BENDITA IMPERMANENCIA
Denkô Mesa
Nuestra mente es como un
caleidoscopio, siempre nos presenta múltiples colores o formas distintas de una
misma realidad. También se puede asemejar con la imagen de un cangrejo bajo el
agua que continuamente envía burbujas, burbujas y más burbujas hacia la
superficie. En otras ocasiones nuestra mente se parece más a una botella de
sidra sin gas. ¿Qué quiere decir esto?
Nos pasamos la vida corriendo
detrás de satisfacciones que creemos inmediatas, ya sean del tipo emocional,
intelectual, corporal, estético… espiritual incluso. Por lo general, no nos
permitimos hacer una seria reflexión sobre la existencia, pero los reveses de
la vida acentúan en nosotros la realidad de la impermanencia. Nos apegamos a
este cuerpo-mente y montamos toda una historia alrededor de la vida-muerte. Nos
apegamos al espíritu que dice: “Yo” o “Es mío, es mi mujer, es mi trabajo, mi
casa”. Mi…mi…mi… Nos adherimos al convencimiento de lo privado y sólo aceptamos
aquello que entra en los terrenos de la individualidad donde creemos que
estamos a salvo. Sin embargo, ¿qué pasa con todo esto cuando se paran
inspiración y espiración? He aquí
una breve historia:
“Un rey tenía una mujer
maravillosa. Un día, ella se preparaba para atravesar el gran mar y el monarca
estaba muy triste. Uno de sus ministros se acercó y trató de consolarlo:
majestad usted tiene la fuerza del conocimiento y sabe que su señora volverá
sin tardar, ¿por qué sufre esta tristeza? Y el rey contestó: Lo que me acongoja
no es pensar que mi mujer no volverá, sino que temo que a la vuelta su juventud
se haya fugado”.
Eso es sólo ver una parte de la impermanencia, el reflejo de una
mirada que se identifica con lo eterno, que se ampara en la insustancial
seguridad de los bienes, las relaciones que caducan o la inteligencia que nos
dice que aquello que ahora comprendemos también cambia. ¿Tan listos nos creemos?
No hay dos momentos como éste del ahora, de hecho, es el único que existe.
¿Cómo y qué estás haciendo para relacionarte con la bendita impermanencia? ¿Cuánto
tiempo te queda para practicar, cuánto espacio le dedicas a la búsqueda y respuesta
de esta verdad universal?
Entregarnos a la práctica
meditativa, aprender a soltar lo superfluo y fortalecer aquello que es
verdaderamente necesario, constituye una transformación perceptiva del mundo
que requiere de un esfuerzo voluntario. Así que, como dice el Libro de las mutaciones: "una
revolución debe alegrar los corazones de la gente", pero hay que
prepararse para ella y además querer hacerlo porque nadie va a descubrirlo por
ninguno de nosotros. Sin tener en cuenta la fugacidad del tiempo, la práctica
se convierte en algo gimnástico o en una pobre técnica de provecho personal.
Como dijo el maestro zen Deshimaru:
“Nos
equivocamos pensando que nuestra vida es sólo una línea del nacimiento a la
muerte, nos equivocamos pensando que el tiempo es algo paralelo a nuestra vida,
que tenemos que correr detrás o que ya ha pasado.”
En definitiva, ya lo somos todo,
pero lo ignoramos por una falta del ejercicio atento. Lo que se abandona es la
tensión producida por las expectativas del ego y su frustración correspondiente
por no alcanzarlas. ¿A qué esperas para darte cuenta de esta verdad y ponerte a
ello?
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Enseñanzas
durante el retiro de verano 2012
Gran
Canaria

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