Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

1 de junio de 2012

Sobre la paciencia

Conocerse en intimidad requiere de un tiempo para hacerlo y esto implica tener la capacidad de aceptar la totalidad de todo lo que uno va descubriendo. Estamos hablando de un proceso gradual. Hay que esperar con madurez y cariño la llegada de los cambios. Cultivar la paciencia nos proporciona la fuerza para salir adelante en las dificultades, sin desintegrarnos, sin perder el eje. Todo gira a partir del estado del centramiento, no al revés.

La paciencia es la manifestación de la actitud de no esperar nada porque en este sentido, cuanto más esperamos obtener, menos disfrute obtendremos. Las cosas están siendo tal y como están siendo, más allá de nuestros gustos o antipatías personales. La paciencia surge de la profunda aceptación. La meditación es la práctica de la paciencia por excelencia. Nos permite tolerar la adversidad, el estrés, los errores de otros y actuar con tolerancia, libres de resentimiento, irritación e incluso caer en la toma de represalias.

La paciencia es la ausencia completa de agitación interna en cualquier momento, incluso cuando se ve inundado por sus propias pasiones. Esto puede hacerlo contemplando el carácter vacío de cada cosa y por ello puede no sentirse vinculado a ella. Es el autocontrol natural que nos permite no reaccionar compulsivamente y automáticamente ante un estímulo determinado. Futbolísticamente hablando es parar la pelota y ver cómo va la jugada, para dar el mejor pase. Si la paciencia se desarrolla como virtud, ¡cuántas guerras y conflictos nos evitaríamos!

¿Dónde tiene su fundamento la paciencia? En desarrollar el espíritu de la no obtención. Ya lo somos todo, somos un siendo.  La paciencia es la ciencia de la paz que surge del santo olvido de uno mismo. Ahora bien, paciencia no es resignación, ni un acto de masoquismo. No estamos hablando de aguantar. Implica ir más allá del dolor (sólo el 15% es físico; el resto es existencial) La clave está en la integración a través de la aceptación y la respiración. El aprendizaje está en la estabilidad y en el no querer salir corriendo y buscar un supuesto alivio inmediato. 

La paciencia es el aprendizaje de tomar una distancia prudencial de lo que sucede ante nosotros. No reaccionamos, ni tomamos decisión alguna cuando el fuego de la ira está desatado. Practicamos la no oposición ni el enfrentamiento. Se trata de generar un estado interno de tranquilidad anímica que nos permite transmutar nuestros demonios internos en estados emocionales adecuados. La paciencia contrarresta los impulsos de la ira. Tenemos la capacidad de transmutar las injurias e injusticias. La práctica consiste en identificar en qué preciso instante se levanta la ola en el océano interior. En el exterior se refleja el oleaje de nuestro mar de fondo.

La premisa básica es muy simple, carente de artificios especulativos: se trata de sentarse y sentirse. SENTARSE significa parar, al menos por unos minutos, la diabólica carrera de obstáculos en la que hemos convertido nuestra vida. SENTIRSE significa ser íntimo consigo mismo. 

Dado el alto grado de sofisticación de nuestras sociedades actuales, hemos perdido el sentido de la sencillez, de lo íntimo y de lo evidente. Creemos ilusoriamente que la felicidad es algo muy difícil de conseguir y que para conseguirla debemos hacer todo tipo de cosas complicadas. O creemos que el progreso tecnológico, con toda su vasta complejidad, es lo que va a conducirnos en el futuro - siempre en el futuro- a un cierto estado de felicidad. O lo que es peor, caemos en el nihilismo y pensamos que nunca podremos acceder a la paz interior y al verdadero bienestar. 

Sin embargo, el estado de felicidad, la paz interna, está  muy cerca de nosotros: es la sustancia misma de nuestra mente. Basta con que nos permitamos pararnos, hacer una pausa en nuestro largo y doloroso éxodo y, poco a poco, con paciencia y perseverancia, dejarnos reposar en el fondo estable y pacífico de nuestra propia mente.
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Nota: consideraciones personales y apuntes extraídos de las enseñanzas escuchadas al maestro Dokushô Villalba rosh

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