Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

9 de junio de 2011

Certeza interior




Dicen los viejos sabios que "saber es tener certeza", pero quién es el que sabe y qué se supone que sabe. ¿Acaso actúa el hombre con plena decisión? ¿Fluyen sus ideas con cierta lucidez? ¿Dónde está el centro de su periferia? ¿Cómo piensa, siente, padece o disfruta en el mundo de las interrelaciones? ¿Se contempla la realidad tal y como es, o más bien, se sufre de manera innecesaria porque nos gustaría ver las cosas de otra manera?

Los seres humanos sucumbimos al constatar que aquello que habíamos pretendido, no se corresponde con lo que está sucediendo. En reiteradas ocasiones funcionamos como autómatas y pareciera que nadamos a contracorriente, dando un paso atrás en el proceso evolutivo. Las semillas que antaño plantamos, esperan florecer en los jardines de un futuro mejor, pero al hacerlo así, bajo el yugo del deseo, este impulso ciego nos aleja del preciso instante del ahora, ¡el único soplo verdadero!

Por otra parte, cuando todo es entendido bajo la premisa del dejarse llevar, postergamos actuaciones para un luego inexistente, o bien esperamos que sean otros los que resuelvan, en lugar de asumir la veracidad o no de las decisiones que tomamos. La incógnita a despejar es ésta: si no es ahora el momento de poner consciencia en nuestros actos, palabras y pensamientos… ¿Cuándo lo es?

Estamos soñando y vivimos automatizados. Nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás de forma equivocada; hacemos y decimos cosas de las que luego nos arrepentiremos y que nos provocan un sufrimiento innecesario. En un lenguaje espiritual, hemos perdido claridad en la mirada. Vivimos bajo la sombra oscura de la ignorancia. Gurdjieff insistía en que casi todas las miserias humanas son producto de una vida automatizada y mecanizada. En la mayoría de las ocasiones reaccionamos ante los hechos de forma impulsiva y desmesurada, cuando en realidad todos tenemos la capacidad de ralentizar el movimiento de la mente y elegir cuál es la mejor opción (respuesta) para cada circunstancia y situación.

Podemos (y debemos) asumir la responsabilidad a la hora de tomar las decisiones, pues no son otros los que imprimen calidad al cómo y qué estamos haciendo; no son otros quienes regulan nuestras idas y venidas en el camino de la vida. No todo está tan bien como muestran las apariencias, no todo vale. Participar ante los hechos, manifestarse activamente y hacerlo de manera ecuánime, interrelacionarse con sensibilidad, y al mismo tiempo, mostrar un espíritu crítico ante lo que está sucediendo, mostrará el verdadero valor que cobran nuestras convicciones. Se precisa con urgencia de una nueva escala axiológica que anuncie claramente que las emociones no pueden quedar al margen de los valores que delimitan la conducta de los individuos.

El budismo zen promueve la tarea del despertar del sueño ilusorio, considerando esta hazaña como un proceso suave y gradual de desidentificación progresiva respecto al contenido mental en general y a los pensamientos en particular. La meditación propicia la emergencia de un conocimiento consciente, ya que al fomentar el cultivo sistemático de la atención, nos permite poner luz en el terreno oculto de las opacidades. Cuando se ralentiza el ritmo de la mente, el practicante accede a un estado de sereno centramiento y desde esta estable atalaya, todo comienza a ser visto de manera justa. Cuando dejamos de manipular las experiencias, cuando participamos serena y activamente de ellas, las ideas fluyen sin premura. Los fenómenos emergen, se desarrollan y se ofrecen tal cual son. Todo es visto naturalmente. Si por el contrario, nos perdemos en los bosques del intelecto libre pensante, la mente se empantana como lo hace un elefante en el barro.

Es de vital importancia no confundir lo que es o lo que se supone podría ser nuestra naturaleza original con aquello que corrientemente pensamos que es o nos han dicho que es. No podemos seguir permitiendo que el amor, el placer y la aceptación sean los premios que recibimos por ser obedientes con el sistema.

Merece la pena reconocer el legado transmitido ininterrumpidamente por distintos hombres y mujeres de la vía del conocimiento, merece la pena ocuparnos por velar y transmitir la práctica del espíritu. Protejamos este tesoro, aunemos nuestras fuerzas por un bien común, mantengamos encendida la llama de la atención a fin de  fortalecer la existencia de un ego sano, esto es, una estructura psico-somática que no vague de aquí para allá en busca de satisfacciones inmediatas. Podemos hacerlo.

Es la práctica perseverante la que certifica la comprensión. Éste es el factor clave en el proceso del darse cuenta, el fundamento del camino recto enseñado por el linaje del Budha y que conduce al ser humano a la emancipación absoluta.

Denkô Mesa

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