Seguimos tendencias generalmente equivocadas, saboteándonos a nosotros mismos sin ver que hay más opciones, posibilidades de alcanzar el objetivo de la vida y la felicidad. Embutidos en la cápsula de nuestro propio ego, muy manipulable por otros egos más robustos. No es cuestión de auto-culparnos por el sin sentido y la conciencia de nuestros actos, sino de abrir la perspectiva y visión psicológica, llena de infinitas posibilidades, no solo de coexistencia de vida-muerte, sino de comprender el entretejido de la realidad, que no esta hilvanada como una secuencia única, más bien como miríadas de posibilidades de elección para llegar a la verdad de la realidad universal que lo abraza todo.
Siguiendo las pistas del pensamiento-sentimiento que reflejan distintos matices en la pantalla de nuestra mente para colapsar al mejor de los estados, el de la verdad y felicidad. O ¿acaso es otro nuestro objetivo final? Esperamos sinceramente que no sea así. Las puertas de la integración del conocimiento total están esperando a ser abiertas para entrar de lleno en la sabiduría universal que nos haga más conscientes de nuestro verdadero papel en el cosmos. Comenzando por la apertura de la mente y la conciencia a la percepción del la realidad múltiple conexa del orden implicado como lo propuso David Bohm, con una conciencia holística con íntima relación psicológica, biológica y física.
No se trata de caer en nuevas tendencias o modas de pensamiento o creencias que bajo circunstancias teóricas nos lleven a nuevos dogmas, o a curiosas alegorías como la del gato de Schrodinger, sino más bien de experimentar el flujo de sensaciones que pasan dentro del océano de posibilidades de nuestra mente y corazón, auto-explorándonos, lo cuál no es nada nuevo; eso ya lo sabían las culturas milenarias, como la de los chinos, los mayas, los vedas, etc. Aún en actuales corrientes de pensamiento como la psicología analítica de Jung, entre otras, que ya mencionamos anteriormente. Culturas que tenían un conocimiento global e integrado de todo lo que los rodeaba. Tampoco es tratar de dar consuelo paliativo para que, de cualquier forma, acabemos en el pozo del olvido, haciendo morir sin saber nuestro objetivo real.
Al tener un conocimiento global desintegrado creado por las típicas corrientes de pensamiento y creencias de todo tipo que nos dejan la impresión de paradojas irreconciliables sin sentido. Debido a esto las personas nos hemos desconectado de la sabiduría universal, del conglomerado holístico de la realidad, que parte de un pensamiento cuántico sumergido en lo más profundo de nuestra psiquis. Al estar desconectados, o desintegrados, no podremos hallar las explicaciones completas de cualquier pregunta fundamental de la vida o de la muerte aún de carácter aparentemente trivial como, qué pasará mañana, o por qué sucedió así y muchas más. Cada quien deberá encontrar su respectivo canal de conexión con el todo universal partiendo de la propia introspección con nosotros mismos. Una cualidad intrínseca que posemos, pocas veces aprovechada y, peor aún, desconocida para la mayoría. Y, aunque parezca poco, es mucho, pues se trata de revolucionar nuestra forma de pensar y percibir nuestro entorno, de tener la certeza de que hay algo más que lo aparente.
(Fuente: Megatendencias)

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