De acuerdo al Sutra Mahāparinirvāna, las ocho
comprensiones fueron la enseñanza final del Budha Shakyamuni antes de su
muerte. Llegar a ser consciente de este Dharma es la causa para acceder al nirvana.
Muchas cosas en el Zen parecen muy esotéricas y difíciles de entender, o no hay
palabras para expresarlas, o bien las que usamos son extrañas a nuestra esfera
verbal. Sin embargo, estas ocho comprensiones se pueden experimentar con
facilidad. Las enseñanzas son sencillas, pero hay que concretarlas. Lo que se
trata es de realizar y practicar realmente estas cosas simples (visión –
intención – esfuerzo). En definitiva, estas enseñanzas son una descripción de
cómo procede realmente nuestra práctica.
La primera de ellas habla de
tener pocos deseos, pero debemos entenderlo adecuadamente. En la tradición oriental
se habla de tanhā cuyas posibles
traducciones son "sed, deseo, anhelo, querer, ansia, añoranza,
avaricia". Esa sed de existir se debe a un vacío en el centro de nuestro
ser. Es como si el centro fuera un pozo sin fondo o un agujero negro donde se
pierden las galaxias. No tiene fondo porque nuestro sentido del yo es un
constructo que no hallará nunca fundamento. El problema radica en la ansiedad
que se genera por los incesantes esfuerzos para llenar ese agujero; por mucho
que hagamos, todo acaba siendo tragado por ese pozo y nos sentimos como al
principio. Éste es un posible acercamiento conceptual (que no vivencial) a tanhā, una sed que no puede ser
colmada, ni satisfecha.
Para el budismo, nuestra sed
básica se manifiesta de diferentes maneras y generalmente viene organizada en
torno a lo que se conocen como los tres venenos: codicia, odio e ilusión. Normalmente
igualamos el sufrimiento al impulso del deseo, pero el deseo no es la causa del
sufrimiento. La causa del sufrimiento es el aferramiento al deseo. El deseo
condiciona la aparición del apego o de su opuesto, el rechazo. Cuando nos vemos
inclinados por el apego, lo que en realidad queremos es que la sensación
permanezca a lo largo del tiempo. Por esta razón, el apego condiciona el
proceso del devenir, esto es, querer que algo siga siendo. Proyectamos eso que
es ahora hacia el futuro, lo cual es irrisorio, de la misma manera que lo es cuando
nos anclamos en un pasado inexistente. Dicho esto, la felicidad no puede
obtenerse, satisfaciendo el deseo, pues nuestra sed significa justamente que no
tiene fin. La felicidad sólo puede alcanzarse transformando el deseo. ¿Cómo
hacerlo? Esta es la gran incógnita que cada cual debe despejar.
Estas declaraciones deben
servirnos para reflexionar y contemplarlas en términos de la propia experiencia
individual. Cada cual puede (y debe) investigar verdaderamente el mundo del
deseo y conocerlo por lo que es. Al hacerlo de una manera atenta, descubrirá lo
que es natural y necesario para sobrevivir y lo que no lo es. Si contemplamos
los deseos y los escuchamos, en realidad, ya no estamos apegándonos a ellos; sólo
estamos permitiéndoles ser del modo en que son. Si nos examinamos
cuidadosamente, vemos cómo pulsan por manifestarse toda clase de deseos, sin
embargo, no hay nada que ganar. Al mismo tiempo tampoco hay nada que perder.
Ese es el simple estado de la existencia, eso es nuestra vida. En otras
palabras, siempre está colmada exactamente de la forma correcta. La tenemos, la
estamos usando, tenemos suficiente. Tener menos deseos es, en el mejor de los
sentidos, realizar este hecho.
Por ello, en la experiencia
meditativa, el practicante constata que no surge en su cuerpo-mente la
preocupación, ni hay lugar para la duda, el miedo o la desconfianza porque su
mente está en paz. Cualquier cosa con la que entre en contacto, le resulta
suficiente y contempla serenamente que todo está bien, tal y como se está
dando. Nunca falta nada. Cuanto menos tenemos, menos problemas tenemos.
Liberarse a sí mismo de compromisos complicados se llama desapego. Éste es el
nirvana, el encaje perfecto entre los anhelos y la realidad en sí. Éste es el
lugar donde estamos, siempre en este ahora, viviendo en el reino de quién y qué
somos. Todo es simple.
Denkô Mesa

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