Confrontación serena
Un practicante, entregado a la Vía,
debe plantearse con seriedad preguntas tales como:
¿Por qué medito?
¿Para qué
lo hago?
¿Con quién?
¿De qué manera?
Esta confrontación serena es fundamental
en el camino del conocimiento.
Si el practicante las formula en la privacidad,
corre el riesgo de caer en los derroteros del engaño, esto es, la manipulación
y la autorreferencia. Únicamente tiene sentido esta indagación consciente cuando
la práctica se desarrolla en el seno de un grupo estable de practicantes y bajo
la guía de un maestro espiritual. Esta cercanía y continuidad dan consistencia
a la misma. La supervisión es importante porque solos nos hacemos muchas
trampas sobre lo que es o no es la práctica del darse cuenta. Por todo ello, en
el budismo Mâhâyâna se encuentran orientaciones como ésta: “no tengas avidez de
Dharma”.
¿Qué pretendemos conseguir al
sentarnos en meditación? Nuestra mente oscila entre el mundo de los deseos,
caracterizado por un flujo de identificaciones hacia aquello que consideramos
atractivo y el territorio del rechazo ante fenómenos que catalogamos como
desagradables. Dicho esto, debemos tener en cuenta que los practicantes pueden
caer bajo la enfermedad zen, cuyos síntomas aparecen cuando la persona se deja
llevar por proyecciones idealizadas, esto es, rechaza absolutamente todo
aquello que no sea acorde a esta tradición ya milenaria. Si no encuentra la
supuesta luminosidad en el mundo circundante y en las relaciones cotidianas,
tenderá a alejarse de ellas, juzgándolas además como incorrectas y de escaso
nivel o importancia. Éste es un error de bulto que debe subsanarse.
La práctica del Zen no tiene propietario.
La meditación todo lo abarca y todo lo integra. En ella nada falta y nada
sobra. Cuando un practicante se sienta en zazen, su meditación pudiera ser
comparada al viejo arte del tiro con arco. Debe aprender a enfocar
correctamente y dirigir la flecha hacia la diana antes de soltar (léase la motivación o la
intencionalidad por la que se practica). Sin embargo, a diferencia de esta
disciplina, en zazen no es posible errar el tiro porque la mirada se posa en el
universo por entero.
En la experiencia de la unicidad todo
es Dharma. No ha lugar para las antipatías o las preferencias en la práctica
meditativa. Para ello mantén presente una actitud alerta y contemplativa. Cuida
la estabilidad de la postura. Fúndete con el acontecimiento, sea cual sea y como
se presente. Fluye a través de una respiración oceánica y reposa sostenido en el
vacío fértil creador. Ante ti el Dharma del Budha. No debes esforzarte por
hacer zazen. Eres zazen.
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Kusen (Enseñanza oral)
Dojo Zen de Tenerife
9 de julio de 2012
Maestro zen Denkô
Mesa

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