Denkô Mesa
Un
practicante muestra siempre su contento, entusiasmo y alegría por hacer de cada
instante un momento propicio para desarrollar el arte del darse cuenta. Gracias
a ello se puede proseguir en el camino a pesar de las dificultades. Gracias al tesón
y la perseverancia se van dando los frutos naturalmente. Debemos tener presente
que vivimos un momento social convulso. Hemos creado una burbuja que fenece
bajo el yugo de satisfacciones inmediatas. Para conseguir algo, necesitamos
ponernos a ello, rescatar el viejo arte del artesano que pule con mimo, tiento
y paciencia el producto en bruto que tiene ante sus manos y saca lo mejor de
él.
La
práctica de la atención supone un esfuerzo sostenido a largo plazo. El tono
adecuado es fundamental durante la meditación para no caer en la mecanicidad de
la misma. Podemos convertirnos en robot zen. Se necesita integridad y seriedad
en la práctica de la Vía. El zen no puede ser practicado a ratitos. Ésta es la
gran mentira del practicante moderno. ¿Por qué no echan un vistazo a la alta
resolución que tomaron nuestros ancestros? Hoy ya no valoramos nada, todo es
experiencia espiritual exprés, como la comida rápida, que no sabe a nada.
Los
obstáculos son numerosos y varían a lo largo del camino. Sólo mediante una
práctica disciplinada y correcta podremos seguir fluyendo por las aguas del
samsara. Un viejo Sutra dice: “cuando una
ola se levanta, diez mil olas que la siguen.” Tampoco hace falta ser muy
sabio para entender que una sola chispa hace arder un bosque entero. Para
navegar adecuadamente por estas corrientes turbulentas, el practicante desarrolla
y fortalece la virtud de la energía, entendida ésta como el mantenimiento del
vigor necesario para practicar. Gracias a ello se puede proseguir en el camino
a pesar de las dificultades.
Por
tanto, seamos como el agua que fluye constantemente contra una gran roca, incluso
una pequeña cantidad de ésta cavará un gran agujero. Éste es el esfuerzo
correcto (shojin) Al entrar en
contacto con las enseñanzas, una vez hallada la sanación y la medicina para
liberarnos de nuestras dolencias, de necios sería no aplicar el tratamiento
indicado por el médico. Se trata de hacernos cargo de nuestros gestos, palabras
y pensamientos, en definitiva, se trata de asumir la responsabilidad de nuestra
propia vida y no hay más tiempo que éste que está pasando.
Dicho
esto, no basta con tener el mapa del territorio y el equipaje preparado. No
sean como al palomo que se pasó toda la noche haciéndose la cama y lo pilló el
amanecer sin haberse todavía acostado. Pasen del dicho al hecho. Sean precisos,
no sean descuidados; procedan hacia adelante, no retrocedan. No posterguen, no
se justifiquen. Entrega total, sin reservas. La práctica lo que requiere es
práctica. Hay sólo dos opciones para entenderlo: no practicar o dedicar todo
nuestro esfuerzo encauzando la vida en base al sustento de la práctica
meditativa. No es lo mismo hacer que hacer como si hiciéramos.
La vía
del despertar requiere ponerla en práctica todo el tiempo. El bodhisattva se
caracteriza porque genera una alta resolución por dedicarse a ello. No hay
tiempo que perder. Esta es la realización espiritual: indagar, comprender,
aceptar, integrar, trascender y dar a conocer este camino.

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