La práctica
meditativa requiere rigor y conlleva implícito el desarrollo de la perseverancia.
Es fundamental que se mantenga la constancia y la regularidad indagatoria para
que pueda darse un natural aprendizaje y manejo correcto en el cultivo de la atención.
Sin embargo la avidez humana es grande; se manifiesta cuando pretendemos
alcanzar iluminaciones inmediatas y acabamos reduciendo el mundo espiritual al nivel
del cheque exprés.
La meditación no se
compra con bonos narcisistas, no se da cuando el ego quiere. La meditación no es
antes, ni después. Es cuando es, o sea, es todo el tiempo. Por otro lado, no
vale hacerlo de cualquier manera. No todo está bien, pero nos hemos convertido
en grandes expertos de la justificación y la banalidad más chabacana.
En la Vía del Budha se
cuida cada instante con la máxima presencia. No somos sujetos pasivos. El
meditador asume la autorresponsabilidad de sus propias conductas. La meditación
zazen es una práctica tranquila de vigilancia ininterrumpida, de ahí que la
certeza surja a través del gesto preciso, exacto e impecable. Por esta razón, la
atención es entendida como un gran sistema de control de la calidad de la
conciencia, lo cual permite ir sorteando distintos obstáculos que se encuentran
a lo largo del camino del conocimiento. Se dice que hay al menos tres
remedios para afrontarlos con éxito: primero percibiendo la
interferencia con claridad, pero sin darle excesiva atención, segundo repitiendo
este remedio hasta que termine por desaparecer y tercero convirtiendo la
interferencia en principal objeto de atención.
Si lo expresáramos
de otra manera, podemos impedir que surjan los estados perjudiciales que aún no
han brotado (evitando que crezcan las malas hierbas en nuestro jardín interior),
disolver aquellos estados nocivos ya surgidos (esforzándonos en quitarlas si
nacen), generar estados provechosos que no han salido (plantando hermosas flores) y manteniendo los estados
provechosos ya surgidos, esto es, esforzarnos finalmente en mantenerlo bello y
hermoso es entender el mimo y el cuidado como virtudes de la práctica
meditativa.
Porque como dijo el maestro zen Eihei Dôgen “Las olas se forman incansablemente en la superficie de la corriente, pero
no pueden borrar el reflejo de la luna que mora en ellas.”
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Denkô Mesa

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