Lo cierto es que la realidad que percibimos no es -en este contexto- más que una ilusión (maya) y lo es precisamente porque nuestra conciencia vela y obtura la percepción de la cosa en sí. Nuestra conciencia, tal y como decía Jung, desune lo que anteriormente iba unido. El lector deberá plantearse esta cuestión sobre el tiempo ¿Es el tiempo un punto o una recta (sucesión de puntos)? ¿Instante o transcurso?
Se trata de una primera intuición acerca de si lo que hay afuera es lo que parece o es sólo una ilusión de nuestros sentidos, para darnos cuenta luego de que gran parte de la filosofía de occidente y especialmente la de oriente gira en torno a esta cuestión con algunas diferencias sobre las que volveremos cuando hablemos del error de Husserl y el satori.
Carl Jung, investigador de las profundidades del alma, notó que algunas personas creían que las cosas están ahí tal como aparecen (son objetivas) y que otros no se fían de los sentidos, dando lugar a su concepción de los tipos psicológicos extrovertido e introvertido. En los últimos años fue la neurociencia la que acaparó los recursos, las tecnologías y además creó los marcos experimentales y conceptuales para abordar de qué modo conocemos.
Somos una frontera flexible entre algo que está dentro y algo que está fuera y la cuestión es qué es adentro y qué es afuera. Sin duda existe una interrelación entre ambos cuyo puerto de entrada parecen ser unos receptores a ciertas condiciones físicas del entorno que son recolectadas y procesadas. Pero las señales son innumerables y es indispensable poner filtros para no sobrecargar el sistema de procesamiento.
¿Qué decide cuándo, cómo y dónde poner esos filtros? Sin duda la relevancia contextual. En situaciones de fight or flight, freezing o recompensa es sencillo darse cuenta cómo y dónde poner los filtros, dicho de otra forma cuando operamos en el mode “al servicio del Yo”. Pero los seres humanos a lo largo del tiempo desarrollamos estrategias más o menos exitosas para transitar la vida sin sobresaltos extremos. ¿Qué es entonces lo que configura la forma de filtrar la multiplicidad de estímulos que nos bombardean instante a instante? Dependiendo de circunstancias internas y externas, complejamente entramadas, la relevancia asignada a los estímulos será una experiencia altamente subjetiva y convocará dinámicamente los marcos de referencia, los sistemas forma – fondo que encuadran toda percepción. Podemos entonces distinguir tres espacios:
1.-Lo que está ahí afuera: hay un ahí afuera, un algo que despierta y convoca nuestros sentidos y que llama a ser registrado. No todo, sólo una infinitesimal parte a cada instante de todo lo que está ahí. Vemos, oímos, olemos, tocamos y luego olvidamos. Mantenemos on line y en tiempo real (tiempo de la conciencia) lo necesario para sostener la continuidad del nuestra subjetividad. Guardamos el registro de algunas de esas experiencias y lo demás desaparece para siempre. Todo parece operar al servicio del Yo.
2.-Lo de adentro: la autopercepción: también me percibo. Sé aquí y ahora que existo (mismidad), que me siento existir. Esa percepción sin embargo es ciega a gran parte de lo que me permite ser. No percibo la mayor parte de los procesos que mi organismo lleva a cabo para que yo exista. No percibo el metabolismo ni los procesos homeostáticos que mantienen el sistema funcionando. Pero me es dado percibir dónde estoy, qué estoy haciendo, qué estoy pensando, mis sensaciones, emociones, ánimo. A través de la propiocepción percibo también mi cuerpo, sé qué espacio ocupo sin necesidad de medir o calcular, sé cómo moverme o quedarme quieta, sé quién soy. Puedo sentir placer o disconfort, dolor de muelas o goce saboreando un vino. Y seguimos estando-operando al servicio del Yo.
3.- La no frontera: Hay sin embargo otras formas de percepción que se encuentran en las fronteras del adentro y del afuera, sin bordes precisos, sin demarcaciones contundentes. El goce estético o artístico y las experiencias místicas son algunas de sus manifestaciones. Conllevan ambas una experiencia de fusión entre entidades normalmente separadas.
Rememoro ahora la percepción de unidad descrita por los músicos, el instante sin tiempo y el espacio sin dimensiones. Desde lo personal nos vinculamos de ese modo con las artes. Algunas veces cuando me topo como observador pasivo con alguna de ellas. Pero mayormente cuando hacemos algo, cuando creamos. Allí se empieza a dar una experiencia que disuelve los bordes entre el afuera y el adentro. Percibo con claridad que lo que estoy haciendo también me hace a mí. Que lo que estoy creando me está creando, me da algo que no tenía, un plus perceptivo, un agigantamiento de algo que está fuera pero que se expande hacia mis adentros, mientras que mi voluntad se modula a seguir alimentando esa transformación. La trasformación de la materia que me transforma, el caldero alquímico que fractaliza la percepción y me mete en un lugar sin espacio ni tiempo (Conciencia pura).

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