Fragmentos del libro
Zen: entrega y confianza.
Ediciones Shinden.
Denkô Mesa
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La vía del zen no lleva a ninguna parte. Lo mismo expresaba Don Juan en algún libro de la serie de Carlos Castaneda cuando decía: “todos los caminos van por el matorral. No llevan a ninguna parte.” Cualquier vía de conocimiento auténtica es realmente un camino que no lleva a ningún lugar. Entonces, ¿cómo entender esta aparente paradoja en la que se nos dice que uno viene a caminar y resulta que lo primero que también se nos dice es que no vas a ir a ningún lado? Para darse cuenta de esta simple verdad, hay que empezar a andar. Ya dijo Antonio Machado, ese sevillano universal, “Caminante no hay camino / se hace camino al andar”. Eso es justo lo que hacemos aquí: caminar.
No sabemos a dónde vamos, especialmente al principio de la práctica en la que el enfoque en pos de una sanación, o bienestar integral del cuerpo y de la mente, no parece ser algo tan claro. Sin embargo, comenzamos a andar; primero un paso, después el otro que le sigue, aprendiendo a sentirnos firmes en cada pisada, a confiar en la experiencia del “sin miedo” ante todo aquello que se va abriendo y presentando a cada instante delante de nosotros. Esto mismo es lo que hacemos durante el kinhin, la meditación caminando propia de la práctica zen, primero dando un paso, luego atendiendo al otro que le sigue, ambos con una actitud de total entrega ante el absoluto asombro de la vida.
Hoy en día que estamos tan necesitados de referencias objetivas, el zen nos proporciona una adecuada orientación existencial a través de una permanente reeducación de la mirada. El budismo está tomando una fuerza inusitada en Europa, en Occidente, especialmente el budismo zen que ya aparece en frascos de colonia, jabones para el cuerpo, marcas de ropa, etc. Pero la práctica del zen no es una moda pasajera, ni algo adscrito a marcas comerciales, es una experiencia Real (con mayúsculas) que nos permite tener la posibilidad de conectar en verdad con quiénes somos y de qué va esto. Es una certitud que se está transmitiendo, ininterrumpidamente de generación en generación desde hace muchos siglos, milenios. El zen es un medio adecuado de reeducación existencial, con una metodología clara y definida que ha sido consensuada por muchos meditadores de distintos países, épocas y lugares diversos, pues todos llegaron a la misma experiencia del despertar.
Así pues, este camino que aparentemente no lleva a ninguna parte, es algo vivo, algo que es posible experimentar. La clave está en el cultivo y desarrollo sistemático de la atención. El requisito es que queramos hacerlo, de ahí la importancia de una buena correlación entre la perseverancia y la paciencia, pues ya lo dice el dicho popular: “quien algo quiere, algo le cuesta”. Finalmente, la base de esta experiencia pasa por una entrega de sí y una apertura desinteresada que nos llevarán al reconocimiento de lo que siempre hemos sido y seguimos siendo.
Denkô Mesa

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