El silencio es creador
Por
Consuelo Martín
¿Puede crearse lo positivo de algo negativo? Con la
palabra silencio evocamos una negación, un vacío, pero no nos referimos al
obvio vacío de sonidos o al dejar de hablar sino al vacío del ruido de los pensamientos
y los hábitos condicionados que impiden oír lo que está detrás. Es silencio de
lo mecánico y repetitivo, de la memoria del pasado y de todo aquello que sin
cesar está tapando la sinfonía aún no escuchada de la Vida total.
Cuando nos abrimos a esa música, ¿qué es lo que sucede
en nosotros? Tener unos minutos de silencio es un privilegio, una gracia, que
nos devuelve misteriosamente a nosotros mismos. Y cuando somos tocados por esa
mano providencial nos quedamos respetuosamente callados y amorosamente
vigilantes para escuchar y sentir esa Presencia silenciosa en el interior de la
Conciencia.
Podemos vivir muchos niveles de silencio. Desde los
tres modos básicos de experiencia, por las sensaciones, por las emociones, por
los pensamientos, podemos descubrir los tres niveles básicos del silencio. Y
los tres están interrelacionados, ya que cada zona que se silencia facilita el
profundizar en otras.
El silencio es sobre todo, silencio del pensamiento.
Cuando el pensamiento se ha silenciado, ya no se opone, no juzga, no calcula
con astucia la acción, no es protagonista en suma, sino callado y sereno
transmisor de lo que la Inteligencia dicta. Lo real está fuera del pensamiento
y del tiempo, por eso decimos que está en el silencio. La palabra silencio evoca
un estado que no niega nada de lo real. Sólo niega el ruido que impide percibir
directamente aquella realidad desconocida.
No significa desde luego que la realidad sea inmóvil y
callada ni tampoco que para vivenciar un estado de conciencia verdadero tengamos
que quedarnos mudos y paralizados. En la quietud y el movimiento, en el
silencio y la palabra se expresa igualmente lo real.
Se debe observar sin embargo con atención y
discernimiento que hay un movimiento verdadero, expresión de lo que es, como
una bella danza es el libre bailar de la Vida inteligente. Mientras que hay un
movimiento que surge del conflicto de una mente obstruida por la visión parcial
e ilusoria. Este último produce una acción mecánica, desordenada y confusa
porque no es creativo.
También podemos encontrarnos con la Palabra Verdadera,
creación directa de la Inteligencia en el silencio del pensamiento, la Palabra
que evoca la lucidez de donde ha nacido y trae consigo la fuerza creadora de la
verdad. Es la palabra unificadora de realidades. Y cuando alguien la pronuncia
es porque él mismo es esa Palabra creativa. Se distingue muy bien de aquella
otra palabra, expresión del pensamiento egocentrado, que nacida de lo limitado
y lo confuso, produce efectos similares en la superficie de la conciencia.
Conforme vamos avanzando en esta dirección, va siendo
una evidencia para nosotros lo inesperado. Donde parecía no haber más que
negación de realidades aparece una dimensión diferente de realidad. El vacío de
lo limitado está lleno de lo ilimitado. Y como lo que tiene límites es siempre
expresión de lo que es sin límites, el silencio de la conciencia abierta al
infinito es plenitud y potencia creativos.

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