Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

1 de mayo de 2012

Cuando las palabras no son la realidad



¿Qué entendemos por dolor? 
¿Es lo mismo que el sufrimiento? 
¿Qué entendemos por compasión? 
¿Es lo mismo que sentir lástima o pena por algo o alguien? 

Generalmente utilizamos dolor y sufrimiento como sinónimos. Sin embargo, es importante entender la diferencia. Las palabras no son la realidad, pero a los humanos nos gusta enredarnos con ellas.

El Budha Shakyamuni se encontró con una sociedad atrapada en leyendas y mitos ancestrales. Para trasmitir la experiencia del despertar, usó un lenguaje claro y sencillo. Han pasado desde entonces más de 2.500 años. Todo el mundo entiende las llamadas Cuatro Nobles Verdades, pero cuántos las practican. Esta es una pregunta importante.

La primera enseñanza budista indica que la vida es dolor, lo cual incluye ideas profundas como ‘imperfección’, ‘impermanencia’, ‘vacuidad’, ‘insustancialidad’ y ‘conflicto’. Es difícil encontrar en castellano una palabra que abarque toda la semántica del concepto dukkha. Están incluidos en ella todo tipo de sufrimientos como el nacer, envejecer, enfermarse, morir; puede asociarse también a las condiciones desagradables, como la separación de nuestros seres queridos. Por otra parte, el dolor aparece cuando no conseguimos aquello que se desea, lo cual se traduce en pena, lamento, intranquilidad… Dicho esto, se puede hablar de tres tipos de dolencias: corporales, emocionales o psicológicas (básicas) y las propiamente existenciales (universales).

Lo que el Budha mostró es que la causa principal del sufrimiento está en el apego y esto repercute en todo tipo de dolencias. Esta es la realidad de la vida misma, la cual nos confronta y hace tomar conciencia del carácter efímero de la existencia. Es la autoimagen del ego por mantenerse a toda costa la base del sufrimiento humano. Estamos tan convencidos que somos lo que somos y que esta existencia es indeleble que, al comprobar que igualmente somos impermanentes, nos angustiamos. Todo esto se manifiesta en distintas formas de dolencias y psicomatizaciones, tales como la ansiedad y el ritmo frenético del día a día que nos llevan al oscurecimiento y a la falta de tono o brillo natural. Vivimos en un mundo que rechaza ser de otra manera; estamos convencidos que debe ser como nosotros queremos que sea. Ésta es la ceguera de la ignorancia.

Por ello, el propósito de trabajo de la meditación budista se enfoca hacia la tercera categoría de dukkha, esto es, disolver la percepción ilusoria que nos lleva a un no saber o no aceptar quiénes somos y qué es el mundo. 

La práctica de zazen nos lleva a esta experiencia. Es la experiencia, una medicina universal que sólo requiere una cosa: práctica. Cuando ello sucede, deja que la práctica hable a través de ti. Ésta es la experiencia de la libertad. 


Denkô Mesa
Abril 2012

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