La “espiritualidad no religiosa”
o SBNR, por sus siglas en inglés, es una postura que se percibe como
alternativa a la religiosidad organizada. ¿Puede mantener la ciencia una
relación con la actitud SBNR en el contexto del mundo actual? Según el
astrofísico Adam Frank, sí. Pero, para ello, señala el investigador, es precisa
una revisión del lenguaje y que lo “espiritual” pase a entenderse como
“sagrado”, sin ninguna connotación sobrenatural.
Según un estudio realizado por
sociólogos de la Universidad de Rice, en Estados Unidos, más del 20% de los
científicos ateos se declara espiritual. Los resultados de esta investigación
parecen reflejar una realidad social que traspasa el terreno de lo científico,
si tenemos en cuenta otra encuesta en la que se constató que el 72% de las
personas de entre 18 y 29 años de Estados Unidos se declaraban “más
espirituales que religiosas”, según USA Today. Por otro lado, otra encuesta
llevada a cabo por Gallup, también en Estados Unidos, reveló que un 33% de los
habitantes del país se definía como SBNR (siglas en inglés del término).
La expresión ya es popular:
“espiritual pero no religioso” y se utiliza para definir una actitud vital que
se caracteriza por la identificación con una espiritualidad, al tiempo que se
rechaza cualquier forma organizada de religiosidad. Se considera que dentro del
grupo de personas “espirituales pero no religiosas” entrarían los individuos no
practicantes, los ateos espirituales, los librepensadores o los buscadores
espirituales, entre otros.
Diversas posturas
Sobre este tema, el astrofísico
de la Universidad estadounidense de Rochester, Adam Frank discutía
recientemente en Point of Inquiry con
Tom Flynn, director del Council for Secular Humanism y editor de la revista Free Inquiry. Asimismo, Frank, que
además de astrofísico es autor del libro El
fuego constante: más allá del debate ciencia vs.religión, explica que hay
opiniones a favor y en contra de la postura SBNR. Por un lado, para las
personas que se describen a sí mismas como felizmente religiosas, la actitud de
“espiritual pero no religioso” implica una dilución de la fe y un rechazo a las
doctrinas que para ellas constituyen un aspecto esencial de la vida espiritual.
El sacerdote jesuita
estadounidense James Martin señalaba que las personas “espirituales pero no
religiosas” pueden ser egoístas y autocomplacientes, al no pertenecer a una
comunidad religiosa que les demande responsabilidades hacia los más
necesitados. Por otro lado, para los ateos, la actitud SBNR es esquiva, un
intento de asumir las ventajas de la vida religiosa sin tener que enfrentarse a
la cuestión más fundamental de las religiones: la existencia o no de Dios. Por
su parte, las personas “espirituales pero no religiosas” defienden su postura
argumentando, entre otras razones, que la religión organizada inevitablemente
degenera en luchas por el poder, el dinero y el ego.
Es necesaria una revisión del lenguaje
¿Qué respuesta podría aportar la
ciencia a este debate?, se pregunta Adam Frank. Para el astrofísico, esa
respuesta sería la siguiente: se puede ser “espiritual” y sostener al mismo
tiempo los principios científicos, porque la ciencia es, en realidad, uno de
los objetivos del espíritu humano. Pero para que la relación entre la
espiritualidad y la ciencia sea un hecho en el contexto de nuestro mundo
moderno, Frank afirma que debe haber una revisión del lenguaje. Lo espiritual,
según él, debería pasar a denominarse “lo sagrado”, entendido este concepto sin
la connotación de “sobrenatural”. Según Frank, para acercar la espiritualidad y
la ciencia habría que comprender lo sagrado en los términos descritos por el
antropólogo Mircea Eliade: como una experiencia que consiste en un cierto tipo
de atención y de disposición del ser humano frente al mundo.
En este sentido, lo sagrado a
menudo se nos aparece en medio de nuestras actividades cotidianas, en forma de
conciencia plena de nuestro entorno (por ejemplo, describe el autor del
artículo, como cuando vamos dando un paseo por el parque pensando en lo que
tendremos que hacer al día siguiente y, de pronto, nos damos cuenta de la forma
impresionante de unas vides que se rizan alrededor de un árbol o de la calma
profunda del petirrojo que reposa sobre una rama).
La atención resulta clave en la
percepción de lo sagrado, afirma Frank. De hecho, la relación entre la atención
y lo sagrado ha tenido un papel vital en la historia de la cultura humana, tal
y como han enfatizado durante el siglo XX especialistas en el estudio de las
religiones. El ser humano ha intentado continuamente cultivar la experiencia de
lo sagrado, entre otros medios, a través de la construcción de iglesias,
templos y mezquitas cuya profunda quietud y calma puede sentir cualquier
persona, independientemente de sus creencias. Eliade llegó incluso a acuñar un
término, en su obra Tratado de Historia
de las Religiones, para referirse a la toma de consciencia de la existencia
de lo sagrado cuando se manifiesta a través de los objetos de nuestro cosmos
habitual o de las cosas cotidianas: hierofanía.
La ciencia como vía
Es en este punto en el que se
puede ver la conexión entre lo sagrado y la ciencia. Según Frank, la ciencia
sería, esencialmente, una vía hacia la hierofanía. La comprensión y la visión
de la vida y el cosmos que nos proporciona la ciencia también es una puerta
hacia la experiencia de lo sagrado.
Desde la contemplación pitagórica
de la belleza de las matemáticas hasta la alegría de Kepler por el
descubrimiento de una verdadera forma geométrica en el movimiento de los
planetas, la ciencia siempre nos ha proporcionado experiencias del mundo como
lugar sagrado. Pero esta experiencia no está reservada sólo a los científicos. En
nuestra cultura actual, los frutos de la ciencia se manifiestan de muchas
maneras: desde las sobrecogedoras imágenes del Telescopio Espacial Hubble,
hasta las explicaciones sobre el origen de la vida. La ciencia está aportando,
por tanto, a nuestra cultura, medios para experimentar lo sagrado.
Si no nos damos cuenta de esto,
afirma Frank, es sólo porque nos hemos polarizado hacia la religión o hacia la
ciencia fundamentalistas durante demasiado tiempo: “En este histórico momento
afrontamos desafíos existenciales que demandan un desarrollo informado de la
ciencia. La pregunta que queda es cómo ordenar las resonancias de palabras como
“sagrado”. Necesitaremos, sin duda, su lirismo, a medida que elaboramos la
siguiente versión de la cultura que nuestra momento evolutivo reclama”,
concluye el astrofísico.

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