Podemos. Pero tenemos que estar dispuestos a transformar nuestra percepción del tiempo y de nosotros mismos y dispuestos a aceptar las repercusiones sociales, culturales, políticas y económicas a las que dará lugar dicha transformación.
La transformación de la percepción que tenemos de nosotros mismos y del tiempo no puede suceder meramente a nivel intelectual o ideológico, sino que supone una profunda transformación de nuestro ser. Esto es, se trata de una transformación espiritual en el núcleo de nuestro ser.
Esta transformación supone una experiencia cognitiva y espiritual, una especie de iluminación o despertar. Desde hace mucho tiempo, muchos seres humanos han experimentado la verdadera naturaleza del tiempo. Se les llama sabios u seres de conocimiento. Ellos nos han legado un conocimientos específicos y métodos concretos para penetrar en la naturaleza del tiempo. Existen muchas tradiciones de sabiduría. Personalmente, la que mejor conozco es la tradición budista zen.
La meditación zen es un método excelente para fundir el pasado y el futuro en el instante presente. El Zen enseña la práctica y la filosofía del instante presente. Nuestra existencia es ahora. Vivimos ahora y aquí. La vivencia plena del presente nos libera de la carga pesada del pasado permitiéndonos una gran libertad de crear nuestra vida instante tras instante. Al mismo tiempo nos hace ver la futilidad de nuestras proyecciones sobre el futuro.
No obstante, la experiencia del aquí y ahora de la que nos hablan los maestros zen no puede ser concebida totalmente desligada del pasado ni del futuro. Ello sería un acto de irresponsabilidad extrema. Lo que el Zen viene a decirnos es que el momento presente, aunque no sea exactamente el pasado, es la cristalización actual de todos los acontecimientos pasados y, al mismo tiempo, constituye la semilla del futuro. El momento presente del Zen no es una estación intermedia en la línea ferroviaria que viene del pasado y que se dirige hacia el futuro. No es un instante de paso entre el pasado y el futuro. El momento presente es sencillamente el único que existe, el único que es real. Su realidad incluye, no excluye, todos los instantes pasados y todos los instantes futuros.
Usted, lector o lectora de este libro, comenzó su lectura en el instante presente, no en el pasado (nadie puede comenzar la lectura de un libro en el pasado). En este preciso momento usted sigue encontrándose en el instante presente y al concluir la lectura seguirá estando en el instante presente (nadie puede acabar la lectura de un libro en el futuro). Lo único que existe, instante tras instante, es el momento presente. Por lo cual, podemos decir que la vida fluye incesantemente de un instante a otro sin abandonar nunca el presente. Al experimentar de esta forma el tiempo evitamos las percepciones extremas del tiempo percibido como un círculo cerrado sobre sí mismo o percibido como una línea continuamente proyectada hacia el futuro.
El tiempo fluye y al mismo tiempo es siempre presente. Un presente eterno. Por ello, la mejor manera de experimentar el tiempo es fluyendo en el presente eterno.
_______________
_______________
Epílogo de la obra "Fluyendo en el presente eterno" de Dokushô Villalba.
Colección De corazón a corazón.
Ediciones Miraguano

No hay comentarios:
Publicar un comentario