Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

30 de junio de 2011

Zazen es espléndido porque el universo es espléndido







El Antiguo Testamento habla de la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios. Nosotros creamos al hombre a imagen de Buda. El Dharma del Buda significa imitar a Buda.

Zazen significa crear al Buda con el cuerpo humano.

Si pones rábanos en sal para hacer takuan[1] es importante que la sal penetre bien en ellos. Para obtener un buen takuan es preciso un correcto equilibrio entre los rábanos, la sal y el peso de la piedra. De igual modo, en zazen es esencial el adecuado equilibrio entre tú, la postura de zazen y el universo.

Si dejas que tu cuerpo flaquee, también tu mente flaqueará. Si adoptas una postura íntegra, también tu mente se contagiará de esa integridad. Si nuestro propósito es volvernos como el Buda Sakiamuni, lo primero es adoptar una postura tan firme como la de Sakiamuni. De esta manera estamos sintonizados en la misma frecuencia que Sakiamuni: la forma determina el contenido.

Buda no es un concepto. Si equilibramos nuestros músculos y anhelos, este cuerpo será Buda. La práctica misma es satori. La forma es el espíritu. La postura-actitud es el camino.

Intenta mantener una disputa matrimonial con las manos en gasshô[2]: el espíritu puro que se expresa en las manos en gasshô se manifestará en ti y en quien tienes enfrente.

“Despertar” significa captar con el cuerpo la pura claridad. Esto significa que si tus músculos y anhelos se disponen como los músculos y anhelos del Buda, tendrás la mente del Buda. Practicar zazen significa sintonizar de este modo la misma frecuencia que el universo y esto significa a su vez hacer que el alocado barómetro personal empiece a funcionar con precisión.

Lo que tu persona manifiesta depende de la tensión y disposición de tus músculos y anhelos. Despertar significa comprender de manera intuitiva cuál es el correcto equilibrio en la tensión de tus músculos y anhelos. ¿Para qué poner en orden músculos y anhelos? No preguntes para qué, ¡simplemente hazlo! Hazlo con el cuerpo. Cuando el cuerpo alcanza su equilibrio natural, eso es el despertar.

¿Cómo es que zazen es algo tan espléndido? Porque el universo lo es. El orden cósmico es espléndido. Zazen no significa otra cosa que seguir el orden cósmico. Si en este cuerpo nos hacemos uno con el universo, eso se manifiesta en la espléndida forma de zazen. ¿Qué podría por tanto ser más formidable para una persona que practicar zazen?

La práctica misma de zazen es espléndida.

Que la práctica de zazen sea tan espléndida no tiene explicación. Un sacerdote estaba sentado en zazen cuando el chaval de la casa de al lado, de seis años de edad, se coló en el templo. Asustado, el niño corrió a casa y le dijo a su madre: “¡Mamá, el sacerdote del templo se ha convertido en un Buda!”

Quien confía en zazen ha de ser uno con zazen. Ser-uno representa el espíritu de la confianza.

Yo confío en que zazen es uno con este Sawaki. Zazen es Sawaki, Sawaki es zazen. Y ningún espacio los separa. Pero esto no es tan sencillo. Habitualmente en zazen piensas en la chica que te acabas de cruzar por la calle o en cualquier otra cosa. Pero en realidad zazen es tan alto e inmóvil como el monte Fuji. Por tanto, no te agites y tampoco te duermas en zazen. Cuando me siento como una piedra, zazen atrae a Sawaki totalmente hacia sí y lo absorbe. Eso quiere decir samadhi y ése es mi auténtico yo.

No te desmorones en zazen. Mantente alerta mientras estés sentado. Tu zazen es inútil si no estás tan concentrado como el que se adentra en solitario en las filas enemigas.

En la práctica de shikantaza no hay nada que añadir, pues shikantaza requiere el empleo de todas nuestras fuerzas. Shikantaza es nuestro aliento. No respiramos para obtener el satori. Ahí no hay “objetivo” alguno, ahí sólo hay zazen, practicado con el cuerpo y con la mente. Esto quiere decir que se trata de “estar simplemente sentado”.

Samadhi significa comprender ese yo para el cual no hay sustituto, significa hacerse uno con el instante presente. Es importante que demos continuidad a este samadhi durante toda nuestra vida. Ayer zazen, hoy zazen. Día sí, día también. De esa manera intimaremos con nosotros mismos en zazen, y comprender este zazen no significa otra cosa que comprendernos a nosotros mismos.

por Kodo Sawaki

23 de junio de 2011

La sabiduría es una forma de desarrollo cognitivo y emocional avanzado








La sabiduría ha sido una virtud muy valorada desde siempre, pero que nunca ha sido bien explicada. De hecho, sólo de unos años a esta parte, los científicos la han analizado con rigor. Un equipo de investigadores de la Universidad de California en San Diego ha conseguido encontrarle una definición más ajustada, consultando a expertos en sabiduría de todo el mundo. Según ellos: la sabiduría es una virtud humana poco común y una forma de desarrollo cognitivo y emocional avanzado derivado de la experiencia, que no puede fomentarse artificialmente.
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Considerada una capacidad psicológica única, la sabiduría ha sido mencionada desde la antigüedad, y sobre ella se ha discutido desde diversas disciplinas del conocimiento desde siempre, pero sólo recientemente ha empezado a ser estudiada por ramas de la ciencia como la psicología o la sociología.

A lo largo de los siglos y en el transcurso de las civilizaciones se ha definido la sabiduría como un cúmulo de elementos psicológicos. Los componentes más comúnmente señalados dentro de esta virtud humana han sido la capacidad de empatía, la compasión o el altruismo, la estabilidad emocional, el auto-conocimiento; y algunas actitudes pro-sociales, como la tolerancia hacia los valores ajenos.

Encuesta realizada a expertos

Dos profesores del departamento de psiquiatría de la Universidad de California en San Diego (UCSD) llamados Dilip V. Jeste y Thomas W. Meeks, han conseguido encontrar una definición algo más ajustada para el concepto de sabiduría. Según publica la UCSD en un comunicado, en colaboración con investigadores de otras universidades, Jeste y Meek preguntaron a un grupo de 57 expertos en sabiduría de distintos países sobre las características de la sabiduría, de la inteligencia y de la espiritualidad. Asimismo, los investigadores midieron hasta qué punto cada uno de estos conceptos era definido de manera similar o diferente a los demás.

Según Jeste, con este estudio, lo que se intentaba era encontrar “una definición unitaria que incluyera cada aspecto importante de la sabiduría”. El investigador explica que la inteligencia y la espiritualidad comparten ciertos rasgos con la sabiduría, pero no son lo mismo. Así, un individuo puede ser muy inteligente, pero carecer de conocimientos prácticos. Por otro lado, la espiritualidad se asocia a menudo con la edad, como la sabiduría, pero esta última suele definirse en términos seculares, no espirituales.
Los autores publican en un artículo aparecido en The Gerontologist, que para la investigación se aplicó el Método Delphi, una metodología de investigación multidisciplinar para la realización de pronósticos y predicciones. Su funcionamiento se basa en la elaboración de un cuestionario que ha de ser contestado por los expertos. Una vez recibida la información, se vuelve a realizar otro cuestionario basado en el anterior para ser contestado de nuevo. En el Método Delphi aplicado en esta investigación, se incluyeron un total de 53 afirmaciones relacionadas con la sabiduría, la inteligencia y la espiritualidad.

En la primera fase de la encuesta se revelaron diferencias significativas en las respuestas acerca de 49 de las 53 aseveraciones. La sabiduría fue diferenciada de la inteligencia en 46 de 49 ítems y de la espiritualidad en 31 ítems. En una segunda fase del cuestionario, la definición de sabiduría quedó aún más concentrada en 12 de los ítems definidos a partir de los resultados obtenidos en la primera fase. Según los científicos, la mayoría de los expertos coincidieron en caracterizar la sabiduría de la siguiente forma.

En primer lugar, todos los especialistas señalaron que la sabiduría es un atributo únicamente humano. Además, esta virtud, según ellos, es una forma de desarrollo cognitivo y emocional avanzado derivado de la experiencia. Por otra parte, para los expertos la sabiduría es una cualidad personal, fuera de lo común, que puede aprenderse y aumentar con la edad.

Finalmente, los especialistas coincidieron en que la sabiduría, probablemente, no puede aumentarse o desarrollarse por métodos artificiales, como el consumo de determinados medicamentos.

Sabiduría y cerebro

Jeste afirma que, con estos resultados no queda definida completamente la sabiduría. Sin embargo, con los datos obtenidos se ha constatado que los expertos coinciden en distinguir determinadas cualidades de este concepto, lo que resultará valioso para futuras investigaciones al respecto. Meeks y Jeste llevan años estudiando la sabiduría. En 2009, en colaboración con investigadores del Sam and Rose Stein Institute for Research on Aging sira.ucsd.edu/, publicaron un artículo en la revista Archives of General Psychiatry en el que proponían que la sabiduría tiene una base neurobiológica. Los investigadores establecieron, a partir de la revisión de diversos estudios realizados, que ciertas características de la sabiduría tenían relación con diferentes áreas del cerebro.

Según ellos, la corteza prefrontal, por ejemplo, se activa con la regulación emocional o la capacidad de relativizar; la corteza prefrontal lateral facilita la toma de decisiones calculadas o basadas en razonamientos; y la corteza prefrontal media estaría implicada en el equilibro emocional y la actitudes pro-sociales o socialmente positivas. Por otro lado, el neurocircuito de la recompensa (cuerpo estriado ventral y núcleo accumbens) también parece importante para la promoción de actitudes pro-sociales; y la actividad monoaminérgica (especialmente serotoninérgica y dopaminérgica) –que está influenciada por diversos polimorfismos genéticos- resulta esencial para ciertos subcomponentes de la sabiduría como la regulación emocional (incluido el control de los impulsos), la toma de decisiones o las actitudes pro-sociales.

20 de junio de 2011

El universo entero no es más que conciencia despierta


Paisaje invernal, de Sesshu

 
Todo en esta vida lo hemos recibido de regalo, en realidad no nos falta nada. ¿Qué más podríamos desear? Y este hecho ni lo destacamos ni nos oprime lo más mínimo. Esto quiere decir que ahí no hay nada: la vida no sabe de pérdidas ni ganancias. No se puede medir, no tiene una forma fija.

¿De dónde viene este aliento? ¿De dónde viene la repentina ira en tu estómago? ¿De dónde viene ese enamoramiento tuyo? Por mucho que busques, no encuentras respuesta. Sucede igual con los fuegos artificiales: basta con contemplar, ahí no hay muchas preguntas que hacerse. Esto es también aplicable al satori: ahí no hay nada, arde igual que los fuegos artificiales. Lo que permanece no es satori ni ilusión, sino sólo el mundo más allá del satori y la ilusión, más allá de lo “bueno” y lo “malo”.

Te rompes la cabeza buscando la manera más rápida de llegar del punto X al punto Y. La respuesta de la práctica de shikatanza (1) consiste simplemente en regresar al punto en el que esas ideas no cuentan. Sentado en zazen no hay ni rico ni pobre, ni hábil ni torpe. Se trata de regresar a ese punto y simplemente sentarse con firmeza en el suelo.

¿Crees que el dinero es la causa de tus ilusiones? No, el dinero no tiene intenciones. Y tampoco es culpa del perfume que vuelvas la cabeza para mirar a una chica. Si prescindes de tus intenciones, no hay nada ahí.

Los cipreses se realizan como cipreses, la montaña se realiza como montaña. Sólo la gente se rompe la cabeza pensando cuánto puede costar eso.

La nariz percibe el olor de la anguila asada y eso es todo. Tus ojos ven una chica guapa y eso es todo. Mientras no adoptes la perspectiva de tus apetitos humanos, no hay nada ahí. Deja simplemente que las cosas sean tal como son.

“El pájaro canta, la flor brota por sí mismos, de forma natural”. No se les ocurren cosas como: “Ahora voy a impresionar a Sawaki con este trino”. O “¿No tienes ojos en la cara? ¿No ves con qué primor florezco?”. El pájaro canta sin más, la flor brota sin más. De esta manera se realizan ellos mismos, como ellos mismos, por sí mismos.

Las diez mil cosas permanecen totalmente serenas. Incluso cuando el viento sopla y agita las flores. Y cuando llueve y tu preciado traje se moja, tú eres el único que se irrita, la lluvia se mantiene tranquila.

La gente dice que Sawaki tiene una gran nariz, pero mi nariz nunca ha dicho eso de sí misma ni se ha preocupado jamás por ello. Es grande y calla. Es igual con el resto de las cosas: son como son, sin pensar en ello. Llevado a la práctica esto significa zazen.

Las cosas no dicen: “¡Soy una soberbia pieza de cerámica!”. O: “Sólo soy un jarrón barato...”. Las cosas callan, pues carecen de verdadera sustancia.

Todas las cosas son en realidad como son: la montaña, una montaña; el río, un río; el tatami (2), un tatami; la ventana, una ventana. Y si contemplas detenidamente las diez mil cosas, verás que, tal como son, son el cuerpo del Buda. Sólo que ellas nunca han tenido conciencia de ser Buda iluminado, desde siempre se les cayó esa venda.

La Vía del Buda es el mundo en el que no hay cosas tales como el satori. En ese mundo no hay enemigos ni aliados, ni nada por lo que luchar. Por eso la gente dice que el Budismo es “aburridísimo”.

La sabiduría es diferente de la inteligencia. Quien es inteligente se coloca en el término medio, pero la sabiduría consiste en comprender que no existe tal punto medio. No hay ningún yo. Por eso los sabios no se ocupan de sí mismos. El sabio no busca la liberación para sí solo.

Cuando te echas un pedo, apesta. ¿Qué es verdad sino eso? No hay nada en el espacio y el tiempo que no sea expresión de esta verdad. ¿Es lo blanco mejor que lo negro? ¡Quién puede decidirlo! Del mismo modo, todas las cosas expresan el Dharma, sin que unas sean mejores que otras.

La luz cósmica lo penetra todo, no hay rincón que no ilumine. Siempre que parece que una cosa existe y otra no, o que una cosa surge mientras que otra perece, no es más que la luminosidad de la luz cósmica. Por eso no hay nada que tomar ni que dar. Pues el tomar y el dar mismos son esa luminosidad.

Cuando no observes el mundo perecedero con desprecio –esto es, cuando pongas en práctica el no-pensamiento–, entonces quizás adviertas que todo en el universo entero no es sino conciencia despierta. Eso quiere decir que el suelo sobre el que ahora te sostienes ha de ser el paraíso y que en cada instante has de entregarte por completo a la tarea que te ocupe en ese momento.

La Vía del Buda es realidad cósmica, la verdad de la gran naturaleza. Por eso todos los fenómenos son expresión de la Vía del Buda.

Cuando Sesshu (3) pinta ríos y montañas, está pintando al Buda. Todos los fenómenos son manifestaciones del Buda, eso es satori.

Buda significa el universo tal como es desde el principio. El universo es un único mandala, un enorme altar del Buda. Todo lo que ves es parte del mandala cósmico, todo lo que oyes es un mantra cósmico.

Lo que llamamos “Buda” o “Vía” adopta cualquier forma; es como un material que se puede procesar y convertir en cualquier cosa. Podemos también dibujarlo sobre el papel con figura de demonio o de serpiente, pero de esa manera le adjudicamos una forma fija. Nuestra práctica ha de consistir en conservar esta mente, como Buda que es, fresca y viva.

Todo es la Vía del Buda, no hay nada que no sea la Vía del Buda. No debemos reducirla a un texto que recitar. La Vía del Buda no puede convertirse en un concepto trillado, ha de ser nueva en cada instante.

16 de junio de 2011

La Sabiduría del Silencio Interno




Habla simplemente cuando sea necesario. Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca. Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas salir una palabra por la boca, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu chi. De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía. Nunca hagas promesas que no puedas cumplir. No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de chi.

Si no tienes nada bueno, verdadero y útil, es mejor quedarse callado y no decir nada. Aprende a ser como un espejo, escucha y refleja la energía. El universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado porque el universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones y nos envía el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se presentan en nuestra vida.

Si te identificas con el éxito, tendrás éxito. Si te identificas con el fracaso, tendrás fracasos. Así podemos observar que las circunstancias que vivimos son simplemente manifestaciones externas del contenido de nuestra habladuría interna. Aprende a ser como el universo, escuchando y reflejando la energía sin emociones densas y sin prejuicios, siendo como un espejo sin emociones aprendemos a hablar de otra manera. Con la mente tranquila y en silencio, sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas, simplemente permite que una comunicación sincera y fluida exista. No te des mucha importancia, sé humilde pues cuanto más te muestras superior, inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia imagen y vives en un mundo de tensión e ilusiones.

Sé discreto, preserva tu vida íntima, de esta manera te liberas de la opinión de los otros y llevarás una vida tranquila volviéndote invisible, misterioso, indefinible e insondable como el Tao. No compitas con los demás, vuélvete como la tierra que nos nutre que nos da de lo que necesitamos. Ayuda a los otros a percibir sus cualidades, sus virtudes y a brillar. El espíritu competitivo hace que crezca el ego y crea conflictos inevitablemente. Ten confianza en ti mismo, preserva tu paz interna evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros.
No te comprometas fácilmente. Si actúas de manera precipitada sin tomar consciencia profundamente de la situación te vas a crear complicaciones. La gente no tiene confianza en aquellos que dicen sí muy fácilmente porque saben que ese famoso sí no es sólido y le falta valor. Toma un momento de silencio interno para considerar todo lo que se presenta y toma tu decisión después. Así desarrollarás la confianza en ti mismo y la sabiduría. Si realmente hay algo que no sabes o que no tienes la respuesta a la pregunta que te han hecho, acéptalo.
El hecho de no saber es muy incómodo para el ego porque le gusta saber todo, siempre tener razón y siempre dar su opinión muy personal. En realidad el ego no sabe nada, simplemente hace ver que sabe.
Evita el hecho de juzgar y de criticar, el Tao es imparcial y sin juicios, no critica a la gente, tiene una compasión infinita y no conoce la dualidad. Cada vez que juzgas a alguien lo único que haces es expresar tu opinión muy personal, y es una pérdida de energía, es puro ruido. Juzgar es una manera de esconder sus propias debilidades. El sabio tolera todo y no dirá ni una palabra.
Recuerda que todo lo que te molesta de los otros es una proyección de todo lo que todavía no has resulto de ti mismo. Deja que cada quien resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida. Ocúpate de ti mismo, no te defiendas. Cuando tratas de defenderte en realidad estás dándole demasiada importancia a las palabras de los otros y le das más fuerza a su agresión. Si aceptas el no defenderte estás mostrando que las opiniones de los demás no te afectan, que son simplemente opiniones y que no necesitas convencer a los otros para ser feliz. Tu silencio interno te vuelve impasible. Haz regularmente un ayuno de la palabra para volver a educar al ego que tiene la mala costumbre de hablar todo el tiempo. Practica el arte de no hablar. Toma un día a la semana para abstenerte de hablar. O por lo menos algunas horas en el día según lo permita tu organización personal. Este es un ejercicio excelente para conocer y aprender el universo del Tao ilimitado en lugar de tratar de explicar con las palabras qué es el Tao. Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial, dejando aparecer la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio. Gracias a esta fuerza atraerás hacia ti todo lo que necesitas para realizarte y liberarte completamente. Pero hay que tener cuidado de que el ego no se inmiscuya. El poder permanece cuando el ego se queda tranquilo y en silencio. Si tu ego se impone y abusa de este poder, el mismo poder se convertirá en un veneno, y todo tu ser se envenenará rápidamente.
Quédate en silencio, cultiva tu propio poder interno. Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo. No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, o lo que tienen la capacidad de ser. Dicho en otras palabras, vive siguiendo la vida sagrada del Tao.
Texto taoísta

11 de junio de 2011

La búsqueda de la felicidad provoca frustración




La búsqueda de la felicidad es uno de los objetivos que persigue el ser humano a lo largo de su vida. Para unos, la felicidad es sinónimo de desarrollo profesional, para otros, la felicidad depende del dinero o del amor. Asimismo, hay personas para las que ser feliz consiste en vivir con lo justo y necesario. Investigadoras de las universidades de Yale, Denver y Jerusalén, han descubierto que la felicidad tiene un lado oscuro.
(Por Amalia Rodríguez )

Satisfacción, alegría, positivismo… en el imaginario colectivo estos términos están relacionados con la felicidad, definida desde diversas perspectivas. La Real Academia Española, por ejemplo, recoge en su diccionario esta definición de felicidad: “estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”, mientras que para el filósofo griego Aristóteles, ser feliz era sinónimo de autorrealizarse y, para el también filósofo Epicuro, la felicidad consistía en experimentar placer intelectual y físico y conseguir evitar el sufrimiento mental y físico.

Ya sea desde una perspectiva filosófica o religiosa, la búsqueda de la felicidad es uno de los fundamentos de la vida. Pero disfrutar de este estado de ánimo puede tener su lado negativo, tal y como ha revelado un estudio realizado por un equipo de psicólogas procedentes de diversos centros de investigación: la Universidad estadounidense de Yale, la Universidad de Denver y la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Según las autoras del estudio, la felicidad no debe ser concebida como algo universalmente bueno. Asimismo, las investigadoras afirman que no todos los tipos y grados de felicidad son igualmente buenos, e incluso perseguir la felicidad puede hacer que la gente se sienta peor. La investigación fue publicada por Perspectives on Psychological Science, una revista de la Association for Psychological Science.

"Las personas que quieren sentirse más felices pueden elegir entre una multitud de libros que les guíen sobre cómo hacerlo. Sin embargo, fijar una meta de la felicidad puede ser contraproducente”, asegura June Gruber, investigadora de la Universidad de Yale, directora de la presente investigación y también directora del Laboratorio de Psicología y Emociones Positivas. Grube ha colaborado en este trabajo con Iris Mauss, de la Universidad de Denver, y Tamir Maya, de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Las investigadoras señalan que una de las muchas desventajas de la felicidad es que las personas que luchan por encontrarla pueden terminar peor que cuando comenzaron.

No vale todo para ser feliz

Para llegar a sentir la felicidad, las herramientas que a menudo se sugieren en libros de autoestima o de ayuda personal son dedicar tiempo cada día a pensar en las cosas que te hacen sentir feliz, contento o agradecido, así como también la creación de situaciones que con total probabilidad se traduzcan en felicidad, entre otras muchas recomendaciones. Pero, según Gruber, estas acciones no siempre tienen el efecto deseado porque: “Cuando las practicas con la motivación o la expectativa de que dichas actividades deberían hacerte feliz, éstas pueden llevarte a la decepción y provocar en consecuencia una disminución de la felicidad".

A estas conclusiones llegaron Mauss y sus colaboradoras, tras realizar un estudio en el que constataron que las personas que leyeron un artículo de prensa alabando el valor de la felicidad se sentían peor después de ver una película con una trama feliz, que la gente que leyó un artículo en el que no se mencionó la felicidad. La razón estriba, según las psicólogas, en la posibilidad de que las personas del primer grupo se hubieran sentido decepcionadas. Dicen, además, que cuando las personas no terminan siendo tan felices como esperaban, su sensación de fracaso puede hacer que se sientan aún peor que al principio.

La felicidad extrema, otro problema

Por otra parte, las investigadoras han puesto de manifiesto que demasiada felicidad puede suponer un problema. Así lo confirmó otra investigación, que consistió en el seguimiento de un grupo de niños desde la década de 1920 hasta su vejez. En este caso, se constató que aquéllos que murieron más jóvenes estaban considerados por su entorno –consultaron a sus profesores-, como personas muy alegres.

Las investigadoras creen que esto se debe a que quienes se sienten extremadamente felices no suelen pensar de forma creativa, y también tienden a tomar decisiones más arriesgadas.

Para explicar esta afirmación, ponen como ejemplo a personas con alguna manía o que sufren trastorno bipolar. Éstas tienen una percepción superior de las emociones positivas que pueden llevarles a tomar decisiones de riesgo, como puede ser el abuso de sustancias, conducir demasiado rápido o gastar sus ahorros. Pero incluso para quienes no tienen un trastorno psicológico, "demasiada felicidad puede resultar perjudicial", constata Gruber.

Redes sociales y felicidad

Por otro lado, las investigadoras analizaron la "felicidad inapropiada", que es aquélla que se siente cuando no se debe sentir, como al mismo tiempo que otra persona está llorando por la pérdida de un ser querido o cuando se recibe la noticia de que un amigo ha resultado herido en un accidente de tráfico.

Al igual que en el caso de la felicidad extrema, Gruber y su equipo de trabajo constataron que este tipo de felicidad, que puede surgir en momentos inadecuados, puede producirse en personas con alguna manía concreta.

Por último, las psicólogas descubrieron lo que realmente parece aumentar la felicidad. "El dinero o el reconocimiento externo a través del éxito no son los factores más influyentes en la obtención de felicidad”, señala Gruber: "Lo realmente significativo son las relaciones sociales", apunta.

Por tanto, según el estudio, la mejor manera de alcanzar la felicidad es, precisamente, dejando de lado la preocupación por ser feliz y aprovechar toda esa fuerza mental para conseguir entablar lazos sociales con otras personas: "Si hay algo que quieres resaltar y enfocar, hay que concentrarse en eso. Todo lo demás vendrá como tenga que venir”, afirman las investigadoras.

Una persona extraviada es también Buda





¿Qué sucede cuando, para tratar de comprender la fugacidad, meditas siempre con la mente puesta en cadáveres putrefactos?[1] Al final, el mundo entero te parecerá lúgubre y sombrío. No te esfuerces en representarte lo bello como algo horrible. Una chica guapa no lo es porque te haga girar la cabeza y te distraiga de la meditación. Simplemente es guapa y eso es todo.
Cuanto más te ocupes de tu mente de mono y de tu voluntad de caballo, más brincos darán en el sitio tu mente de mono y tu voluntad de caballo burlándose de ti. Ya puedes practicar zazen, recitar el nombre de Amitaba Buda o seguir las normas tan fielmente como quieras, ya puedes también esperar a caerte de viejo, que nunca te librarás de tus ilusiones. Por desesperadamente que trates de extinguir tus ilusiones, no alcanzarás el estado del no-pensamiento o de no-mente; no harás más que volverte loco.

Cuando vayamos al fondo de nosotros mismo comprobaremos que ahí no hay nada especial. Al principio éramos amebas o células germinales, ni machos ni hembras. ¿Por qué entonces tratamos de aderezar nuestra fachada con fabricaciones erráticas como “belleza” o “fealdad” o “satori” o “ilusión”? Todos nuestros juicios de valor son alucinaciones, nada más que un sueño. Y sólo porque no queremos despertarnos de él nos retorcemos en nuestro dolor. Pero no podemos olvidar que somos nosotros quienes fabricamos ese dolor.
No te dejes atrapar por nada, no te ates a nada. Sea lo que sea que hayas alcanzado, no te detengas ahí o acabarás enmoheciendo. “La mente actúa sin asentarse en nada”[2]. Por eso este actuar es ilimitado en todas direcciones
También la palabra “Buda” no es más que una mole de granito en tu mente. Has de librarte de tus conceptos de “Buda” o “Dharma” para verlo todo simplemente como es.
Dices “fuego”, pero al pronunciar esa palabra no te quemas la boca. Dices “agua”, pero eso no calma tu sed. Has de abandonar de una vez las palabras y volver la vista a la figura sin forma de la realidad.
La cuestión es si hablas acerca de las cosas desde un punto de vista mundano o desde el punto de vista de la enseñanza del Buda. Nada es realmente como se lo denomina; sin embargo, si conoces el significado de las palabras reconocerás que también estos nombres de las cosas son reales.
En todos los fenómenos concurren el uno y las diez mil distinciones. Todo va al uno y el uno se disuelve en todo. Esta interacción no se detiene ni un solo instante.
Si haces demasiado hincapié en el samadhi [el volverse uno], te entumecerás. Si por el contrario buscas con demasiado ahínco la sabiduría, te perderás en las diez mil distinciones. En nuestro caso no se trata ni de petrificarnos en un protozoo ni de convertirnos en profesores distraídos. Se trata de vivir el samadhi y la sabiduría juntos, como parte de nuestra vida diaria. Ésa ha de ser una actividad completamente espontánea, con ambos pies firmes sobre el suelo. Un ejemplo lo ofrece la vida diaria de Sakiamuni a lo largo de sus 40 años de predicación.
El vacío es la estructura de la nada que todo lo abarca. No hay budismo sin los seres que sufren.
Has de observar el escenario tras las bambalinas y observar desde el escenario lo que se oculta tras las bambalinas. “El escenario” es el ser, “tras las bambalinas” es el vacío. El escenario no es concebible sin lo que se oculta tras las bambalinas y sin escenario tampoco hay un “tras las bambalinas”.
“La forma es el vacío, el vacío es la forma”[3]. Esto significa que forma y vacío son inseparables. El todo vivo que reside en esta división se manifiesta aquí y ahora ante nuestros ojos.
Si reflexionamos acerca de nuestra vida en este mundo desde el punto de vista del Budismo, apreciaremos que es como un reflejo en el agua: la cara que se refleja en el agua soy yo, pero yo no soy esa cara reflejada. Seremos así testigos de la insondable e ilimitada concurrencia de “yo” y “el otro”.
La relación entre el ser humano y el Dharma del Buda es de una profundidad insondable. La persona corriente y el Buda viven juntos. No hay ninguna persona corriente aparte del Buda y no hay ningún nirvana fuera de la vida y la muerte[4]. Has de encontrar la paz en medio de la casa en llamas.
Quien por su cuerpo tiene un tropiezo, también con su cuerpo encontrará de nuevo el camino. Por eso también puede decirse que este cuerpo, tal como es, es Buda. “La oscuridad de la sombra del pino depende de la claridad de la luna”. Cuanto más te sientes en zazen más claramente comprenderás que en ti conviven el Buda y la persona corriente. Eso es samadhi: un mundo complejo que se extiende ilimitadamente.
Lo que en zazen emerge a la superficie no son ilusiones. Es el contenido de ti mismo. “¡Ajá! Éste es mi aspecto por dentro. Ningún contenido del que pudiera sentirme orgulloso...”. Es importante hacerse por una vez esta reflexión. En ti mismo encuentras tanto al Buda como al diablo, a un animal o a un espíritu hambriento. Este escenario interno se encuentra en constante cambio: unas veces es el cielo, otras el infierno. Todo es reflejo de ti mismo. Cuando profundices tranquilamente en ello comprenderás que la doctrina de la escuela Tendai de “los tres mil dharmas en el interior de una conciencia”, la doctrina de “los setenta y cinco dharmas” de la escuela Kusha y la de “los cien dharmas” de la escuela Yuishiki representan explicaciones de este escenario interno de ti mismo.
¿Es la condición de persona corriente algo malo? No. Mientras no trates de sacarle partido, tu condición de persona corriente es como una nube que cruza el cielo. Que esa nube tenga la forma de una serpiente o de un demonio no tiene la menor importancia, se desvanecerá en la nada. Si la imagen de una chica guapa no quiere abandonarte, siéntate simplemente en zazen: en algún momento esos pensamientos pasarán como las nubes. No permanecerás decenios pensando en esa chica.
La vida es muerte, la muerte es vida. Pues todo es sólo un sueño: soñamos que vivimos, soñamos que morimos. En realidad, vida-y-muerte son uno.
Cada instante es un encuentro y una despedida al mismo tiempo: dentro de este instante concreto, nacimiento y muerte son una sola cosa.

Si hubieras muerto el año pasado ¿quién te echaría de menos?




¿Te preguntas por qué tu prójimo tiene esa expresión de enfado? Quizá se deba a que tú mismo estás enfadado con él y él te corresponde con la misma mirada de enojo. Lo que sientes por los demás se refleja en su actitud hacia ti.
Observamos las cosas a través de nuestros anteojos tintados. En el Budismo llamamos a eso “karma” o “ilusión”. El mundo que nos satisface y el mundo que nos desagrada son fabricaciones nuestras.

Dices que lo has visto con tus propios ojos, pero ¿hasta que punto puedes confiar en tus ojos? ¿Quién establece qué es bueno y qué malo? ¿Quién establece qué es frío y qué caliente, quién decide sobre la victoria y la derrota y quién puede realmente decir si tu práctica es buena o no lo es? Cada uno lo ve a través de sus propios anteojos del karma y la ilusión. El mundo que vemos no es más que el conglomerado de nuestras ilusiones.
Un anciano que desde hacía años mantenía relaciones con la esposa de otro, ahora que está enfermo en cama cree que esa mujer –también ya anciana– le engaña con otro. Esta idea ilusoria es una proyección de su propio karma pasado, que ahora se presenta ante él de forma gráfica y concreta. Todo ese teatro que se monta la gente gira en torno a un espejismo. Nos dejamos engañar por las proyecciones de nuestro propio karma.
En la vida cotidiana nos dejamos llevar por nuestras caprichosas emociones de alegría o pena, de inquietud o felicidad. El ajetreo que podemos observar en las calles comerciales de Tokio – en Shibuya, Shinjuku o en Ginza– no es nada en comparación con el jaleo que reina dentro de ti. Es la consecuencia inevitable de tu karma pasado, que se manifiesta en muchas capas que se superponen unas a otras.
Tu vida es el resultado de tu propio karma. En este momento, incluso aquí he gastado un poco del combustible de la ilusión; pero sólo un poco, por eso me veis tranquilo. Sin embargo otros tienen el tanque algo más lleno.
En algún sutra se dice que a quien durante toda su vida ha hecho el mal, a la hora de la muerte las paredes, puertas y pilares se le mostrarán en forma de demonios. Cuando uno está a punto de morir y la conciencia empieza a apagarse, las acciones del pasado regresan para atormentarle y hacen que se retuerza en el dolor de su propio karma. Esto es cierto, tú mismo lo experimentarás.
Vas montado en un vehículo de Buda, pero como no eres consciente de ti mismo vives en tu sueño de karma e ilusión. Te mueves así en ese vehículo como en una montaña rusa, dando vueltas por los seis mundos.[1] Tus ilusiones carecen de sustancia. Proceden de tu karma. Sólo parecen ser lo que son.
Lo que llamas frío o caliente, alegría o pena, lo llamas así sólo por comparación con tu vida pasada. Eso es karma sin sustancia. No existe, pero tampoco puede decirse que sea nada.
En la vida no hay felicidad ni infelicidad. Todo depende únicamente de tu perspectiva particular. Hay gente que incluso en la situación más dichosa se ahoga en su pena.
Por bien que te vaya, piensa que no es más que un estado de ánimo pasajero. Por mal que te vaya, piensa que también esto no es más que un estado de ánimo pasajero. No puedes tomarte todo eso tan en serio.
El cuerpo humano es una estructura provisional compuesta por los cuatro elementos: agua, aire, tierra y fuego. Pero si alguna vez indagas a fondo qué es lo que en lo más íntimo mantiene este cuerpo unido, verás que no hay nada que hallar. “Cuando despiertes al cuerpo del dharma, verás que no hay nada”[2]. Desde la perspectiva de la insustancialidad no tiene la menor importancia el curso que tomen las cosas. ¿Quién te echaría de menos si hubieras muerto el año pasado? ¡Nadie! Ni siquiera tendrías por qué haber nacido. Y si hubieras venido al mundo en forma de gato o caballo, tampoco nadie tendría nada que objetar.
Has de tomar conciencia de lo que tu cuerpo significa. Si la existencia de tu cuerpo es un engaño, entonces no hay en realidad ni nacimiento ni muerte. Si reflexionas seriamente sobre ello, comprobarás que tu cuerpo es sólo un sueño. No es real, sólo te parece real.
Te pase lo que te pase, si lo observas a la luz de lo ilimitado verás que no es nada. Lo mismo sucede cuando alguien te hace un regalo: estás fuera de ti de alegría, pero en realidad eso no es absolutamente nada.
Sakiamuni Buda dijo: “No debes tomar lo que no te pertenece”. Hogen Bikkhu respondió: “Entendido”. ¿Que entendió? Que no había en todo el universo nada que le perteneciera. Y que tampoco había nada que tomar. Estaba tan desnudo como un recién nacido.
No hay nada que te pertenezca, tampoco nada que me pertenezca a mi. Todo lo que dices que es de tu propiedad, tan sólo lo has tomado prestado por el breve espacio de tiempo de tu vida.
Hablas de victoria y derrota, de ganancias y pérdidas. Es como si pretendieras contar las olas del mar. El agua del mar no aumenta ni disminuye, pero tú sólo tienes ojos para la espuma de las diez mil olas que se alzan ante ti. Pasas así la vida zarandeado por las olas del pasado.
Ve más allá de lo masculino y lo femenino, de la riqueza y la pobreza. Cuando trasciendas todo eso, al final comprobaras que no es más que una obra de teatro. Incluso Buda y el satori son sólo sueños. Cuando contemples tu vida desde la perspectiva de la nada, verás que no son más que escenas de un confuso sueño. No hay ahí “sentido” ni “finalidad”.
¿Despiertas de tu sueño y piensas que ya has dejado para siempre atrás tus ilusiones? No es tan sencillo. Mira las burbujas que un cangrejo expulsa bajo el agua. Cuando crees que son reales, se revelan irreales; cuando por el contrario las tomas por irreales, comprobarás que son reales. Practicamos dentro de nuestro sueño. Está bien así. Siendo uno con la práctica, uno con el sueño.
La historia de tu vida es como el paso de las nubes. El vasto cielo es el vacío. No hay nada que atrapar, verdaderamente nada[3].


[1] El mundo infernal, el de los espíritus hambrientos, el de los animales, el de los demonios combativos, el de los humanos y el de los seres celestiales.
[2] Extraído del Shodoka, “El Canto del Verdadero Despertar”, de Yoka Daishi.
[3] Pocos días antes de morir, señalando hacia la ventana, Kodo Swaki dijo:
“Ven aquí, ¿ves la ladera del Takagamine? Puedo oír cómo la montaña me llama: “¡Kodo, Kodo!”
por Kodo Sawaki

9 de junio de 2011

Certeza interior




Dicen los viejos sabios que "saber es tener certeza", pero quién es el que sabe y qué se supone que sabe. ¿Acaso actúa el hombre con plena decisión? ¿Fluyen sus ideas con cierta lucidez? ¿Dónde está el centro de su periferia? ¿Cómo piensa, siente, padece o disfruta en el mundo de las interrelaciones? ¿Se contempla la realidad tal y como es, o más bien, se sufre de manera innecesaria porque nos gustaría ver las cosas de otra manera?

Los seres humanos sucumbimos al constatar que aquello que habíamos pretendido, no se corresponde con lo que está sucediendo. En reiteradas ocasiones funcionamos como autómatas y pareciera que nadamos a contracorriente, dando un paso atrás en el proceso evolutivo. Las semillas que antaño plantamos, esperan florecer en los jardines de un futuro mejor, pero al hacerlo así, bajo el yugo del deseo, este impulso ciego nos aleja del preciso instante del ahora, ¡el único soplo verdadero!

Por otra parte, cuando todo es entendido bajo la premisa del dejarse llevar, postergamos actuaciones para un luego inexistente, o bien esperamos que sean otros los que resuelvan, en lugar de asumir la veracidad o no de las decisiones que tomamos. La incógnita a despejar es ésta: si no es ahora el momento de poner consciencia en nuestros actos, palabras y pensamientos… ¿Cuándo lo es?

Estamos soñando y vivimos automatizados. Nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás de forma equivocada; hacemos y decimos cosas de las que luego nos arrepentiremos y que nos provocan un sufrimiento innecesario. En un lenguaje espiritual, hemos perdido claridad en la mirada. Vivimos bajo la sombra oscura de la ignorancia. Gurdjieff insistía en que casi todas las miserias humanas son producto de una vida automatizada y mecanizada. En la mayoría de las ocasiones reaccionamos ante los hechos de forma impulsiva y desmesurada, cuando en realidad todos tenemos la capacidad de ralentizar el movimiento de la mente y elegir cuál es la mejor opción (respuesta) para cada circunstancia y situación.

Podemos (y debemos) asumir la responsabilidad a la hora de tomar las decisiones, pues no son otros los que imprimen calidad al cómo y qué estamos haciendo; no son otros quienes regulan nuestras idas y venidas en el camino de la vida. No todo está tan bien como muestran las apariencias, no todo vale. Participar ante los hechos, manifestarse activamente y hacerlo de manera ecuánime, interrelacionarse con sensibilidad, y al mismo tiempo, mostrar un espíritu crítico ante lo que está sucediendo, mostrará el verdadero valor que cobran nuestras convicciones. Se precisa con urgencia de una nueva escala axiológica que anuncie claramente que las emociones no pueden quedar al margen de los valores que delimitan la conducta de los individuos.

El budismo zen promueve la tarea del despertar del sueño ilusorio, considerando esta hazaña como un proceso suave y gradual de desidentificación progresiva respecto al contenido mental en general y a los pensamientos en particular. La meditación propicia la emergencia de un conocimiento consciente, ya que al fomentar el cultivo sistemático de la atención, nos permite poner luz en el terreno oculto de las opacidades. Cuando se ralentiza el ritmo de la mente, el practicante accede a un estado de sereno centramiento y desde esta estable atalaya, todo comienza a ser visto de manera justa. Cuando dejamos de manipular las experiencias, cuando participamos serena y activamente de ellas, las ideas fluyen sin premura. Los fenómenos emergen, se desarrollan y se ofrecen tal cual son. Todo es visto naturalmente. Si por el contrario, nos perdemos en los bosques del intelecto libre pensante, la mente se empantana como lo hace un elefante en el barro.

Es de vital importancia no confundir lo que es o lo que se supone podría ser nuestra naturaleza original con aquello que corrientemente pensamos que es o nos han dicho que es. No podemos seguir permitiendo que el amor, el placer y la aceptación sean los premios que recibimos por ser obedientes con el sistema.

Merece la pena reconocer el legado transmitido ininterrumpidamente por distintos hombres y mujeres de la vía del conocimiento, merece la pena ocuparnos por velar y transmitir la práctica del espíritu. Protejamos este tesoro, aunemos nuestras fuerzas por un bien común, mantengamos encendida la llama de la atención a fin de  fortalecer la existencia de un ego sano, esto es, una estructura psico-somática que no vague de aquí para allá en busca de satisfacciones inmediatas. Podemos hacerlo.

Es la práctica perseverante la que certifica la comprensión. Éste es el factor clave en el proceso del darse cuenta, el fundamento del camino recto enseñado por el linaje del Budha y que conduce al ser humano a la emancipación absoluta.

Denkô Mesa

Ya vives en el nirvana, ¿y todavía te preocupas por ganar más dinero?

Ryôkan en su ermita go goan.

por Kodo Sawaki

Te adornas con títulos y distinciones, y ni siquiera sabes quién eres realmente. No sabes a qué azarosas circunstancias debes tu nacimiento y tampoco por qué respiras. Sin darte cuenta te has enamorado de una chica y, de repente, te ves con esposa e hijos y sigues sin saber nada.

No tienes que preocuparte tanto de si eres feliz o no, de si la vida te agrada o no. Incluso de eso que te agrada te hartarás en algún momento, mientras que de pronto puedes empezar a hallar gusto en aquello que no te gustaba. En resumen, todo es vacío.

Todas las cosas existen sólo por interacción kármica, de modo que no hay nada que sea algo por sí mismo.

Nirvana es el mundo en el que el vacío no se muestra más que como vacío. Ahí no hay absolutamente nada. Pero la gente corre frenética persiguiendo o huyendo de algo. Ahí no hay nada que alcanzar ni lugar en el que puedas esconderte.

Vives en medio del nirvana y todavía te preocupas por lo que recibirás a fin de mes.

Tanto en tu conciencia como en tu vida es importante que no te dejes trastornar por pamplinas. Sin embargo, te derrites cuando recibes elogios y te hundes cuando no. Sigues bebiendo cuando tu sed está ya saciada y no sabes cuándo tienes ya suficiente de algo. Dejas que cualquier cosa te tome bajo su control hasta que al final ya no sabes qué hacer con tu vida.

El perro negro le dijo al perro blanco:

- “Oye, perro blanco, si los rumores son ciertos, los perros blancos cuando mueran renacerán como humanos. Me gustaría estar en tu lugar: siendo humano podría comer con cuchillo y tenedor y andar sobre dos piernas. ¡Qué bien estaría eso! Pero siendo un perro negro, ¿qué garantía tengo de renacer como humano?”.
El perro blanco, con voz llorosa, respondió:
- “Eso me dicen todos, y también yo creo que la próxima vez renaceré como humano. Sólo una cosa me preocupa...”. 
-  “Cuál?”
- “Me pregunto si siendo hombre recibiré suficiente mierda para pasar la canícula.

El mundo de los perros es diferente al de los humanos. El perro que durante la canícula no tiene heces que comer sufre un golpe de calor. Pero ¿qué persona comería heces? A esto se refería Nishiari Zenji[1] cuando dijo que tan difícil era que una persona corriente pudiera explicar el Dharma del Buda como despertar en un niño de pecho el interés por la pornografía.

Algunos beben té y comen galletas para consolarse y olvidarse de su vida. Con cada galleta tapan una ilusión, con cada galleta aparece una nueva.

Un caballo nunca se comporta peor que un caballo. Las personas tienen opción de ir más allá de su condición humana; sin embargo, prefieren dejarse arrastrar por sus instintos animales.

Eres mortal. Y pese a ello no te interesa más que el dinero y la buena mesa. Hasta el momento de tu muerte te afanas en acumular todo cuanto sea posible. Ésa es la causa de tus padecimientos.

En vez de creer que el dinero te convierte en alguien especial, piensa en quien está tras la ventanilla en un banco: también por sus manos pasa continuamente dinero.

¿Qué mal aqueja a los seres sufrientes? La locura colectiva. No necesitas tanto dinero para vivir, pero la locura colectiva te hace creer que aún no tienes suficiente. También el afán por hacer carrera es expresión de esta locura colectiva.

Has de ser una persona que no se deje embaucar por nada en la vida. No eres un pez gobio[2] que muerde cualquier anzuelo. Por desgracia, la gente corriente muerde fácilmente los cebos que se le presentan. Por eso en nuestra práctica hemos de estar sobre todo atentos en no dejarnos arrastrar por nada ni nadie.

La gran naturaleza no conoce el nerviosismo, sólo las personas se estresan de continuo. ¿Cuál es el origen de esta contradicción? Yo creo que se debe a que sólo las personas se rompen la cabeza pensando por qué son tan desgraciadas y qué tendrían que hacer para ser más felices.

La gente está siempre huyendo. Se ocultan por aquí, se ocultan por allá, siempre a la busca de un mejor escondrijo. ¿Cuándo llega la huida de una persona a su fin? Cuando la meten en el ataúd.

No se trata de huir tan lejos que nuestras penas y preocupaciones no puedan ya alcanzarnos. Tampoco tratamos de perseguir una cosa allá donde haga falta hasta que la consigamos. La cuestión es vivir con este cuerpo, tal como es, bien cimentado en la enseñanza del Buda. La esencia de la enseñanza del Buda es experimentar el nirvana dentro del samsara[3].

Cuando brille el sol, déjalo brillar; cuando nieve, deja que nieve. Has de contemplar el panorama en conjunto, no sólo tu pequeña parcela personal. Pero la gente prefiere fabricarse cosas en lugar de tomar la naturaleza como es.

Tu cuerpo, tal como es, irradia la luz de la verdad. Lo único que se interpone en el camino de esa luz es tu mente y sus maquinaciones. Si olvidas todos tus secretos planes e intenciones y miras a tu alrededor con los ojos y los oídos bien abiertos, sin querer alcanzar nada, advertirás que todo está bien tal como es.

La grulla que despreocupada agita sus alas no habla de “paz de espíritu” y no se lamenta de “penas y preocupaciones”. No vuela tras nada y tampoco delante de nada.

Nada en el mundo tiene verdadera importancia: el dinero no la tiene, tu carrera profesional tampoco, lo que te guste o no es irrelevante. Nada tiene menos interés que lo que a la gente interesa. ¿Catástrofes? No son nada. El propio Ryokan[4] decía: “En la desgracia has de enfrentarte a la desgracia. Cuando mueres, ¡muere!”. De esta fabulosa manera puedes zafarte de cualquier catástrofe.

Si cierras lo ojos y piensas en lo que has dejado atrás, advertirás que todo es vacío. Observado en este instante, desde la distancia, no era “bueno” ni “malo”.