Todos queremos abandonar el dolor, pero no queremos abandonar el deseo. Nos
encontramos así con un problema porque ambos suelen ir juntos.
Nuestro infierno tiene el lenguaje del deseo, la demanda, el anhelo, y de
insatisfacción. Todo proviene de la separación ilusoria y de no comprensión de
la realidad última de las cosas: todo es vacuidad manifestándose natural y
armónicamente en distintos fenómenos. Pero nosotros queremos que éstos sean
como nosotros decidimos que queramos que sean. Hacemos funcionar nuestras vidas
dando saltos alrededor del principio del placer/dolor. “Yo quiero. Yo no quiero”. ¡Es realmente agotador!
El asunto del apego y el deseo es uno de los aspectos más incomprendidos
en el reino espiritual. El desapego significa ecuanimidad y serenidad, una
apertura incondicional a cualquier cosa que no tiene nada que ver con la sumisión.
¿Qué hay que hacer? Decir: “Aquí estoy.” Mostrase en una actitud de entrega
total. Sin reservas. Siempre, no unas veces sí, otras no.
Despertarse es trascender la mente dualista e ir más
allá del más allá. Hay una conciencia que lo engloba absolutamente todo. El
fuego de las ansias y el aferramiento, las enturbiadas aguas de las pasiones y
las emociones conflictivas, tiene un fin, alcanzar la gran paz del nirvana, la
satisfacción, el gozo y el contento duraderos. Esta potencialidad está invariablemente
presente, justo al otro lado del estrecho nudo del aferramiento. En realidad la
podemos experimentar en un instante. No es algo que tengamos que construir.
Está disponible a través de las experiencias en curso. Esta es la tercera noble
verdad enseñada por el Budha: el fin del sufrimiento (sukkha) ¿Cómo experimentarla? Creando todo el tiempo las
circunstancias favorables. ¿Cuáles son? Entre otras, dejar de ponerte de tu
parte.
Recuerda
que somos los que encendemos la mecha. Somos los creadores del problema. Todo
está en nuestras manos, las manos de la dualidad, sujeto y objeto, el que
agarra y lo agarrado. Cuando no hay nada que se anhele o desee, no hay nada
trabajando contra algo, no hay aferramiento a nada, no está quien se aferra y
lo aferrado. Tan sólo está la experimentación de las cosas libre y sin
impedimentos. Como dijo el propio Buddha: “En
el ver, tan sólo está el ver. Ni el que ve ni lo visto. En el escuchar, sólo
está el escuchar. Ni el que escucha ni lo escuchado.”
Nosotros somos el dique y hay un diminuto agujero por donde está
intentando avanzar la luz del despertar. Permitámonos ensanchar esa apertura
interior, abandonemos las barricadas, la personalidad sujeta al apego, soltemos
toda fijación, dejamos partir el comportamiento habitual, fijo y adictivo. Para
ello, se requiere de un cambio de perspectiva. Seguir la Vía del Budha es una
cuestión de elección. Ésta es y en esto consiste la Tercera Noble Verdad. Hay
dos opciones: o bien vivir bajo la luz de la sabiduría y el discernimiento
justo, o bien seguir haciéndolo bajo las
oscuras tinieblas de la ignorancia. Sin embargo, ¿quién eres tú para elegir
esto sí o esto no?
Denkô Mesa
Septiembre 2012

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