¿Por qué meditar y cómo hacerlo?
Es fácil extraviarse en el camino,
si no se conoce bien el terreno y no se tienen los medios adecuados para
orientarse en la travesía que nos lleve al destino final. El
maestro zen Dôgen ya alertó a los caminantes al decir que “la Vía del Budha no puede ser alcanzada a través de la no práctica y
del no estudio, pues de hacerlo así, caerán en puntos de vista falsos,
dualistas e lilusorios”.
Necesitamos ver e integrar lo que
somos, tanto a nivel conceptual (mente), como a nivel práctico y concreto (cuerpo).
Cada cual elige libremente explorar y descubrir a conciencia quién es y cómo se
relaciona consigo mismo y con los demás. Para acertar en estas elecciones, el
budismo ofrece una metodología precisa, muestra un total compromiso con la humanidad
y por ende con todos los seres. El propósito de la práctica meditativa lleva al
individuo a estabilizarse en mayores niveles de conciencia, a saber, a fluir
adecuadamente en los llamados tres dominios de la existencia:
·
Personal – individual
·
Interpersonal – colectivo (relaciones)
·
Suprapersonal – universal
¿En qué nivel de frecuencia estamos
en cada uno de estos dominios? Zazen es una recapitulación comprensiva de cómo
estamos vibrando en cada nivel. Durante la práctica meditativa (todo el tiempo,
pero especialmente en los retiros o jornadas intensivas) se analizan las causas
y se observan los efectos. Descubrimos que la mente siempre se está moviendo,
es su naturaleza, pero podemos ralentizar su ritmo y experimentarlo todo de
forma más serena. Ralentizar no significa parar, significa bajar la
intensidad, para ver así con mayor claridad y nitidez. Para ello es necesario contar
con un conjunto de condiciones favorables (espacio adecuado y un grupo que nos
apoye en el trabajo) y la continuidad en este arte del darse cuenta. El Zen es
un trabajo serio en el que no ha lugar para la postergación o el descanso.
Dice el maestro Kôdo Sawaki que “el ego es una idea persistente a la que nos
aferramos en virtud de nuestras experiencias.” El ego siempre anda
justificando sus actuaciones. Por otro lado, la práctica no necesita ser conceptualizada,
necesita ser vivenciada íntegramente. En general podríamos decir que el ego
cumple dos funciones:
·
Supervivencia (lo cual mantiene a la identidad en permanente
lucha y tensión)
·
Protección (defensa de todo lo que concerniente al yo
y lo mío)
Por ello, hemos de saber que el ego
nos tiene sumidos en la IGNORANCIA que podemos entender como un conocimiento
incompleto o parcial. La causa de este error perceptivo está en la falta de lo
que llamo eje o centramiento. Debido a esto, vivimos de forma desajustada y
caminamos muchas veces a ciegas y en una dirección equivocada. Esta manera de
caminar por la vida, nos produce SUFRIMIENTO,
que no es otra cosa que es el resultado de los intentos realizados por el
observador que siempre termina por manipularlo todo. Nuestra perdición es el
juicio programado, la resistencia, la lucha y creer tener el control absoluto
de lo que pasa. Así cualquier tipo de experiencias se convierten en frustrantes
al no alcanzar todo lo que queremos o terribles y amenazantes porque sentimos
que nos quitan aquello que consideramos como nuestro. Pero al contrario de lo
que pudiera parecer, es una buena noticia porque el dolor que sentimos es una
creación subjetiva de la mente y puesto que ha sido creado por ésta, con ella
misma podemos desarticularlo. ¡En ello estamos! ¿No?
Por otra parte, así como hemos
hablado de los dominios de la existencia, en el budismo se dice que hay tres
marcas de la existencia condicionada que sirven de orientación para dirigir la
mirada hacia la liberación. Cualquier practicante de meditación debe referirse
a ellos en su estudio, son excelentes recursos de aprendizaje:
·
El dolor (dukkha)
·
La inestabilidad (tempus
fugit decían los latinos, annica en
pali)
·
La falta de identidad (anatman)
Tenemos un trabajo por delante. El
camino del despertar es un sagrado oficio. Como hemos visto, la tendencia de la
mente es dirigir sus movimientos hacia las formas que considera sólidas;
necesita identificarse con algo para poder subsistir. Nuestros egos son como
pájaros en vuelo, buscando siempre una rama donde posarse. Por eso dijo Dôgen
Zenji en el Zazenshin:
“El cielo es vasto y se
extiende hasta los confines del cosmos.
El pájaro que vuela en este
cielo es el pájaro.
El agua pura penetra hasta
lo más profundo de la tierra.
El pez que nada en este agua
es el pez.”
Los contenidos mentales que
contemplamos durante zazen pueden ser asemejados con cubitos de hielo flotando
en al agua. La mente propiamente dicha es el agua. Y la esencia que nos
sustenta es la humedad. Zazen es beber de esta Fuente Original. Zazen es darse un buen zambullido es este agua
oceánica. Zazen significa abrirse completamente a la experiencia de la unidad. Zazen
es desnudarse y sentirse uno/a en la simplicidad de todo lo que está aconteciendo.
Zazen es ser sin resistencias. Para ello la actitud del practicante es
fundamental en esta Vía del despertar. Así como la intención y el buen
propósito son algo interno, deben materializarse, hacerse tangible, tocarse, verse
y concretarse en el mundo externo. Decían los antiguos taoístas que lo que es
afuera, es adentro. Lo que adentro, es afuera. Lo que hagas, hazlo sin pensar
en ganancias o pérdidas. Durante zazen no digas esto está bien, esto está mal. Zazen
es la Paz del Espíritu. Éste es el camino del medio enseñado por Shakyamuni.
Necesitamos
ser íntegros con la práctica. Fortalecer la continuidad meditativa. Descubrir y
dejarnos reposar en la presencia incondicional (sin condiciones). Gracias a
esta alerta sostenida, podemos indagar, reconocer, conectar y permitir ser. Recuerden
que es la polaridad identificación-apego nuestro principal causante de un
sufrimiento innecesario. Como dice el filósofo Keiji Nishitani (1900-1990) “las cosas sólo nos revelan su esencia cuando
renunciamos a la circunferencia y saltamos al centro”
Finalmente es cierto que hacen
falta tiempo y práctica continuada, para estar en condiciones de permitir que la
experiencia sea tal y como es, que puedan aceptar los fenómenos tal y como se
presentan. Sin embargo, no confundan la paciencia, entendida como ausencia de
agitación interna, con la tediosa espera del mal practicante que dormita
alelado sin atender cada acontecimiento. Mantengan un tono justo en la postura que
es fiel reflejo de la vida misma. Permanezcan atentos en medio de los
pensamientos, los sentimientos y las percepciones. La práctica no es un hecho
memorístico. Sean auténticos a cada instante. Vivan conscientemente sin
autoengaños.
Denkô Mesa
Enseñanzas durante el I Zazenkai
Centro Piedra Blanca, Arico.
Julio 2012

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