Los humanos somos seres con capacidad de amplia mirada, sin embargo,
nos dejamos atrapar fácilmente por estrechas miras ilusorias donde predomina el
yo y lo mío por encima de los otros; éste es un error de base, un fallo
cognitivo en el sistema, una falta de sabiduría que nos lleva a una comprensión
equivocada de la vida y por supuesto de nosotros mismos.
En el budismo se
indica que esto es producido por una ausencia de atención, una falta de
nitidez, un alejamiento de todo cuanto surge y se desarrolla ante nosotros
porque queremos verlo siempre de la manera en que queremos verlo y no de otra.
Por tanto, no lo vemos ni respetamos tal cual está siendo, en definitiva, nos
falta claridad y aceptación.
Aunque somos seres afortunados y nuestro potencial de conciencia se manifiesta a cada instante, vemos una y otra vez que derrochamos inútilmente las distintas capacidades que poseemos.
Estamos torpes por falta de presencia y por querer vivirlo todo bajo el ritmo frenético y alocado de una mente sin cuerda. Tarde o temprano esto pasa factura a nuestro cuerpo sensible, afectando la emocionalidad y la esfera de los pensamientos. Nuestro rostro carece de brillo natural y la mirada se presenta opaca o escondida.
Mientras que pecamos al buscar la salida o la verdad pensando sobre ello, dialogando en exceso, discutiendo en definitiva sin llegar a un consenso globalizador, el budismo zen fundamenta la experiencia meditativa en el silencio, la gran puerta de acceso al despertar de la conciencia.
El secreto del zen consiste en sentarse, simplemente, sin una meta concreta, sin ansiedad, sin prisas, sin propósitos, aquí y ahora, en absoluto recogimiento, en plena absorción. El zen va directamente al asunto esencial y no se anda por las ramas. El budismo pone el énfasis en la práctica y desarrollo del cultivo sistemático de la atención. Es fundamental que incorporemos y desarrollemos este hábito saludable en nuestras vidas, hogares, cuerpos, relaciones, instituciones, colegios, etc. Es prioritario que despertemos del sueño en el que nos hemos metido, nosotros mismos, no otros. Es importante que hagamos el esfuerzo de no caer bajos los impulsos del apego y del rechazo.
La auténtica sabiduría no está recogida en los textos escolásticos ni en grandes legados filosóficos; tampoco es producto de nuestra elucubración mental. Básicamente, es la límpida manifestación de una profunda experiencia despierta.
Una máxima china dice: “cuando las aguas se serenan, hasta en las aguas turbias se reflejan las estrellas”.
Denkô Mesa
Aunque somos seres afortunados y nuestro potencial de conciencia se manifiesta a cada instante, vemos una y otra vez que derrochamos inútilmente las distintas capacidades que poseemos.
Estamos torpes por falta de presencia y por querer vivirlo todo bajo el ritmo frenético y alocado de una mente sin cuerda. Tarde o temprano esto pasa factura a nuestro cuerpo sensible, afectando la emocionalidad y la esfera de los pensamientos. Nuestro rostro carece de brillo natural y la mirada se presenta opaca o escondida.
Mientras que pecamos al buscar la salida o la verdad pensando sobre ello, dialogando en exceso, discutiendo en definitiva sin llegar a un consenso globalizador, el budismo zen fundamenta la experiencia meditativa en el silencio, la gran puerta de acceso al despertar de la conciencia.
El secreto del zen consiste en sentarse, simplemente, sin una meta concreta, sin ansiedad, sin prisas, sin propósitos, aquí y ahora, en absoluto recogimiento, en plena absorción. El zen va directamente al asunto esencial y no se anda por las ramas. El budismo pone el énfasis en la práctica y desarrollo del cultivo sistemático de la atención. Es fundamental que incorporemos y desarrollemos este hábito saludable en nuestras vidas, hogares, cuerpos, relaciones, instituciones, colegios, etc. Es prioritario que despertemos del sueño en el que nos hemos metido, nosotros mismos, no otros. Es importante que hagamos el esfuerzo de no caer bajos los impulsos del apego y del rechazo.
La auténtica sabiduría no está recogida en los textos escolásticos ni en grandes legados filosóficos; tampoco es producto de nuestra elucubración mental. Básicamente, es la límpida manifestación de una profunda experiencia despierta.
Una máxima china dice: “cuando las aguas se serenan, hasta en las aguas turbias se reflejan las estrellas”.
Denkô Mesa
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