Más alto sí, pero no más claro
Por lo general buscamos sentirnos mejor. Todos sabemos que podemos
hacerlo, pero el caso es que no lo somos. Dicen por ahí que las apariencias
engañan, sin embargo somos expertos en maquillaje existencial. Éste es un viejo
oficio, como igual de añejo es el antiguo arte del darse cuenta.
Como digo, impulsados por el anhelo del bienestar, generamos múltiples
tentativas para conseguirlo. Por ejemplo, acudimos al cine a ver una buena
película (si es con cotufas mejor), darse un buen masaje de vez en cuando suma,
también el tomarse un mojito con los colegas en la fiesta de turno, etc. Por
otra parte, ansiamos el calor de la vida en pareja, nos proyectamos hacia la
consolidación de un hogar y entonces, si vienen hijos, creemos que son nuestros
y creamos el territorio llamado familia. También nos desvivimos por alcanzar un
desarrollo profesional que permita la compra de casas, pisos, joyas, coches y
así un sinfín de banalidades, pero resulta paradójico que los seres humanos vivimos
desorientados y con grandes dosis de insatisfacción. ¿Dónde está la causa de este
malestar? ¿Cómo podemos perdernos tanto? El Budha mismo se hizo esta pregunta.
La respuesta surge desde la experiencia despierta.
Estamos atontados. Nos sucede lo que nos sucede porque permanecemos
bajo el efecto de un enorme estado de confusión, basado en una notable falta de
atención. Y no son otros los que han creado este estado. Hablo claro, ésta es
la droga de la ignorancia que no debe ser confundida con el analfabetismo. Es
un estado de oscuridad que no permite ver con nitidez la realidad. Es un error
de percepción ilusoria, una deficiencia cognitiva grave, a través de la cual tratamos
de extraer de lo impermanente un estado de bienestar y felicidad duradera.
Teniendo en cuenta todo esto, la vía espiritual se presenta con un único
propósito, asentar correctamente la práctica meditativa a fin de disolver las causas
del desconcierto, esto es, enseña a abrir bien los ojos y permanecer presentes,
no ausentes. En cualquier caso, baste decir que no es lo mismo estar y hacer
que aparentar y hacer como si. Todos estamos bien equipados y facultados para disponer
correctamente la conciencia y desarrollar la capacidad de darse cuenta, pero sólo
en un contexto adecuado, bajo una guía correcta, junto con un propósito acertado
y una actitud justa se da esta anhelada transformación.
¿A qué esperas? Sólo existe un
momento y es éste.
Denkô Mesa
Enseñanzas


