Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

3 de septiembre de 2011

No debes tomarte el Budismo demasiado al pie de la letra



El sexto patriarca Huineng
rompiendo sutras.
Obra del pintor Liangkai (s. XII)



por Kodo Sawaki (*)

Cuando practicamos shikantaza no debemos apoyarnos en los conocimientos que hemos acumulado. No obstante, es importante que entendamos correctamente el significado y el sentido de shikan [simplemente]. Antes de poder leer el Shôbôgenzô, tienes que conocer la filosofía Yogaçara[1]. Si alguien inexperto lee el Shôbôgenzô sin estar familiarizado con la filosofía Yogaçara será como quien comercia con arroz sin disponer de una balanza o de algún otro aparato de medición.


Cuando era joven, el estudio del Budismo me dio no pocos dolores de cabeza. Me parecía tan complicado porque lo entendía como un nutricionista entiende el arte de cocinar: si queremos analizar con precisión científica cuánta sal y vitaminas contiene un plato, cuántas calorías, cómo hay que prepararlo para que las vitaminas no se pierdan etc., no hacemos sino crearnos dificultades. Si hoy en día el Budismo se marchita es porque mucha gente lo contempla bajo la perspectiva del análisis nutricional sin nunca haber comido de él. A mí, día sí, día también, me basta su simple sabor. No me interesa la cáscara inerte del conocimiento.

En Japón los artesanos tienen a chicos de nueve o diez años de edad como ayudantes o recaderos. Cuando llegan a los quince o dieciséis años se les pone al fin una herramienta en la mano. No se les explica nada más, pero si no saben qué hacer con la herramienta se les dice: “¡Eh, tú! ¿Qué estás haciendo? ¿Dónde has tenido puesta la vista hasta hoy?”. Lo mismo sucede en un templo Zen. Ahí no se habla mucho de Budismo. Se practica.

Dedicarse a la práctica es algo diferente a reflexionar sobre la práctica. Hablo por ejemplo a menudo de los rasgos faciales porque me interesa la fisonomía. Considero que la forma es de gran importancia. Creo que la forma del gasshô[2], del sampai[3] y del zazen ya fue transmitida de uno a otro por los Budas anteriores a Sakiamuni. Dedicarse a la práctica significa entregarse por completo a esa forma.

“Cuando la forma es correcta, también lo es el contenido”. En una postura y actitud correctas se expresa una actitud de espíritu correcta. Por eso es necesario que revisemos a la luz de la práctica de zazen nuestra actitud ante una vida que cambia día a día, afinando nuestra actitud vital desde la mañana hasta la noche.

Un monje necesita adoptar la actitud vital de un monje, un profesor la de un profesor. No debes flaquear en ningún momento. Forja tu propia actitud al estar en pie, al andar, al sentarte, al acostarte. No te pierdas nunca de vista.

La teoría no cuenta. Quizá se dejan encandilar por el koan[4], pero en la escuela Zen Rinzai los monjes se sientan de hecho en el cojín al menos por espacio de veinte o treinta años. Esta vida no hace concesiones al mundo humano, no hacen componendas con la sociedad humana. La práctica de estos monjes es muy profesional. Comparados con ellos, los seguidores de la escuela Soto me parecen comediantes de tres al cuarto: las enseñanzas de la escuela Soto no calan en ellos

Si a los budistas de hoy en día les quitas su historia, arqueología y filología, y luego los sacudes como es debido, comprobarás que están completamente huecos.

Sólo los tarugos se entusiasman por lo que está escrito en los libros. Debes aprender a distinguir la realidad de tus elucubraciones mentales. Cuando leas léete a ti mismo, créate a ti mismo. No eres realmente tú mismo hasta que no has dejado atrás toda teoría.

Acumular conocimientos sobre el Budismo es peligroso: crees poder abordarlo todo mediante palabras. Y antes de que esas palabras cobren para ti sentido, ya has compuesto con ellas una tesis doctoral o la gente empieza a pagarte por tus “charlas sobre el dharma”.

Las palabras de las religiones establecidas son como latas de conserva vacías, un mal recurso en caso de necesidad.

Las personas de ciencia hablan durante toda la vida únicamente de palabras. Rebuscan con tanto celo entre las letras que al final les llega la muerte antes de haber encontrado en ellas algún sentido para su propia vida. Esto se debe a que reflexionan y discriminan demasiado. Les resulta imposible comprender una cosa simple y directamente; por ejemplo, esclarecer zazen mediante zazen mismo.

Por eminente que sea una filosofía para todo lo que una persona ha imaginado, otra vendrá con sus ideas y lo echará todo por la borda. No podemos acceder a las cosas mediante nuestras palabras e ideas. Lo que hay que hacer es llegar desnudo al lugar que permanece inmóvil cuando todo lo demás se derrumba.

Iluminar la conciencia significa salvar a todos los demás antes de salvarte tú mismo. Pero si no haces más que hablar de salvar a los demás mientras ni siquiera eres capaz de ceder tu asiento en el autobús, tus palabras se las lleva el viento.

Alguien me preguntó una vez: “¿No crees tú también que el Budismo es la mayor patraña de todos los tiempos?”. Por supuesto, todo lo que cuentan los monjes budistas es tan falso como lo que aparece en los libros. ¿Por qué? Porque habla del nirvana gente que nunca lo ha experimentado y otros se extienden acerca del gran despertar tras la muerte de la mente, cuando ellos mismos son incapaces de abrir los ojos. Parece que a los religiosos les gusta divagar sobre asuntos que no tienen nada que ver con su propia vida. Esto vale también para todos los sutras famosos: sin práctica no son más que patrañas.

¿Quieres comerte un pastel? Por mucho que grites “¡pastel!” ninguno va a caerte del cielo. Nuestras palabras y conceptos no son la realidad. El Zen gira en torno a esta realidad; pero no para reflexionar sobre ella, sino para asirla firmemente a fin de expresarla luego con libertad.

Si la humanidad regresara a su verdadera naturaleza se libraría de todos sus problemas. Pero hasta el momento todo gira en torno al dinero, a follar y zampar, ¡una auténtica casa de locos!

En la Vía del Buda se trata de crear la propia vida. No hay palabras para explicar esto. En esto consiste la vida de un monje. Las palabras han de surgir de la vida del monje constantemente re-creada.

La religión comienza con la ciencia y concluye con el arte. La religión no consiste únicamente en invocar el nombre de Amitaba Buda.

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