Este hecho tiene que ver con la verdadera naturaleza de todos los fenómenos. La vacuidad es un todo lleno de nada. Reflexionemos sobre estas palabras. Aceptemos que no hay un ente real que sustente nuestra imagen ilusoria. Negamos esta verdad porque vivimos presos en una construcción ficticia autogenerada y defendida. Nos aterra dejar de ser y por ello percibimos la realidad desde la dualidad y la separatividad: yo y lo demás. La dualidad es la causa de nuestro malestar existencial caracterizado por un exceso de individualización.
Ya en pāli encontramos el término anattā que traducimos como insustancialidad, no-yo, ausencia de un alma o carencia de un ente perdurable. Apunta a la falta de una existencia intrínseca. La insustancialidad es uno de los elementos más importantes y más característicos de las enseñanzas budistas, distinguiéndolas con respecto a al resto de religiones mayoritarias. Por eso al Buda se le llama a veces Anattā-vadi (el maestro de la insustancialidad). Es también, sin lugar a dudas, el aspecto más difícil de asimilar correcta y plenamente para sus seguidores. Aceptar que no somos aquello con lo que tanto tiempo hemos construido e identificado, no es fácil, ni difícil. Basta con no elegir y con no rechazar.
La palabra se compone del prefijo an, que es una negación, y la expresión ātman, alma, auténtico ser, sí-mismo o esencia verdadera. Ātman es un concepto fundamental en el contexto de las religiones prebúdicas y ante el que Siddhartha Gautama se manifestó en contra de los planteamientos hasta entonces existentes. Para el Buda, si todo cambia, indica que no puede haber una entidad permanente que se perpetúe a sí misma.
El Budismo afirma que la existencia del yo es una ilusión, es una idea falsa. Lo que nos creemos ser no es más que una colección temporal de numerosos procesos dinámicos, interdependientes y condicionados. De estos procesos surge la conciencia, así como la noción de ser una individualidad. Ahora bien, el sello de la insustancialidad no es equivalente a la aniquilación de la personalidad ni al nihilismo, ya que no se niega la existencia de la persona, sino la inexistencia de una sustancia, esencia, o entidad intrínseca duradera en esa persona.
El budismo considera yo, me y mí como convenciones e ideas relativas necesarias para poder operar en la vida diaria. En la terminología budista se le denomina una verdad convencional en contraposición a una verdad última o absoluta. Ambas coexisten en la realidad, no obstante sólo vivimos encerrados en una de ellas a causa de la ignorancia.
Anātman al igual que el resto de afirmaciones filosóficas del budismo, es para sus practicantes un elemento en el que investigar y no una convención de fe. Nace teniendo como punto de partida la propia experiencia, que siempre supedita a los razonamientos en el budismo. Esta experiencia del "olvidarse a sí-mismo" surge natural y gradualmente a través del camino de aprendizaje. El egocentrismo es la gran neurosis colectiva del llamado mundo moderno. La división mental de la realidad en yo y otro es la principal causa de la ansiedad crónica que padecemos los seres humanos, preocupación que posteriormente se manifiesta en una amplia gama de patologías mentales, emocionales y corporales. Sin embargo basta con abrir los ojos para ver. Cuando damos un paso sobre la vida, nos damos cuenta de que estamos hechos de aire, luz solar, minerales y agua, de que somos hijos de la tierra y del cielo, unidos a todos los demás seres, tanto animados como inanimados.
La doctrina del no-yo (anātman) fue experimentada y transmitida por el Budha como resultado de su comprensión dinámica del mundo. Sobre ella se construye una ética de solidaridad entre todos los seres vivos. A medida que se va resquebrajando la aparente solidez de nuestro ego, vamos tomando también conciencia de la verdadera conexión entre todos los seres, una comprensión que provoca a su vez, un aumento natural de nuestra humanidad y de nuestra compasión. Esta es la esencia de la interdependencia. Es simple: cuando cae la seguridad de eso que nos creemos ser (ego) nos sentimos un siendo en los otros.
Denkô Mesa
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