Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

11 de abril de 2011

Meditación zen y salud





¿Es la salud un estado exento de dolor?
¿Es lo mismo dolor que sufrimiento?
¿Qué similitudes y diferencias hay entre el zen y las neurociencias?
¿Qué es el zen?

Son preguntas importantes que hacen que tenga este foro de encuentro donde acuden especialistas de medicina y veterinaria, científicos, investigadores, psicólogos y psicoterapeutas, industriales o informáticos…, seres humanos reunidos bajo un mismo propósito: ayudar a otros a ser más felices, en definitiva a estar sanos, pero no sé si todos estamos hablando de lo mismo cuando abordamos o definimos el estado de salud.

Hemos visto y seguimos asistiendo al hecho de que multitud de prácticas de meditación han sido estudiadas por distintas ramas como la psicología e incorporadas por distintas especialidades médicas en beneficio de una mayor salud integral. Muchos profesionales de la medicina recomiendan alguna técnica o diseñan las suyas propias, a menudo inspiradas en las tradiciones espirituales. Sienten que la meditación puede ayudar para aliviar el estrés, la ansiedad y otros síntomas físicos, además de que produce cambios cognitivos que pueden ser aplicados en la auto-observación, el manejo conductual y para la comprensión de los patrones limitantes o autodestructivos.

Tal y como se concibe en la tradición budista, la meditación es una experiencia vivencial que se fundamenta en el cultivo sistemático de la atención. Es un entrenamiento consciente del estado de alerta justa, a través del cual la mirada se enfoca hacia el propio cuerpo, las emociones o los pensamientos, sin hacer una elucubración de ellos, fomentar la preferencia, seleccionar, hacer comentarios, censurar, emitir juicios tales como “esto está bien, esto está mal”, en definitiva, dejar de interpretar subjetivamente lo que está aconteciendo. Hablamos de una práctica contemplativa no manipuladora. Gracias a esa mirada atenta y estable, todo se manifiesta tal cual está siendo. Desde esta base, el practicante puede observar con ecuanimidad cada uno de los distintos fenómenos que surgen, se desarrollan y desaparecen ante el campo de su conciencia. Si la estabilidad y la apertura se dan, la comprensión y la sabiduría emergen de una forma natural y tras ella deviene el discernimiento justo. Integrar adecuadamente esta sinergia y traducirla en la vida cotidiana en actos, palabras y pensamientos consecuentes, son la clave para vivirnos bajo un estado de salud integral.

Este autoconocimiento permite ajustar la imagen que tenemos de nosotros mismos donde el yo no es únicamente el pensamiento y este hallazgo, a la vez que es esencial en los procesos de crecimiento personal, podría ser una de las puertas de entrada a la experiencia de otras formas de conciencia. A esto puede añadirse que la transformación se da en muchos aspectos de la persona: en lo moral, psicológico y, como veremos, incluye el aspecto corporal y neurofisiológico.

Filológicamente hablando, encontramos que la palabra «meditación» viene del latín meditatio, que originalmente indica un tipo de ejercicio intelectual, esto es, la capacidad que tenemos para extraer, interpretar, o reflexionar sobre algo y que conlleva la capacidad de juicio y discernimiento. La palabra japonesa zen es una transliteración fonética del vocablo chino chan’na que a su vez derivó del antiguo sánscrito dhyana y que podemos traducir simplemente por ‘meditación’, si bien el sentido popular de ‘cavilar, proyectar o considerar algo’, no resulta ser una buena traducción. Creo que una interpretación más acertada sería ‘acceso y desarrollo de un estado pleno de absorción de la mente y el cuerpo’ o bien simplemente ‘reunir las cosas’.

Meditar es volver a la condición natural de la conciencia humana. ¿Cómo conseguirlo?, se preguntará más de una de las personas aquí presentes. Pues practicando, simplemente practicando y haciéndolo de la manera correcta. De no hacerlo así, se cae en el peligro de la auto-referencia y de optar por esta tradición espiritual como si fuera una simple técnica de relajación o autoayuda.

El mejor conocimiento del cerebro permite comprender y tratar mejor las enfermedades que afectan al sistema nervioso, tanto psiquiátricas como neurológicas. ¿Qué son la conciencia y la mente humana? ¿Por qué experimentamos emociones? ¿Por qué aparecen las enfermedades psiquiátricas o neurológicas? Estas son algunas preguntas básicas que la neurociencia intenta contestar en beneficio de la humanidad, un mismo objetivo que persigue la meditación zen. Adentrarse en las raíces del sufrimiento para objetivar sus causas y disolverlas a la luz de la atención, es nuestro común propósito. Para lograrlo, utilizamos distintas herramientas de trabajo, pero estamos todos reunidos bajo un mismo espíritu: ayudar al otro a ser feliz, en definitiva, a sentirse sano. Vías espirituales y científicas dándose la mano, ambas necesarias para comprender el origen de las funciones nerviosas, particularmente aquellas más sofisticadas como el pensamiento, las emociones y los impulsos más sutiles.

Denkô Mesa

No hay comentarios:

Publicar un comentario