Zazen

ZAZEN LA MEDITACION ZEN
(SENTARSE Y SENTIRSE)
Lunes 21:30 a 22:30

en YOGASHALAMARBELLA c/ Jacinto Benavente,21 LOCAL 20. (Entrada por C/Calvario frente al hotel Baviera)

6 de agosto de 2012

Pide un deseo





De acuerdo al Sutra Mahāparinirvāna, las ocho comprensiones fueron la enseñanza final del Budha Shakyamuni antes de su muerte. Llegar a ser consciente de este Dharma es la causa para acceder al nirvana. Muchas cosas en el Zen parecen muy esotéricas y difíciles de entender, o no hay palabras para expresarlas, o bien las que usamos son extrañas a nuestra esfera verbal. Sin embargo, estas ocho comprensiones se pueden experimentar con facilidad. Las enseñanzas son sencillas, pero hay que concretarlas. Lo que se trata es de realizar y practicar realmente estas cosas simples (visión – intención – esfuerzo). En definitiva, estas enseñanzas son una descripción de cómo procede realmente nuestra práctica.

La primera de ellas habla de tener pocos deseos, pero debemos entenderlo adecuadamente. En la tradición oriental se habla de tanhā cuyas posibles traducciones son "sed, deseo, anhelo, querer, ansia, añoranza, avaricia". Esa sed de existir se debe a un vacío en el centro de nuestro ser. Es como si el centro fuera un pozo sin fondo o un agujero negro donde se pierden las galaxias. No tiene fondo porque nuestro sentido del yo es un constructo que no hallará nunca fundamento. El problema radica en la ansiedad que se genera por los incesantes esfuerzos para llenar ese agujero; por mucho que hagamos, todo acaba siendo tragado por ese pozo y nos sentimos como al principio. Éste es un posible acercamiento conceptual (que no vivencial) a tanhā, una sed que no puede ser colmada, ni satisfecha.

Para el budismo, nuestra sed básica se manifiesta de diferentes maneras y generalmente viene organizada en torno a lo que se conocen como los tres venenos: codicia, odio e ilusión. Normalmente igualamos el sufrimiento al impulso del deseo, pero el deseo no es la causa del sufrimiento. La causa del sufrimiento es el aferramiento al deseo. El deseo condiciona la aparición del apego o de su opuesto, el rechazo. Cuando nos vemos inclinados por el apego, lo que en realidad queremos es que la sensación permanezca a lo largo del tiempo. Por esta razón, el apego condiciona el proceso del devenir, esto es, querer que algo siga siendo. Proyectamos eso que es ahora hacia el futuro, lo cual es irrisorio, de la misma manera que lo es cuando nos anclamos en un pasado inexistente. Dicho esto, la felicidad no puede obtenerse, satisfaciendo el deseo, pues nuestra sed significa justamente que no tiene fin. La felicidad sólo puede alcanzarse transformando el deseo. ¿Cómo hacerlo? Esta es la gran incógnita que cada cual debe despejar. 

Estas declaraciones deben servirnos para reflexionar y contemplarlas en términos de la propia experiencia individual. Cada cual puede (y debe) investigar verdaderamente el mundo del deseo y conocerlo por lo que es. Al hacerlo de una manera atenta, descubrirá lo que es natural y necesario para sobrevivir y lo que no lo es. Si contemplamos los deseos y los escuchamos, en realidad, ya no estamos apegándonos a ellos; sólo estamos permitiéndoles ser del modo en que son. Si nos examinamos cuidadosamente, vemos cómo pulsan por manifestarse toda clase de deseos, sin embargo, no hay nada que ganar. Al mismo tiempo tampoco hay nada que perder. Ese es el simple estado de la existencia, eso es nuestra vida. En otras palabras, siempre está colmada exactamente de la forma correcta. La tenemos, la estamos usando, tenemos suficiente. Tener menos deseos es, en el mejor de los sentidos, realizar este hecho.

Por ello, en la experiencia meditativa, el practicante constata que no surge en su cuerpo-mente la preocupación, ni hay lugar para la duda, el miedo o la desconfianza porque su mente está en paz. Cualquier cosa con la que entre en contacto, le resulta suficiente y contempla serenamente que todo está bien, tal y como se está dando. Nunca falta nada. Cuanto menos tenemos, menos problemas tenemos. Liberarse a sí mismo de compromisos complicados se llama desapego. Éste es el nirvana, el encaje perfecto entre los anhelos y la realidad en sí. Éste es el lugar donde estamos, siempre en este ahora, viviendo en el reino de quién y qué somos. Todo es simple.
Denkô Mesa

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