La conciencia es el escenario donde se desarrolla la unión mística. La conciencia es una forma de verdad. Puede ser definida también como un nivel de realidad interior, ya que a través de ella reconocemos nuestros propios actos y sentimientos. En otra acepción, ella es un testigo interno, que permite que el ser pueda ser probado por medio de la existencia, comprendido por el conocimiento y disfrutado en la bienaventuranza.
Generalmente, los niveles básicos de conciencia son: el de vigilia, sueño con sueños, sueño profundo y despierto. Nos detendremos aquí en este cuarto estado, que es la matriz para las formas mas elevadas de conciencia y de experiencia mística.
Existe una gran variedad de términos para denominar esos estados místicos: conciencia cósmica, visionaria, chamánica, transpersonal, iluminación, auto-transcendencia, conciencia objetiva, etc. O para usar una terminología más mística: el éxtasis y la gracia cristiana, el satori zen, el samadhi del Jana Yoga, la fana sufi y la miração de la tradición daimista en la cual nos detendremos más adelante.
Por otro lado la conciencia representa una especie de zona mental donde se perciben las diversas dimensiones, mundos y planos de realidad. Sus eventos son de otra orden de realidad sin que por esto pierdan su veracidad. En la definición del místico esotérico cristiano Daskalos, la conciencia o mente sagrada, puede alcanzar desde la percepción tridimensional del mundo material, pasando por las cuatro dimensiones del mundo psíquico hasta el plano noético que es el plano de los pensamientos, estrechamente asociado con lo psíquico. De ahí en adelante, existen estados de conciencia que apenas pueden ser imaginados o intuidos por la conciencia humana más allá de los "mundos de separación", donde reina el espíritu y los mundos de pura espiritualidad.
Por lo tanto podemos decir que el nivel psico-noético de conciencia sea una zona intermedia, un puesto de frontera, que delimita de manera tenue las distintas categorías y eventos de orden psíquico de experiencia y realización espiritual. ¿Y qué eventos serán esos que pueden ser definidos en el horizonte de una genuina experiencia mística? Comparando las descripciones bíblicas de Ezequiel, Daniel, los relatos de Plotino, San Pablo, Rumi, Eckhart, Juan de la Cruz, Kabir, Ramakrishna, los resultados recientes de la investigación con el LSD y mescalina y los testimonios actuales sobre los estados inducidos de conciencia chamánica, llegamos a coincidencias impresionantes entre el carácter de los estados de conciencia alcanzados, lo que nos permite trazar un cuadro bien completo de las principales características del fenómeno místico. Ellas son:
• inefabilidad, incapacidad de narrar en palabras las bellezas alcanzadas con toda su riqueza de visiones y sensaciones;
• el carácter inexplicable de las verdades vividas, lo que presupone un gran desarrollo potencial de la intuición;
• sensación de unidad;
• experiencia subjetiva de fusión del Yo con el universo;
• trascendencia del tiempo y del espacio, sensación de emerger beatíficamente en el Eterno Ahora;
• profunda sensación positiva hacia la vida;
• reconocimiento de lo sagrado del carácter divino de la experiencia obtenida;
• aumento del poder de concentración y cognición;
• sensación de confort y estímulo moral para desempeñar las instrucciones recibidas;
• insights reveladores y valiosos para solucionar conflictos internos;
• reverencia y humildad frente a lo desconocido, serenidad frente a la aceptación de la muerte y comprensión de ésta como una transición a una vida fuera de la materia y de pura conciencia;
• predisposición al altruismo y la abnegación;
• visualización del lenguaje.
Todas esas referencias se encuentran combinadas en mayor o menor grado en los estados alterados de conciencia y se convierten en autenticas revelaciones místicas. Sean ellas naturales, espontáneas o inducidas por medio de tambores, mantras o enteógenos.

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