Cuando estoy muchas veces en la ducha y me veo que no paro de repetir el
mismo estribillo de una canción... digo: PARA ! y mi mente calla... por
un instante... porque al rato vuelve a hacer run-rún... y lo más seguro
que vuelva a tener que insistir en mi aseveración para que vuelva a
callar. Al final, con suerte, como un niño pequeño y revoltoso, acaba
callando... y a partir de ahí es cuando empiezo a poder disfrutar del
silencio...
Empiezo a escuchar el agua caer... a notar el agua sobre la piel... a
saborear delicadamente las gotas que se escapan por las comisuras de los
labios... a escuchar a esos pájaros tras la ventana... y es cuando al
menos por un instante tomo conciencia del momento, del presente, del aquí y del ahora, sin anclarme en el pasado y sin preocuparme por el futuro... disfrutando del momento.

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