No hacemos zazen para volvernos Buda,
hacemos zazen porque somos Buda o Dios.
Maestro Kosen Thibaut
LA POSTURA DEL DESPERTAR
La práctica de zazen es el secreto del Zen. Zazen es difícil, lo sé, pero si lo ejercitamos cotidianamente es muy eficaz para la expansión de la conciencia y el desarrollo de la intuición. Zazen no sólo desprende una gran energía, es una posición de despertar. Durante su práctica no es necesario obtener algo. Su objeto es sólo la concentración en la posición, la respiración y la actitud del espíritu.
La posición. Sentado en el centro del zafu (cojín redondo) se cruzan las piernas en loto o en medio loto. Si se encuentra una imposibilidad, se cruzan simplemente cuidando no colocar un pie sobre la pierna. Sin embargo, conviene apoyarse firmemente en el suelo con las rodillas. En la postura del loto los pies oprimen en cada muslo zonas que comprenden los principales puntos de la acupuntura correspondientes a los meridianos del hígado, la vesícula y el riñón. En la antigüedad, los samurais estimulaban automáticamente estos centros de energía por la presión de los muslos sobre el caballo.
La actitud del espíritu. La respiración adecuada brota de una postura correcta. De igual modo, la actitud del espíritu fluye naturalmente de una profunda concentración sobre la posición física y la respiración. Sentados en zazen, dejamos correr las imágenes, los pensamientos, las formaciones mentales que surgen del inconciente como nubes por el cielo límpido… sin oponernos, sin aferrarnos a ellas. Como sombras delante de un espejo, las emanaciones del subconsciente pasan, torna y se desvanecen. Y se llega al subconsciente profundo sin pensar, más allá de todo pensamiento, hishiryo, pureza verdadera.
El Zen es muy simple y al mismo tiempo muy difícil de comprender. Es un problema de esfuerzo y repetición… como la vida. Sentados sin ningún tipo de fin ni espíritu de provecho, si vuestra respiración y la actitud de vuestro espíritu están en armonía, comprenderéis el verdadero Zen, captaréis la naturaleza del Buda.
FUENTE: Extraído del libro "La Práctica del Zen" del Maestro Taisen Deshimaru

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