sagrado.

Desde la contemplación pitagórica de la belleza de las matemáticas hasta la alegría de Kepler por el descubrimiento de una verdadera forma geométrica en el movimiento de los planetas, la ciencia siempre nos ha proporcionado experiencias del mundo como lugar sagrado. Pero esta experiencia no está reservada sólo a los científicos. En nuestra cultura actual, los frutos de la ciencia se manifiestan de muchas maneras: desde las sobrecogedoras imágenes del Telescopio Espacial Hubble, hasta las explicaciones sobre el origen de la vida. La ciencia está aportando, por tanto, a nuestra cultura, medios para experimentar lo sagrado.

Si no nos damos cuenta de esto, afirma Frank, es sólo porque nos hemos polarizado hacia la religión o hacia la ciencia fundamentalistas durante demasiado tiempo: “En este histórico momento afrontamos desafíos existenciales que demandan un desarrollo informado de la ciencia. La pregunta que queda es cómo ordenar las resonancias de palabras como “sagrado”. Necesitaremos, sin duda, su lirismo, a medida que elaboramos la siguiente versión de la cultura que nuestra momento evolutivo reclama”, concluye el astrofísico.

19 de agosto de 2012

"Y Osel me preguntó: 'Tú, Juan, ¿cuánto me quieres?'"


15/08/2012 - 00:00

Felicidad callada
Un viejo amigo me habla de Manzanera, al que considera un bodisatva", es decir, un maestro de la compasión. La verdad es que transmite serenidad y alegría. Ya no es monje budista. Ser monje budista fue un episodio de su aprendizaje que no se detiene. Me insiste en que la meditación no se aprende en libros: es una práctica, un modo de ejercitar la mente en la atención y la lucidez. Me asegura que las experiencias y preguntas en talleres de meditación le han enseñado más que sus años de monacato. Y que el objetivo de la meditación es claro: ¡es posible sufrir menos y con más serenidad! Lo cuenta en Meditación, la felicidad callada (Dharma).
Desde cuándo medita?
Desde que tenía 22 años, hace ya 32 años.

¿Cuántas veces al día?
Al levantarme, por la tarde, antes de acostarme.

¿Y para qué sirve?
Para sentir dentro de mí un fondo en el que me siento seguro.

¿Seguro ante qué?
Ante el miedo, el enemigo de la felicidad.

¿Miedo a qué?
A no cumplimentar deseos, a estar solo, a ser rechazado... A no existir.

Es verdad: eso da miedo.
¡Y por eso inventamos religiones, ideologías, hermandades y clubs de fútbol!

¿Para sentirnos arropados?
Sí. Pero meditar enseña que no hay de qué tener miedo: descubres que en tu fondo esencial ¡todo está en paz, todo!

Qué estupendo sentirse así, ¿no?
Es la felicidad callada. No depende de comprar o tener cosas. La llevas dentro. Y la meditación te ayuda a recordarla.


¿Es la meditación una tecnología de la felicidad, pues?
Sí: te ayuda a ser lo que eres en tu fondo. Se conoce desde antes del budismo, hace miles de años. ¡Y la ciencia ratifica que funciona!

¿Cómo opera este método?
Enseñándote a focalizar la atención.

¿Focalizarla en qué?
En vez de hacerlo en lo que nos provoca sufrimiento, ansiedad o depresión, se trata de focalizar la atención en lo que proporciona serenidad, satisfacción y plenitud.

¿Es fácil?
Si perseveras, en menos de un año notarás los efectos benéficos.

¿Me garantiza felicidad?
Si padeces una depresión... aprenderás a no identificarte con tu depresión.

¿Cuál es la clave de la felicidad?
Dan la pista los estudios de la psicóloga Laura King: "Lee menos libros de autoayuda y ayuda más a otros". ¡Es la clave!

¿Por qué?
¡Es el modo de salir de uno mismo! Estar demasiado atento a tu ego, pendiente de uno mismo... ¡es un atajo a la infelicidad!

¿Cómo llegó usted a la meditación?
Aprobé todas las asignaturas de primero de Ingeniería, algo muy difícil, pero en segundo curso me sobrevino una crisis galopante.

¿Qué pasó?
Un amigo que terminaba la carrera... cayó en depresión e intentó suicidarse. Me pregunté: "¿Para qué todo este esfuerzo?"

¿Encontró respuesta?
No. Me colgué una mochila y me lancé al camino por Europa, recogiendo fruta... Al cabo de año y pico así, decidí irme a India.

¿Qué buscaba allí?
Llevaba dos años moviéndome, buscando un sentido a todo. Y al llegar a un monasterio cerca de Katmandú, me detuve. Sentí que allí podía encontrar un sentido.

¿En qué se basó?
En la serenidad del lama Yeshe y el lama Zopa. Me enseñaron a meditar. Volví a España y viví en la única comunidad budista que había. Les traje al primer lama... y luego me ordené monje budista en India.

¿Conoció al Dalái Lama?
Sí. Su sola presencia es transformadora.

¿En qué se parecen el monje cristiano y el budista?
En la austeridad, en el celibato, en el estudio, en la oración. Y el monje budista indaga acerca de qué es la realidad, y medita.

¿Y qué le aportó ser monje budista?
Ahondar en el conocimiento de mi esencia.

¿Cómo se alcanza eso?
¿Qué hay en ti que siempre está?

La vida.
¡Muy bien! Esa es la experiencia perenne. Siempre está. Puedes decirte: "Soy la vida".

¿Yo no soy yo?
¿Qué es yo? Trasciéndelo: está la vida.

¿Ha vencido el miedo a la muerte?
Es el cuerpo el que tiene miedo a morir: sentiré miedo si me identifico con mi cuerpo. Pero no si siento que morir es volver a casa.

¿Le ayudó el lama Yeshe?
Mucho. Cuando murió, se reencarnó en el pequeño lama Osel Hita.

Aquel niño de la Alpujarra granadina.
Entre una serie de campanas, ¡reconoció la del lama Yeshe! Fui su preceptor en India.

¿Qué edad tenía el niño?
Unos seis años. Era muy normal, juguetón... Yo le hacía estudiar, disciplinarse...

¿Qué ha sido de Osel?
De adulto lo dejó todo, estudió cine, vive en España y hace años que no nos vemos...

¿Y qué hizo usted?
Siendo niño, el lama Osel me preguntó un buen día algo que me descolocó, que me cambio mi paradigma de monje...

¿Qué le preguntó?
"Tú, Juan, ¿cuánto me quieres?"

¿Y?
¡No supe contestarle, nunca nadie me había preguntado eso en toda mi vida de monje! Dos años después, colgué los hábitos.

¿Y eso?
Sentí que me había estancado.

¿Y qué hace ahora?
Imparto talleres de meditación en España.

¿Cuál es la enseñanza primordial?
Que la felicidad es un estado mental. Y que vale la pena cultivarlo..., sin abdicar de una gratificante vida laboral, social, material... Explico que se trata de "darse cuenta".

¿Darse cuenta de qué?
Sin el "de qué": ¡darse cuenta! Sólo ser consciente del instante presente. De la vida.

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Meditacion, la felicidad callada