¿Cuáles son tus identificaciones?
La mayor parte de la gente se identifica con sus pensamientos, es
decir con sus ideas, sus recuerdos, sus preferencias y sus vivencias. Y lo hace
de tal forma que las hace equivaler a sí mismo, como si de una especie de
identidad invisible se tratara. No es de extrañar puesto que el Ego (el Yo), es
sobre todo un constructo histórico.
Esto significa que es el garante de que hoy seamos el mismo que
ayer a pesar de reconocer que hemos cambiado. De alguna manera el Yo es el hilo
que anuda nuestras experiencias actuales y pasadas y les confiere un rango de
historicidad.
Otra de las características del Yo es que puede pensar,
visualizar, divagar o reflexionar. Los pensamientos son la principal producción
de nuestra mente junto con la imaginería visual. Casi todo el tiempo los
pensamientos acuden a escena, tanto si los buscamos, como si no lo hacemos. Nos
pasamos la vida pensando, cavilando, recordando canciones, escenas, diálogos o
monologando con nosotros mismos.
No existe ninguna otra actividad que consuma tanto espacio y
tiempo como ocurre con nuestros pensamientos. El problema es que los
pensamientos están de alguna forma condicionados y determinados, son por así
decir automáticos, no precisan de ninguna intención (aunque también podemos
dirigirlos conscientemente), se presentan en nuestra mente sin pedir permiso y
se asocian con otros llenando siempre la escena con nuevas o viejas secuencias
de hechos o palabras.
El Ser no es el Ego. El Ser es lo que es y el Ego es lo que
creemos ser, el
problema del Ego es que aunque nos provee de identidad y continuidad carece de
fundamento.
Trate usted de definir su Yo y verá lo
que encuentra. Se encontrará una secuencia de hechos, una biografía, una narrativa,
pero observe con atención que allí no hay ningún Yo, sino un ser en marcha, un Dasein,
un ser en el mundo.
¿Y como podemos sentir el Ser? Naturalmente desprendiéndonos del
Ego, silenciándolo, mandándolo al fondo de la conciencia. El Ego hace demasiado
ruido para escuchar al Ser y obtura su voz interior, una voz que está ahí en
todos nosotros y que necesitamos acallar ese murmullo de fondo para poderle oír.
Eso es lo que sucede en la meditación.

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