El ser humano mira y se relaciona mediante una percepción difusa. El ser humano no contempla los fenómenos tal y como
son. A esta ilusión
mental que genera fijación, contracción, apego o resistencia en el budismo se la
denomina ignorancia.
Sin embargo,
también existen momentos libres de inconsciencia. Es necesario que reconozcamos
estos espacios en nosotros. Gracias a la práctica meditativa se genera un
estado de presencia incondicional. Todos tenemos la capacidad de conectar
directamente con la experiencia acontecida, sin distorsionarla con ningún tipo de
expectativas. Cuando aprendemos a ver sin mirar, cuando abandonamos el impulso
manipulador, todo surge, se desarrolla y manifiesta de forma natural. Para lograr
este estado participativo, te ruego reflexiones sobre lo siguiente: ¿cuántos apegos eres capaz de reconocer?
1.
apego a los placeres sensuales
Todo fenómeno es objeto de
atracción/captación por parte de los sentidos. Podemos incluso sentirnos
atraídos por las experiencias “agradables” de la meditación. Es el terreno
resbaladizo de la adicción, la fascinación y el encanto. La cultura occidental
es una cultura caracterizada por la avidez y el consiguiente desengaño al no
poder satisfacer todo aquello que se plantea. El deseo es la antesala del
placer y la publicidad produce sujetos deseantes. Vivimos una realidad
teleprogramada.
Las llamadas sociedades modernas crean
individuos incapaces de colmar todas las apetencias que éstas les ofrecen; los
seres humanos se sienten frustrados y envidiosos de no tener lo que posee el
vecino de al lado: es el veneno de la envidia. Creemos que nos falta algo
cuando en realidad ya lo somos todo. Así, una salida ilusoria a esta profunda
insatisfacción pasa por salir a comprar de forma desmedida y compulsiva. Comprar,
acumular bienes materiales, añadir experiencias novedosas, no son la salida a a
insatisfacción existencial. Como dice Antonio de la Marina, “el consumismo es el reino momentáneo de los
caprichos” La apetencia es el nivel más bajo del deseo porque una vez
satisfecho, el breve y limitado placer, queremos más y más. Éste es el signo
más característico de las mal llamadas “sociedades desarrolladas”.
2.
apego a los puntos de vista
Nos rebelamos cuando se pone en tela de
juicio nuestros propios juicios o se ponen en entredicho nuestras opiniones.
Nos apegamos a tener la razón. He aquí una buena práctica: en lugar de
preguntar, ¿quién tiene razón?, podemos convertirlo en, ¿qué puedo aprender de
esta enseñanza? Es de sabios tener una mente abierta a lo que nos creemos ser.
Como dice el poema: “El hombre sabio no
tiene ego pues todas las existencias son su ego”
El maestro Bankei que vivió en el siglo
XVII acuño la frase que empleó a menudo: “No
te pongas de tu parte” El ego siempre quiere tener la razón. El
individualismo es su religión de poder.
3.
Apego a uno mismo
Esta es la verdadera causa del sufrimiento
humano, la identificación excesiva hacia este cuerpo-mente del que nos creemos
propietarios. Una consecuencia de este apego es el miedo a la pérdida y a la
muerte. Hemos creado toda una estructura vacía y hueca de sensaciones,
recuerdos, emociones, pensamientos y anhelos espirituales que reúnen un
conjunto de condiciones cambiantes y efímeras. No somos nada.
Que cada cual saque sus propias
conclusiones. Nadie va a hacerlo por ninguno de nosotros. Somos los
únicos responsables de la realidad que creamos a cada instante. Podemos
hacerlo bajo el amparo de la luz de la atención plena o bien hacerlo
bajo las estrechas miras de una mente condicionada.
Termino parafraseando al propio Budha
quien dijo: “No debemos apegarnos a nada
que denote yo o mío. Quien haya oído esta verdad, ha oído todas las
enseñanzas.”
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Denkô Mesa
Junio 2012

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