Es motivado por la ceguera permanente en la que nos hallamos, la ignorancia. Es el tercer veneno en la tradición budista. Bajo el velo de nuestro oscurantismo, entendido sencillamente como una falta de claridad a la hora de percibir, solemos actuar de forma confusa.
La mente es muy activa. Su naturaleza es moverse. Cuando elige estar separada, elige percibir. El mundo que vemos bajo la mirada de las percepciones es siempre manipulable, incluso dañino, pues la manera que tenemos de ver las cosas acaba oscureciendo la naturaleza real de las mismas, ya que siempre las interpretamos, a nuestro gusto en detrimento y daño de otros.
Por lo tanto, es la mente cegada por la ignorancia la que traza fronteras y límites ilusorios que generan dolor y sufrimiento innecesario. Necesitamos corregir esta idea de sentirnos y creernos separados.
El veneno de la necedad se traduce como una falta se sapiencia, de discernimiento justo. Es un estado de ceguera mental y de autoengaño. Vivimos enmascarados tras la figura de un ente ficticio con el que nos hemos auto identificado en exceso. Necesitamos un ego sano y consciente para vivir los instantes de nuestras cotidianidades. Ya dijo el maestro Huang Po:
sin apartarse de las situaciones.
Por el contrario, los necios apartan las situaciones
sin apartar sus estados de ánimo.”
Las falsas creencias se diferencian del desarrollo de una intuición abierta a través de la cual emerge naturalmente un estado de comprensión y sabiduría.
Denkô Mesa

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